Mara.- Sekeida, la “Poderosa”, es el nombre de la ciudad celtíbera más importante del norte de la península Ibérica en los tiempos de la Celtiberia. Precisamente el poder de Segeda (como se le conoce actualmente) fue el causante de su propio desastre, ya que en el año 154 a.C. Roma le declara la guerra, consciente de la importancia que esta ciudad estaba tomando en la zona y como inicio de una clara tendencia expansionista.
Éste fue el primer evento importante ocurrido en la Comunidad aragonesa del que se tiene constancia. Casi 2.200 años después vuelve a ser un hito histórico gracias a las excavaciones de los arqueólogos que están, literalmente, cambiando la visión que sobre los celtíberos se tenía, pasando de ser un pueblo tribal primitivo a una sociedad organizada y culta de carácter mediterráneo.
Francisco Burillo Mozota es el director del llamado Proyecto Segeda I, que desde el año 2000 está desvelando parte del yacimiento arqueológico de la ciudad antigua de Segeda. El aspecto más importante de estas investigaciones es que gracias al expansionismo romano, los segedenses desplazaron su asentamiento a unos 100 metros del primero, totalmente celtíbero, como si ellos mismos se hubieran propuesto dejar constancia de cuál era su forma de vida antes de la llegada del Imperio Romano.
Así, los hallazgos encontrados pueden datarse de, al menos, el 153 a.C., algo que vienen confirmando los objetos recogidos hasta el momento. Los hechos cronológicos, recogidos en los testimonios escritos de Apiano de Alejandría, quien relata cómo el Senado de Roma declaró la guerra a Segeda en el año 154 a.C. por haber incumplido, según ellos, los llamados pactos de Graco, acuerdos que habían facilitado la expansión de la ciudad celtíbera en los anteriores 25 años.
“La declaración de guerra no es por haber incumplido los pactos de Graco”, puntualiza Francisco Burillo, “sino porque se está convirtiendo en una ciudad poderosa, y eso es lo que Roma no podía aguantar”. A partir de ahí, los segedenses desplazaron a su Senado hasta la llamada “Ciudad Eterna” para defenderse ante este envite. Sin embargo, Roma “no le hizo caso”.
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Francisco Burillo, con una de las vasijas encontradas en el yacimiento |
Ante esta situación, continúa Burillo, quien también es catedrático de Prehistoria en el Campus de Teruel de la Universidad de Zaragoza, Segeda se alió con Numancia, que distaba a 100 kilómetros, y consiguieron componer un frente de 25.000 hombres para detener a las tropas romanas. Por su parte, Roma “realizó un acontecimiento de una trascendencia histórica importante”, comenta Burillo, como es el de “desplazar la elección de los cónsules de los idus de marzo a las calendas de enero”. “El calendario actual surge con esta declaración de guerra”, ya que hasta entonces el año comenzaba en marzo y su inicio se cambió a enero.
La explicación de este adelanto en la elección de los senadores se encuentra, principalmente, en una táctica para la guerra recién declarada. De esta forma, “se ganaba tiempo para llegar a Segeda a inicios de verano y no en otoño”, explica Burillo, ya que “esto último implicaría realizar la guerra en invierno”. La primera batalla la ganaron los segedenses el día de Vulcano, un 23 de agosto. Sin embargo, el avance de los legionarios de Roma fue imparable y 20 años después conquistaron Numancia.
De clase media
Ahora, la vieja Segeda (o Segeda I para los arqueólogos) se encuentra en manos de expertos historiadores que buscan conocer más de la forma de vida de este pueblo. Desde el año 2000, se desarrolla en este yacimiento el llamado Proyecto Segeda I, que este verano ha contado con la participación de 120 arqueólogos. Fue en el año 2006 cuando se realizó el primer gran descubrimiento: una habitación decorada con losas de yeso de un metro de longitud. Resultó ser, según se ha confirmado conforme han ido avanzando las investigaciones, el patio central de una casa de 283 metros cuadrados y once habitaciones alrededor de esta estancia. Aunque estas cifras pueden variar conforme el yacimiento vaya revelándose a los ojos de estos profesionales de la Historia.
En contra de lo que se pensaba, y de lo que se daba en otras ciudades-Estado mediterráneas, en Segeda abundaba la clase media, según se concluye de los primeros avances en el yacimiento. Los segedenses eran un colectivo bastante pudiente y rico que podía permitirse algunos lujos. Entre ellos, está el de importar vino de Italia (en sus correspondientes vasijas de estilo greco-itálico) o el de instrumentos de limpieza, que implicaban un amplio poder adquisitivo.
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Los materiales constructivos, como el yeso, son típicos de la Celtiberia |
Precisamente, durante la campaña de excavaciones arqueológicas de este verano, se ha encontrado una de estas herramientas de higiene: el estrigilo que los deportistas griegos utilizaban para limpiarse el sudor y que ha quedado inmortalizado en algunas esculturas de la época. Este tipo de instrumentos se han encontrado en escasas ocasiones en la península Ibérica, ya que el hallado en la mansión de Segeda I es el tercero en esta lista. En este caso, la forma de fabricar este instrumento y su estructura hacen pensar que fue forjado en la misma localidad, ya que presenta dos tipos de materiales y tiene un refuerzo en la unión de la hoja y el mango.
Esta riqueza económica se plasma también en una cultura generalizada entre sus habitantes. Así lo atestigua la aparición de unas fusayolas, los contrapesos de los husos con los que se tejía el hilo a partir de la lana. A raíz de las excavaciones han aparecido algunas en esta mansión segedense. Sin embargo, el uso de estas fusayolas se cree que no era sólo para hilar, sino también como elemento decorativo, a través de collares. En algunas de las encontradas en Segeda aparecen también inscripciones, que aún se están investigando, pero que vendrían a demostrar que estas personas sabían leer y escribir.
Respecto a la construcción de las viviendas, recientemente ha salido a la luz un sistema de depuración de las aguas en esta casa segedense. La vivienda recogía el agua de lluvia de los tejados y, a través del patio central, la derivaba al impluvium y de allí a una cisterna por una canalización. A la entrada de ésta, existía una placa de plomo agujereada que evitaba que gran parte de la impureza que llevase el agua pasara a la parte de la cisterna.
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Los hallazgos destierran la idea de los celtíberos como "primitivos" |
Arqueología experimental
Desde el proyecto de Segeda I, también se están realizando algunos trabajos de arqueología experimental, especialmente en torno a la construcción de las viviendas en la Celtiberia. En las excavaciones del yacimiento se encuentran tan sólo los pequeños zócalos de piedra que servían a los muros de aguante. Sin embargo, se desconoce cómo solucionaban el resto de la construcción porque no existen testimonios en el yacimiento.
Para ello, un grupo de arqueólogos se han puesto manos a la obra y nunca mejor dicho. Su trabajo consistía en reproducir, paso a paso, el proceso de construcción de esta época. Lo primero de todo, los materiales para levantar los edificios: los adobes a partir de cuatro elementos, según Burillo: “Agua, barro, sol y sudor”. De esta parte de la investigación, se ha encargado más estrechamente Raúl López, investigador del Centro de Estudios Segedenses. Él nos explica que eran dos los objetivos de esta iniciativa: la de conocer “los problemas de sus sistemas constructivos” y la de reproducir viviendas celtibéricas “para las personas más profanas en el mundo de la arqueología”.
El principal problema que buscaban resolver era, sin embargo, el de explicar y experimentar sobre soluciones para las techumbres de la época. “Los celtíberos no utilizaban la teja”, explica Raúl López; “la teja la introduce en el mundo romano y tampoco en todas las viviendas, sino en las más nobles”. Buscando en el entorno, los investigadores han deducido que las techumbres “las realizaban con madera de la zona, que luego tapaban con una capa de tierra y encima de ésta, una capa de humus, que era el terreno vegetal con semillas para que creciese y se impermeabilizase”. Así, “no era necesario realizar chimeneas ya que si creabas dobles ventanas a una cierta altura salía el humo por allí y la vida era posible ya que la hacían en cuclillas”.
Talleres para niños
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El estrigilo es uno de los últimos hallazgos de Segeda I |
Este verano, además, se han realizado talleres pensados para los más pequeños, “para acercar la cultura celtíbero-romana a los chicos de la zona”. Según Raúl López, el Centro de Estudios Celtibéricos de Segeda ha colaborado con el Centro de Profesores y Recursos de Calatayud para realizar estas actividades didácticas. Una de ellas hacía referencia, por ejemplo, a la gastronomía: “Les hemos enseñado los productos que existían en época celtíbero-romana y cuáles no”, comenta López. “Incluso, hemos reproducido morteros romanos para que ellos hicieran su propia comida”, ha explicado López. “Ha sido muy interesante”, concluye este investigador. Además, se han realizado talleres de escritura, de alfarería y cerámica, y de construcción de adobes.
Este domingo, 31 de agosto, se celebrará en Mara el IX Día de Puertas Abiertas de Segeda I. Durante este domingo los visitantes podrán ver el resultado de las excavaciones arqueológicas así como otros alicientes de las investigaciones en el yacimiento. En concreto, se podrá conocer la zona de arqueología experimental, en la que se está reconstruyendo una casa de lagar edificada con técnica celtibérica. Por último, se expondrá en la localidad de Mara una exposición sobre los últimos hallazgos de esta campaña.



