Más de 40 pinturas del Museo de Zaragoza serán restauradas con la técnica tradicional japonesa karibari
El Museo de Zaragoza cerró sus puertas en noviembre de 2023 debido a unas obras de acondicionamiento y, aunque estaba previsto que abriera dos años más tarde, habrá que esperar más tiempo para su apertura. Mientras, los trabajos en la mejora de las instalaciones no cesan, ni tampoco la restauración de sus pinturas que, mediante la técnica japonesa karibari, ya se empiezan a recuperar biombos de la colección de arte oriental.
El pasado mes de diciembre, Sayuri Pompa Fujimura y Nerea Diez de Pinos, restauradoras y conservadoras de arte fabricaron dos karibari para el Museo de Zaragoza. Estos son estructuras de madera utilizadas como bastidores de tensado japonés. Como ha explicado Pompa Fujimura en la visita del director general de cultura, Pedro Olloqui, al Museo, “ el karibari permite un tensado de forma controlada al ser una estructura que permite el paso del vapor de agua por ambos lados. Está hueca y se recubre con un barniz llamado “Kakishibu”, que crea una capa semipermeable, pero permite pasar el vapor, por lo que la obra puede secarse por ambos lados”.
Las dos restauradoras intervendrán 44 pinturas y caligrafías orientales, especialmente japonesas, que están recogidas en el Museo de Zaragoza, utilizando estas técnicas tradicionales japonesas para su restauración e intervención, pues, como ha comentado Diez de Pinos, “las obras japonesas deben ser intervenidas con técnicas japonesas para respetar el espíritu original de la obra”.
El laminado, conocido en Japón como "urauchi", consiste en la adhesión de un papel (habitualmente papel japonés washi) con engrudo de almidón de trigo, que aporta soporte y estructura al material. Este proceso es clave para la integridad de los elementos que conforman los kakejiku y biombos.
En las últimas décadas, se han introducido técnicas tradicionales de restauración japonesas como el uso del papel washi o el tensado con karibari en estudios de conservación y restauración de obra gráfica occidentales, que han adoptado estos procedimientos tanto para la intervención de obra asiática, como occidental.
BIOMBOS Y KAKEJIKUS
En el caso del Museo de Zaragoza, los karibari están siendo utilizados primero para la restauración de biombos y kakejikus. Este mes de febrero, tras dejar reposar los karibari durante un mes después de su fabricación, Sayuri Pompa Fujimura, conservadora-restauradora de arte y especialista en hyogu (kakejikus y biombos japoneses), contratada por el Gobierno de Aragón para la intervención de varias obras de la colección oriental del museo, ha comenzado la restauración de uno de los biombos de la colección.
Debido a los daños estructurales de este pequeño biombo decorativo, titulado ‘Matsu’ (pino), particularmente en las bisagras de papel, ha sido necesario desmontarlo completamente para su intervención y volver a tensar los paneles con ayuda del bastidor karibari. Tras la restauración de la estructura interna del biombo, las pinturas serán adheridas de nuevo en cada panel para devolverlas a su lugar original, protegidas por un marco de madera lacada.
RESTAURACIÓN DE OBRAS OCCIDENTALES
Algunas obras gráficas occidentales de la colección del Museo de Zaragoza también pasarán por este proceso de restauración japonés. La encargada será la restauradora y conservadora de este museo, Nerea Diez de Pinos, quien ha expresado en la visita que, “los kalibari permiten que la obra envejezca mejor, se conserve mejor, tenga una apariencia más natural. Este tipo de paneles no se puede utilizar en cualquier obra occidental, pero sí en muchas”.
Diez de Pinos ha reivindicado la necesidad de conservar en buen estado estas obras que “son patrimonio de todos” y ha agradecido al Gobierno aragonés su apoyo para poder contratar a una especialista en estas técnicas que pueda transmitir ese conocimiento para aplicarlo después, cuando sea necesario, a la obra gráfica de las colecciones del museo.
El Museo de Zaragoza posee una importante sección de arte oriental que integran más de 1.700 obras de varias colecciones (Torralba, Pasamar-Onila, Tanzan y Kentaro Kotoge, Reijinsha, y Miguel Ángel Gutiérrez). De ellas, la colección más numerosa es la de Torralba, mientras que Pasamar-Onila ha permitido tener al museo una colección de obra gráfica japonesa de excepcional calidad y representatividad por autores.