Casi se come la escobilla del váter más veces de las que pudo contar y su idilio con la que era su hermanastra le ocasionó a su patriarca más de un disgusto mientras Guille y Teté se convertían en la pareja más querida de la televisión. Víctor Elías (Madrid, 1991) no puede entenderse sin su papel en Los Serrano y a ese pequeño Guille lo recuerda con un cariño inmenso. Solo cuando se ponía en su piel podía evadirse de la dura realidad que vivía en casa y que este domingo contará sobre las tablas del Teatro de las Esquinas con "#YoSostenido. Sonata para juguete roto". Con 13 años denunció a su madre al vivir una situación de maltrato en casa a causa de su alcoholismo (que también padecía su padre). Entonces se iría a vivir con sus tíos. En el instituto sufría bullying porque, cuenta, era gracioso pegar al chico famoso y entonces, años más tarde, llegarían las adicciones, las suyas propias, y un proceso de recuperación en el que la música lo fue todo. Ha girado con algunos de los artistas más importantes de España como director musical y ahora se sube a los escenarios para contar que fue un juguete roto. A pesar de todo, sobre las tablas quería hacer una obra más cómica hasta que Fran Perea (su hermano en la ficción, casi también en la realidad y el director de la obra) le dijo que su vida no había sido tan divertida.
PREGUNTA.-¿En qué momento llega este YoSostenido?
RESPUESTA.- Todo surge porque yo tenía ganas de volver a interpretar y de que fuese algo mío. Y nada pues evidentemente quién mejor que Fran (Perea) que ha vivido toda mi vida para hacer esto. Queríamos un poco jugar con ese hecho del juguete roto. Al principio yo tenía una idea un poco distinta porque la obra la quería hacer rollo comedia y Fran me paró los pies y me dijo: "tío que tu vida no ha sido tan graciosa". Tenía razón, claro, pero yo todo me lo he tomado con mucho humor. Al final conseguimos hacer una combinación de ambas. Y un poco a raíz de ahí es cuando surge el libro.
P.- Cuentas momentos muy duros de tu vida, el alcoholismo de tus padres, las adicciones...¿Cuesta abrirse tanto al público?
R.- Da miedo, claro. Te asusta el qué dirán, también los prejuicios...Pero al final hablo de eso, de los prejuicios que tenemos todos. Muchas veces pensamos que cuando alguien ha salido en la tele no le ha pasado nada más y todo le ha ido muy bien. Cuando alguien tiene un coche muy bonito pensamos que qué buena vida tiene. Entonces esto va de eso, de intentar demostrar que a todos nos pasan cosas, que son problemas un poco universales.
"Muchas veces pensamos que cuando alguien ha salido en la tele todo le ha salido muy bien"
P.-Entiendo que ese es uno de los prejuicios que más te duele que se tengan sobre ti...
R.- Totalmente. Parece que todo te va bien todo el rato cuando sales en televisión, en una serie tan conocida... Pero también lo pienso mucho y veo que he tenido mucha suerte porque yo lo puedo contar desde un punto de vista muy privilegiado porque yo tenía Los Serrano que era lo que me sostenía entonces. Hablar de problemas de adicciones y problemas graves en casa, que es algo que sufren muchos niños, y tener a la vez la oportunidad de tener la serie...ha sido una suerte enorme. Recuerdo también cuando me cambié a la música y esos comentarios de que parecía que tenía que ser actor toda la vida. Cuando ya no salía en televisión parecía eso como si no hubiese trabajado ya en nada más.
P.- ¿Crees que hubieras sido igual de feliz si no hubieras encontrado la música?
R.- No lo sé...Es que la música me atrapó desde el primer momento. Se convirtió en mi pasión absoluta y es la que ha hecho que no me sienta un juguete roto tampoco y que pueda contar esto desde este lugar porque encontré una pasión que me llenaba muchísimo y que me sigue llenando a fecha de hoy.
P.- Dices que Los Serrano fue tu sostén. Pero, ¿qué pasó cuando llegó el adiós?
R.- La verdad es que yo en ese momento ya tenía claro que quería seguir con la música, entonces es cierto que en ese momento no lo noté tanto. Evidentemente da muchísima pena porque con estas cosas cuando llevas tanto tiempo ya parece que jamás se van a acabar, pero mis padres me enseñaron que todo empieza y todo acaba con esta profesión. Por desgracia, todo es muy efímero y esto fue como una forma de demostrarte que todo empieza y acaba.
P.- Cuentas muchos episodios muy complicados de tu vida. El momento en que dejaste de vivir con tus padres por sus problemas con el alcohol, tu propia adicción...¿Ha habido uno especialmente complicado?
R.- El de mis padres, desde luego. Me ha costado muchísimo escribirlo y volver a leerlo varias veces, pero también me ha ayudado a superar cosas, a perdonar y autoperdonarme y sentirme a gusto. Tanto la obra como la función están escritas desde el autoperdón y el perdón absoluto porque si no hubiera sido muy complicado hacerlo. Habría sido otra cosa completamente distinta.
P.- ¿Qué dicen los que te van a ver al teatro o los que se adentran en esta lectura?
R.- Es una de las cosas más bonitas que estamos recibiendo. Que la gente me venga a contar su historia también... Es muy bonito. Cuando salió el libro me di cuenta de que tenía ganas ya no de que la gente lo leyera en el sentido de si iba a funcionar o se iba a vender o no sino de que alguien pudiese verse reflejado. Siempre pongo un ejemplo que me gusta mucho. Parece que los juguetes rotos son los de la tele, pero también está aquel niño que juega toda la vida al fútbol que a los 18 decide ser abogado y la familia está toda la vida diciéndole que tenía que haber sido futbolista, que hubiese ganado mucho dinero. Al final esa persona también es un juguete roto, ¿no? Te das cuenta entonces de los problemas que tratamos. Yo solo soy un testimonio con la suerte de tener un pequeño altavoz.
Siempre digo que el problema del juguete roto no es ni de las productoras, ni de las cadenas de televisión ni de nada sino de la sociedad. Es como que se te señala con el dedo cuando decides cambiar, creo que tenemos miedo al cambio en general.
P.- No has dudado en hablar sin tapujos de tu adicción a las drogas, ahora estás en un proceso de rehabilitación... ¿Qué nos falta como sociedad a la hora de recibir a alguien que admite tenerlas?
R.- Nos falta entender que es una enfermedad mental, que no es una enfermedad lúdica, de diversión, no. Casi siempre la adicción es la punta del iceberg. Hay ansiedad, depresiones, baja autoestima, deseos de agradar... y eso es precisamente lo que hace que en un momento dado quieras escapar de ti mismo y te vuelvas adicto. Una vez que se entiende esto, considero que tenemos un consumo abusivo generalizado y una manera de, en cierta manera, señalar al que no lo hace. Escuchamos muy a menudo frases como: "uy, ¿estás enfermo? como no bebes..." o aquel camarero que dice que no sirve agua en su hogar y todas esas bromas. Que al fin y al cabo lo son, claro, pero no sabes qué es lo que está pasando esa persona. Se bebe de una manera abusiva y hay que respetar a quien no lo hace porque hay gente que no sabe parar. Las adicciones, además, también son al sexo, a las redes sociales, al trabajo, al deporte...No solo hablamos de drogas y alcohol, sino que hay mucha gente que se escuda en consumos abusivos.
P.- En el libro cuentas que estás feliz en segundo plano, dedicándote a la música. Ahora ya te has lanzado a la actuación...¿Repetirás en un futuro próximo?
R.- (Ríe) Voy a dejar que la vida me depare lo que ella quiera. Al final lo que he encontrado ahora por suerte es eso, verme lo afortunado que soy y lo agradecido que estoy por poder vivir de la música y tener este medio tan potente como es la interpretación para poder expresar mis emociones. Voy a seguir viviendo el presente que desde que estoy en recuperación hace unos cuantos años ya es lo que me ayuda a estar bien conmigo. Lo que venga vendrá.