Zaragoza.- Formas, colores, mensajes y dibujos adornan gran cantidad de fachadas y muros en la capital aragonesa. El muralismo es una forma de arte, cada vez más presente en la ciudad, que ha convertido a Zaragoza en un gran museo al aire libre.
Un fenómeno en expansión que va más allá de simples pintadas, aunque la mayoría se refiere a ellos como graffitis, no son lo mismo ya que, aunque visualmente pueden parecer similares, conceptualmente son "muy distintos", asegura uno de los organizadores del Festival Asalto, Alfredo Martínez.
Se trata de una serie de intervenciones artísticas en espacios públicos que, a diferencia del graffiti, "buscan conectar con el entorno y transmitir un mensaje en el que el receptor, el ciudadano es parte fundamental de la obra", asegura Martínez, ya que sin él la obra de arte urbano "no tiene sentido". El muralismo "es algo que está estructurado, pensado previamente, que tiene en cuenta el entorno", a diferencia del graffiti que es "un aquí te pillo, aquí te mato".
Una forma de arte urbano que se instaló en la ciudad a raíz de la cultura hip-hop en los años 80, a través de las bases aéreas americanas. Desde ese momento, Zaragoza puede presumir de ser una de las ciudades clave en el desarrollo de esta cultura, con un alto nivel en todos los elementos que la componen: rap, break-dance, dijing y graffiti.
Debido a los conflictos sociales y la lucha de clases, aparece el muralismo más reivindicativo, cuyo fin es transmitir mensajes a la sociedad e intentar movilizarla o sensibilizarla. Debido a su gran auge, es a principios del 2000 cuando el Ayuntamiento de Zaragoza decide implicarse en la organización del Festival Zaragoza Ciudad, que llegó a convertirse en un evento de referencia a nivel europeo.
Un tipo de arte urbano que lleva haciéndose en la capital aragonesa diez años gracias al Festival Asalto. Desde su primera edición, la ciudad cuenta con murales de "190 artistas de más de 25 países diferentes", asegura Martínez. Una diversidad que puede observarse en las diferentes técnicas, algunas más abstractas y otras más figurativas.
Además de los murales, sus creadores también destacan en la ciudad, ya que la capital aragonesa cuenta con artistas "bastante versátiles que desarrollan su labor profesional aquí" y que, además, "gozan de prestigio nacional e internacional".
Asalto
Asalto se compone de dos áreas de trabajo, la intervención artística que se desarrolla en el espacio público y la activación de un espacio que sirve "para demostrar que a través de la cultura los espacios abandonados pueden reactivarse y llenarse de vida", aunque sea de manera temporal. Unos espacios que sirven en las futuras ediciones para albergar charlas específicas, colectivos artísticos, talleres para todos los públicos, talleres internacionales, proyecciones y conciertos. Todo ello con la ayuda del Ayuntamiento de Zaragoza, ya que aporta "una gran cantidad de dinero" para llevar a cabo el Festival. Además, también se ocupan de parte de la organización ya que, como ha asegurado el técnico cultural Víctor Domeque, "buscamos de manera conjunta los muros y fachadas", todos ellos gratuitos. Aunque el Festival se centre en el Casco Histórico su intención es llegar a más rincones de la ciudad; por ello, hasta la fecha se pueden apreciar 66 murales en el Casco Histórico, y siete repartidos entre Torrero, San José y Arrabal. Una fuente de cultura y de turistas, ya que cada vez son más los interesados en conocer estos lienzos urbanos, por ello, desde Zaragoza Turismo se realizan visitas guiadas para conocer la ciudad a "golpe de mural". El Festival Asalto celebrará en este mes de septiembre su XI edición. Otros proyectos Además del Festival Asalto, existen otros proyectos en la ciudad como Galería Urbana, que dispone de una página web y un registro con los muros disponibles para pintar. A través de esta página "los artistas nos pueden solicitar los muros, ya que en ellos no tendrán problemas con la policía y demás", asegura Domeque. Dos proyectos que entienden el muralismo como una forma de arte urbano que "tiene una naturaleza efímera", ya que no duran para siempre, ni hay obligación de mantenerlos, aunque "intentamos que se queden ya que tienen un gran atractivo cultural y turístico". Además de estos dos proyectos culturales, como ha explicado Domeque, hay comercios y propietarios privados que solicitan a artistas que pinten sus muros. Zaragoza también cuenta con otros certámenes organizados por diversas entidades. Gran acogida Estos murales han conseguido convertirse en piezas claves y apreciadas para todos los ciudadanos. Puntos de referencia que dan color a las calles y que consiguen acercar la cultura urbana a la sociedad. Muestra de ello es el mural ubicado cerca de la Plaza del Pilar cuyo mensaje decía "Porque sueño, no estoy loco". Un mural creado en el séptimo Festival Asalto por el colectivo madrileño Boa Mistura y que fue derribado el pasado mes de febrero. Un mural colaborativo en el que pudieron participar todos los zaragozanos, ya que pintaron e intervinieron directamente sobre él. Un icono "muy querido en la ciudad" que obtuvo una gran respuesta en su derribo ya que los ciudadanos se acercaron a recoger trozos de la pared. Su derribo causó en los miembros del Festival Asalto una sensación agridulce ya que por una parte "nos da mucha pena ya que había muchísima gente que le tenía mucho cariño y realmente se ha demostrado con esto que una simple pintura se ha convertido en tres años en un símbolo para la ciudad". Por la otra parte, afirman que su derribo forma parte del arte urbano ya que "nace como una expresión en el espacio público y como tal es efímero", es algo "lógico y normal aunque duela, la muerte forma parte de la vida". Un derribo que ha conseguido cumplir "un ciclo muy bonito".