Javier Sierra: “Mi método de trabajo es siempre buscar los agujeros negros de la historia”

El escritor turolense, Javier Sierra, presenta su nueva novela después de publicar en 2017 "El fuego invisible"
Javier Sierra presenta este jueves su última novela, "Plan maestro" en Zaragoza. Foto: Pilar Álvarez
photo_camera Javier Sierra presenta este jueves su última novela, "Plan maestro" en Zaragoza. Foto: Pilar Álvarez

¿Para qué inventó el ser humano el arte? Es la pregunta que sirve de motor de la última novela de Javier Sierra (Teruel, 1971). Una cuestión que ha obsesionado al escritor después de que, hace más de una década, publicara “El maestro del Prado”. Ahora publica “El plan maestro”, donde ahonda en la pregunta y va más allá. 

Con esta obra, Sierra propone una revisión a la forma de entender el arte. Nos ofrece un nuevo punto de vista para ser más conscientes del peso de este, para que aprendamos de él y profundicemos en sus significados, ocultos o literales.

PREGUNTA.- "El plan maestro" se presenta como una continuación de "El maestro del Prado". ¿Qué le motivó a retomar esta historia después de más de una década?
RESPUESTA.- “El maestro del Prado” es un libro de 2013 en el que cuento la historia de un tropiezo visitando el Museo del Prado. Fui asaltado por un señor mayor que me explicó cómo tenía que leer en el arte. La verdad que fue un encuentro tan sorprendente que regresé en los días siguientes al museo intentando encontrarlo de nuevo y  ya nunca más apareció. Terminé convirtiéndolo en personaje literario, porque aquella desaparición se convirtió en una obsesión para mí. En esa novela, termino con un acertijo que el maestro me dejó escondido en las páginas de un libro en el Monasterio de San Lorenzo del Escorial. Ese acertijo se ha convertido ya en la obsesión de mis lectores y he recibido cientos de cartas intentando resolverlo. 

Con ese material y con la necesidad de ampliar ese universo literario, empecé a construir “El plan maestro”, así que, de alguna manera, es una expansión de ese universo, pero no es exactamente una segunda parte. Es un libro que funciona por sí mismo, donde el viejo maestro y su historia están también presentes

P.- En su nueva novela, explora la existencia de una comunidad secreta que protege obras de arte consideradas puertas entre distintos mundos. ¿Qué le inspiró a abordar esta temática? 
R.-  Fue la coincidencia asombrosa entre lo que a mí me sucedió en el Museo del Prado en 1990 con este señor y algunos mitos de las culturas antiguas. En mitos de la antigua Babilonia, del antiguo Perú, de la zona Andina o de México se habla de maestros o dioses instructores, que son figuras que aparecen de repente como de la nada, enseñan al pueblo astronomía, matemáticas, a construir edificios… Cosas importantes para la civilización y después se esfuman para no volver nunca más a ser vistos. 

Desde el punto de vista de la estructura narrativa es el mismo caso. Lo que a mí me pasó en pequeño, había pasado en grande hace 4.000, 2.000 o 1.500 años atrás y vi que ahí había una potencia para construir una historia. Entonces me pregunté: “¿Y si lo que a mí me pasó en pleno siglo XX era parte de de un plan que ya venía ocurriendo desde hace siglos y siglos y siglos?” A partir de esa fantasía, levanto toda la estructura de la novela. 

P.- ¿Cómo selecciona los temas históricos que decide explorar en sus novelas?
R.- Mi método de trabajo es siempre buscar los agujeros negros de la historia, aquellos momentos del pasado en los que no tenemos información suficiente o la información de la que disponemos es muy confusa. Yo los reconstruyo, los documento, los convierto en novela, pero, con el uso de la imaginación o de la fantasía de la literatura, relleno esos agujeros negros de la historia y doy una interpretación plausible. Desde ese punto de vista, soy casi como un remendador de los agujeros de la historia. 

P.- Si tuviera que elegir un solo tema que tratar en sus próximas novelas, ¿Cuál sería?
R.- Creo que el gran agujero negro, no solo de la historia, sino de todo, es la vida. No sabemos de dónde venimos y no sabemos a dónde nos vamos. No sabemos si somos la única vida o si hay vida en otros mundos. No sabemos si somos originales o somos una mera réplica de otras vidas. No sabemos nada de la vida y sin embargo, actuamos como si lo supiéramos todo o, aún peor, como si no nos importara. Detenernos en la vida es el gran objetivo de mis próximas aventuras literarias.

"No sabemos nada de la vida y sin embargo, actuamos como si lo supiéramos todo o, aún peor, como si no nos importara"

P.- Alguna vez ha mencionado que la ficción es una herramienta que nos ayuda a pensar en libertad. ¿Cómo equilibra la línea entre realidad y ficción en sus obras para estimular la reflexión del lector?
R.- Siendo muy honesto con los lectores y explicándoles, o bien al final de la novela, o bien en el transcurso de la misma, con algunas notas al pie, qué es lo que hay de ficción y qué es lo que hay de documentación. A mí me gusta que el lector comprenda cuál es el contorno de ese agujero negro de la historia, pero que sepa que la explicación que le estoy dando, es una explicación cuanto menos verosímil. Se podría aplicar aquella famosa frase italiana de “Se non è vero, è ben trovato”, que viene a decir: “Si no es verdad lo que cuento, la verdad se parecerá mucho a lo que yo he imaginado”.

P.- "El plan maestro" nos lleva a través de museos como el Prado o el Louvre. ¿Cómo se desarrollan estos escenarios en la trama y por qué estos lugares?
R.- Los escenarios están al servicio de la acción. Son lugares en los que hay piezas maestras que son importantes para hilar lo que le sucede a los protagonistas. De algún modo, sé que mi novela se va a convertir, no solo en una trama literaria para mis lectores, sino también incluso en una guía de viaje, porque van a querer ir a esas vitrinas o a esos cuadros o a esos murales que voy explicando y que van apareciendo en la narración. Pero los escenarios siempre están al servicio de la trama, es decir, yo elijo aquellas obras de arte que contribuyen a dar respuesta a las preguntas que me formule en la novela. 

En este caso, la gran pregunta de la novela es: ¿Para qué inventó el ser humano el arte? Esa invención se produjo hace unos 70.000 años, según las últimas dataciones, puede que sea mucho más antigua. Y ese propósito original del arte no era precisamente el estético que hoy valoramos en los museos, era un propósito mucho más mágico. En la prehistoria, pensaban que las pinturas sobre las cuevas eran marcas que señalaban los puntos en los que se comunicaba el más allá con el más acá. Como punto de partida para una novela no está nada mal. 

"Sé que mi novela se va a convertir  en una guía de viaje, porque van a querer ir a esas vitrinas que voy explicando y que van apareciendo en la narración"

P.- ¿Hay algún mensaje o sentimiento particular que desee transmitir con esta obra a sus lectores?
R.- Quiero cambiarles el punto de vista, la mirada con respecto a al arte. He detectado que estamos en una época de consumo masivo de imágenes, también de obras de arte en los museos, que están de moda. El año pasado fueron tres millones los visitantes solo en el Museo del Prado -récord histórico absoluto-, pero la mayoría de esos visitantes le dedican muy poco tiempo a los cuadros que ven, apenas un minuto. Ver 800 obras en una mañana en una pinacoteca cualquiera es casi peor que estarse dos horas haciendo scroll en Instagram. Terminas no enterándote de nada, aturdido y sin un mensaje claro. 

Lo que yo intento con esta novela es que se detengan en las obras. Y sobre todo, que pidan que alguien les cuente la historia de los cuadros. Cuando alguien te cuenta de qué va el cuadro, lo que hay ahí, lo que alguien pintó en su momento, no se te olvidara nunca. Si no tienes quién te lo cuente, el arte no sirve para nada.

P.- Sus libros han sido traducidos a numerosos idiomas y tienen una gran acogida internacional. ¿Cree que el interés por el misterio relacionado a la historia es algo universal, o varía según la cultura?
R.- El misterio es universal en todo. En el fondo, no podríamos vivir sin misterio. El misterio es lo que despierta nuestra curiosidad, nuestras ganas de avanzar, de explorar. Hoy, el misterio del universo está haciendo que queramos enviar gente a Marte o a la luna y está desarrollando nuestra tecnología como nunca antes en la historia de la civilización, pero también está en las pequeñas cosas. El misterio es cuando te enamoras de alguien y no sabes cómo es, porque no lo sabes, y sin embargo, sientes la necesidad de saberlo, de descifrar ese misterio hipnótico es lo que te enamora, luego el misterio está en todas partes. Quien no quiera ver el misterio es que está ciego. 

"El misterio es lo que despierta nuestra curiosidad"

P.- En la era digital, donde la información es inmediata y a menudo superficial. ¿Qué papel cree que juega la novela histórica en la formación del pensamiento crítico?
R.- Juega un papel más importante de lo que incluso los propios autores nos imaginamos. La historia está desapareciendo del currículum académico y esa carencia, hay muchas personas que van a terminar paliándola con la novela histórica, porque la novela te permite un acceso suave, emocional al pasado. No es solamente un acceso teórico, no hay solamente fechas y corrientes, hay emociones, hay traición, amor, avance, retroceso, hay vida dentro de esas historias. Eso es lo que va a contribuir a que las generaciones actuales tengan por lo menos un atisbo de lo que es la historia. Ojalá muchos de esos lectores terminen llegando a los ensayos y a las cosas más sesudas, pero ya que el bachillerato no ayuda a nada, por lo menos que la novela lo haga. 

P.- Si pudiera invitar a un personaje histórico real a debatir sobre los temas de "El plan maestro", ¿a quién elegiría y por qué?
R.- A Leonardo da Vinci. Un tipo que utilizaba el arte para, en algunos casos, incluso burlarse de sus contemporáneos. Lo llenaba de acertijos, de cosas contradictorias, de imágenes subrepticias. Ese personaje que tenía un sentido del humor extraordinario, nos dejó más de catorce mil páginas escritas de su puño y letra. Hasta el siglo XIX, no habrá nadie que nos deje tanto legado de lo que él pensaba, de sus listas de la compra, de los libros que formaban su biblioteca. Y eso ha dibujado en mi imaginación un personaje, un Leonardo muy poliédrico y muy interesante que me gustaría tener sentado delante.

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