José Antonio Ponseti: "El Dakar de África es la mayor aventura del siglo XX"

José Antonio Ponseti, autor del libro 'Cuando éramos pilotos'
En su libro 'Cuando éramos pilotos', Ponseti descubre más de 40 historias humanas de pilotos que participaron en el rally más duro del mundo: el París-Dakar

¿A quién no le gusta una buena aventura? Si juntamos coches y motos con el polvo del desierto, y añadimos historias llenas de emoción y arrojo, te queda una mezcla única. En su libro 'Cuando éramos pilotos', el periodista deportivo José Antonio Ponseti nos descubre la cara más humana del rally más exigente y duro del mundo: el París-Dakar. En sus páginas reúne más de cuarentas historias humanas y muy personales sobre los españoles que se aventuraban a realizar la carrera por el territorio africano. Hambre, sed, averías, accidentes, robos, enfermedades, secuestros e incluso un matrimonio concertado en un libro que va más mucho más allá del deporte y que, según el escritor, cuenta "la mayor aventura del siglo XX". 

PREGUNTA.- ¿Cómo te surge esta idea y cómo surge este libro?
RESPUESTA.- Me surge porque era una deuda pendiente que tenía. Mucha gente no sabe que cuando entro en la Ser, era un poco el becario rarito, porque ya había estado en Estados Unidos, hablaba inglés, era el de los deportes americanos y era el del motor. El motor empezaba a pegar fuerte y me tocó cubrir el Dakar. Para mí, un chaval joven, recién entrado, el Dakar era como la leche. Y siempre me quedó una deuda con los ralis y con el Dakar. Entonces dije voy a mirar, me pongo a mirar y veo que no hay mucha cosa sobre ralis y el Dakar. Y entonces, para mí era importante intentar recuperar el espíritu del Dakar de verdad, el Dakar de África, el de Sabine (Thierry Sabine, inventor y creador del Dakar), el de los 80 y los 90. Y se me ocurre buscar a los pilotos que corrían aquella época. Empiezo a llamar a uno a otro y hago un listado. Y me doy cuenta que todos están encantados de participar. Lo que más me provocaba y más me apetecía era contar las historias personales, las cosas que les pasaban y que les sucedían. Y de ahí nace esta historia, porque cuando empiezo a hablar con todos me doy cuenta que hay un montón de cosas a explicar, cosas personales y vivencias que nada tienen que ver con lo que era el día a día que contábamos en los medios. 

P.- El libro contiene muchos testimonios y experiencias distintas, imagino que te habrá llevado tu tiempo...
R.- Sí, sí. He estado trabajando un par de años porque al final no era una entrevista, han sido muchas. Ha sido comprobar datos, ha sido hablar varias veces con todos, tirar de hemeroteca por todos lados, ver cosas que se publicaban entonces, pedir a la TSO (Thierry Sabine Organization, encargada de organizar el Dakar) los mapas, las etapas, las clasificaciones de todos aquellos años. Y claro, ha sido un trabajo un poco de hormiguita también.

Muchos de ellos tienen 70, 80 años, les da igual todo y te cuentan mil y una experiencias

P.- Mucho tiempo de trabajo detrás, ¿Cómo ha sido esa vivencia de hablar con tanta gente?
R.- Muy divertido, porque además ellos se han abierto mucho. Muchos de ellos tienen 70, 80 años, les da igual todo y te cuentan mil y una experiencias. Además, te las cuentan, como se dice en Latinoamérica, a calzón quitado. Claro, en aquel momento no lo podían contar porque probablemente no les dejarían participar, pero ahora les da un poco igual. Es muy divertido ver cómo estos señores te explican esas mil y una aventurillas como ¡Joe, cómo éramos! (risas). Eran tremendos.

El libro contienes más de cuarenta historias

P.- Más de 40 historias que contiene el libro, ¿tienes alguna que te llame especialmente la atención o te guste contar más?
R.- Hay de todo, hay historias apasionantes, historias divertidas, historias increíblemente tristes. Hay una historia, por ejemplo, que me viene ahora a la cabeza. Estaban Hansi Babler y Ángel Ortiz, que era el copiloto, creo recordar que era en el año 92. Entonces han terminado la etapa, ya se han quitado los cascos, están relajados y Hansi se despista. Entran muy fuerte en una curva y se caen por un barranco de 40 metros. Un barranco que no les ve nadie porque están ahí, en un camino de tierra en la mitad de nada. Ángel cuenta que el coche empieza a dar vueltas y él se da cuenta que están cayendo por el barranco y en una de las vueltas ve que por delante suyo pasa su casco volando. Entonces trinca el casco, se lo pone y se queda agarrado con las manos al casco hasta que se para el coche sobre las ruedas. Mira a Hansi que está KO y encima tiene el brazo roto. Él sale, mira para fuera y claro, ve que hay toda una zona de maleza que arrasaron con el coche bajando y decide subir el barranco. Dejo a Hansi abajo y fue a buscar ayuda. Cuando llega arriba vio que había unos militares de la Legión francesa extranjera. Los otros flipan, de donde salía este colega y les dice que nos acabamos de dar una hostia y que estamos al final del barranco. Y resulta que uno de los dos era vasco, igual que Ángel. Entonces suben, dejan el coche ahí y recogen todo lo que pueden. Suben a Hansi para que lo evacuen a un avión y de ahí a un hospital, y a Ángel se lo llevan al final de etapa. Y aún queda mucha historia pero no te quiero fastidiar el capítulo. Son ese tipo de historia que ellos no contaban o contaban de una manera muy breve, muy sesgada. El libro tiene un montón de espacio para explicarlo todo.

Realmente es un libro de aventuras y de viajes

P.- Por que este libro es mucho más que coches y carreras por el desierto...
R.- No tiene nada que ver. Al contrario, realmente es un libro de aventuras y de viajes. Realmente si tú mañana me dices: mira, no tengo ni idea del Dakar, no sé de qué va, pero me gusta África... Pues este es un libro cojonudo porque te lo vas a pasar en grande porque es un libro de aventuras. Es un libro súper fácil de leer además, y súper fácil de manejarlo.

Las camelbak, las que lleva todo el mundo para correr, se inventan en el Dakar

P.- Centrándonos ya un poco más en el Dakar, ¿cómo era ese Dakar que se corría en África?
R.- Tenía un millón de cosas especiales. Para empezar era un Dakar sin tecnología, con lo cual ibas con brújula, mapa, sol y estrellas para orientarte y ver las roderas del de delante si iba bien orientado. Para continuar era un Dakar con sed, con falta de agua y con falta de comida. Hay una curiosidad, las camelbak, las que lleva todo el mundo para correr, se inventan en el Dakar y ¿sabes cómo se inventa? Porque resulta que los motoristas en aquellos años lo que hacían, porque tenían que llevar agua de alguna manera y no existía nada, iban a los hospitales y cogían las bolsas de suero. Las vaciaban, las llenaban de agua y se las ponían atrás. Y ahí nació la camelbak. Entonces, el Dakar de aquella época, era un Dakar muy de ponerse a prueba, o sea, de prueba de vida. De salir y decir, no sé si voy a llegar a mañana. Es más, hay una anécdota que cuentan todos los pilotos. En los desayunos no se hablaba prácticamente. No se hablaba nada porque van todos acojonados, pues no saben si saldrán vivos y en cambio por la noche hay unas fiestas... 

P.- Imagino que cuando se acababa el Dakar también sería muy celebrado.
R.- Eso es. Mucha gente cuenta cómo lloraba, llegaban al final y aunque quedaran el 250º, se emocionaban de haber conseguido superar eso. Y luego también piensa que en aquella época los coches no son lo de ahora. Por ejemplo, los que iban por delante eran los famosos Grupos B, que estaban prohibidos en el Mundial de Rallys, porque eran unas bestias, que tenían mucha potencia y que corrían en el Dakar sin problema.

El Dakar de ahora es una carrera y el Dakar de antes era una aventura

P.- En 2007 fue la ultima edición celebrada en África del Dakar por motivos de seguridad. Luego pasó a Sudamérica y ahora se corre en Arabia Saudí ¿Cuáles crees que han sido las principales diferencias en las que ha cambiado el Dakar de África al actual? 
R.- El Dakar de ahora es una carrera y el Dakar de antes era una aventura, que tenía carrera, que había unos tíos que querían ganar y peleaban por ganar, pero tenían un componente de aventura muy grande. El de ahora no, o sea, el de ahora no te pierdes. En el de antes se perdió Mark Thatcher (hijo de la exprimera ministra del Reino Unido Margaret Thatcher) seis días en el desierto y no fue el único. Había mucha gente que se perdía y se perdía tres, cuatro días a tomar viento y te quedabas en el desierto. Encima que la organización jugaba con eso. Te decía si abandonas tienes dos opciones: quemas el coche, cobras el seguro, aunque las motos normalmente se podían salvar y las subían al camión escoba. Y la otra opción, no quemes el coche, tú intentas sacar tu vehículo por tus medios. Eso sí, firmas un papelito conforme estás fuera de carrera, no tienes nada que ver con la organización y ahí te quedas. Quiero decir que a lo mejor tardaban en sacar ese coche tres, cuatro semanas y hasta que no conseguían llegar a un puerto y embarcarlo... Era un lío. 

José Antonio Ponseti e Iñaki Urrutia en la presentación del libro

P.- También hay coches que ardían o que se quedaban allí y los años siguientes se usaban como referencia en la carrera...
R.- Claro. Por ejemplo, Jordi Babler, el hermano de Hansi de la historia que te he contado, tiene un accidente y tiene que quemar el coche, no lo puede dejar ahí. Porque lo que pasaba normalmente, es que si dejabas el coche ahí, te lo canibalizaban. Se llevaban las ruedas y se llevaban otras cosas. Entonces no querían que eso pasara y lo que te decían era que si querías cobrar el seguro, tenías que demostrar que el coche había ardido. Entonces mandaban las fotos con el coche más quemado que la pipa de un indio. Porque si no era así no te pagaban el seguro. Entonces, claro, decías ojo porque pierdo todo el dinero. Porque mucha gente se jugaba su vida personal, metía todos sus ahorros, pues por lo menos para recuperar su dinero. Esos los que no lo vendían, porque hubo gente que vendía las motos... Es que de pasar paso de todo. Y eso hoy en día no pasa, eso hoy en día en Arabia, vamos, es imposible. 

P.- Para acabar, una pregunta un poco difícil. ¿Cómo definirías el Dakar de África en una frase?
R.- En una frase... Pues te diría que es la mayor aventura del siglo XX, porque es la mayor aventura del siglo XX.