Luis Moreno tiene una casa en un pequeño pueblo de Huesca. Tan pequeño es el pueblo que apenas tiene 36 habitantes censados (según los datos del INE) y fue esa falta de ver a gente por las calles la que llevó a este vecino a pintarla. Tanta gente, paisajes y animales pintó que los lienzos se le fueron acumulando y pensó que las paredes de piedra de las casas de Arcusa podían ser un buen lugar donde exponerlas. Así fue como la localidad oscense se convirtió en un museo al aire libre del que ahora disfrutan vecinos y visitantes y que es uno de los pocos casos en todo el país. De hecho, el Museo al Aire Libre de Arcusa forma parte de la red de museos del Sobrarbe y tiene hasta juegos interactivos para los más pequeños.
Todo comenzó en la pandemia, ese momento en el que "todos teníamos mucho tiempo de pensar", cuenta Luis. "Pensé que todo eso que pintaba, en vez de dejarlo en casa almacenado y apilados como los tenía, podía ser para el pueblo y colocarlo en la calle. Cuando pudimos salir fue cuando le pedí permiso al dueño de la casa y me dijo que sí, lo coloqué y como le gustó mucho a los vecinos me animé a ir pintando y colocando más". Ese "más" se traduce ahora en un total de 48 lienzos que llenan las pocas calles de las que consta la localidad.
Aunque hay animales y algún que otro paisaje precisamente lo que predomina en los lienzos es lo que falta en el pueblo: gente. "Nosotros cuando vinimos a este pueblo hace 30 años había muchísima gente y han ido faltando los abuelos, los hijos ya vienen menos, los nietos también...Entonces el pueblo ha sufrido una despoblación bastante importante. Yo lo que quería es que, igual que antes ibas andando por la calle, veías una señora que estaba haciendo sus cosas, los niños jugando, un señor haciendo una cesta...Pues todo eso que yo veía antes en vivo, ahora lo he pintado y los veo en la pintura", expresa Moreno.
El Museo al Aire Libre de Arcusa se ha convertido en todo un reclamo, tanto es así que se organizan visitas guiadas y también juegos de pistas en los que los más pequeños tienen que ir cuadro por cuadro resolviendo diferentes enigmas mientras descuben, además, el encanto y la belleza del pueblo.
"Veo que cada vez que estoy en el pueblo, a lo mejor estoy en casa y veo pasar un grupo de gente, de niños, también en la entrada o en la plaza siempre ves coches y la gente se baja y se pone a mirar. Siento que el pueblo está animado y la gente está encantada, claro. Porque lo que nos gusta en los pueblos es ver gente, tampoco en demasía, pero que haya movimiento está bien", expresa Luis.
Luis, que ahora vive en Huesca, sigue trabajando incesantemente en su taller donde los lienzos brotan sin parar dispuestos a colocarse, de nuevo, en las paredes de Arcusa. "Estoy trabajando en algunas obras y tengo uno que lo tengo ya destacado y cinco más que están a punto de salir. En poco tiempo voy a poner unos cuantos más", reconoce Luis.
