Ha publicado más de 100 libros y gracias a su trayectoria de más de 20 años, han empezado a leer más de un millón de niños. La literatura infantil y juvenil ha convertido a Begoña Oro en una escritora referente en España. Ganó el Premio Cervantes Chico 2024, entre muchos otros. Ahora cambia de público y se enfrenta a los adultos con su nueva novela “Zapatos nuevos y sopa de almendras”, una comedia romántica que profundiza en otras relaciones, como la que tiene la protagonista con su madre.
La novela nos presenta a Victoria, una estudiante de periodismo que trabaja vendiendo billetes en la estación de Atocha. En una entrevista de trabajo conoce a Pablo, pero la entrevista es un desastre porque la protagonista habla demasiado y le comenta que un día, su madre entró en casa enrollada en una alfombra. Con esto, Pablo empieza una investigación que le lleva a descubrir el amor.
PREGUNTA.- Esta es la primera novela que publica para adultos después de haber escrito libros infantiles y juveniles. ¿Cómo afronta este salto?
RESPUESTA.- Más que como un salto, lo afronto como una voltereta lateral, porque el salto parece que implica que subes y en realidad creo que la literatura infantil es muy importante. Lo afronto con ese espíritu juguetón y de diversión porque para mí ha sido divertidísimo escribir esta novela y lo he hecho también como un ejercicio de libertad. Escribir para adultos supone menos dificultades que escribir para público infantil o adolescente. He disfrutado mucho escribiendo para ellos, y ahora espero que los lectores de esta novela también disfruten mucho leyéndola.
P.- Cuenta que esta novela la empezó a escribir cuando era hija, la dejó y la volvió a retomar como madre de un adolescente. ¿Por qué la retomó entonces?
R.- Surgió, tontamente, a petición de mi hijo. No todos los libros que he escrito en mi carrera van ligados a él ni a la edad que tenía en ese momento, pero sí que recuerdo que la colección “Misterios a domicilio” la empecé a escribir cuando lo mandé a a campamentos escolares, entonces se la fui mandando carta a carta, y así fui creando esa colección, que cuando llegó al número 10 fue justo cuando cumplió 18 años. La dedicatoria decía: “Para mi hijo, porque aunque te hagas mayor, siempre escribo para ti”. Entonces es como un compromiso que tenía. Él es un lector súper exigente y me dijo que a ver si era verdad que siempre escribía para él. Luego me acordé de esta novela, de la que estoy y estaba muy orgullosa, pero que había dejado en un cajón durante mucho tiempo y la retomé con esa nueva visión de de ser yo la madre.
P.- Y cuando era hija, ¿por qué empezó a escribirla?
R.- Me vino una imagen muy poderosa que era la de una madre saliendo de una alfombra y es una imagen un poco surrealista que aparece en la novela. La protagonista vivía sola, pero de repente se ve viviendo con su madre otra vez, una vez más. Su madre llega de esta manera tan inexplicable: Abre una caja, desenrolla una alfombra y sale su madre haciendo la croqueta y, a partir de ahí, se queda con su madre. En el libro se explora mucho esa convivencia entre madres e hijas cuando las hijas ya son adultas, pero siguen siendo vistas como niñas por sus madres.
"En el libro se explora mucho esa convivencia entre madres e hijas cuando las hijas ya son adultas, pero siguen siendo vistas como niñas por sus madres"
P.- ¿Ambas generaciones pueden sentirse representadas al leer del libro?
R.- A mí me gustaría mucho que sí. Me gustaría mucho que funcionara como puente. Que sirviera para que las hijas entendieran a a sus madres y para que las madres entendieran a sus hijas. De hecho, la protagonista se hace muchas cábalas mentales y reflexiona mucho para intentar entender por qué su madre se comporta como se comporta. Al final da con la clave, y es que a su madre la educaron de una forma totalmente distinta. Todos somos un poco hijos de la educación que hemos recibido y de las circunstancias de nuestra época.
P.- ¿Ha habido alguna dificultad a la hora de sacar esta novela a la luz?
R.- La verdad es que fue un proceso muy bonito. Se la mandé a a mi editor y a las pocas semanas a los pocas semanas, ni llegó a un mes, me convocó a una reunión en la editorial porque les había encantado. Ha sido un placer, como desenrollar una alfombra.
P.- Ha pasado de algunos libros como “La pandilla de la ardilla” o con “Pomelo y limón” a hablar sobre salud mental. ¿Es importante hablar de ella hasta en las novelas románticas?
R.- Sí, sobre todo en las novelas románticas, porque hay novelas románticas maravillosas que nos ofrecen referentes muy poderosos y que son especialmente importantes cuando van dirigidas al público juvenil. Por eso hay que hablar de salud mental y dar información. A una adulta ya le puedes dar lo que quieras y que fantaseé porque se supone que tiene el espíritu crítico suficiente. Dentro de la novela Pablo, el personaje masculino, pues no es un malote, al contrario, es un buenazo. Me gusta que sea un referente romántico, porque está muy bien enamorarse de los buenos.
"Me gusta que sea un referente romántico, porque está muy bien enamorarse de los buenos"
P.- La protagonista es periodista de profesión, aunque trabaja vendiendo billetes en Atocha. ¿Quería hacer una radiografía de los malos tiempos para el periodismo o es una crítica en sí a la situación actual?
R.- Sí, son malos tiempos para el periodismo, y malos tiempos para los jóvenes en general. Hay mucha precariedad laboral y el tema de la vivienda está disparado en algunas ciudades. Yo vivo en Madrid y allí es una locura. Me gusta ofrecer esta mirada sobre una generación, que creo que lo tiene difícil. Es una generación de cristal porque no tiene más remedio, ya que está en una situación de fragilidad que tiene que afrontar con una fortaleza, dadas las circunstancias, que la hace de cristal blindado.