Antártida, 1914. El coraje de los hombres de hielo
Zaragoza.- “Se buscan hombres para viaje peligroso. Sueldo bajo. Frío extremo. Largos meses de completa oscuridad. Peligro constante. No se asegura retorno con vida. Honor y reconocimiento en caso de éxito”. Este texto telegráfico no es el prólogo de ninguna novela ni el comienzo de ninguna película sino el anuncio que el explorador sir Ernest Shackelton publicó en la prensa británica allá por 1914. A pesar de las condiciones anunciadas y recién declarada la Primera Guerra Mundial la embarcación “Endurance” partió del puerto de Plymouth (Inglaterra) con los 27 hombres que respondieron a esta singular llamada.
Su misión consistía en atravesar a pie por primera vez la Antártida a través del Polo Sur, una travesía de más de mil kilómetros. La aventura duró cerca de un año (desde agosto de 1914 hasta septiembre del siguiente año) pero la tripulación no recibió el reconocimiento prometido en caso de éxito porque, en realidad, la expedición finalizó siendo un rotundo fracaso ya que, tras abrirse camino por el helado Mar de Weddell y cuando sólo les faltaban 160 kilómetros para llegar al continente, el “Endurance” quedó atrapado en el hielo. Fue el 18 de enero de 1915. Permaneció durante meses encallado hasta que el 27 de octubre la presión que ejercía sobre el barco obligó a su desalojo.
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Frank Hurley formaba parte de la expedición |
Sin embargo, el objetivo seguía en pie en una misión que pendía de un hilo, sobre todo después de instalar campamentos provisionales, como el que les hizo dejarse llevar en una placa de hielo a la deriva hasta “hielo firme” para después partir en bote salvavidas hasta la isla Elefante. Tras siete días de peligros navegación, llegaron a su destino. Sin más esperanzas de completar la misión, los esfuerzos se centraron en la búsqueda de ayuda, por lo que Shackelton y otros cinco marineros partieron el 24 de abril hasta los centros balleneros de Georgia del Sur, adonde llegaron no sin antes cruzar a pie montañas y glaciares en un largo camino de 17 días. Una vez allí, organizaron el rescate de sus compañeros, que llegaría cuatro meses después y tras varios intentos fallidos, en septiembre de 1915.
“No se ha perdido ni una vida y hemos pasado por el infierno”. Así es como resumió Shackelton las dos caras de un intenso periplo que, pese a las duras condiciones ambientales y la crispación que sin duda viviría el grupo, se considera un “hito” en la investigación de la fuerza y el coraje del ser humano para intentar sobrevivir.
Un documento sobre la supervivencia
Aquella lucha diaria quedó recogida a través del objetivo de un fotógrafo australiano, Frank Hurley, reclutado como parte de la tripulación para documentar el viaje. La elección no fue en vano. Shackelton era consciente de la repercusión que había tenido la documentación gráfica de anteriores exploraciones antárticas y fundó la compañía TransAntartic Film Sindicate Ltd., en parte para financiar el viaje con los derechos. Para ello, escogió a Hurley, considerado un hombre fuerte y capaz de hacer cualquier cosa por una buena instantánea, que además había participado en una expedición anterior al polo sur.
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Sir Ernest Shackleton, fotografiado por Frank Hurley |
Parte de ese legado fotográfico y audiovisual ha llegado intacto a la actualidad y más de 150 copias de las placas originales conforman la base de la exposición “Atrapados en el hielo” que está recorriendo España de la mano de la Fundación Caixa Catalunya y que acaba de realizar una parada en Zaragoza.
Paisajes donde todo es hielo, el barco escorado o el momento del rescate son algunos de los motivos que captó la mirada de Hurley, que con la ayuda de Shackelton rescató el material “in extremis” permitiendo su conservación. “Fueron ellos los comisarios de esta exposición puesto que el material era mucho más rico que el que finalmente se preservó. Tuvieron un último momento de lucidez al darse cuenta de la importancia de aquel material”, explica el director de la Fundación Caixa Catalunya, Álex Susanna.
“Se prestan ellas solas a ser contempladas”, asegura, “por su belleza extraordinaria”, pero también “son un documento de primera mano y en el fondo reflejan el aspecto humano, la capacidad de resistencia de los integrantes de la expedición”, añade. Y a ello hay que añadir un segundo objetivo de la exposición: “reflexionar sobre el continente antártico y sobre el conjunto de investigaciones que se están llevando en él, claves para el análisis del sistema terrestre”.
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Fotografía de Hurley titulada "El fin" |
De Nueva York a Zaragoza
El germen de la exposición que acaba de llegar a Zaragoza surgió en Nueva York hace dos años bajo la supervisión de Carolina Alexander para el American Museum of Natural History. Este centro ha mostrado en más de ocasión su interés por programas de investigación como éste y hoy en día el museo dispone de un equipo de 200 científicos que participan cada año en más de 120 expediciones alrededor del planeta, dentro de un activo y avanzado programa científico de trabajos de campo.
En España ha tomado el relevo como comisario el doctor en Ciencias Geológicas, Jerónimo López, que ha realizado toda una serie de aportaciones que permiten comparar la actual realidad de la Antártida con la de 1914. Así, según Álex Susanna, permite “contextualizar científicamente la exposición, conectarla a nuestro presente a través también del marco del Año Internacional Polar”, explica Susanna. Para ello, se ha organizado una serie de proyecciones (dos filmadas en la expedición y una decena relacionadas con ella) y existe la posibilidad de acercarse a tiempo real a lo que está sucediendo en la Antártida a través de cuatro webs cams situadas en el Polo Sur y en tres estaciones de investigación antártica en la base alemana de Neumayer, la base británica Halley y la base argentina Maraimbo. Y otros ordenadores tienen una conexión directa con distintas webs como la del Año Internacional Polar, otras que hablan de la administración del continente, de la mucha literatura a la que ha dado origen esta expedición o de claves para el liderazgo a partir del ejemplo de Shackelton.
Además, la muestra llega a la capital aragonesa en un momento especial, al coincidir con el ecuador del Año Internacional Polar que se celebra de marzo de 2007 a marzo de 2009. Se trata de una larga efeméride que avanza con una doble intención: coordinar los esfuerzos de investigación de equipos científicos de todo el mundo y potenciar el conocimiento de los polos. Actualmente, según apunta Jerónimo López, participan más de 10.000 expertos de un total de 63 países.
De Shackelton a la actualidad
Más allá del paralelo 60, donde los mares se endurecen y se tiñen de blanco, existe no sólo una gran placa de hielo sino un territorio internacional y un vasto campo de investigación para conocer el pasado, el presente y el futuro de la Tierra. Además, la Antártida es la mayor reserva de agua dulce del planeta, con tres cuartas partes del total, a pesar de que en su zona central recibe menos precipitaciones que el Sáhara. La explicación de esta paradoja se encuentra en el hielo y ese territorio helado ha sido objeto de investigación durante las últimas décadas.
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Imagen tomada por Frank Hurley el 14 de enero de 1915 |
Pero esa labor investigadora no se limita a conocer mejor la propia Antártida sino que trasciende y permite ahondar en el devenir de todo el globo terráqueo. Considerada un “laboratorio natural” y una “pieza clave en muchos procesos terrestres”, los trabajos en territorio antártico revelan una mirada hacia el comportamiento de la Tierra durante millones de años y permiten dibujar un panorama futuro. El agujero de la capa de ozono, los niveles del mar o la influencia del hombre en el cambio climático son algunos de los temas de estudio en el Polo Sur.
La Antártida concentra unos 4.000 metros de grosor de hielo, que equivalen a millones de hectómetros cúbicos de agua. Ese gran volumen hídrico congelado constituye una impagable fuente de información y, hoy en día, gracias a las bajas temperaturas, se ha recuperado hielo de 800.000 años de antigüedad, hielo que ha conservado incluso el aire del pasado. Entre otros hallazgos, el comisario López cita un ejemplo paradigmático de la influencia del hombre en el cambio climático, ya que se ha podido comprobar cómo entonces había menos gases de efecto invernadero, que se han incrementado a lo largo de los años desde la Revolución Industrial.