Miquel Navarro creció en Mislata, una ciudad limítrofe con Valencia en la que jugaba con la arcilla y la terracota a construir diferentes paisajes que, muchos años más tarde y con escultor siendo uno de los artistas más destacados del panorama contemporáneo, se convertirían en ciudades. Las mismas que desde este martes y hasta el próximo 2 de marzo se podrán ver dentro de otra ciudad, Zaragoza, y de uno de sus edificios más impresionantes (arquitectónicamente hablando): el puente Zaha Hadid. Mobility City se convierte así en el segundo espacio que ocupa "Metrópolis Lunar", la exposición del valenciano que se presentó a principios de este mes de octubre en el Museo Goya.
Allí está la parte "más íntima" de la obra del escultor, tal como él mismo reconocía este martes, y en Mobility City el público podrá ver tres ciudades que corresponden a diferentes etapas artísticas. Estas son "Ciudad 84-85", "Fluido en la urbe" y "Una urbe en tus manos". Esta última está realizada pensando en los niños, ya que ellos mismos podrán coger y manipular las piezas a su antojo para construir su propia ciudad, igual que lo hacía Navarro en su infancia.
Las ciudades se extienden de manera horizontal por una de las áreas expositivas de Mobility City, pero todas ellas tienen elementos verticales que sobresalen como edificios infinitos. En ellas se pueden ver las diferentes etapas artísticas del Miquel Navarro a través de los materiales, desde esas ciudades de tonos rojizos hechas con arcilla en las que dialoga con el entorno rural a esas otras de zinc, hierro y aluminio en las que habla de modernidad, evolución y cambio.
Y por si alguien se lo pregunta, las ciudades bien podrían ser Valencia, parte de un sueño o solo vivir en la imaginación del escultor. "No es ninguna ciudad en concreto y son todas a la vez. La inspiración podría ser Valencia, pero también podría ser el portal de Belén o vivir en la imaginación. Mi obra viene desde los sentimientos y no desde la razón", explicaba Miquel Navarro. Lo que sí que ha catalogado como "máximo referente" a la hora de catalogar ha sido algo inesperado: los cromos de Nestle de Las maravillas del mundo. "Eran unos cromos que a mí me encantaban de pequeñito y allí estaba el puente de Brooklyn, el Empire State Building, las pirámides de Egipto...Yo no tuve que viajar a Nueva York para ver eso porque ya lo había visto en los cromos", ha explicado.
Inventadas o no, las ciudades de Navarro son una metáfora del cuerpo humano. "En ellas vemos casas, calles, plazas, edificios o coches igual que en nuestro cuerpo tenemos agua, sangre, venas, órganos, músculos...Cada una de ellas representa un elemento aislado que a su vez está compuesto por centenares de ellas", ha reconocido la comisaria de la exposición Lola Durán.
La exposición en Mobility City, que podrá verse hasta el 2 de marzo, dialoga con esa otra que se puede ver en el Museo Goya. "Lo que he querido hacer es una especie de metáfora en la que la luna y el sol se convierten en centinelas de la ciudad. La luna y el sol son los que fluctúan en una ciudad inmovil que a la vez está en constante movimiento", ha relatado Miquel Navarro.
