La obra de Sergio Abraín hila en el palacio de Sástago una muestra sobre la “movida” zaragozana
Zaragoza.- Zaragoza también tuvo su “movida” particular durante la transición. Y ahora es posible recordarla en el palacio de Sástago con una muestra colectiva que reúne las tendencias artísticas de una década, entre 1978 y 1988, que en la capital aragonesa se vieron aglutinadas fundamentalmente en dos experiencias, primero en Pata Gallo (1978-1981), con su revista de arte visual Zootropo, y después en Caligrama (1982-1985). Alrededor de 250 obras -entre pinturas, esculturas, fotografías, instalaciones y hasta poesía visual- proponen un camino hacia la vanguardia del arte aragonés con la obra y la labor dinamizadora del artista Sergio Abraín como nexo de unión.
Se podrá visitar desde este viernes 22, con la inauguración acompañada de un “catering” igual de rompedor, hasta el próximo 6 de abril. Será un mes y medio de exposición que, junto a un catálogo y al libro que se está preparando, supone el reconocimiento institucional a unos movimientos culturales que ya forman parte de la historia del arte aragonés. En este caso, ha sido el Área de Cultura y Patrimonio de la Diputación de Zaragoza quien ha dirigido el proyecto junto al propio Abraín, coincidiendo justo con el treinta aniversario de Pata Gallo.
“Era una deuda moral con la historia que tenían las instituciones con un proyecto que quizá nació muy temprano, en una transición aún no tan democrática”. Tras estas palabras, el director de Cultura y Patrimonio, Alfredo Romero Santamaría, se refería a Pata Gallo, situado en la calle del Temple, como el lugar donde “el hecho cultural tomaba una nueva dimensión” y que supuso la “llegada de la modernidad”. En cuanto a Caligrama, hablaba de un lugar “especialmente dinámico” que fue, desde la calle La Paz, punto de encuentro de tribus y escaparate de todas las actividades artísticas del momento, donde se planteaban debates con artistas, se comercializaba el primer “merchandising” artística, se proyectaban cortos y donde hicieron sus primeras canciones grupos como Héroes del Silencio o Niños del Brasil. “Los que ahora forman el retrato de la actividad cultural y la personalidad de la ciudad estuvieron ahí”, resume Sergio Abraín.
Este proyecto nostálgico se retrotrae a la ebullición cultural de la ciudad, a una “movida” en la calle que no llegó a conectar con las instituciones. “Era eso o el desierto y nosotros nos montamos un oasis”. Así lo expresa Abraín, que no sólo fue uno de los artistas más representativos del arte aragonés de los setenta y ochenta, sino también un “activista cultural”. De hecho, según la diputada delegada de Cultura de la DPZ, Cristina Palacín, “fue el nexo de unión entre estos dos espacios por los que pasó todo aquel que tenía algo que decir en esta ciudad, ganas de experimentar artísticamente y vivir en primera persona la transición a la democracia”.
La muestra pretende, según Palacín, lanzar un guiño a la ciudad y sus artistas, también a los que llegaron desde Mallorca, Valencia o Barcelona, pero quiere dar también una visión más global y ambiciosa que va más allá de la “movida” zaragozana. Coetánea a la madrileña y en algunos aspectos incluso superior, las inquietudes artísticas de la ciudad llegaron a estar, a pesar de los recursos limitados, “al mismo nivel” que en lugares asociados a la vanguardia. “Nos montamos nuestro Nueva York, nuestro París… Nos montamos aquí nuestra utopía. Fue una especie de reafirmación, porque pensamos que lo que hacíamos estaba al nivel de lo que se hacía en cualquier otro sitio e incluso se podría decir que inventamos algo”, recuerda Abraín.
Tal y como era la producción artística de aquella década, se trata de una muestra ecléctica que reúne obras originales de hace treinta años y que, tras una interminable labor de selección, ha dejado muchas atrás. Pero Sergio Abraín ya advierte de segundas partes: “Ojo, que amenazamos con otra”.