Toda una payasada matrimonial sobre las tablas
Zaragoza.- Max nació en hora punta y Mina vino al mundo con una manada de cigüeñas bajo el brazo. Así comienzan las biografías de los dos protagonistas de “Vida Clownyugal”, la obra que estrena este martes el Teatro del Mercado de Zaragoza. La firma la compañía Puntoclown, que propone un espectáculo de humor a capella para adultos acompañados “que habla de la relación de pareja entre un hombre payaso y una mujer payasa”, explica el actor protagonista, Sergi Claramunt.
Una pareja que forma un matrimonio poco convencional. “Los dos son unos incapacitados sociales -añade Claramunt-. Quieren estar, pero nunca están a la altura, siempre están fuera de tiesto. Eso es lo que caracteriza al clown. Es una vida que desde fuera parece normal, pero en la situación concreta siempre es inesperada y cómica”.
Max y Mina se conocen en un casting de limpiadoras y, a partir de ese momento, comienzan a vivir una relación donde se suceden toda una serie de situaciones cómicas y poéticas. Sergi Claramunt en Max y Jimena Cavalletti, Mina. Ambos están dirigidos por Luisa Gaillard-Sánchez en un texto basado en una idea del propio actor. La actriz principal, Asun Cebrián, ha tenido que retirarse temporalmente de la gira porque acaba de dar a luz.
En clave de clown, se desarrolla esta historia tierna, divertida, irónica, repleta de sorpresas y cercana a todos, que se representará en la capital aragonesa hasta el próximo domingo. Dos payasos modernos perdidos en su propio juego vital y que aún no han descubierto que lo que más les gusta a los dos del bacalao es el pil-pil.
Toda una vida
“Tras el flechazo en el casting, comienza toda una trayectoria por su vida atravesando diferentes periodos que van desde el enamoramiento, la seducción… hasta el final donde ya son abuelos. Vemos cuando se casan, el viaje de novios, cómo tienen el primer hijo, cómo tienen el segundo hijo, cómo van creciendo los hijos, cómo los hijos abandonan el hogar y cómo ellos se reencuentran de nuevo solos como al principio”, detalla Claramunt, quien señala que la función dura poco más de una hora.
Max confiesa que lo que más le gustaba del colegio era tener clase, las minas de los bolis y las agujas del compás. Nunca compra décimos de lotería porque se subió a una higuera el día que explicaron en 4º las décimas del segundo. No tiene hobbies porque no sabe inglés, pero practica el submarinismo de piscifactoría. De la música clásica prefiere el orden al concierto. Y cuando come arroz tres delicias nunca sabe por cuál de las tres empezar, por eso es muy puntual cuando no llega tarde.
Y si ésa es la carta de presentación del marido, la de Mina no se queda atrás: Fue la primera de su promoción en interesarse por cómo hacían el amor los caracoles y en matemáticas igual le daba 8 que 80. Nunca se cayó de la higuera porque se tiraba cuando le apetecía. Lo que más le gusta del cine es comerse los tomates a mordiscos durante la película. Y cuando está de vacaciones no está trabajando, por eso le encanta el atún al tun-tún.
Pero no todo es comedia en “Vida Clownyugal” porque “el payaso para mí es el acróbata de las emociones. Puede hacer un salto mortal de la risa a la tristeza. De algo genial a algo estúpido y mezquino. Sí que hay momentos de perplejidad, de soledad, donde uno se encuentra solo en la pareja”, confiesa Claramunt. No en vano, ser payaso “te propone aceptarte como eres, con tus defectos, tus debilidades… y eso a todo el mundo le viene muy bien. Encajar la fragilidad y la debilidad y el error y el fracaso. Si tú eres capaz de encajar eso, puedes tomar una distancia, puedes reírte de eso y puedes hacer extensiva esa risa a todo el público”.