Zaragoza.- Magdalena Lasala (Zaragoza, 1958) es una de esas escritoras que no pasan inadvertidas. Una mujer “fascinante” que ha querido recrear en su última novela “Doña Jimena. La gran desconocida en la historia del Cid”, a otra mujer que tuvo mucho que decir en la época que vivió, Doña Jimena, la esposa de Rodrigo Díaz de Vivar, el ‘Cid Campeador’.
Esencialmente poeta, Magdalena es autora también de una amplia producción en poesía, teatro y prosa que cuenta con el reconocimiento público y con el elogio de la crítica. Libros como “Abderramán III. El gran califa de Almanzor”, “Boabdil. Tragedia del último rey de Granada” o “Almanzor” la catapultaron a lo más alto de la narrativa histórica española. Con sus dos últimas novelas, “Maquiavelo, el complot” y “Doña Jimena. La gran desconocida en la historia del Cid”, ha dado un giro en su trayectoria al abordar otras épocas e iluminar los detalles de la personalidad de dos personajes muy controvertidos y misteriosos.
En esta entrevista, Magdalena hablará de su última novela, de sus sentimientos y de su trayectoria profesional, que ha ido unida a la personal, y de la que dice sentirse “plenamente orgullosa”.
Pregunta.- "Doña Jimena. La gran desconocida en la historia del Cid", un título muy interesante pero, ¿por qué se decidió por este personaje tan enigmático? ¿No le asustaba la idea de que no hubiera suficiente información y documentación como para escribir una novela?
Respuesta.- Parecía que estaba ya todo dicho de este personaje, pero, en este caso, tengo que decir que fue la editorial la que me pidió que escribiera un libro sobre Jimena. Mi primera reacción fue de sorpresa y le dije a mi editora: ¿Doña Jimena, la “eterna esperante”?. Porque a todas las mujeres de mi generación, a Jimena nos la habían “vendido” como una mujer anodina, diferente, ajena a la historia y, aparentemente, sin muchas cosas que contar.
Tras una primera investigación, empecé a encontrarme con una mujer "fascinante", y totalmente oscurecida por el gran mito del Cid, y de la que, sorprendentemente, había mucha más información de la que pensamos. He trabajado mucho, pero estoy muy orgullosa de esta novela.
P.- Hacer una novela histórica, ¿requiere mucho trabajo?
R.- Escribir una novela histórica no es muy complicado pero te tiene que gustar y te tiene que apasionar. Yo, por ejemplo, necesito apasionarme con los proyectos y dejarme sorprender por el personaje.
Mi investigación, a nivel histórico, parte siempre de crear un esqueleto muy estricto y que sea un fiel reflejo del desarrollo de la historia. Un esqueleto que se reafirme en esos datos históricos que luego me permiten reconstruir, deducir y recubrir con los “músculos, las vísceras, los nervios, la piel”. Y para eso, el ser novelista para mí es una fortuna, ya que puedo investigar también en fuentes no académicas, lo que me permite un mayor acercamiento del personaje y del contexto histórico en el que vivió.
No hay que olvidar que la historia no la podemos “ver” con los ojos de la actualidad, sino que hay que “meterse en la piel del personaje”. En la medida que yo doto de carnalidad a esos protagonistas de la historia, estoy dando la oportunidad a que los lectores contemporáneos puedan conocer la realidad de cómo es el personaje.
P.- El otro día en la presentación del libro usted dijo que esta novela suponía un antes y un después en su trayectoria artística. ¿Por qué lo cree así? ¿qué tiene de especial Jimena?
R.- A esta pregunta sólo puedo responder de forma instintiva. Tengo una sensación muy fuerte con este libro por el momento en el que me encuentro, tanto a nivel personal, como por mi ya consolidada trayectoria novelística en temática andalusí, que ha tenido como ejemplos principales los libros de Boabdil y de Almanzor.
Doña Jimena reúne todos los condicionantes para que guste. El personaje pertenece al subconsciente popular español, forma parte de nuestra cultura y todo el mundo la conoce, o, al menos eso es lo que creemos aunque luego, gracias a todas las investigaciones llevadas a cabo, me he dado cuenta que la gente no la conoce, no conoce la etapa histórica que le tocó vivir y tampoco la verdad de lo que fue el Cid como hombre. Creo que esta novela viene a dotar de luz un período todavía por descubrir.
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Su libro habla sobre el papel de Doña Jimena |
Una historia diferente
P.- Ahora que ya ha publicado el libro, ¿con qué se quedaría de ella? ¿cree sinceramente que su vida fue un camino de rosas y tan a la sombra de su marido como la historia nos ha querido hacer ver?
R.- Me quedo con que fue una mujer que vivió la vida que le tocó vivir en primera persona, que aceptó su propio destino, que tomó sus propias decisiones y que caminó a la par de un personaje muy interesante como fue Rodrigo Díaz de Vivar. Ella, en contra de lo que la historia nos quiso hacer ver, era una mujer culta, muy inteligente y lo que le unió al Cid fue una enorme conciencia a la hora de entender que tenían un destino, unos intereses y unos objetivos comunes.
Ella no sólo colaboró y co-administró las posesiones matrimoniales mientras estuvieron juntos, sino que además en las grandes y prolongadas ausencias del Cid, ella se encargó del patrimonio, de la educación de sus hijos y de toda la administración. Además, y aprovechando su linaje real ejerció de embajadora e intermediaria entre las complicadas relaciones de su marido con el rey Alfonso VI.
P.- Si me permite una apreciación, me ha encantado la última parte cuando Jimena habla en primera persona. ¿Por qué quiso que así fuera?
R.- Esta novela es un reto literario muy consciente. Decidí estructurarla en tres partes ya que además de contar una historia, investigarla, sacarla a la luz, romper tabúes o estereotipos, también tenía un gran reto con esta novela, porque yo, como escritora, tengo que crecer. Yo me exijo mucho a mí misma y eso, aunque implique un mayor riesgo, da muy buenos resultados y el lector te lo agradece.
Las dos primeras partes (“Edad de la doncella” y “El tiempo de la luna llena”) tienen un narrador externo y en ellas se narran la infancia, la adolescencia y la vida adulta de Jimena. Es ya en la tercera parte (“La mujer sabia”) cuando ella toma la palabra y relata, en primera persona, sus recuerdos, sus vivencias, sus emociones y sus experiencias. A mí esta parte me emociona especialmente, te conmueve y no te deja indiferente, porque tiene que ver también con esa mujer sabia en la que se convirtió Doña Jimena.
P.- Habla usted también en esta estructura de una ciencia como la alquimia, muy común en el siglo XI…
R.- Sí, estas divisiones del libro simbolizan el viaje alquímico que realiza el sol en su búsqueda del conocimiento. No hay que olvidar que la alquimia fue una ciencia muy cercana a la cultura del siglo XI, tal y como lo fueron la astrología y la adivinación.
Con el color negro he querido simbolizar el nacimiento del sol, ese viaje, que al igual que Jimena en “La edad de la doncella” empieza la andadura de una vida que les va a llevar a conocer, a aprender y a saber. “El tiempo de la luna llena” lo identifico con el blanco que simboliza el sol del mediodía, es decir, la mujer en su plenitud. Por último, el color rojo fue el elegido para representar a la última etapa del libro, “La mujer sabia”, ya que simboliza el ocaso del viaje del sol, ese atardecer que se identifica, al completo, con la parte final de la vida de Jimena, en la que cuenta todas sus experiencias y recuerdos.
Evolución de la novela histórica
P.- Con esta nueva obra, usted ha vuelto a poner de moda la novela histórica, ¿cómo cree que ha evolucionado este género, que hace años pareció un poco denostado, pero que en la actualidad está más de moda que nunca?
R.- La novela histórica la descubres y te “engancha” porque tiene unos ingredientes complementarios y muy ricos, creo que aporta más que la literatura convencional. Además, la gente está ávida de conocimiento sobre la propia condición humana, está necesitando conocer las claves históricas para entender su propio pasado y lo que somos o podemos llegar a ser, y ahí creo que radica el éxito de la novela histórica.
Por otro lado, no soy de la opinión de que este género estuviera denostado. Lo que pasa es que ahora la gente está más interesada en la historia y, en concreto, en algunos personajes que tuvieron gran poder de decisión en el pasado.
P.- Ángeles de Irisarri, José Luis Corral, Lorenzo Mediano, usted misma… ¿qué tienen los escritores aragoneses que destacan, sobre todo, en este género?, ¿puede ser que la influencia histórica de la región lo haya determinado así?
R.- Es una casualidad el hecho de que destaquemos en un género en concreto. Creo que ha sido por un tema de generación, ya que hace unos años todos empezamos a encontrar nuestros caminos. Yo misma estuve escribiendo poesía durante siete años, y a este género llegué por casualidad.
Y, por otro lado, el hecho de que Aragón sea una tierra tradicionalmente histórica puede ser que haya influido, pero no creo que sea algo definitivo, ya que el mismo interés que tenemos nosotros con la historia, lo tienen otros escritores de fuera.
P.- Novela, relato, ensayo, dramaturgia, poesía, fábula…¿le queda todavía algún “as en la manga” con el que sorprender al público?
R.- Todos los géneros forman parte de la misma expresión, que es el uso de la palabra. Yo me siento especialmente poeta, ya que la poesía es la madre de todos los géneros. A través de la poesía, la búsqueda de la palabra te da una destreza del manejo de la misma que es esencial.
Acabo de terminar una obra de teatro, en febrero publicaré un libro de poesía, estoy preparando una nueva novela, pero para mí todo forma parte de lo mismo; son canales de expresión distintos y aunque mi disposición mental se tiene que ajustar a ese soporte que es la palabra, realmente mi actitud interna no cambia.
P.- ¿Puede adelantarnos algo de su próximo personaje?
R.- No, no, eso es secreto. Si te lo cuento, los de la editorial se enfadarían mucho. Lo siento, pero lo tengo prohibidísimo. Pero bueno, no creo que diste mucho de lo que he hecho hasta ahora.
P.- ¿Hay algún personaje del que le gustaría escribir pero todavía no ha tenido oportunidad de hacerlo?
R.- Existe un personaje que a mí me gusta mucho como es Eleonora Duse, una gran trágica que vivió una vida peculiar, complicada, que en su vida personal fue muy frágil y fue amante de D’Annuncio. Pero bueno, realmente tengo tantos proyectos de aquí a tres años que no se si podré hacer algo, porque a mí me gusta implicarme y vivir las cosas muy carnalmente y para ello necesito tiempo.
Cada libro es, para mí, el primero y el último. Necesito volcarme, vaciarme, reencontrarme y hacer mi propio proceso de iniciación con cada uno de ellos.
P.- Y ya para finalizar, ¿cómo ve el panorama literario en Aragón?
R.- Lo veo muy bien. Me parece un fenómeno mágico el que en esta generación haya tantísimos escritores aragoneses cuando esta Comunidad se había caracterizado por ser la “tierra del silencio”.
En estos momentos hay una explosión de novelistas y de escritores, y eso a mí me encanta. Sólo espero que haya mayores apoyos a todos los jóvenes que empiezan, porque son los que lo tienen más difícil.