Zaragoza.- El Monasterio de Veruela alberga desde hoy las obras de 21 artistas internacionales que han creado sus obras desde la inspiración que el espacio cisterciense y el privilegiado espacio natural les ha otorgado ya que, desde el día 23 de agosto, han estado trabajando en su “Cambio Constante III”.
La acertada elección del espacio permite al visitante desechar las posturas típicas que suelen tomarse ante las obras de arte moderno –bien, como hicieron los súbditos del emperador, alabar su inexistente traje sólo porque los demás “lo veían” o bien exclamar, ante formas y colores no figurativos, “esto lo hago yo”-. No es el caso: Veruela, como espacio de reflexión desde hace cientos de años, permite al espectador ir más allá de la misma obra de arte y así lo han entendido los artistas, como la argentina Viviana Martínez Tosar.
La obra de Martínez Tosar se encuentra en la Iglesia. La artista no ha querido introducir ningún elemento plástico: su obra “Saiara” se compone de sonidos estridentes con las que impregnar las centenarias piedras. “Las paredes de esta iglesia están impregnadas de frecuencias de canto gregoriano, de frecuencias masculinas. Yo le estoy otorgando frecuencias que nunca habían estado aquí, se trata de esparcir espacios en movimiento, un despertar de la conciencia", señala Martínez Tosar.
El espacio de reflexión también ha sido apreciado por los artistas del zaragozano “Grupo Pértiga”. En el paseo de los Plátanos, esculturas de madera cubiertas con césped artificial plantean los elementos esenciales de una celda – que el visitante relaciona casi instintivamente con Bécquer, escribiendo sus cartas – con volúmenes que flotan en el espacio abierto o se funden con el natural porque, según sus autores “la espiritualidad puede encontrarse en lo abierto, en la naturaleza”.
EL AGUA, UN TEMA MUY DEL GUSTO DE LOS ARAGONESES
Por otra parte, los artistas de países tan lejanos como Estados Unidos, parecen haber intuido el interés aragonés por el aprecio al agua, como la americana Laurel Shute en su obra “Las caras del agua” o Sean O’Reilly que con su “Fluido”, realizado en yeso, ha querido devolver la ilusión a las fuentes vacías de los jardines con un simulacro de agua en movimiento.
Otros artistas, como la alemana Ann Noel, se han dejado impregnar no sólo por el espacio físico sino también por el cultural y el local. La artista, en el claustro del monasterio, ha dado forma al rostro de Bécquer combinando corchos de botellas de vino aragonés. Los diferentes tonos a la creación no se ha conseguido con pinturas sino con las diferentes coloraciones que los vinos han dejado en sus corchos, material del que se ha servido para crear el rostro del poeta.
EL ARTE MEDIEVAL EN ARMONÍA CON EL ARTE MODERNO
Los muros erigidos en el siglo XII no sólo albergan obras de arte “de hoy”, sino que el arte medieval se funde en armonía con el arte moderno. En la sala capitular del monasterio, sobre los sepulcros del siglo XIII se proyecta la luz y el movimiento de “Madam Butterfly”, creación de la estadounidense Jessica Higgins.
En esta misma línea está la obra de Joshua Selman que, a través de espejos de plástico, reflejan sobre las piedras de los muros de la cilla del monasterio, alumbrando las marcas que dejaron los canteros hace cientos de años, la rugosidad del piso sobre el que están los espejos.
La fusión de culturas ha quedado también patente en esta exposición. El artista japonés Tadashi Hashimoto llegó a España con la intención de contactar con Chillida. Esa misma noche, el escultor fallecía y, por ello, el creador ha querido ofrecer un tributo al artista desaparecido en su obra “Continuun”.
MUCHAS RAZONES PARA VISITAR VERUELA
“Si buscas el infierno, pregunta al artista. Si no encuentras al artista, ya estás en el infierno”, reza la inscripción de la placa que recordará en Veruela el paso de estos artistas por el monasterio, donde, además de Cambio Constante III, se dan cita importantes exposiciones, permanentes, como la de los hermanos Bécquer, o temporales, como la del centenario de Luis Cernuda.
La acertada elección del espacio permite al visitante desechar las posturas típicas que suelen tomarse ante las obras de arte moderno –bien, como hicieron los súbditos del emperador, alabar su inexistente traje sólo porque los demás “lo veían” o bien exclamar, ante formas y colores no figurativos, “esto lo hago yo”-. No es el caso: Veruela, como espacio de reflexión desde hace cientos de años, permite al espectador ir más allá de la misma obra de arte y así lo han entendido los artistas, como la argentina Viviana Martínez Tosar.
La obra de Martínez Tosar se encuentra en la Iglesia. La artista no ha querido introducir ningún elemento plástico: su obra “Saiara” se compone de sonidos estridentes con las que impregnar las centenarias piedras. “Las paredes de esta iglesia están impregnadas de frecuencias de canto gregoriano, de frecuencias masculinas. Yo le estoy otorgando frecuencias que nunca habían estado aquí, se trata de esparcir espacios en movimiento, un despertar de la conciencia", señala Martínez Tosar.
El espacio de reflexión también ha sido apreciado por los artistas del zaragozano “Grupo Pértiga”. En el paseo de los Plátanos, esculturas de madera cubiertas con césped artificial plantean los elementos esenciales de una celda – que el visitante relaciona casi instintivamente con Bécquer, escribiendo sus cartas – con volúmenes que flotan en el espacio abierto o se funden con el natural porque, según sus autores “la espiritualidad puede encontrarse en lo abierto, en la naturaleza”.
EL AGUA, UN TEMA MUY DEL GUSTO DE LOS ARAGONESES
Por otra parte, los artistas de países tan lejanos como Estados Unidos, parecen haber intuido el interés aragonés por el aprecio al agua, como la americana Laurel Shute en su obra “Las caras del agua” o Sean O’Reilly que con su “Fluido”, realizado en yeso, ha querido devolver la ilusión a las fuentes vacías de los jardines con un simulacro de agua en movimiento.
Otros artistas, como la alemana Ann Noel, se han dejado impregnar no sólo por el espacio físico sino también por el cultural y el local. La artista, en el claustro del monasterio, ha dado forma al rostro de Bécquer combinando corchos de botellas de vino aragonés. Los diferentes tonos a la creación no se ha conseguido con pinturas sino con las diferentes coloraciones que los vinos han dejado en sus corchos, material del que se ha servido para crear el rostro del poeta.
EL ARTE MEDIEVAL EN ARMONÍA CON EL ARTE MODERNO
Los muros erigidos en el siglo XII no sólo albergan obras de arte “de hoy”, sino que el arte medieval se funde en armonía con el arte moderno. En la sala capitular del monasterio, sobre los sepulcros del siglo XIII se proyecta la luz y el movimiento de “Madam Butterfly”, creación de la estadounidense Jessica Higgins.
En esta misma línea está la obra de Joshua Selman que, a través de espejos de plástico, reflejan sobre las piedras de los muros de la cilla del monasterio, alumbrando las marcas que dejaron los canteros hace cientos de años, la rugosidad del piso sobre el que están los espejos.
La fusión de culturas ha quedado también patente en esta exposición. El artista japonés Tadashi Hashimoto llegó a España con la intención de contactar con Chillida. Esa misma noche, el escultor fallecía y, por ello, el creador ha querido ofrecer un tributo al artista desaparecido en su obra “Continuun”.
MUCHAS RAZONES PARA VISITAR VERUELA
“Si buscas el infierno, pregunta al artista. Si no encuentras al artista, ya estás en el infierno”, reza la inscripción de la placa que recordará en Veruela el paso de estos artistas por el monasterio, donde, además de Cambio Constante III, se dan cita importantes exposiciones, permanentes, como la de los hermanos Bécquer, o temporales, como la del centenario de Luis Cernuda.