Zaragoza.- Toda una sociedad cimentada en el miedo es lo que expone Lucía Extebarria en “Cosmofobia”, una historia coral protagonizada por veinte personajes principales inspirados en vecinos del madrileño barrio de Lavapiés, elegido por la multitud de etnias y niveles sociales que conviven en él. Y son los temores a lo desconocido, a los inmigrantes, a las personas con otra orientación sexual, a la amenaza terrorista, a la comida, al cambio climático o a las relaciones amorosas lo que ha llevado a la escritora a grabar, como en un documental, incontables experiencias personales.
Y todos los detalles de la novela -“un 99,9 por ciento”- y todo lo que cuenta -“hasta lo más increíble”, incluida una historia que habla de la localidad turolense de Alcorisa-, “es real”, asegura la propia autora, que este lunes ha presentado el libro en Zaragoza en compañía de Luis Alegre. Para ello, ha rebuscado entre las calles del céntrico y deteriorado distrito de la capital española, que llama “ludoetnia” y que representa “ese barrio de clase popular al que llegan inmigrantes y que cuando la ciudad crece se llena de especuladores porque está en el centro y los primeros que se mudan son pijos alternativos”, entre los que se ha puesto a ella misma como ejemplo, además los directores Icíar Bollaín y Fernando de León, o el escritor e historiador Ian Gibson.
Así, basándose en la descripción de lo que ve, Lucía Extebarria ha creado una ficción documental a partir de entrevistas personales, en muchas de las cuales ha pactado con sus protagonistas los detalles que podían aparecer en la novela, mientras otras tantas se han quedado en el tintero. Sin embargo, “Cosmofobia” no plantea soluciones a los miedos de la sociedad actual ya que, para la autora, ésa es una tarea que corresponde a los políticos y no a los escritores, por que si así fuera “no haríamos libros sino programas electorales”.
Historias corales
La obra se abre y se cierra con Lucía, un alter ego de la propia escritora. Y, entre la veintena de personajes que componen “Cosmofobia” y que han sido creados a partir de distintas historias, sólo uno coincide con todos ellos. Se trata de Yamal, una mezcla de dos pintores, uno marroquí y otro brasileño, y el reflejo del ascenso salvaje de algunos artistas a través de méritos ajenos al arte, relacionados con el blanqueo de dinero o la mafia, “el trepa por antonomasia” que simboliza “lo prohibido y lo que atrae de lo prohibido”.
En las entrevistas previas a la novela, la autora confiesa que los personajes que más le costaron fueron los de origen marroquí y los diseñadores de moda, que representan el “tanto aparentas, tanto vales”, el prototipo de aquellos que “no quieren tener un bolso de marca, sino la falsificación”. Porque en esta novela se habla de una sociedad donde reina “una búsqueda desperada de la identidad” que, según la autora, ya no viene marcada por “la religión, la familia o el patriotismo” sino por “un equipo de fútbol, si ves Gran Hermano o si llevas un llavero de Prada”.
Además, dos de los personajes –La Chunga y la Negra- continuarán con casi total seguridad en la próxima creación literaria de Lucía Etxebarria, cada vez más interesada por el realismo o la ficción documental, ya que prefiere abandonar los personajes introspectivos para dar preferencia a las historias corales con las que “dentro de cincuenta años comprendas el porqué de los cambios” de la sociedad y porque “aunque es más fácil imaginar que salir y grabar”, encuentra más interesante “tirar hacia fuera que mirarse el ombligo”.
De momento, su próxima obra será una antología de cuentos eróticos que saldrá a la venta en febrero, el día de San Valentín, bajo el título “Lo que los hombres no saben. El sexo contado por las mujeres”.