Lección de historia en la DPZ de la mano de Asunción Blasco, catedrática emérita de Historia y profesora de la Universidad de Zaragoza, que ha presentado su libro “Los judíos de Zaragoza y los baños”, un estudio exhaustivo sobre unos baños higiénicos que aún se conservan en el Coso 126-132 y usados principalmente por mujeres de las tres religiones que cohabitaron en la Edad Media de Zaragoza: cristiana, musulmana y judía. Popularmente conocidos como baños judíos o baños del Rey, no se pueden visitar, una de las curiosidades compartidas por la autora fue que la propia familia de Goya vivió en uno de los edificios sobre los que se encuentran, a dos plantas por debajo del suelo.
Asimismo, la autora sostiene que el “micvé” o baños fríos donde se purificaban los judíos de la Edad Media en la capital maña, sobre todo mujeres, eran otros baños que estaban junto a la muralla romana, mientras que los baños aún conservados en el Coso, ubicados fuera de la judería, fueron usados con fines higiénicos por hombres y mujeres de las tres religiones de la época. A la autora del libro le ha acompañado el director de la Institución Fernando el Católico de la DPZ, Carlos Forcadell, responsable de la publicación de este estudio histórico y relevante para la ciudad de Zaragoza.
Suni, como así se conoce a esta experta en historia judía de Zaragoza en el siglo XIV, comenzó su investigación a principios de los años 90 con la celebración de unas semanas sefardíes en la capital aragonesa, en las que también intervino la Obra Cultural de Ibercaja, para dar a conocer la presencia judía en la ciudad, “que realmente nunca había siendo bien valorada”, según ha explicado la investigadora.
Hasta entonces. Suni recuerda nítidamente cómo en uno de los actos celebrados en los baños judíos del Coso 126-132, que por aquel entonces se pensaba que habían tenido una función ritual para la comunidad hebrea, bastó para ponerle la mosca detrás de la oreja y embarcarse en un viaje que le ha conducido hoy hasta aquí. “Recuerdo que durante la visita y acto del Sabbat en estos baños, situados a muchos metros de profundidad, un rabino de Nueva York casi le da un ataque al no poder respirar”, ha señalado la catedrática Asunción Blasco Martínez.
UNOS BAÑOS HIGIÉNICOS USADOS PRINCIPALMENTE POR MUJERES
El estudio de Suni publicado en el libro consta de casi 200 páginas, 403 notas a pie de página y un apéndice documental de 67 documentos, demuestra la “confusión continuada” sobre los baños judíos de Zaragoza. “No tendrían ni por qué llamarse judíos, ya que eran usados por las tres religiones en distintos días de la semana, como así estaba establecido en los antiguos fueros de Aragón”, ha corregido la investigadora, que ha dado una clase magistral en la sala de prensa de la DPZ.
Estos baños se situaban fuera de la judería, y se conocían como “baños del Rey”, ya que eran de su propiedad, hasta que fueron comprados en subasta por la pudiente judía Tolosana de la Caballería. La importancia de estos baños en el mundo judío reside en el uso que hacían principalmente de él las mujeres después del parto o la menstruación, puesto que sino se sumergían completamente en este agua hasta tres veces, no podían tener relaciones maritales.
“Estos baños son tan importantes como una sinagoga, y aún hoy las comunidades judías continúan realizando estas prácticas, salvando las mejoras tecnológicas e higiénicas”, ha explicado la historiadora y autora del libro. En él, Suni divide el estudio en dos partes, la primera dedicada a estos “baños del rey” o higiénicos, y la otra al “baño ritual” o “micvé” situado en otro lado del Coso, junto a la sinagoga mayor de entonces.
SITUADOS EN UN EDIFICIO DONDE GOYA VIVIÓ, NO SE PUEDEN VISITAR HOY
La estructura y localización de estos baños higiénicos, considerados árabes por muchos estudiosos hasta mitad del siglo XX, cuando comenzaron a llamarse “baños judíos”, se conservan ubicados en el Coso 126-132, y si bien no se pueden visitar, cuentan con notable documentación, como refiere y documenta la autora, Asunción “Suni” Blasco.
A su juicio, estos datos sitúan a los baños como obra mudéjar del siglo XIII, formaban parte del patrimonio real, y llegaron a ser Monumento Nacional en 1931. “Parece que ha llegado la hora de que se les denomine como se les llamaba cuando estaban en funcionamiento: los baños del Rey o, mejor, el baño del Rey”, recoge la catedrática en esta publicación.
En 1965, se reivindica la supervivencia de estos baños, y tras muchos vaivenes, en 1969 se llega a un acuerdo entre Patrimonio, vecinos y comprador, estableciendo unos acuerdos y normas, “que no se han cumplido en su totalidad”, como recuerda la autora, sin que puedan ser visitados por el gran público.
Pese a las dificultades que existen en una estructura del siglo XIII situada a mínimo dos plantas de profundidad, este monumento nacional mudéjar ha quedado, según la Ley vigente de 1985, apresado en el subsuelo de un inmueble que pertenece a una comunidad de propietarios, quedando prácticamente incomunicado, dificultando así su acceso incluso para los estudiosos. El único acceso que queda a estos baños, a los que Suni ha podido acceder en varias ocasiones para la elaboración del libro, continúan sin ser accesibles para todo el gran público.


