El secuestro de Quini se revive en Zaragoza: "Lo quería todo el mundo, hoy es imposible encontrar eso en un futbolista"
Cuando uno se adentra en el secuestro de "El brujo" Quini no sabe qué es más rocambolesco. Si que sus secuestradores fueran tres jóvenes mecánicos de Zaragoza sin contacto alguno ni nociones de delincuencia, si que lo secuestraran con unas pistolas oxidadas y lo metieran en un coche automático que el propio futbolista tuvo que enseñarles a conducir o si que los forofos del Real Madrid, del Oviedo o del Zaragoza lo quisieran tanto como si llevase su camiseta. "Eso ahora es impensable, a ver qué culé va a querer a Mbappé", reconocía entre risas el cineasta zaragozano Nacho G.Velilla este miércoles en Zaragoza.
Fueron 100 millones de pesetas los que pidieron los captores que secuestraron a Quini durante esos días entre el 1 y el 25 de marzo de 1981 en un sótano de la calle Tenerías y "Por cien millones" se llama la serie dirigida por el cineasta zaragozano que ya está arrasando en Movistar+. Por increíble que parezca por lo jugoso de la historia nadie la había llevado a la pantalla. Y por increíble que parezca también algunas cosas que ocurrieron en realidad no se han contado por inverosímiles.
CUANDO LA REALIDAD SUPERA A LA FICCIÓN
"Esta historia es ejemplo de que la realidad supera a la ficción por todos los lados. Cuando ocurrió el secuestro yo tenía 12 años y recuerdo ver el titular en los periódicos en letra enorme. Decía: "Quini liberado en esta ciudad". Fue un bombazo. Esta historia tiene lo que tienen que tener para mí toda buena comedia, una tragedia detrás. Es una tragicomedia en toda regla. Nunca quise hacer uno de esos casos de 'true crime' que critico tanto porque me parece más falta de respeto eso que meter el humor en un caso respetando toda la seriedad de un secuestro", reconocía el cineasta.
Ha sido este miércoles cuando "La buena estrella" ha acogido por primera vez en sus 30 años de vida la proyección de los dos primeros capítulos y el coloquio de una serie. Una serie protagonizada Raúl Arévalo, Vito Sanz y Gabriel Guevara como secuestradores y por Agustín Otón como Quini con un marcado acento zaragozano. Literalmente.
"El sótano en el que tenían a Quini estaba a orillas del Ebro. Hubo que recrear esa Zaragoza de 1981, hubo que poner 100 coches de la época en las calles, hubo que rodar en el Paseo Independencia por ejemplo en la mítica cafetería Las Vegas donde yo tengo tantos recuerdos. Y también, había que dotar a los actores de acento zaragozano pero no lo quería hacer como si fuera Marianico El Corto así que cogí a Jorge Asín y le dije que grabase con su voz los tres capítulos. En dos días Raúl (Arévalo) y el resto del elenco tenían pillado ya el acento", contaba el cineasta.
Precisamente Jorge Asín junto al músico Juanjo Javierre han acompañado al cineasta en el coloquio. Es la humanidad de Quini lo que, al final, acaba dominando el relato en esta historia inverosímil. "A Quini lo quería todo el mundo. La pena de los secuestradores fue leve porque él les acaba pidiendo perdón. Recuerdo que me contaron una gran ovación que le hicieron al futbolista en la Romareda...Una de las cosas más inverosímiles es que una de las hijas de los secuestradores le pidió una foto al futbolista. Es solo un ejemplo más de lo loco de esta historia".