Natalia Moreno: "No tengo otra forma de contar que desde mi propia experiencia, mi propia piel"
Natalia Moreno (Zaragoza, 1979) todavía recuerda ese momento en que escuchó el "Like a virgin" de Madonna. Tenía 11 años y sus veranos sabían a bocadillos de sardinas, a siestas en la casa de los abuelos, a Bowie y, años más tarde, a calimocho. La cineasta, ganadora del Goya en 2020 por el documental sobre Ara Malikian (su pareja), todavía no lo sabía pero le caló tanto Madonna que unos cuantos años más tarde escribiría una novela con el nombre de la artista. "Madonna no nació en Wisconsin" es su primera incursión en el mundo de las letras y todo un viaje sensorial, y vital, por la vida de dos mujeres: una niña que se cambia el nombre para poder sobrevivir en un mundo que no entiende y una mujer que se divorcia y a la que se le abre una brecha. Con un toque macarra, Natalia Moreno ha construido un relato en el que no quería ser correcta, sino de verdad.
PREGUNTA.- Entre el color rosa de la portada y la foto de una niña que resulta que eres tú, la novela ya atrapa. Pero hablemos del título. "Madonna no nació en Wisconsin".
RESPUESTA.- (Ríe) El título nace de la importancia que tiene Madonna en la novela eso por supuesto y luego de una broma que hacen algunos amigos que tengo en Huesca, que en vez de referirse a ella por su nombre le dicen "Huesconsin". Pero la novela no tiene nada que ver con eso, es un guiño personal que quise hacer. Simplemente.
P.- Primera novela después de una vida dedicada al guion, al cine...¿Cómo fue ese salto?
R.- Pues mira, llevaba mucho tiempo trabajando en la tele y he sido súper feliz pero al final hay muchas voces, mucha gente opinando sobre el producto final, sobre cómo debe salir, sobre la marca...Entonces tenía una necesidad muy grande de encontrar el silencio y mi propia voz, así que me encerré y decidí escribir una novela. Sí que es verdad que cuando digo que esta historia lleva tiempo hablando dentro de mí es porque yo trabajo mucho desde el cuerpo. Está en lo sensorial, en lo que tengo, en lo que he vivido de niña, en el campo, en el río, pero no tiene nada que ver conmigo. Es una novela, es literatura, no es una biografía ni apela a mi diario, he hecho todo un ejercicio de escritura donde he disfrutado de la construcción literaria y de la palabra.
P.- Uno puede casi oler y ver esos veranos en el pueblo, los bocadillos de sardinas que se come la protagonista...Es una novela muy visual. ¿Ha influido tu trayectoria profesional?
R.- Bueno, claro. Todo se mezcla. Para la estructura de la novela he seguido una estructura clásica de guion de tres actos, pero sí que es verdad que un guion es un reloj que funciona como un tiro mientras que la novela es muy libre. Me ha permitido volar y, sobre todo, lo que te decía, trabajar con la palabra de verdad, que tenga ritmo, elegir entre una palabra u otra, no es la misma cara que rostro, y buscar la sonoridad y la fuerza de la propia palabra.
P.- Tenemos a una niña que nos lleva a esos veranos en el pueblo y a una mujer que se acaba de separar. Y es entonces cuando parece que su vida se paraliza.
R.- Sí. Es una mujer que está en una crisis de mitad de vida, por decirlo así, donde tiene que revisar a qué cosas va a tener que renunciar para siempre y con qué cosas se quiere quedar. Descubre que tiene una herida que es mucho más antigua que ese momento vital que tiene y que tiene que ver con una infancia donde aprendió a relacionarse desde un sitio muy solitario. Para eso tiene que recordar a las mujeres que le ayudaron a crecer y acordarse de que no estaba tan sola, que al final tenía un núcleo de mujeres que le ayudaron a vivir.
P.- Y luego está esa niña que cambia su nombre para sobrevivir y que está muy enfadada con el mundo. No es fácil escribir como si de un niño se tratase siendo adulto.
R.- (Ríe) Esa voz la saqué de mi hijo de 11 años. Los niños son absoluta verdad, autenticidad pura, entonces si se enfadan, se enfadan seriamente al 100%, y dicen frases del tipo "ya no te voy a volver a querer" y con la misma se desenfadan a la misma velocidad. Por tanto, para mí era importante para marcar la diferencia entre una mujer que es adulta, serena, que tiene sus contradicciones, pero que habla y reflexiona de una manera concreta y hablar desde un lugar infantil donde todo es absolutista, donde todo es 100% y el enfado es súper tocho.
P.- La novela es francamente divertida, tiene un estilo hasta macarra en el lenguaje
R.- (Ríe) Quería hacer una novela verídica, donde la protagonista adulta pudiera existir en pleno conflicto y no siendo una bienqueda. Yo no quería quedar bien, no quería ser correcta, quería ser verídica, entonces empecé a construir a esa protagonista y luego ella habló sola. Empezó a decir macarradas, empezó a decir coloquialismos y empezó a hablar desde una cosa que genera mucha risa y a veces mucha vergüenza, porque dice cosas que no todo el mundo dice. Pero a mí eso me parecía valiente y me quería dar la libertad de seguir por esa línea y no ponerme correcta.
P.- Es inevitable no ponerse nostálgica con esos veranos en el pueblo, los primeros amores, las borracheras. ¿Hay mucho de la memoria personal de Natalia Moreno ahí?
R.- Claro. Creo que he construido una novela muy sensorial. El otro día estuve con un escritor que me decía que le había pasado una cosa tremenda al leerme. Él tenía un pequeño problema con el olfato y me decía que había podido oler a través de mis palabras. Quería que el lector entrara en esa cosa de lo buenas que están las sardinas, esas siestas que sientan mejor en casa de la abuela... He apelado a lugares muy universales, pero desde luego no tengo otra forma de contar que mi propia experiencia, mi propia piel, a qué me supo el primer beso. Aunque yo no me besé con nadie en un coche abandonado en medio del desierto, no tiene nada que ver, pero todo lo sensorial y todos los sabores han pasado por mí.
P.- Es una novela femenina en la que se construye un universo fuerte al que se le denomina como "Los Pilares". ¿Son también compartidos esos referentes femeninos?
R.- Bueno, yo no tengo, por desgracia, una prima que se llama la Pili, de hecho no he tenido ni una prima (ríe). Tengo todo primos y las únicas chicas viven lejísimos y nunca he compartido veranos con ellas. Yo quería hacer que esta protagonista habitara en un espacio que tiene vida propia, una fonda y un pueblo, que es otro de los grandes personajes de la novela. Quería que estuviera rodeada de mujeres que entre todas componen una. Has visto que son mujeres que están muy solas pero también son muy fuertes. Era una oda a todas esas mujeres que están invisibilizadas, a las amas de casa, a las yayas, a las primas. Para mí era una decisión importante darles lugar en el mapa y en el tiempo a esas mujeres.
P.- Aparecen una playlist con David Bowie y Espinete, Madonna, Nirvana, el calimocho, las míticas zapatillas J'hayber. ¿Fue esa tu niñez y adolescencia?
R.- Pero completamente. Obviamente Madonna fue el mayor, ya lo dice el título. Cuando sacó "Like a virgin" que creo que fue en los 90 yo tenía 11 años, imagínate a una mujer subida en una cama sobre el escenario, con fuego alrededor y un sujetador en formo de conos y cantando una cosa súper transgresora. No teníamos tantos referentes femeninos entonces ver a esa tía era como: "¡Madre mía! Que se puede ser así de libre y creativa y se puede estar así en el mundo. Para mí fue fuerte. De hecho mis deseos serían que la novela llegase a sus manos y poder darle un abrazo y las gracias porque creo que ellas han abierto sendas para que nosotras ahora seamos tan libres.