Mayte Magdalena: “Nos hemos olvidado de lo que han hecho nuestras abuelas”

Mayte Magdalena habla sobre su última novela "Zapatos de lluvia"
photo_camera "Zapatos de lluvia" es la última novela de Mayte Magdalena. Foto: Pilar Álvarez

Madrid, principios del siglo XX. Paola es apenas una muchacha cuando, cansada de ser una carga para su familia, decide mudarse a la capital con una maleta repleta de sueños, anhelando experimentar la vida lejos de su pequeño pueblo. Allí espera encontrar lujos, romance y sofisticación, pero pronto comprenderá que la realidad es mucho más cruda de lo que había imaginado. Esto es solo el principio de “Zapatos de lluvia”, la última novela de Mayte Magdalena. 

En un intento de conciliarse y llegar a entender a su abuela, Magdalena escribe esta obra ubicada en los años previos a la Guerra Civil española y también en el conflicto. Busca que los lectores sean capaces de reflexionar, comprender y empatizar con la protagonista, para entender qué supuso la guerra y cómo silencio a la mitad de población: las mujeres. Hablamos con ella en ARAGONPRESS y nos cuenta más sobre “Zapatos de lluvia”. 

PREGUNTA.- ¿De dónde surge escribir “Zapatos de lluvia”?
RESPUESTA.- El libro nace de mi necesidad de conciliarme con la figura de mi abuela. Entonces, en un determinado momento, yo con mi abuela, que no me llevaba nada bien —bueno, ni casi nadie se llevaba muy bien con ella—, me planteé por qué esta mujer era así, por qué siempre vestía tan de negro, siempre tan triste. Y entonces empecé a indagar en su historia, que nunca habían contado y yo nunca había sabido quién era ella. A partir de ahí empecé, no siempre a justificarla, sino a entenderla. 

P.- Cuenta la historia de Paola, pero habla de todas las mujeres que nacieron y vivieron esa época de la historia de España. 
R.- Son las mujeres nacidas a principios del siglo XX. Son mujeres grandes, desconocidas, sobre todo las de “andar por casa”, que es de la que estamos hablando.  Es una mujer de clase baja y son mujeres que se tuvieron que enfrentar a miles de situaciones con muchísimas dificultades y tirar para adelante con hijos, con maridos. Pero también tuvieron que tirar para adelante cuando estuvieron solas, porque ellas venían a cualquier capital —da igual que fuera Madrid o cualquier otra—, porque Paola son muchas Paolas y puede estar en cualquier sitio. Y entonces ella, cuando llega a la ciudad, se encuentra absolutamente sola. A partir de ese momento, ella tiene que tirar de su vida, ella, sin ningún paraguas que la proteja como la había protegido en el pueblo hasta ahora toda su familia.

"Es muy importante recordar a nuestras abuelas, porque si nosotras estamos hoy aquí, es porque ellas estuvieron antes allí"

P.- Son mujeres que siempre han estado silenciadas…
R.- Siempre digo una frase que me dijo una señora mayor: “Nosotras no podíamos hablar, y cuando pudimos hablar somos tan viejas que a nadie le interesa lo que tenemos que decir”. Entonces creo que es una frase muy sabia y eso es un poco lo que pasa. Estas mujeres han quedado en el olvido, aunque hicieron verdaderas proezas. Pero la gente lo ha olvidado. Nos hemos olvidado de lo que han hecho nuestras abuelas o bisabuelas. Está olvidado. 

Esas mujeres que tiraron de las familias, que criaron hijos, que hacían comidas sin productos, que hacían ropa deshaciendo la de otros —deshacían jerseys para hacer dos jerseys para dos niños pequeños—, que sabían hacer un poco de todo… esas historias han desaparecido. Es muy importante recordarlas, porque si nosotras estamos hoy aquí, es porque ellas estuvieron antes allí. Me parece fundamental darles cierta voz a estas historias.

P.- Entre los muchos temas que se tratan, el amor es uno de los principales. ¿Cuánto pesa tiene esa temática en la obra?
R.- Muchísimo, pero no el amor físico o sexual. Es el amor en muchísimas facetas. Por ejemplo, el amor familiar: ella en parte va a la capital para poder mandar dinero a casa. Es otra de las justificaciones que se pone. Hay otra tipología de amor, como el amor de una persona que no es correspondida. También está el amor a los hijos, el amor sexual o físico hacia su marido, el amor hacia sus amigos, hacia sus vecinas… Paola es una persona que se mueve por los sentimientos y por el amor, pero un amor generalizado.

P.- Y el amor propio a la hora de crecer personalmente para la protagonista.
R.- Porque es que Paola tiene un punto rebelde. Tiene un punto en el que ella es consciente de las limitaciones que tiene, pero sabe que puede seguir más. Entonces ella continúa, y continúa, y continúa. 

"Zapatos de lluvia" es la última novela de Mayte Magdalena. Foto: Pilar Álvarez

P.- ¿También has crecido personalmente con esta novela?
R.- Muchísimo. Simplemente con la documentación ya he hablado con muchas personas mayores que me han contado sus experiencias, y eso ya te hace crecer. También la documentación que haces al leer, buscar en libros, archivos… Pero sobre todo te hace crecer el feedback que recibes de las personas que leen el libro y te van diciendo: “Oye, pues mira, mi abuela me ha dicho…”, “mi madre me ha contado…”, y entonces se ponen en comunicación con esas personas de su pasado. Y les interesa saber. 

P.- También habla de la precariedad y cómo condiciona toda la vida de la protagonista. Salvando las distancias, ¿se podría comparar con la precariedad que existe hoy en día?
R.- Lo que pasa es que es una precariedad distinta. Paola, en realidad, lo que “ganaba” era la estancia en la casa y que le dieran de comer. Luego, lo que le daban de más era nada y menos. Ni siquiera ganaba dinero como para decir que podía vivir con ello. Mandaba algo a su casa de lo poco que tenía porque realmente no tenía ningún gasto: comía en la casa de los señores, dormía allí… Lo más que se gastó fueron unas telas. El consumismo que tenemos ahora, en aquella época no existía. Entonces, al no existir, el tipo de precariedad es distinto. Completamente distinto. No lo podemos trasladar de época. 

"Si mi abuela cogiera el libro, no lo querría leer porque no lo interesaba volver al pasado"

P.- ¿Qué crees que pensaría tu abuela si leyera “Zapatos de lluvia”?
R.- Le da un síncope directamente… El problema es que a mi abuela yo no la conozco. He generado una novela, he generado una historia, pero en esa historia he utilizado muchos de los testimonios que me dieron otras personas, porque mi abuela no quiso hablar nunca. Estoy segura de que si mi abuela cogiera el libro, no lo querría leer. Porque no le interesaba hablar. No le interesaba volver al pasado. No quería. Nunca habló de nada. Todo lo que yo he sabido ha sido por mis tíos, pero ella nunca habló de nada. 

P.- Eres licenciada en Pedagogía y diplomada en Magisterio, y llevas casi cuatro décadas dedicándose a la docencia. ¿Recomendaría este libro a adolescentes?
R.- No creo que sea un libro para adolescentes, porque no creo que la temática, ni siquiera la forma de escribir el libro, sea para un adolescente. Creo que hay otra tipología de libros para ellos. Pero para gente joven sí. Sobre todo, para que se queden con la idea de que no todo lo que pasó tiene que ver con ellos. Eso es muy importante. Yo siempre digo que recordar el pasado hace que no cometas tantos errores en el presente. 

No estoy hablando de hacer una memoria histórica con buenos, con malos, con vencedores o vencidos. No es eso. Es que en la guerra todo el mundo pierde. Y si somos capaces de entender lo que sufre una mujer —en este caso, sola con tres hijos en esas circunstancias—, podremos incluso intentar que eso no se repita o al menos intentarlo. Entonces, me gustaría que al terminar el libro sí que hubiera un alegato contra la guerra. Es decir, esto no es lo que queremos. 

P.- Una reflexión por parte del lector...
R.- Exacto. Una reflexión de decir: “No, no quiero que esto ocurra”. Porque hay muchos casos de muchas cosas que se producen en el libro —que no voy a desvelar—, pero que muestran lo que significa una guerra civil. Aunque da igual que sea esta guerra, que la de Ucrania, o cualquier otra. Al final, es una mujer que tiene que buscarse la vida como puede.

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