Ana Lena Rivera: "Quiero que los lectores encuentren el alma de sus antepasados, que tengan la sensación de haber conectado con ellos"

"La casa de huéspedes" es la última novela de Ana Lena Rivera. Foto: Pilar Álvarez
La escritora ha presentado este jueves en Zaragoza su última novela "La casa de huéspedes"

Ana Lena Rivera (Oviedo, 1972) es experta en chinches. Se lo demostró la escritora a sus amigos una tarde en Madrid en la que les dio una 'masterclass' sobre cómo se combatían antes de que apareciese el DTT, aquel veneno para erradicarlas que luego se prohibió. Volvía con su exhaustiva clase a los años 70-80 cuando era solo una niña y escuchaba a su tía decir todos esos remedios para acabar con los insectos en el hostal que regentaba en la Gran Vía madrileña. Y entonces supo que ese hostal se convertiría en el escenario de "La casa de huéspedes", su nueva novela. No dura mucho ese escenario, pues la acción empieza en 1937 cuando una bomba cae en la céntrica calle de la capital española llevándose todo a su paso. A partir de ahí Elvira, Ángela y todas esas mujeres que se convierten en heroínas sin quererlo en una historia de esas a las que la Historia no reconoce.

PREGUNTA.- Un año y medio después de "La chica del sombrero azul" presenta esta "Casa de huéspedes". Da la sensación de que lleva un ritmo vertiginoso en la escritura. ¿Cómo surge esta nueva historia?
RESPUESTA.- Pues empieza con una epidemia de chinches que hubo hace dos o tres años en España, fue una cosa temporal que duró como un mes o así. Estaba, como te contaba, con unos amigos y les empecé a explicar cómo se erradicaban en los 70-80. Que si los clavos en la almohada, que si no sé qué otro remedio. Entonces pensé que el hostal de mis tíos era el lugar perfecto para ambientar una novela como esta. Con muchos personajes, circular, en la que se abren un montón de hilos y que todos se cierran al final. Que es como una casa de huéspedes donde llega mucha gente, algunos se quedan para siempre, otros pasan inadvertidos, otros te lían, ponen patas arriba tu vida, te enseñan algo... Así salió y hasta aquí ha llegado.

La escritora ha presentado este jueves el libro en Zaragoza. Foto: Pilar Álvarez

P.- De nuevo volvemos a tener a esas mujeres que se convierten en heroínas sin quererlo. Es algo habitual en tu literatura...
R.- Sí, efectivamente. Es un homenaje a estas generaciones de mujeres que nacieron, en este caso, a mediados del siglo XX, antes de la guerra y después de la guerra, mujeres que muchas de ellas no encajaban porque no correspondían a la familia perfecta que valoraba la sociedad española entonces del hombre que sale a ganarse el pan para los hijos y la mujer cuidadora sino que eran viudas de ambos bandos después de la guerra. Gente con siete, ocho, nueve hijos, madres adoptivas cuando la adopción era un secreto que no sabía ni el adoptado, madres solteras...¡Madre mía, madres solteras! También aquellas que el marido se había ido a por tabaco y no había vuelto y entonces se quedaban solas. Solas en un momento en que tenían un muy mal acceso al mercado laboral, muchas empresas no admitían mujeres entonces les quedaban los peores trabajos.

No solo eso sino que además, a diferencia de hoy cuando hay equidad salarial, entonces lo legal era justamente lo contario. Los convenios laborales se veía para el mismo puesto la columna del salario del hombre y el de la mujer. Entonces esas mujeres se encuentran con que tienen que convertirse en heroínas, efectivamente, para sacar a los suyos adelante. Lo que pasa es que ser heroína tampoco lo podemos dulcificar porque en realidad ni siquiera recibían el calorcito este del reconocimiento del héroe, eran las rechazadas, las despreciadas. Pero al final son todas ellas las que nos han traído hasta aquí, gracias a eso y a luchar y luchar a costa de sus propias vidas y su felicidad por sacar adelante a los suyos.

P.- La guerra sirve de contexto pero, en realidad, es casi lo menos importante de esta novela.
R.- Exacto. Esto va de personas reales, va de esas personas que no tenían nada que ver ni con la guerra, ni con la posguerra ni con cómo caso ni con nada. Simplemente es lo que les toca vivir, una época histórica que no deja de ser escenario y que sirve para contar esa sociedad y ese modo de salir adelante que afrontan las protagonistas.

P.- En el libro aparecen hechos reales como el desfile del Día de América en Oviedo y las historias de las protagonistas son historias que tu escuchabas en los pasillos del hostal...
R.- Todo lo que les pasa a las protagonistas, todo sucedió, lo que pasa que no a una o a cinco mujeres sino a miles, igual también con los protagonistas masculinos. Lo que pasa que cuando las vas uniendo en una misma vida da lugar a una vida ficticia, pero está tan pegadita a la realidad que yo creo que todo el mundo reconoce como suyas.

"Creo que nuestras abuelas, madres y bisabuelas merecen ese lugar en la historia que la Historia no ha recogido"

Las escuchaba de primera mano muchas de ellas tanto en el hostal de mis tíos como en el taller de costura de mi tía donde me críe y donde iban muchas mujeres a coser todos los días. Las escuchaba hablar y hablar y entonces decidí poner todo eso por escrito para que no se perdiera esa tradición oral tan femenina, tan de las mujeres, que ahora se va perdiendo. Ahora tenemos muchísimas formas de ocio que a mí me encanta que existan pero es verdad que esas conversaciones largas, esas tardes de juegos... ya casi no están entonces no quiero que se pierdan. Creo que nuestras abuelas, nuestras madres y bisabuelas merecen ese lugar en la historia que la Historia al final no ha recogido. No sé si algún día la recogerá pero por lo menos que la literatura sí que lo haga.

P.- Podríamos decir que esta es tu novela más personal.
R.- Podríamos decir que sí. Es una novela coral con cinco protagonistas pero realmente está contada por una de ellas que la cuenta desde el día de hoy, entonces ella va poniendo en contexto las cosas que ocurrían entonces con lo que piensa ahora. Ella tiene 80 años y eso ha dado mucho juego sin que en ningún momento haya ni opiniones ni doctrina. Me ha dado juego a poner en contexto esas cosas que a veces se dice que no pueden ser posibles o que la gente no era así o que el malo era este o esta. No. Eso es algo que me ha salido muy de dentro a raíz de otras novelas, cuando veo que los lectores se enamoran de un personaje, a otro le cae mal, a mí incluso, y muchas veces pienso que igual los estamos juzgando por unas vivencias que había que estar allí para saber por qué hacían lo que hacían.

P.- La maternidad también es un tema recurrente en "La casa de huéspedes". ¿Sigue adherido a la figura de la mujer este 'deber' de ser madre?
R.- Totalmente. En la novela se habla de todos esos tipos de maternidad que no entraban en el orden social preestablecido. Las viudas, las adopciones que se mantenían en secreto, las madres solteras...Todo eso, aunque ya no pasa igual, sigue ocurriendo. Las familias monoparentales siguen siendo femeninas, en la mayor parte de los divorcios, aunque es verdad que cada vez hay más custodias compartidas, sigue cayendo la carga sobre la madre, la mayor parte de jornadas reducidas están en la madre. Se habla del vínculo pero al final el vínculo yo creo que se crea con el que cría al niño. El vínculo es afectivo, es emocional, y si el padre está desde el primer momento, el vínculo es tan grande como el de la madre.

P.-¿Cómo te gustaría que llegase esta historia de mujeres a los lectores?
R.- Quiero que sientan las páginas, que encuentren a los suyos, yo quiero que me digan, como me ha pasado alguna vez,:¡Ay, mi yaya!" o que escucharon en su casa tal cosa o que les ha traído recuerdos. Quiero que encuentren el alma de sus antepasados entre las páginas y que se queden con la sensación de haber conectado más con ellos y de haber vivido una época de su vida con ellos.