“En Aragón hay mucha potencialidad para la danza, pero si no se siembra ni se cuida nunca florecerá”

El bailarín aragonés Miguel Ángel Berna afronta con optimismo el reto de ser la compañía residente del Ayuntamiento de Zaragoza. Berna quiere trabajar en esta tierra, en la que nació, porque cree que hay mucha potencialidad para la danza. Sin embargo, apunta que es necesario “sembrar” para, en un futuro, recoger.

Zaragoza.- El pasado 1 de julio, la compañía de Miguel Ángel Berna, se convertía en residente del Ayuntamiento de Zaragoza. El bailarín asegura que desde Aragón se debe potenciar las raíces de esta tierra, lo aragonés, pero que, a su vez, se debe evolucionar. Aunque es consciente de que nadie es profeta en su tierra, apuesta por sembrar en los próximos años para crear una cantera importante de bailarines aragoneses que puedan trabajar en la Comunidad.

Pregunta.- ¿Qué significa para Miguel Ángel Berna la danza?
Respuesta.- La danza para mi lo es todo. Como persona y ser humano me estoy cultivando a través de ella, como para cualquier persona su profesión. Yo tengo la suerte de hacer lo que me gusta y ojalá todo el mundo pudiera hacerlo porque, tal y como esta la sociedad, es muy difícil poder elegir.

P.- Danza con jota aragonesa, ¿dónde está el éxito?
R.- El éxito está en conocer verdaderamente la raíz de la jota y en actualizarla con la época en la que estamos viviendo. La jota de por sí tiene la suficiente potencialidad pero es como todo, si no se actualiza ni evoluciona, no llegamos a ninguna parte. Lo llevo desde pequeño.

P.- Sin ninguna duda se ha convertido en uno de los referentes de Aragón, todo un orgullo para esta tierra, ¿cree que se le debe algo? ¿qué no se le está reconociendo como un artista de su talla se merece?
R.- Lo que pienso es que esta tierra es dura para los aragoneses. Lo que me da mucha pena es que la gente se tenga que ir fuera, que no puedan hacer su trabajo desde aquí. Parece que lo de fuera siempre es lo mejor. Yo todo lo que soy se lo debo a esta tierra, me trate bien o mal, porque he bebido de sus raíces. No he creado nada sino que he recogido un sentimiento que lo he transportado a la época en la que estamos. Vivo de las inquietudes de la gente. Aragón se quiere menear y esto es uno de los motivos de que la compañía de Miguel Ángel Berna esté ahí. Aragón quiere despegar porque la cultura es un reflejo de la sociedad.

A pesar de ello, lo que tengo claro es que nadie es profeta en su tierra. Yo no quiero ser ni profeta ni no profeta, lo que me interesa es saber dónde vamos. Si estamos aquí trabajando es porque se debe hacer. Este es un trabajo para la gente que viene después. Aunque quiera ser reconocido y popular, la realidad no es esa sino que deseo sembrar para la gente que viene. Aquí hay mucha potencialidad que si no se siembra, ni se cuida ni se riega, nunca florecerá.

Promoción en Aragón

P.- Su apoyo a la Expo ha sido total. A partir de ahora, ¿qué va a hacer por ella?
R.- Espero hacer algo pero independientemente de ello, siempre he trabajado por y para Zaragoza y Aragón. La Expo es una plataforma que tenemos todos y que debemos utilizarla para lanzarnos. Voy a poner mi grano de arena con vistas a hacer un futuro mejor y a que crezcamos.

P.- Berna también se une a la promoción del ternasco de Aragón, ¿seguirá promocionando lo aragonés con la danza?
R.- Esta simbiosis del ternasco de Aragón es muy interesante porque es un alimento único en el mundo, además de que es un manjar. El ternasco forma parte de mi dieta y es una carne exquisita, no existe en otra parte del mundo. El trabajo que estamos haciendo con el folclore aragonés no existe en otro lugar. Lo interesante e importante es que sea bueno, tanto para el ternasco como para nosotros. Ojalá esta iniciativa la cojan otras empresas para patrocinar lo aragonés con gente de esta tierra. No hay que olvidar que la cultura es el reflejo de la sociedad. Yo me atrevería con todas cosas de la tierra porque esas colaboraciones son fructíferas y un ejemplo a seguir.

Compañía residente

P.- El pasado 1 de julio su compañía se convertía en residente del Ayuntamiento de Zaragoza y tomaba el relevo al Ballet de Zaragoza, ¿aún le está afectando el conflicto que surgió ante la disolución de este Ballet?
R.- Ha habido muchas malas interpretaciones, han sido cinco meses muy duros pero creo que las cosas se demuestran con trabajo. La compañía Miguel Ángel Berna no ha venido a sustituir al Ballet de Zaragoza. Me ha hecho mucha gracia que desde las críticas no se mirara el presupuesto del Ballet -1.320.000 euros- y ahora estén pendientes de los 120.000 euros de la compañía. La gente debe saber que no me los dan a mí porque somos 30 personas. A pesar de ello, no me quejo porque han apostado por una compañía con gente de aquí. Ojalá este referente sirva para potenciar mucho más lo de aquí y para que la gente no tenga que irse fuera. Sobre la danza española hay mucho desconocimiento porque es algo nuestro y lo desconocemos.

Las críticas, muchas veces las hacemos sin saber realmente el fondo de las cuestiones. Hemos aguantado el chaparrón pero evidentemente no es agradable. Se que estoy expuesto a constantes críticas, las acepto, pero no las que son gratuitas y tampoco las que se hicieron sin que yo hubiera tomado posesión. Sin embargo, las críticas que son constructivas te ayudan.

Lo que quiero es que se reconozca el trabajo y que sirva para los que vengan detrás. Además, el Ballet tenía un presupuesto del que yo esperaba un recorte, pero no del 90% como se ha producido. Con el presupuesto que contamos, 120.000 euros, no llegamos. La compañía va a tener que poner e invertir pero no me molesta porque sé que en la danza hay que hacer muchas cosas y luchar por ella. Lo que a mi me gustaría sería que me dieran 100 y generar 200. Para un futuro esa es la intención de la compañía pero, para ello, hace falta tiempo. El camino no es de rosas y va a ser muy duro y con muchas críticas pero soy consciente. Espero que la situación no me llegue a ahogar.

P.- Desde que su compañía se convirtiera en residente, ¿en qué está trabajando?¿va a sorprender al público de la ciudad?
R.- Me interesa que la gente tenga conciencia, quiero potenciar las raíces. Este estreno me va a servir para que el público conozca la trayectoria de la compañía. La primera parte de la obra estará enfocada al flamenco, con bailarines de flamenco y clásico español; y la segunda, es más de raíces, más nuestra, con la presencia de lo aragonés. Exceptuando a los bailarines, el resto que participa son aragoneses. Quiero potenciar a la gente de la tierra, aunque ahora tengo que actuar con bailarines de fuera porque en Aragón no hay del corte que yo quiero.

Hay mucha gente que no conoce la compañía, aunque la verdad es que cuando vamos al Teatro Principal enseguida se cuelga el cartel de no hay entradas. La gente responde. A pesar de ello, la repercusión de los tres minutos de mi actuación en la presentación de la Expo en París fue más importante que la de casi 15 años de trabajo.

Estilo y éxito

Berna apuesta por actualizar la jota

P.- Su estilo rompe los cánones de la danza tradicional. Este toque peculiar lo aporta la jota aragonesa. ¿Por qué emplea para sus actuaciones castañuelas de metacrilato?
R.- Porque son un símbolo más, como el zapato de la cenicienta. Tienen que ver con lo cristalino, lo transparente, con la modernidad. Además, nadie las toca con el dedo corazón, en la danza española se hace con el pulgar. El desarrollo que hay con el dedo corazón es de años, muy complejo. En principio, no pensaba actuar con ellas pero suenan muy bien y las empleo para algún detalle. También es verdad que pesan muy poco y que, por ello, hay que hacer mucha fuerza con la muñeca.

P.- ¿Cuál es la situación de la danza y de Berna?
R.- La danza es un poco la cenicienta de las artes. La gente la ve como algo de entretenimiento. Yo lo que revindico es el rol del hombre que se ha perdido. Esta ausencia se debe a muchos factores. El hombre de por sí debe bailar como hombre. Además, no se puede imitar a la mujer sobre el escenario, éste ha sido un error. La mujer tiene un movimiento natural de caderas y el hombre tiene otros por naturaleza. Esta situación nos ha hecho daño. También ha podido influir la tendencia que hay en la sociedad de que la danza sea para las mujeres pero, en realidad, es un deporte que coordina los movimientos del cuerpo.

Yo personalmente estoy muy agradecido. Para bien y para mal, lo que tengo es que hago cosas diferentes a los demás. Ahora compartiré cartel en Tokio con Tamara Rojo, Lola Greco, bailarines de la Compañía Nacional de Danza… Un nivelazo de bailarines. El ego, la vanidad y el espejo nos puede a todos, pero compartir cartel con estas personas es interesante. El año que viene participaré en el teatro de la Zarzuela para la representación de la Boda de Luis Alonso. Cuando te llaman… es por algo. Desde aquí, tengo un empeño especial por potenciar este diamante en bruto que tenemos porque hay valores muy buenos pero que han caducado. Hay que actualizarlos, mantener las raíces pero evolucionar.

P.- ¿A qué se puede deber que muchos bailarines tengan que irse fuera de Aragón para triunfar?
R.- Se trata de mentalidad. Los bailarines de ballet clásico se tienen que ir fuera porque los grandes ballets no están en España. Los de danza española también tenemos todo el trabajo fuera porque aquí no se apoya y no se hace caso, a pesar de la potencialidad que tenemos. Un bailarín cuando se mete a hacer danza clásica debe ser consciente de que tienen que marcharse. Disponer de un ballet para que después los bailarines se vayan fuera, no tiene mucho sentido porque no se crea cantera en la Comunidad. Trabajar en Aragón lo veo muy duro. Todos los medios que yo tenga a mi disposición para que los bailarines que están fuera se vengan a la compañía residente de Miguel Ángel Berna, los voy a poner. No voy a cerrar la puerta a nadie porque fuera hay bailarines muy buenos.

P.- Por último, ¿cuáles son sus objetivos para los próximos años?
R.- El objetivo es sembrar, que la gente nos conozcamos un poco más a nosotros mismos para poder sacar la esencia, la potencialidad. Pero es un trabajo sucio cuyos frutos van a tardar en llegar. Potencialidad tenemos. Cuando los niños de 6 y 7 años crezcan serán los que abastezcan a la compañía.