Santiago Arranz y el refugio de las palabras

El lenguaje plástico de Santiago Arranz se ha unido a los versos de los hermanos De Guérin en las obras que, como “Juegos Misteriosos”, se han acomodado hasta el mes de mayo en las paredes, rincones y hasta el suelo del Castillo-museo de Cayla, en Francia. Es, según el artista, “una exposición a tres”. Es un refugio para las palabras.

Zaragoza.- Cuenta Santiago Arranz que desde que comenzó a trabajar en espacios arquitectónicos su pintura y su escultura existen en el tiempo y en el espacio. Persiguiendo esa idea, ha vuelto a recalar en Francia, donde expone dos muestras simultáneas hasta el 4 de mayo en Gaillac y Andillac. En la primera retoma las formas y el color negro de los últimos años pero es en la segunda donde realmente despierta esa obsesión del artista serrablés de adaptar su obra a un espacio concreto, una exposición más personal “hecha a medida” para el “Chateau-musée” de Cayla.

Con la primavera, los hermanos Maurice y Eugenie de Guérin han vuelto al castillo de Cayla que habitaron a principios del siglo XIX. Lo han hecho en forma dialogada, la de la conversación que establece el artista con sus obras, tanto con el “Centauro” y el “Cuaderno verde” de él, como con los casi veinte “Diarios íntimos” de ella. Los versos de ambos vuelven a cobrar vida en el tiempo y en el espacio de la mano de Arranz, que confiesa que este proyecto es “como una exposición a tres”. Es una muestra que queda resumida en dos palabras del poeta francés. Son “Juegos misteriosos”, a los que el artista invita a través de casi setenta obras en un recorrido que supone “un vaciamiento emocional”.

“Para realizar toda esta exposición he tenido que hacer un esfuerzo en cuanto a seleccionar y conceptualizar absolutamente mi trabajo, de tal manera que perdiera su singularidad, para generar un espacio con una carga emotiva diferente”, manifiesta. Algunas de esas piezas, lienzos y esculturas, vienen de periodos anteriores pero ahora en diálogo con otras “generan otra realidad, otra emoción”, explica Arranz, que va “al encuentro” de los hermanos de Guérin, “como si me hubieran convidado”.

Tras esa invitación, que en realidad es una iniciativa del Conseil Générale de Tarn, Santiago Arranz ha irrumpido en las estancias del castillo, llenando las paredes, rincones y hasta el suelo con un recorrido artístico.

El itinerario pasa por tres salas. En la primera, inspirado en el “Cahier verd”, Santiago Arranz presenta un trabajo que relaciona la literatura y la naturaleza. “Es el Maurice que vivía en esa geografía de los libros, un libro abierto como un relieve emocional”, matiza. Y continúa ahondando en la vida del poeta, en su mundo íntimo, con el conflicto de identidad que padeció en relación al hermafroditismo. Por otro lado, el “Centauro”, figura con la que Arranz ya había trabajado en Morlanes, aparece representado en un lienzo del 89 y recuperado ahora en el 2007 en el hueco de una mole de yeso y madera. “Nos devuelve otra vez al vacío, que es el que acoge la forma, como una abertura”, dice Arranz, que lleva trabajando en la presencia de la ausencia desde Capuchinas. Y de nuevo aparece la silueta de este ser mitológico enfrentada a un retrato de Maurice de Guérin.

De los conflictos del poeta pasa al mundo interior de su hermana. “La realidad, la mentira de las palabras no le bastaba”, entiende el pintor y lo representa con el cuadro “El discurso de lo real”. En él sumerge la pluma en su propia herida, “una herida que un agujero negro plagado de moscas”, que otra vez confronta con una formas vacías sobre yeso negro. Porque “casi siempre es un diálogo con dos o tres obras que generan otra realidad, otra emoción”.

Así, expone la personalidad de Eugenie, inmersa en la vida doméstica, y cuenta cómo encuentra la libertad en las alas de la literatura. Con esta idea y a través de los pensamientos que plasmó en sus diarios, construye la silueta de Cayla, “convertido hoy en una casa de palabras y de imágenes”. Y, a partir de sus “cuadernos íntimos”, ha realizado una serie de 16 piezas, un conjunto de fragmentos de su vida que son “como pájaros sobre el tejado del castillo”. Y, en la base de la instalación, yace un pájaro en cuyo ojo se intuye el retrato de la escritora. El mensaje no es otro que “pájaro que no vuela, escribe”.

El hombre caracol

Brigitte Benneteu, tras el "Centauro"

Un espacio central separa las salas de Maurice y Eugenie. No tiene otra finalidad que la de una sala de lectura. En ella, un libro-objeto permite ojear, e incluso hojear, sobre un atril los planteamientos de Santiago Arranz que han llegado a definirle como un “pintor de caligrafías”. Son sus abedecedarios, con cada letra protagonista en cada página. Son símbolo y signo. Las letras se vacían ahora, troqueladas en el papel, o se convierten en piezas de un puzzle literario.

Junto a su particular concepción para cada letra del alfabeto, emerge la brillante explicación que ideó en 2005 el periodista y escritor Antón Castro para cada una de ellas. “No es pera leer, sino para escuchar. Es más un libro que escucha que un libro que habla. Devuelve al origen y da un paso más allá. Parecía que todo estaba terminado pero todavía se podía hacer algo con este proyecto”, sentencia Santiago Arranz ante lo que considera un proyecto renovado.

“La D apareció de súbito. Un hombre o un ángel de tinieblas irrumpió en el papel con una joroba de caracol: era el primer hombre caracol de los bestiarios y le puso de nombre Diego, aquel que lleva su guarida a la espalda”. El libro presenta así a la cuarta letra del abecedario. Son palabras que aún suenan mejor con la cadencia de la lengua francesa que sonó en Cayla el día de la inauguración. “Le D apparut d´un seul coup. Un homme ou un ange des ténèbres entre brusquement dan le papier…”.

Así, la B se convierte en una lágrima negra en forma de mariposa, la E en una imperfecta y bella mujer elefante, y la G, en un refugio… Y así hasta completar un abecedario repleto de caligrafías. Pero es la letra D en la que se fija la directora del Castillo-museo de Cayla y comisaria de la exposición, Brigitte Benneteu, para hablar del artista como un “un hombre silencioso, que se repliega en sí mismo, es un pintor-poeta, un hombre-caracol”. Habla así de un artista que camina entre la escritura y el diseño.

Gaillac

De forma paralela, a unos diez kilómetros, se pueden ver los trabajos que Santiago Arranz ha recuperado para “Del negro a la escritura”, título de otra exposición en el Museo de Bellas Artes de Gaillac.

Santiago Arranz, junto a unas fotografías en Gaillac

En esta ocasión, retoma esa idea de que “el negro ha ido colonizando mi figuración, mis cuadros, hasta convertir mi pintura en una caligrafía, en una escritura”, como ya representó en el Centro de Historia o en el Bussiness Center.

La pérdida de la forma a través del negro también se une aquí a la literatura y a las letras. En total, son seis tablas relacionadas directamente con escritores. Una F y una K realizadas en 2007 dejan adivinar un tributo a Franz Kafka y “La colonia penitenciaria”. Del autor de “La metamorfosis” se puede ir hasta “Las ciudades invisibles”, de 1991, seis villas inspiradas en Italo Calvino. Otras dos piezas más mantienen un vínculo con una pequeña guía de Pessoa sobre Lisboa, pintadas en 1996.

De la conversión de la figura en signo, y en escritura, pasa a los cuatro elementos que hablan de la forma dentro de la forma, la opacidad, el vacío y la materia y el espíritu. Finalmente, series fotográficas recuerdan de sus trabajos arquitectónicos. Son puertas y ventanas que, en cierto modo, hablan de un pasado artístico pero también de nuevas búsquedas y diálogos. 

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