“El Drama de la Cruz de Alcorisa es un proyecto muy grande por lo que te hace sentir”

Renovado, pero con la misma ilusión que en 1978. Así se presenta este año el Drama de la Cruz de Alcorisa. El monte Calvario, escenario que inspiró el comienzo de esta obra de teatro, ha acogido tres décadas de representaciones en las que el esfuerzo de los alcorisanos logra transformarse en una lluvia de emociones para el visitante.

Alcorisa.- Fiel a su cita, cada Viernes Santo a las 17 horas desde hace treinta años, el Drama de la Cruz da comienzo en el monte Calvario de la villa bajoaragonesa de Alcorisa (Teruel). Sus habitantes se convierten en pobladores de la Jerusalén del siglo I para poner en escena los últimos días de la vida de Jesús de Nazaret.

Desde aquel lejano 1978 se han producido cambios en el vestuario, los decorados, la ubicación de las escenas y decorados, el guión, los personajes, etc. Sin embargo, siempre se ha perseguido el rigor histórico, uno de los éxitos, junto al escenario natural del monte Calvario, de la Pasión, como asegura el director artístico y presidente de la asociación cultural Drama de la Cruz, Jorge Martín.

Él, Daniel Millán, tesorero, y el alcorisano que por segundo año consecutivo encarna el papel de Jesucristo, Julio Álvarez, recuerdan estas tres décadas de un acto de obligada visita en la Semana Santa del Bajo Aragón.

PREGUNTA.- ¿Cuál es el éxito para que treinta años después de la primera representación, el Drama de la Cruz tenga cada vez más seguidores?
JULIO ÁLVAREZ (J.A.).- El realismo que conseguimos transmitir. La gente se emociona en un momento dado de la representación, independientemente de ser o no creyente.
JORGE MARTÍN (J.M.).- Hay muchas representaciones de la Pasión de Cristo, pero la nuestra tiene la peculiaridad de hacerse una vez al año y al aire libre. El escenario natural del monte Calvario es el marco idóneo para ello, y el boca a boca ha sido la mayor publicidad. A la gente que viene le gusta, creen que merece la pena ver la representación y se lo cuentan a vecinos y amigos. Eso sí, todo esto está avalado por un buen trabajo.

P.- Un trabajo que se prolonga casi durante un año...
DANIEL MILLÁN (D.M.).- El Drama es una representación de algo más de dos horas, pero se prepara durante un año. Bajando del Calvario cada Viernes Santa, ya empezamos a pensar lo que se puede mejorar para el año siguiente. Sin embargo, el trabajo se condensa más a partir del mes de enero, cuando comienzan los ensayos.

P.- ¿Cuál es el germen de la representación del Drama de la Cruz?
J.M.- Un grupo de jóvenes pertenecientes al “Club Juvenil” de Alcorisa, seguramente inspirados en gran parte por el monte Calvario, pensaron hacer una obra de teatro sobre la vida de Jesucristo. Según he oído contar a alguno de los participantes, les costó bastante trabajo preparar el guión, el lugar donde ubicar las escenas, etc.

P.- ¿Ha variado ese escenario natural que inspiró a aquel grupo de jóvenes a finales de los 70?
J.M.- Ha cambiado, pese a nuestra oposición, por la reciente instalación de unas farolas que desentonan con el camino del siglo I que tratamos de representar. El Calvario se ha iluminado porque viene mucha gente, sobre todo a raíz de la representación. Sin embargo, no se contó con nosotros a la hora de iluminarlo, y ahora sólo podemos disimular las farolas con telas o ramas de pinos.

Más de 7.500 personas presenciaron la representación del Drama de la Cruz el año 2007

Catorce Jesucristos

P.- ¿Es muy diferente la puesta en escena de hoy día con la de 1978?
J.M.- Aquella representación acabó con la muerte de Jesucristo, y no se hizo el descendimiento, ni la piedad ni el entierro. Fue la única vez que se acabó en la explanada de la ermita del Calvario. Al año siguiente, y por la gran cantidad de público, la trasladaron a la explanada de la ermita San Juan, donde se sigue haciendo actualmente.

P.- ¿Había intención de continuidad cuando se hizo el primer Drama de la Cruz?
J.M.- Eran un grupo de jóvenes a los que les gustaba hacer teatro. Su idea era llevarla a cabo en aquella ocasión, nada más. Sin embargo, a la gente le gustó e incluso les animaron a repetirla al año siguiente. Desde ese momento empezó una rueda de veintinueve representaciones más en las que siempre se ha tratado de mejorar.

P.- Un total de catorce alcorisanos han dado vida a la figura de El Mesías en estos 30 años...
D.M.- Son personas a las que les ha apetecido colaborar en el Drama, y por supuesto se ha permitido a todos que lo hagan, tanto en este papel como en otros. Lo más importante es que quien encarna a Jesús de Nazaret se comprometa a no faltar a los ensayos, porque sin el Cristo no hay representación.

P.- ¿Cómo vive Julio Álvarez el segundo Drama de la Cruz como Jesucristo?
J.A.- Con más nervios que la primera vez, pero con mucha ilusión. Empecé participando como pueblo, seguí de San Pedro y ahora hago de Jesucristo. Para mí es una realización personal, ya que me he demostrado que soy capaz de hacer algo grande. El Drama es un proyecto serio que implica mucho trabajo, engancha y que es muy grande por lo que te hace sentir.

La entrada en Jerusalén con su protagonista más fiel: la burra del Nito

Rigor histórico

P.- El actor más fiel de la representación es “la burra”...
J.M.- Con el afán de mejorar la representación, en la edición de 1981 se introdujo este animal en la escena de la entrada de Jesús a Jerusalén para celebrar la Pascua. Desde ese momento, la burra del alcorisano Ángel Nuez no falló ni un año. En el 2001, y dada su avanzada edad, fue sacrificada. A partir de entonces la alquilamos a la ganadería José Barberán, de Zorita.

P.- Muchos jóvenes alcorisanos han formado parte de la guardia romana...
J.M.- Es el enganche para que la gente joven, sobre todo los chicos, puedan dar luego el salto a otros papeles. Para el atrezo del primer año se echó mano de los trajes de la guardia de la iglesia. Después, los que dirigían el Drama en aquellos momentos, trataron con un chatarrero para adquirir los trajes que ya no usaban los alabarderos de Híjar. Los arreglaron y fueron el vestuario de los romanos hasta el año 1991.

P.- Tras la lectura de las condenas llega uno de los momentos finales del Drama de la Cruz: la crucifixión.
J.M.- Sobre todo en ese momento tratamos de trasladar al público la brutalidad que suponía una ejecución. Queremos transmitir rigor histórico en la puesta en escena para que los que vengan se sientan impactados con la autenticidad de la obra y sobre todo de ese momento.