Monumental Cinema: el gigante de hormigón que revolucionó el ocio en la Zaragoza de 1933

Con capacidad para más de 2.300 personas, fue diseñado por el arquitecto Marcelo Carqué Aniesa y estaba inspirado en el Teatro Monumental de Madrid.
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photo_camera El Monumental Cinema fue revolucionario también en su construcción. Foto realizada mediante Inteligencia Artificial

Zaragoza, 1933. La ciudad, que entonces empezaba a ver los avances de la arquitectura moderna y el ocio, inauguraba en la calle Conde Aranda el Monumental Cinema. Con capacidad para más de 2.300 personas, fue diseñado por el arquitecto Marcelo Carqué Aniesa y estaba inspirado en el Teatro Monumental de Madrid.

Para el historiador del Arte Jesús Martínez Verón, que ha dedicado años al estudio de la Arquitectura moderna y la historia del cine en Zaragoza, el Monumental Cinema representaba algo “único”. “Por su tamaño, no había nada parecido. Su aforo, para 2.319 personas, era el mayor de la ciudad y su coste reducido permitía que la asistencia fuera masiva”, detalla. Las entradas, a un precio de 15 céntimos, hacían que fuera accesible para todos, en concreto adolescentes y niños, ya que los cines “más elegantes” cobraban casi el doble.

Martínez Verón: "Por su tamaño, no había nada parecido. Su aforo, para 2.319 personas, era el mayor de la ciudad y su coste reducido permitía que la asistencia fuera masiva"

Mientras los “cines de lujo” de Zaragoza, como el Goya, ofrecían los estrenos con entradas a casi el doble de precio, el Monumental se llenaba de adolescentes y niños que disfrutaban de sesiones dobles de comedias y películas de aventuras. “Era un cine diferente, ofrecía estrenos de segunda línea, esas películas que hoy llamaríamos de serie B”, añade Martínez.

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Imagen de archivo del Monumental Cinema. Foto: archivo fotográfico de Jesús Martínez Verón

UNA ARQUITECTURA VANGUARDISTA

El Monumental Cinema fue revolucionario también en su construcción. Este edificio fue uno de los primeros en la ciudad de hormigón armado, un material que permitía crear espacios amplios y diáfanos. “Para lograr esa capacidad, la única solución era el hormigón armado, que daba lugar a un aforo sin precedentes”, comenta Martínez. El diseño incluía un patio de butacas principal y dos anfiteatros elevados, algo que asombraba a los asistentes de la época. “La gente decía que, en la zona más alta, te mareabas de lo alto que estaba”, cuenta el historiador.

La arquitectura del Monumental tenía un estilo “sobrio y austero, acorde con el movimiento racionalista europeo de aquel tiempo, Marcelo Carqué diseñó un edificio sin ornamentación, enfocado en la funcionalidad y la amplitud”, detalla Martínez. “Se trataba de un cine popular y eso implicaba limitar los gastos en decoración. Se invirtió en lo esencial: el espacio, las butacas, las pantallas y el sonido”, añade. A pesar de su monumentalidad, la fachada era discreta y apenas visible desde la calle, pues el acceso al cine se encontraba en el interior de un bloque de pisos.

MÁS QUE UN CINE

El Monumental Cinema, además de proyecciones cinematográficas, también era escenario de espectáculos de jota, boxeo, circo y variedades. Además, fue uno de los primeros en integrar servicios adicionales para los espectadores. “No era únicamente una sala como el resto de cines de la ciudad, tenía un bar en la entrada, un vestíbulo y un guardarropa”, detalla Martínez.

Cuando esta sala abrió sus puertas, se llamaba Monumental Cinema, pero tras la Guerra Civil se prohibieron los nombres extranjeros y pasó a llamarse Monumental Cine. La primera película proyectada en su pantalla fue una obra alemana de la productora UFA titulada “Dos corazones, un latido”, que inauguró el cine un 8 de julio de 1933.

Como muchas salas de la época, el Monumental Cinema “pasó de moda” en los años 70. Con la llegada de cines "más modernos y cómodos, y el cambio en las preferencias del público, este gigante dejó de ser rentable y cerró sus puertas en 1972", relata el historiador. Poco tiempo después, el edificio fue demolido sin dejar rastro de su existencia.

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