"Me llamo Numa Turcatti. Tengo 24 años, miro a mi alrededor y no conozco a casi nadie pero a la vez todo me resulta familiar. ¿Quiénes fuimos en la montaña?". Para que Numa Turcatti, a través de la voz y actuación del actor uruguayo Enzo Vogrincic, pudiese contar quiénes fueron y qué les paso en la montaña a esos chavales que un 12 de octubre de 1972 cogieron un vuelo fatídico de Uruguay a Chile, a Juan Antonio Bayona le hicieron falta diez años. Diez años desde que ese accidente, o ese milagro, comenzó a surcar la mente del director catalán mientras él ya se sumergía en el rodaje de otra tragedia ("Lo imposible") y que hoy se materializan en "La sociedad de la nieve". Ese 13 de octubre, 29 pasajeros del vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya se perdían en la inmensidad y el silencio atronador de Los Andes. A Uruguay solo volverían 16. 72 días, con sus 72 noches, que fueron narrados por los supervivientes en el libro de Pablo Vierci "La sociedad de la nieve". Y ahí fue donde entra Bayona.
"En cuanto lo leí supe que ahí había una historia. Yo pensé que la conocía pero me dejó muy tocado el libro por esa parte de que se incide en los que no volvieron. La historia siempre se cuenta desde el lado de los vencedores y en este caso los vencedores se sentían muy en deuda con aquellos que se quedaron en las montañas", contaba este miércoles el director en los cines Palafox de Zaragoza. Uno de esos que se quedó en las montañas fue Numa Turcatti, el narrador de la historia, que no protagonista, pues, según Bayona, su película no busca eso. A diferencia del "Viven" con el que Frank Marshall retrató en 1993 el trágico accidente, el director catalán apuesta por darle esa heroicidad a quien no vive para contarlo.
"En 2018 tuve la oportunidad de entrevistar a los 16 supervivientes. Ellos me contaron cómo vivieron ese accidente y todos coincidían en que la figura de Numa fue esencial para la supervivencia del grupo aunque él se quedase allí, en las montañas. Lo que hice fue poner en el centro del relato a quien nunca ha estado en el centro del relato. Es una persona de la que todos hablaban con mucho cariño y, sobre todo, con mucha admiración", explicaba.
Lo que hice fue poner en el centro del relato a quien nunca estuvo en el centro del relato
Para Bayona la historia solo tenía sentido si se rodaba en español con actores uruguayos (al final también habría argentinos) y de la manera más realista posible, con la cordillera de Los Andes vibrando en la pantalla. Entonces llegaría un no tras otro y así durante más de una década. Hasta que apareció el gigante Netflix e hizo posible que ese relato de humanidad llegase a todo el mundo. Y a todo el mundo sí que llegó pues en diez días la película ha conseguido 51 millones de visionados en Netflix, otros tantos en salas y se ha posicionado como la décima película más vista de la historia en habla no inglesa. Por no hablar de que acumula 13 nominaciones a los Goya y que en su camino a los Oscar ha conseguido postularse como Mejor película internacional por España y meterse en la lista corta de las películas preseleccionadas. Para saber si ha sido nominada oficialmente habrá que esperar al próximo 23 de enero. Ante semejantes datos, el cineasta solo puede añadir: "El público está abrazando muy bien la película, sí".
Más allá de las cifras, la película tiene dimensiones colosales. Jornadas maratonianas con grabaciones a más de 3.000 metros de altura en Sierra Nevada, un set al que había que ir en teleférico, cubículos reducidísimos con más de una veintena de actores, cámaras y técnicos enlatados, un rodaje en orden cronológico y el propio Bayona durmiendo unos metros más allá de dónde cayó el avión en 1972. Él estuvo tres días y ya lo recuerda como "tremendo". "Fuimos allí con un equipo especializado de montaña y lo que más me impactó fue el silencio colosal que había y la belleza de la cordillera. El mal de altura me dio fuerte, con dolores de cabeza muy intensos. Perdí completamente la noción del tiempo. En un momento fui al baño que era una especie de iglú y de repente un sonido muy fuerte me atravesó. Lo primero que se me vino a la cabeza fue el alud que sorprendió a los supervivientes, pero simplemente era el viento. Allí las cosas suenan diferentes", confesaba el cineasta.
"La sociedad de la nieve" se podría catalogar como un todo o nada. O se hacía rozando la perfección o, simplemente, no se hacía. "Rodar esta película ha sido todo un reto. En muchas ocasiones hemos utilizado nieve de verdad, han sido jornadas larguísimas. Realmente ha sido muy duro pero, o se hacía así, o no se hacía. La película es además bastante fiel a lo que sucedió. Hay momentos en los que sí que difiere el relato para evitar repeticiones o abreviar. Por ejemplo, en el vuelo ellos pararon en Mendoza pero realmente añadirlo al relato no hubiese aportado nada".
Como todo en la película, el casting tampoco fue poca cosa. 2.000 candidatos pasaron por los ojos de Bayona y su equipo en unas pruebas que se alargaron siete meses. ¿El resultado? Una sociedad de la nieve perfecta en la que como aquellos amigos del equipo de rugby todos eran lo mismo. "La prioridad para elegir a los actores era que se parecían en personalidad a los supervivientes. En realidad, el funcionamiento del grupo fue muy parecido a una piña muy fuerte que todavía perdura. Se creó una sociedad en el rodaje muy parecida a la de los supervivientes".
Ver "La sociedad de la nieve" es estar casi sin respiración durante las más de dos horas que dura el filme. Es una historia cruda, sobrecogedora, narrada con delicadeza pero también con la fuerza necesaria como para romper aquello que se había quedado marcado en las historias de los que sobrevivieron, y de los que no. Y de eso se habla en la escena 82. "Es en ese momento cuando ya no tienen alimento en el que empieza a surgir la posibilidad en pequeños grupos de alimentarse de aquellos que ya no viven, de usar su cuerpo como alimento. Muchos años después esta historia se queda marcada por el canibalismo. Yo quise romper con eso y darle la vuelta y ver esa forma de entregarse como un acto de amor, de ayudarse los unos a los otros en unas condiciones extremas. Es una decisión tan generosa entregar tu cuerpo en vida que allí ya evitas cualquier amarillismo. Es un acto de amor y entrega extrema y creo que es lo que está en la esencia del relato. Cuando te lo han quitado todo todavía puedes tomar la decisión correcta".
Bayona, además, quiso romper con la individualidad para hacer de esa sociedad un equipo que resistió 72 días, y 72 noches, sin importar cuál fuera su destino. "Es una historia coral, está en el relato. Quise hacer que se entendiera el heroísmo desde otros roles, no solo el del guerrero que salva las tribus sino de ayudar como cada uno supo. Hubo algunos que hicieron más, otros menos, pero fueron todos importantes. Allí esta la heroicidad", confesaba.
