Javier Cercas: “La historia de la Iglesia, en gran parte, es una perversión de Jesucristo”

El escritor Javier Cercas llega a Zaragoza para presentar su última novela, “El loco de Dios en el fin del mundo”
"El loco de Dios en el fin del mundo" es la última novela de Javier Cercas. Foto: Pilar Álvarez
photo_camera "El loco de Dios en el fin del mundo" es la última novela de Javier Cercas. Foto: Pilar Álvarez

Su educación le vino dada en un colegio de curas y su familia era “profundamente” católica. Sin embargo, Javier Cercas se define como “ateo anticlerical”, aunque ha sido el único escritor al que se le ha concedido participar en un viaje con el Papa Francisco. 

Todo lo que pasó en aquel viaje y la ansiada pregunta que le llevó ahí están reflejadas en su última novela de no ficción, “El loco de Dios en el fin del mundo”. ¿Realmente hay vida después de la muerte? Era la duda de la que, egoístamente, Cercas quería obtener una respuesta del máximo representante de Dios en la Tierra. 

PREGUNTA.- ¿Cuál fue el mayor reto de escribir esta novela de no ficción?
RESPUESTA.- Quizá, en esta novela, el mayor reto era quitarme todos los prejuicios de encima. Yo, como tú, como todos, tenemos una enorme cantidad de prejuicios sobre la Iglesia católica. Mi gran ejercicio consistió en un cambio en todos estos pensamientos para llegar allí con la mirada limpia. Es un esfuerzo descomunal porque todo el mundo quiere saberlo todo sobre la Iglesia católica y si vas con esa intención, no ves nada, solo tus propios prejuicios. 

P.- Sobre esos prejuicios sobre la Iglesia Católica. ¿Dudaste en algún momento del viaje de lo que es cierto o lo que no es para ti?
R.- Desde el primer momento mis prejuicios saltaron por los aires. Desde la propia proposición del Vaticano, totalmente extravagante porque no se le había dicho a nadie antes, todo saltó por los aires.

Mongolia es un lugar muy exótico, pero el Vaticano todavía es más exótico. Para mí, todo ha sido una sorpresa permanente y he intentado transmitir eso. Es un lugar, aparentemente, enigmático y se cuentan toda una serie de tonterías increíbles y cuando llegas allí, te das cuenta de que todo es distinto. 

P.- El Vaticano y la Iglesia católica siempre han sido muy herméticos, sin embargo, el Papa Francisco se ha abierto mucho y ha concedido muchas entrevistas.
R.- A mí me interesaba el Papa, sobre todo al principio, cuando me lo propusieron porque pensé en todo lo que podía hablar con él. Luego me di cuenta de este Papa ya había hablado con todo el mundo. Entonces a mí me interesaba mucho más hablar con todo lo que le rodeaba, todas las personas que le rodeaban. En el fondo, a él solo me interesaba hacerle una pregunta, que es la pregunta central. 

"Con 63 años que cumplí el otro día, he aprendido que las preguntas más valiosas, más relevantes, las hacen los niños porque miran la realidad con ojos limpios"

P.- Y una pregunta que no se le había hecho nunca…
R.- Es la pregunta central del cristianismo y si él no tiene la respuesta, quién la tiene. Nadie tiene más autoridad que él para contestar esa pregunta. Ese es el juego, el enigma y la operación del libro. Con 63 años que cumplí el otro día, he aprendido que las preguntas más valiosas, más relevantes, las hacen los niños porque miran la realidad con ojos limpios. Todos mis libros parten de preguntas y la de este es la que le hubiese hecho un niño al Papa.

Además, creo que vale para todo. Para la filosofía, para el periodismo, para la historia, para la novela, Limpiar la mirada de lo esencial y eso es lo que hace la literatura: permitirnos ver la realidad como si la viésemos por vez primera.

P.- Te defines como “ateo” y “anticlerical” y, sin embargo, no dudaste en embarcaste en esta aventura.
R.- Las pequeñas dudas que tuve fueron las que explicó en el libro y lo hago para no engañar el lector. Ante una aventura descomunal como esta, lo que no podía hacer era esconderle nada. El mismo día que me lo ofrecieron, ya había decidido que sí. Era una locura y no sé por qué me eligieron a mí de entre todos los escritores del mundo, pero sí sé que hay que estar totalmente zumbado para rechazar una cosa así.  

Enseguida supe que iba a ser una novela policial, como todos mis libros, y supe cuál era el enigma central de esa novela policial, que es el enigma central del cristianismo. Pero no me iba a interesar por motivos teológicos, sino por motivos personales porque, al morir mi padre, mi madre, que era profundamente católica, estaba convencida de que iba a verlo después de la muerte. Eso era lo que le quería preguntar a la persona que podía contestarlo. Era un interés puramente personal y egoísta. Entonces, esto es una novela policial en cuyo centro está el mayor enigma de la historia, el mayor enigma central del cristianismo y el mayor enigma de nuestra civilización.

P.- Que haya vida después de la muerte es una afirmación que puede sonar un poco irreal y fantástica, incluso para alguien creyente. ¿Crees que es posible ser cristiano y negar esto?
R.- Creo que no. Creo que es una creencia loca. Por volver al título, “El loco de Dios” es Francisco, porque es el primer papá jesuita, latinoamericano y muchas más cosas. También es el primer Papa que se llama Francisco, que es por Francisco de Asís, quien se llamaba a sí mismo “El loco de Dios”. Esa es una afirmación increíble, brutal, pero sin eso, creo que no hay cristianismo. Y no lo digo yo, lo dice San Pablo, que es quien, en cierto modo, inventó el cristianismo y sentenció ‘Nosotros resucitaremos porque Cristo resucitó, y si Cristo no resucitó, vana es nuestra fe'. Es decir, sin ese pensamiento, la fe no tiene ningún sentido, no significa nada. En la fe se encuentra el corazón del cristianismo. 

En el libro también hablan personas muy autorizadas que defienden que el centro del cristianismo es la misericordia, el amor a todos, pero creo que ese amor es solo un instrumento para llegar al corazón del cristianismo. 

"La Iglesia, a partir de un cierto momento, se acomoda en el poder y se convierte en una cosa completamente distinta que nunca fue en su origen"

P.- ¿Qué es lo que defiende el Papa Francisco?
R.- El cristianismo tomado en serio y yendo al origen. Ahí es donde quiere ir. A recuperar el cristianismo primitivo. Esa es la gran revolución de Bergoglio y también del Vaticano II, que es el gran Concilio que se celebró a mediados del siglo XX, y que busca regresar al cristianismo primitivo y es de una radicalidad brutal. El Jesucristo que ahora vemos, era un tipo muy peligroso, muy revolucionario. Este tipo dijo: ‘yo no voy a encontrar paz, sino espada’ y por eso lo crucificaron, porque era peligrosísimo. Lo que pasa es que la Iglesia, a partir de un cierto momento, se acomoda en el poder y se convierte en una cosa completamente distinta que nunca fue en su origen. Entonces, la revolución de ahora es volver al origen. La historia de la Iglesia, en gran parte, una perversión de Jesucristo y esto suena fuerte, pero Bergoglio podría suscribirlo. 

La Iglesia no puede estar del lado del poder ni estar asociada a él. A eso lo llaman constantinismo, porque el Emperador Constantino I fue quien unió el Imperio Romano y el cristianismo; es decir, el Imperio Romano se volvió cristiano en el año 310 después de la muerte de Cristo. Y ahí empieza una perversión enorme, que es la asociación de la Iglesia con el poder, pero la Iglesia es un contrapoder y Jesucristo no estaba con los ricos, con los poderosos, sino que estaba con los desgraciados, con los que pasan hambre y tienen hambre y sed de Justicia, como dicen las desaventuranzas, pero nunca con el poder. Es a eso a lo que quiere volver Bergoglio y a lo que quiere volver la Iglesia, pero le va a costar sangre, sudor y lágrimas, porque hay una tradición enorme de asociarla con el poder. Cuando la máxima rebelión de todas es una rebelión contra la muerte. Porque la que hay es una reunión contra la muerte, lo que dice el cristianismo es no nos vamos a morir. 

P.- ¿Sabes si ha llegado a leer el libro?
R.- Él ahora está en una cápsula y ya no ve a nadie, ni siquiera sus más íntimos le han visto en este tiempo, que son los ministros. Justo el viernes pasado cené con uno de ellos, que es el que tuvo la idea de que yo escribía el libro y se lo di para que se diera al Papa, pero me dijo que tampoco lo veía, ya que tiene que estar muy aislado para evitar también infecciones.

Lo de la salida del otro día fue muy rara y muy improvisada. Este hombre hace cosas que se salen de la norma. Yo le mandé el libro dedicado con una dedicatoria y lo que espero es que no lo lea, porque tiene mucho trabajo y pocas fuerzas y poco tiempo, así que no creo, pero como es tan imprevisible es capaz de leerlo.

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