Alejandro Marín: “Hubo gente que nos llamó maricones mientras grabábamos una escena del colectivo"

Alejandro Marín
photo_camera El cineasta malagueño Alejandro Marín ha presentado en Zaragoza su película "Te estoy amando locamente"

El joven director malagueño Alejandro Marín estrenó en primicia su última película “Te estoy amando locamente” en Zaragoza, un film cuyo tema principal es la lucha que el colectivo Lgtbi llevó a cabo en los años 70. La película transcurre en Sevilla y muchas de las escenas que se muestran chocan con fuerza especialmente en las generaciones más jóvenes. Una situación a la que precisamente su director también le pilló casi por sorpresa y se enteró de todo lo que ocurría en 2017 durante la Fiesta del Orgullo en Madrid y vio algún reportaje de la primera manifestación en Barcelona en 1977.

“Durante aquella época se estaban iniciando los movimientos, estaba todavía la ley de peligrosidad social que consideraba la homosexualidad un delito, había terapias de electroshok y entonces dije, quién me iba a contar esto. Empezó a llegar Vox al parlamento de Andalucía y de ver que de donde veníamos y que todo lo que habíamos conseguido se estaba poniendo en peligro surgió un poco todo”, reconoce su director en lo que fueron esos inicios detrás de la construcción de la película.

A la hora de plantear la película, algo primordial es elegir a sus protagonistas y en el caso de Ana Wagener lo tuvo claro desde el principio. “Es una actriz que la quiero como persona porque yo soy muy defensor del cine español y veo mucho cine español y de haberla visto en muchísimas películas, cuando llegué a la historia de la madre y el hijo dije: quiero que la madre sea Ana”, relataba Marín, quien después tuvo el segundo descubrimiento mientras veía la popular serie de “Paquita Salas” y allí tuvo claro que el actor Omar Banana tenía que ser Miguel. Originario de Huelva, algo que para Alejandro Marín era primordial ya que “odio cuando se imita el acento andaluz en las películas”.

La película "Te estoy amando intensamente" narra la visión de la sociedad hacia el colectivo LGTBI en los años 70

Otro de los puntos clave a la hora de elegir, a pesar de que realmente no influyera en el casting, era que el reparto formaran parte del movimiento ya que “eso provoca una mayor conexión con el proyecto porque toca algo personal”, reconoce Marín.

Cuando ya tuvo a sus dos protagonistas, para Marín “fue un regalo increíble” y rodaron un teaser en Barcelona que era la primera escena de la película que era la boda pero que luego tuvieron que volver a rodar ya que pasaron tres años desde ese momento hasta que comenzaron con las grabaciones. “A partir de grabar el teaser nos dimos cuenta de que era una historia que podía funcionar porque aparte de la conexión que ya había entre ellos como actores se había trasladado a la ficción y creíamos que era una historia potente para contar”.

“Nosotros teníamos claro que el viaje del personaje fuera más de Reme (Ana Wagener) y no tanto de Miguel, pero necesitábamos que Miguel, que tenía muy claro todo desde el inicio, cojea en la relación con su madre y vimos claro que la escena inicial de la película fuese la boda porque así se generaba una situación en la que se abriera delante de su madre y ella descubriera quien era su hijo realmente”. Esto que parece sencillo, fue en realidad muy complejo y por ello “jugamos mucho con esa idea de que lo tiene claro, sabe lo que quiere, pero no tiene las herramientas ni la seguridad como para plantarse”.

La otra cara de la moneda es el papel de la madre y es que para Alejandro Marín “era muy importante que Reme no fuera una madre homófoba porque sí. Nosotros quisimos intentar hacer un personaje con muchas capas y ahí es donde aparece el trauma respecto a la muerte del padre de Miguel y se convierte en una persona que no quiere involucrarse políticamente pero luego es una persona super empática y queríamos hacer ver que ser viuda en los 70 de un marido comunista no era un papel fácil”.

El odio hacia el colectivo Lgtbi que se veía hace cuarenta años se repite y es que tal y como él mismo explicaba “vemos cada día casos” y precisamente mientras estaban en pleno rodaje de la película en una escena de la recogida de firmas del colectivo “gente nos llamó maricones que es lo que sucede en la peli y estábamos en 2023 rodando la peli, haciendo una escena sobre eso y al final estás recreando lo que ocurría hace cuarenta años, pero está pasando exactamente lo mismo en el 2023”. Otra de las preocupaciones que exponía el director son esas personas que recurren a un pensamiento de “que ya lo tenemos todo, que ya están todos los derechos conseguidos y a nivel legal se ha avanzado mucho pero luego no es así y de que la gente que parece que esto no va con ellos, pero al final estamos hablando de la libertad de todos”.

Alejandro Marín
La idea de la película es hacer un homenaje a las personas que lucharon y dar un mensaje de que la lucha sigue siendo una necesidad y casi una obligación"

Precisamente en la película se muestra lo que era en aquella época estar señalada y la importancia del que dirán era algo muy presente y en la sociedad actual hay muchos países en los que algunas de las escenas que se ven en la película siguen ocurriendo. “Yo no era consciente antes de ver la peli y es que había terapias en las que te ponían fotos y te daban descargas para que los hombres te generaran repulsión, una cosa tan loca pero que estaba defendida por psiquiatras reputados de la época como Gregorio Marañón, que hoy en día tiene incluso un hospital a su nombre”.

En definitiva, la idea de la película es “hacer un homenaje a las personas que lucharon y dar un mensaje de que la lucha sigue siendo una necesidad y casi una obligación y creo que a día de hoy el Orgullo es una fiesta, pero hay que trascender a la fiesta y seguir reivindicando estos derechos que se han ido consiguiendo estos cuarenta años”. A modo de curiosidad, la última foto de archivo que aparece en la película es una pancarta en la que se puede leer “Movimiento obrero, movimiento homosexual, una misma lucha”, y al final es “una idea de conciencia de clase, feminismo y de que realmente todo no se reduzca a lo Lgtbi y que sea una lucha transversal y que a raíz de ver la peli se siga luchando desde la fiesta, pero también desde el compromiso político”.

Alejandro Marín cree que “al final, al igual que la sociedad ha ido cambiando, el cine ha ido evolucionando y yo creo que a día de hoy el hecho de que podamos hablar y pertenecer al colectivo sin tapujos y eso no implique un miedo consigue que nuestros relatos se hagan desde una mayor verdad y se está consiguiendo que los relatos sean más cercanos”.