Morrisey hace alarde de rock y excentricidad y enloquece la Sala Mozart

El Auditorio de Zaragoza se ha llenado hasta la bandera con el concierto del británico
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photo_camera Morrisey solo había programado tres conciertos en España. Foto: AD

Cuando uno entraba en la Sala Mozart del Auditorio de Zaragoza este sábado podía ver que si había una sensación que imperaba (además de la excitación) esa era el alivio. Las 2.000 personas se aferraban a su butaca como si fuera de oro tras pagar algo más de 100 euros por ella. Pero eso daba igual porque esa butaca era la certeza de que esta noche Morrisey se iba a subir al escenario de la emblemática sala para hacerles vibrar después de una noche de nerviosismo y de refrescar las webs de los medios de comunicación una y otra vez.

En Valencia el ruido de las Fallas hizo que el exvocalista de The Smiths cancelase la cita ante la tristeza y decepción de las fans. Y quién les decía a los zaragozanos que no podía hacer lo mismo a juzgar por los datos que le preceden. Pero no. Pasadas las 20.30 horas, el artista británico arrancaba el concierto. Y entonces sí que sí, ellos podían respirar.

Se ha hecho de rogar el británico pero poco importaba porque así daba tiempo a que los fans, todos de cuero y negro como si fuese el uniforme oficial, inmortalizasen el momento. No era para menos y es que era la primera vez que Morrisey en solitario (y también en su época de The Smiths) actuaba en la capital aragonesa que, por cierto, era una de las tres únicas ciudades de la minigira española (la próxima parada es Sevilla).

Con un audiovisual con imágenes del artista de fondo se amenizaba la espera. Y tantos conciertos se había visto el público, ya fuera en vivo o por Youtube, que bien sabían el momento exacto en el que su ídolo saldría al escenario. Y en ese momento la barrera antiavalanchas, instalada en la sala a petición del equipo del artista, ha hecho su efecto porque las dos primeras filas han enloquecido y se han pegado todo lo posible a ellas para ver a su ídolo de cerca. Tanto que la seguridad ha tenido que intervenir. Y ahí estaba él. Con una camisa rosa chicle abierta hasta, por lo menos, el cuarto botón y una especie de riñonera de colores aparecía sobre el escenario provocando un estruendo. Daba igual que la Sala Mozart se hubiese diseñado para asistir a un concierto sentado pues uno no puede ver un concierto de Morrisey de otra manera que no sea de pie.

Empezaba con "A first of the gang to die" mientras la batería, con la bandera de España pintada sobre ella enloquecía la sala. Mientras sacudía sus ya míticas maracas azules mientras el público miraba aquí y allá incapaz de contener la emoción desmedida. Algunos sacaban los móviles a pesar de que, efectivamente, no se podía grabar. Tanto él como su movimiento como la forma de sostener el micrófono gritaba excentricidad y es exactamente lo que el público quería.

"Every day is like a Sunday", "Make up is a lie" y otros temas de su época en The Smiths como "Last night I dreamt that somebody loved me" se iban sucediendo con socarronería y la emoción desmedida de quien asiste por primera vez, o no, a un concierto del artista. En el público, los gestos, las caras, la excentricidad se recibían como un regalo. "Vaya cabronazo eres Morrisey", se decía una pareja mientras no dejaba de bailar seguramente incapaces de encontrar otra frase para definir la euforia de un concierto que ha sido un regalo y que, visto lo visto, puede que jamás se vuelva a repetir.

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