Zaragoza.- Aunque aún pasa desapercibido para algunos, Santiago Arranz respira entre los muros de esculturas y edificios de Zaragoza. Está en el Centro de Historia y en la Casa de Los Morlanes. También se encuentra, escondido entre la modernidad, en el Business Center de la calle Alfonso e incluso ha llegado hasta la nueva ciudad que se expande hacia Valdespartera.
Acostumbrada a los grandes espacios arquitectónicos, la obra de este artista serrablés se expone hasta esta semana en la Sala de Exposiciones de Alcañiz, bajo el título de “Viaje a la abstracción. 1997.2007”, una muestra que condensa en apenas una veintena de lienzos diez años de trabajo y un camino de conversión del arte en realidad. Se trata de una pequeña antología que el pintor espera poder ampliar y llevar a Zaragoza o a Huesca, “donde hace mucho que no expongo”, preferentemente en un espacio mayor con cabida para más obras. Y le gustaría porque los ciudadanos podrían ver las obras en su conjunto, porque muchas de sus series, a pesar de estar inspiradas en espacios urbanos, “no se conocen” y porque lamenta el anonimato de los autores del arte público.
Estas pinturas de Santiago Arranz, que resumen su evolución artística, se sitúan en medio de un viaje de ida y vuelta entre “el trabajo de caballete y los espacios arquitectónicos en los que existe esta pintura”. Y, en este periplo, se detiene en cinco pasos entre la forma y el signo, cinco ciclos distintos: “Naturalezas”, “Morlanes”, “Fragmentos visuales”, “La forma dentro de la forma” y “Llaves”. En definitiva, cinco realidades de este artista que va desprendiendo a las formas de su significante para otorgar todo el protagonismo a su significado.
La autonomía de la forma
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Una muestra de las pinturas realizadas en 1998 |
Se trata, pues, de un camino hacia la abstracción en lo formal, pero también hacia la realidad, desde el momento en el que sus formas cobran vida en los edificios y espacios abiertos de pueblos y ciudades. Por ello, Santiago Arranz sostiene que esta evolución hasta las esquemáticas llaves del Business Center es “totalmente casual”. A medida que avanza la exposición y la pintura va tomando contacto con la arquitectura se pierde el objeto, según explica el artista, “cuando es más abstracta para mí es mucho más real porque entronca con la arquitectura y no hay nada más abstracto y real a la vez que un muro de hormigón”.
Aunque casual, esa depuración de las formas se percibe en el recorrido de este “viaje a la abstracción”: de las formas autónomas de las “Naturalezas”, pasando por la unión del mural de Morlanes con sus vocabularios, hasta el Centro de Historia, donde la figura se convierte en signo.
Y, en esa pérdida del objeto y de la perspectiva, Santiago Arranz concibe el arte como una escritura y enlaza su trabajo con el abecedario antropomorfo que ideó en 1990 y que imprime en esculturas y edificios desde 1994 hasta la actualidad, con las llaves del Business Center.
“Los deberes hechos”
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En 1999, el artista comienza a buscar en sus pinturas un signo que resuma la imagen |
Santiago Arranz afirma que esta evolución se percibe en suaves transiciones entre ciclo y ciclo, en cómo el negro separa a una luna o una moto de una naturaleza muerta, hasta la ausencia de la forma junto a las figuras de “Las Madres” y “Los hermanos” de Morlanes.
Pero esta forma de trabajar no le obsesiona, porque Santiago Arranz es un artista que avanza a partir de nuevos desafíos, que afirma “vivir primero y crear después”. Que sabe que tiene “desde hace tiempo los deberes hechos” gracias a un lenguaje que le permite “enfrentarse a todos los proyectos que llegan” y que, a pesar de ello, es consciente de la posibilidad de cambio, “al igual que un escritor se puede alejar de sus personajes”. Que no huye sino que sabe que su forma de trabajar no es como la de otros pintores “que han tenido una obsesión muy concreta y nos les ha venido nada del exterior y han podido seguir trabajando desde el interior”.
Agua en el Actur
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Los juicios de Morlanes protagonizan los óleos de Santiago Arranz del 2000 |
En esta filosofía de vida y arte, Santiago Arranz se enfrenta en la actualidad a un nuevo reto artístico, la realización de un grupo escultórico en un edificio que se está construyendo en el Actur y que se llamará la Torre del Agua, igual que uno de los principales iconos arquitectónicos de la Expo.
Y el agua estará presente en esta nueva obra que la relacionará con las artes. Fluirá por tres volúmenes de seis metros que representarán el teatro, el cine, la música o el ballet, formas encadenadas por cuyos pliegues fluirá el agua
“Es totalmente diferente de lo que ha hecho hasta ahora”, revela Santiago Arranz. Palabras de un artista que, con los deberes hechos, sigue indagando en nuevas formas de expresión.