Zaragoza.- El 60% del empleo creado en los últimos cinco años en Aragón ha sido ocupado por inmigrantes. Mientras que entre 1995 y 2000 los inmigrantes ocuparon cerca del 17% de los nuevos trabajos, entre 2000 y 2006, estos datos han ascendido hasta el 60%. Frente a los 6.000 trabajadores extranjeros del año 1995, desde esa fecha la inmigración ha aportado 67.000 puestos a las listas del INAEM.
La fuerte expansión de la economía aragonesa, unida a la necesidad de trabajadores y al estancamiento demográfico, han hecho que la inmigración haya sido básica para el desarrollo del mercado laboral. En 2006, un 12,7% del total de ocupados en la Comunidad Autónoma procedía de la inmigración, frente al 1,5% de 1995.
El desarrollo económico aragonés provocó un crecimiento absoluto de más de 165.000 nuevos empleos entre 1995 y 2006, lo que implica un crecimiento acumulado del 40,8%. Esta situación ha coincidido con la aceleración de los procesos migratorios y el agotamiento de la mano de obra nativa.
Ante la importante creación de empleo, la población aragonesa reaccionó con una importante caída del paro del 16,2% al 5% y con un notable avance en la tasa de actividad, del 63% al 72%, lo que representa la incorporación de 51.000 trabajadores procedentes del paro y 47.000 nuevos trabajadores procedentes del aumento de la tasa de actividad, entre 1995 y 2006.
Las mujeres aragonesas aumentaron un 12,3% su participación en el mercado de trabajo, pasando del 47,3% de 1995 al 59,7% de 2006, reduciendo drásticamente la tasa de paro femenina del 27,8% de 1995 al 7,7% de 2006.
Pero el fenómeno de la inmigración ha sido realmente importante para rebajar esas cifras del paro y de la reactivación del mercado laboral, ya que sin su llegado se hubiese producido un déficit de 73.000 trabajadores en Aragón. En 1995, un 98,4% de los empleos eran ocupados por trabajadores nacidos en España. Once años después, en 2006, esa proporción había descendido hasta el 87,1%.
Aragón se sitúa entre las Comunidades Autónomas españolas con una incidencia moderada de la inmigración, aunque la aceleración del fenómeno puede llegar a colocarla, en poco tiempo, entre las que tienen mayor presencia relativa de inmigrantes (corresponde al arco Mediterráneo y Madrid). El total de población inmigrante en Aragón era del 13,4% en 2006, en contraste con el 1,8% de 1995.
Estos datos se desprenden de un estudio realizado por el catedrático en Economía Aplicada de la Universidad Autónoma de Barcelona, Josep Oliver. Este experto en inmigración y mercado de trabajo ha cedido sus datos para complementar el Índice Laboral que realiza la compañía de recursos humanos Manpower.
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Oliver y Mur |
“Cerca del 60% de los nuevos empleos, 54.639 de un total de 91.529, han sido ocupados por inmigrantes durante los últimos cinco años en Aragón. En esta Comunidad Autónoma un 12,7% del total de ocupados procedía de la inmigración a finales del 2006, frente al 1,5% de 1995, lo que representa un incremento muy importante de la participación de trabajadores inmigrantes en la economía aragonesa durante la última década, en síntesis con la tendencia generalizada en el conjunto de España, cuya ocupación media por parte de los inmigrantes era de un 13,3% del total en el 2005, uno de cada ocho”, ha indicado el profesor Oliver.
Particularidades de Aragón
Aragón, como el resto de territorios de la península, sufrió una bajada de la natalidad a partir de finales de los setenta que, veinte años más tarde empezó a manifestarse en forma de una caída de población potencialmente activa, sobretodo en la franja de jóvenes, que se ve afectada por el traslado progresivo de la generación del “baby boom” a franjas de edad no tan jóvenes. Así pues, según datos del Índice Manpower, nos encontramos que en el 2006 la población nativa con edades entre 16 y 25 años cuenta con 71.000 individuos menos que en 1988, una pérdida acumulada cercana al 40%.
Por otro lado, los nuevos puestos de trabajo creados en Aragón entre 1995 y 2006 se caracterizan principalmente por su valor añadido relativamente bajo, en consonancia con el auge de la construcción y el sector servicios. Por este motivo, la mayor pérdida de población autóctona joven tiene, durante este periodo, un impacto que excede del derivado de la pérdida absoluta de individuos potencialmente activos, teniendo en cuenta que los jóvenes son los que mayoritariamente asumen este tipo de puestos de trabajo.
En definitiva, entre los años 1995 y 2006, la creación de 165.000 nuevos empleos fue el detonante de un aumento generalizado de la participación en el mercado de trabajo y una reducción del paro, en especial femenino, por parte de la población nativa, impulsando a 47.000 aragoneses a incorporarse a la vida laboral activa.
En definitiva, durante estos años, la tasa de actividad de la población nativa aragonesa ha aumentado en 9 puntos porcentuales, pasando en estos años del 63% al 72% y la tasa de paro se desplomó a menos de una tercera parte, pasando del 16,2% al 5%, de forma especialmente intensa, durante la segunda mitad de los años noventa.
Casi las tres cuartas partes (73,2%) del crecimiento de la población activa autóctona entre 1995 y 2006 se debió a la incorporación de mujeres al mercado de trabajo, frente a un crecimiento del 26,7% por parte de los varones. Las mujeres aragonesas aumentaron 12,3 puntos porcentuales su participación en el mercado de trabajo, pasando de un 47,3% en 1995 a un 59,7% en 2006, hundiéndose la tasa de paro femenina del 27,8% en 1995 al 7,7% en 2006.
A pesar de esto, la aceleración del proceso de creación de puestos de trabajo hace que, a partir del año 2000, esta elevada participación de la población de origen español que vive en Aragón sea insuficiente para cubrir la cada vez mayor demanda de trabajadores, debiendo recurrir a la inmigración. Sin la entrada de inmigrantes, en 2006 se hubiera producido un déficit de 73.000 trabajadores en Aragón.
El estudio del profesor Oliver también destaca el propósito eminentemente laboral de la inmigración en Aragón. Así, la tasa de actividad por parte de este colectivo es de un 81,2%, bastante superior a la tasa de actividad de la población autóctona, de un 72%. En el caso de las mujeres, la tasa de actividad de la población inmigrada también es superior a la de las mujeres nativas, 40,3% frente al 32,3%. Sin embargo, también se aprecia la mayor dificultad de los inmigrantes para acceder al mercado de trabajo, siendo su tasa de paro, con un 10,7%, bastante superior que la tasa de paro de la población de origen español, que se acerca al 5%.