Recordando a Pepe Garcés
30 de octubre de 2001 (12:50 h.)
Dos semanas después de que el montañero aragonés Pepe Garcés falleciera en el Dhaulagiri, sus amigos se han reunido para recordar una vida entregada a la montaña.
Zaragoza.- “Fueron momentos muy tristes, porque cuando volvimos vimos su tienda vacía, su saco, su silla, oíamos su música y no parábamos de pensar en él”. Así relataba el veterano montañero Carlos Soria los trágicos momentos tras la muerte de Pepe Garcés y la vuelta al campo en el que se encontraban. Él fue uno de los últimos que estuvo con él, no en vano le acompañaba en la ascensión al Dhaulagiri y no ha querido faltar a la cita de su homenaje junto a otros grandes amigos de Pepe.
Soria ha explicado que en el pico en el que perdió la vida su compañero y amigo pasaron “unos días maravillosos en los que disfrutamos mucho, aunque eso se convirtió después en unos momentos muy tristes”. Además ha comentado que “los que vamos a la montaña tenemos muchas ganas de vivir pero sabemos que puede pasar esto”.
Por último, y tras recordar que éste ha sido un año negro, ya que ha perdido a varios compañeros, ha señalado que tenía proyectos “con él”, y tiene que seguir realizándolos.
Carlos Pauner es otra de las personas que más cerca vivió de Pepe en sus últimos meses. Con él llegó a la cima del K-2 cumpliendo así uno de sus sueños, y por eso afirmaba que “es un día triste pero emotivo para nosotros, que siempre vamos a tener su recuerdo. Las veces que nos juntemos los amigos y hablemos sobre él y recordemos lo que es una parte de nuestra vida será un motivo menos triste de lo que pueda parecer”.
Pauner ha reconocido que tuvo, junto al resto de la expedición, “la suerte de vivir con él los últimos días en el K-2, creo que fueron sus días más felices, donde realizó un sueño importante, mientras otros vivieron con él los últimos momentos que no fueron tan felices”. El montañero resumía la vida de Garcés como la de “una persona que apostó por una opción de vida al margen de lo que es lo convencional, es decir, él tenía una pasión como tenemos nosotros y apostó por seguirla hasta sus últimas consecuencias. Su trabajo en la montaña, sus expediciones, sus proyectos, todo giraba en torno a un último fin que era estar en la montaña, que era donde era feliz. Eso es lo más grande que le puede pasar a una persona, que tenga una afición tan grande que le llene del todo”.
También se ha referido al momento de la muerte de su amigo Pepe sobre el que ha dicho que, “si hubiese podido elegir, hubiera elegido no morir, pero él no era de esas personas que se veía envejeciendo o con enfermedades. Para nosotros el no poder hacer esta actividad, el no poder escalar o correr es casi como una muerte y entonces, morir haciendo lo que deseas, hace que sea una de las mejores muertes que puedas tener”.
Por su parte, otro de los expedicionarios al K-2, Javier Pérez, ha comentado que era un día triste, pero ha matizado que “conociendo como era Pepe, a él le gustaría que lo recordáramos con alegría y qué mejor imagen que Pepe en la cima del K-2 contento y feliz por haber conseguido algo que le había costado tantos años; ésa es la imagen con la que nos tenemos que quedar”.
Pérez recordaba la vida de Garcés como “una vida dedicada a la montaña. En un momento dado se convirtió en un profesional con todas las consecuencias que ello conlleva. Era un hombre con una ilusión y una vitalidad tremenda dedicada a la montaña” e incluso ha añadido que a Pepe Garcés le hubiera gustado, “si no morir en la montaña, quedarse allí”.
Soria ha explicado que en el pico en el que perdió la vida su compañero y amigo pasaron “unos días maravillosos en los que disfrutamos mucho, aunque eso se convirtió después en unos momentos muy tristes”. Además ha comentado que “los que vamos a la montaña tenemos muchas ganas de vivir pero sabemos que puede pasar esto”.
Por último, y tras recordar que éste ha sido un año negro, ya que ha perdido a varios compañeros, ha señalado que tenía proyectos “con él”, y tiene que seguir realizándolos.
Carlos Pauner es otra de las personas que más cerca vivió de Pepe en sus últimos meses. Con él llegó a la cima del K-2 cumpliendo así uno de sus sueños, y por eso afirmaba que “es un día triste pero emotivo para nosotros, que siempre vamos a tener su recuerdo. Las veces que nos juntemos los amigos y hablemos sobre él y recordemos lo que es una parte de nuestra vida será un motivo menos triste de lo que pueda parecer”.
Pauner ha reconocido que tuvo, junto al resto de la expedición, “la suerte de vivir con él los últimos días en el K-2, creo que fueron sus días más felices, donde realizó un sueño importante, mientras otros vivieron con él los últimos momentos que no fueron tan felices”. El montañero resumía la vida de Garcés como la de “una persona que apostó por una opción de vida al margen de lo que es lo convencional, es decir, él tenía una pasión como tenemos nosotros y apostó por seguirla hasta sus últimas consecuencias. Su trabajo en la montaña, sus expediciones, sus proyectos, todo giraba en torno a un último fin que era estar en la montaña, que era donde era feliz. Eso es lo más grande que le puede pasar a una persona, que tenga una afición tan grande que le llene del todo”.
También se ha referido al momento de la muerte de su amigo Pepe sobre el que ha dicho que, “si hubiese podido elegir, hubiera elegido no morir, pero él no era de esas personas que se veía envejeciendo o con enfermedades. Para nosotros el no poder hacer esta actividad, el no poder escalar o correr es casi como una muerte y entonces, morir haciendo lo que deseas, hace que sea una de las mejores muertes que puedas tener”.
Por su parte, otro de los expedicionarios al K-2, Javier Pérez, ha comentado que era un día triste, pero ha matizado que “conociendo como era Pepe, a él le gustaría que lo recordáramos con alegría y qué mejor imagen que Pepe en la cima del K-2 contento y feliz por haber conseguido algo que le había costado tantos años; ésa es la imagen con la que nos tenemos que quedar”.
Pérez recordaba la vida de Garcés como “una vida dedicada a la montaña. En un momento dado se convirtió en un profesional con todas las consecuencias que ello conlleva. Era un hombre con una ilusión y una vitalidad tremenda dedicada a la montaña” e incluso ha añadido que a Pepe Garcés le hubiera gustado, “si no morir en la montaña, quedarse allí”.