Travesía por la Cordillera Blanca de los Andes
28 de noviembre de 2002 (11:34 h.)
La gran cordillera de los Andes recorre de norte a sur toda Sudamérica, desde Venezuela hasta el sur de Chile y Argentina. A su paso por Perú, uno de los sectores más extraordinarios de la misma es la llamada Cordillera Blanca, una cadena montañosa que concentra el mayor número de cumbres de seis mil metros de altura de todo el continente americano. La mayor parte de la misma se encuentra protegida como Parque Nacional Huascarán, declarado en 1975 y reconocido en 1985 como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, abarcando un total de 340.000 hectáreas, con una altura media por encima de los 4.000 metros. La travesía entre Santa Cruz y Llanganuco nos permite adentrarnos en el corazón de la Cordillera Blanca y conocer de cerca las cumbres más emblemáticas y bellas.
Vea aquí el mapa de esta travesía
Vea aquí el mapa de esta travesía
Hemos decidido venir hasta estos lugares en agosto, que a pesar de coincidir con el invierno austral, es la mejor época para realizar travesías por las montañas, ya que es la temporada seca, con cielos generalmente limpios, escasas precipitaciones y temperaturas agradables durante el día. La Cordillera Blanca es un reducto natural único en el mundo: un ecosistema de alta montaña tropical. Por ello la biodiversidad es extraordinaria y asimismo las formaciones geológicas. Al amparo de sus quebradas -angostos valles y cañones- sobreviven numerosas especies endémicas de plantas y animales, entre los que hay que reseñar las puyas Raimondi y los quenuales, en el reino vegetal, y el oso de anteojos, cóndores, venados y llamas, entre los animales característicos de la región.
Las elevadas alturas permiten la existencia de importantes glaciares por encima de 4.500 metros, en cuyo retroceso han dejado un elevado número de lagunas. El nevado Huascarán (6.768 metros), que da nombre al Parque Nacional, es el de mayor altura del planeta en la franja comprendida entre los trópicos. Otros 32 picos tienen más de seis mil metros de altura.
Esta impresionante columna de montañas se levanta sobre el Callejón del Huaylas, un enorme valle recorrido, de sur a norte, por el río Santa, en cuya ribera se asientan las principales poblaciones de la región. Si en la vertiente oriental del Callejón se alza, como se acaba de decir, la Cordillera Blanca, en la occidental lo hace la Cordillera Negra, paralelamente a la costa peruana del Pacífico. A pesar de tener más de 4.000 metros, no tiene glaciares, de ahí el nombre de Cordillera Negra, pues la influencia tan próxima de los vientos húmedos oceánicos impide su formación y sirve de parapeto de esa influencia a la Cordillera Blanca, lo que facilitó su notable desarrollo glaciar.
En esta zona se encuentran también importantes yacimientos arqueológicos, entre los que destaca el Castillo de Chavín. La altura Chavín prosperó en forma de teocracia alrededor del año 1000 a.C. En la actualidad todo el Departamento, administrativamente hablando, recibe el nombre de Región Chavín. La capital es Huaraz, que concentra toda la actividad administrativa y comercial, y es conocida como la capital del andinismo. Aunque el idioma castellano es el más extendido, aún encontraremos nativos en remotas aldeas que sólo conocen el quechua, la lengua autóctona que es cooficial en toda la República del Perú.
Un largo viaje en autobús, de unas 10 horas, nos lleva desde Lima hasta Huaraz. Recorre un territorio tremendamente árido a lo largo del Pacífico, en dirección norte, antes de adentrarse en la montaña. Durante muchos kilómetros observamos el enorme cinturón de chabolas y miseria que rodea la capital. La gente vaga ociosa entre estas casuchas de ínfima calidad constructiva, sin ningún tipo de infraestructuras, sin redes de abastecimiento de agua potable ni de saneamiento. Muchos niños por doquier, testigos del problema de crecimiento demográfico incontrolado que es común al mundo subdesarrollado.
Se palpa la pobreza, la desesperanza, el contraste brutal con los barrios acomodados y los lugares confortables para el disfrute de las clases dirigentes peruanas. Se entiende por qué en cada una de las casas de estos sectores privilegiados y en cada una de las tiendas y negocios hay un agente armado de compañías privadas de seguridad. Todo está en un precario equilibrio social, agravado por lo que ya parecen ser –hablando con la gente- los últimos estertores del régimen fujimorista, pero sin que tampoco tengamos la seguridad de que la alternativa que polariza el candidato Alejandro Toledo pueda traer soluciones y recetas milagrosas.
Cuando vemos la situación de tantos países de América Latina, ricos en recursos y materias primas, y hundidos en la bancarrota y a merced de las políticas impuestas por el Fondo Monetario Internacional, nos damos cuenta de la trayectoria sucesiva de gobiernos corruptos que han esquilmado las arcas estatales, y que sólo se han preocupado de impulsar salvajes privatizaciones de las empresas nacionales para su medro personal. Es imposible contener las ansias de estas personas por salir de ese infierno y creer que su “Eldorado” particular está en Europa y particularmente, por razones de idioma, en España.
O entendemos que hay que contribuir a llevar allí el desarrollo para impedir estas migraciones masivas y que hay que terminar con las barreras comerciales frente a los productos de esos países, o nada podrá evitar las convulsiones que se avecinan. He hablado allí con profesionales brillantes, médicos, profesores, asentados en sus trabajos, pero profundamente desmoralizados, que también tenían su esperanza en la mínima oportunidad para venir a este lado del Atlántico.
UNA COMBINACIÓN PELIGROSA
Este cóctel peligroso de explosión demográfica, desindustrialización, gobernantes sin credibilidad, cambio climático con su secuela de sequías y catástrofes naturales está en la raíz del problema. Las preguntas en los albores de este siglo son, cómo garantizar la alimentación a las masas humanas que se sumarán a las ya existentes, cómo crear puestos de trabajo, cómo hacer frente a la destrucción continuada del medio natural o cómo reducir la tasa de natalidad.
No podemos cerrar los ojos ante los problemas que una avalancha incontenible de inmigrantes crearía en nuestras sociedades. No podemos despachar el asunto con proclamas progresistas (?) de que debemos ser tierra de acogida para todos los que quieran venir a permanecer y buscar trabajo entre nosotros. Ya en la actualidad, la afluencia masiva de mano de obra extranjera, de inmigrantes ilegales, de refugiados, ha dado lugar a dificultades adicionales en muchas ciudades europeas. Se explica el miedo de mucha gente que antepone la seguridad a los principios tradicionales del liberalismo democrático y da su voto a opciones de ultraderecha, incluso en los países europeos considerados socialmente más avanzados. Los tópicos de la sociedad multicultural no pasan de ser en muchas ciudades meros deseos ilusorios, que chocan con la realidad de los guetos de diversas nacionalidades que se forman en ellas.
Si a esto se suma el desempleo juvenil masivo y el aumento de la delincuencia, podremos entender las reacciones de tinte nacionalista y ultraconservador por parte de algunos sectores de la población nativa. La Unión Europea ha decidido coherentemente, en la Cumbre de Sevilla de junio de 2002, abordar una política común de inmigración para tratar de encauzar el problema y no vernos abocados a una desestabilización moral y política de la población. Es significativo cómo en Aragón, donde la densidad de inmigrantes está muy por debajo de la de países como Alemania, Holanda o Bélgica, en los barómetros de opinión que periódicamente realiza el Gobierno de Aragón, la inmigración sea ya citada como el tercer problema que más preocupa a la sociedad.
Digámoslo claramente. Son muchos los que no están dispuestos a aceptar una sociedad multicultural. Y esto es así, no tanto en relación con los inmigrantes procedentes de nuestro ámbito cultural o geográfico –América Latina y Europa del este- cuanto con aquellos de procedencia islámica. Giovanni Sartori, uno de los más destacados representantes de la ciencia política del campo de la izquierda liberal europea lo ha dejado recientemente escrito con total lucidez: “la inmigración sin límites es una amenaza”. Y se ha atrevido a decir lo que tantos piensan y no se atreven a formular públicamente por miedo a ser tachados de desviacionistas, reaccionarios o incluso racistas, por miedo a decir lo que se supone es “políticamente incorrecto”.
Sartori se ha decidido a abordar el problema de la integración. Se puede o no compartir sus puntos de vista, obviamente; pero al menos pone sobre la mesa cuestiones para el debate y la reflexión. Para Sartori, las personas llegadas del mundo islámico no tienen ni siquiera voluntad de integrarse, porque su sistema de creencias y de valores difiere del nuestro. ¿O acaso va a cambiar el papel de la mujer en esos colectivos en los que ésta es un ser carente de derechos y de dignidad, oprimido y que ni siquiera tuvo la opción de elegir a su marido? ¿Hay que aceptar en nombre del multiculturalismo estas actitudes? Sartori recuerda que el islam es una religión pública, no privada, una religión muy fuerte y autoafirmativa. Para él, el islam es absolutamente incompatible con la sociedad plural y abierta de Occidente.
Añade Sartori, “Hay tres criterios para establecer la supervivencia en diversidad. El primero es la negación del dogmatismo, es decir, precisamente todo lo contrario que predica el islam. Cualquier cosa que uno haga tiene que ser explicada por argumentos racionales. No vale eso de que Dios lo dice, o de que es así. El segundo es que ninguna sociedad puede dejar de imponer el principio de impedir el daño y esto supone que todas nuestras libertades siempre acaban donde supondrían un daño o peligro de daño al prójimo. Y el tercero, y quizás más importante, es el de la reciprocidad. La reciprocidad dentro de la doctrina de la tolerancia supone que no podemos ser tolerantes con la intolerancia. Yo soy tolerante como anfitrión, pero tú tienes que serlo asimismo desde tu papel de huésped. La religión católica ha sido durante mucho tiempo muy intolerante; hoy no se lo puede permitir. Pero el islam sigue pensando en el poder de la espada. Y la obligación en estas religiones es distinta. A la Iglesia católica no le gusta que se vayan sus creyentes, pero se tiene que aguantar. La islámica no te lo permite”.
Finalmente Sartori abre una clave de esperanza respecto a una posible integración y aceptación de las reglas básicas de convivencia por parte de los inmigrantes musulmanes. Esa clave sería la escuela. En el ámbito educativo se completaría la integración de las segundas generaciones, porque la primera sería imposible por procedencia y nivel cultural.
CERTEZAS DIFÍCILES DE REBATIR
Terminaré esta reflexión acerca de la inmigración –que uno juzga inevitable cuando recorre el tercer mundo- con unas palabras muy lúcidas, a mi juicio, de Hermann Tertsch, publicadas en el diario El País, en febrero de 2002: “Existen certezas difíciles de rebatir. La primera es que la sociedad democrática es el modelo de convivencia que genera más bienestar, más dignidad y más libertad que cualquier otro. La segunda es que permitir que en su seno se generen células de culturas extrañas que no actúan según los mismos principios y se rigen por códigos étnicos, religiosos o tribales, supone una amenaza para el propio sistema. Sea el secuestro del voto por parte de clérigos en una comunidad musulmana o el ejercicio de la violencia, intimidación o desprecio de los derechos humanos en otros colectivos culturales cerrados, son infinidad los argumentos en contra de la aceptación y aún más del fomento de guetos culturales. Ni todas las culturas, ni todas las ideas, ni todas las costumbres son igualmente aceptables. Muchas son enemigas de la dignidad y la libertad. Las democracias occidentales han creado mecanismos de autocorrección de los que carecen otras culturas”.
Huaraz está situada a 3.090 metros de altura y desde su plaza de Armas son visibles varios nevados (aquí se conocen con este apelativo las montañas) de cinco mil metros, como el Churup y el Vallunaraju. Pero la vista más extraordinaria la tenemos desde el hotel Andino, en la parte alta de la ciudad, donde nos alojamos. Desde la terraza de nuestras habitaciones, el Huascarán destaca con un perfil poderoso y como un gran centinela del conjunto de la Cordillera Blanca.
Como en unas horas hemos pasado del nivel del mar, en la ciudad de Lima, a más de tres mil metros en Huaraz, una cierta sensación de falta de confort se experimenta al llegar, por lo que es aconsejable una estancia de un día en este lugar, antes de iniciar cualquier trekking, para aclimatarnos bien. Nosotros no lo hicimos y yo personalmente tuve problemas durante la travesía.
Nos encontramos con nuestro guía, Juan Morales, un hombre de estas tierras, muy afable, alpinista competente y extraordinario conocedor de la Cordillera, que ha subido en múltiples ocasiones a las dos cumbres del Huascarán. Enamorado de estas montañas, posee una amplia cultura relacionada con el medio natural de estos ecosistemas, y con su historia y tradiciones. Es un entusiasta de la medicina natural y nos ilustrará ampliamente con las aplicaciones curativas de un amplio elenco de flores y plantas que encontraremos durante los próximos cinco días de nuestra travesía.
LA LLEGADA AL PARQUE
Una furgoneta nos traslada hasta Cashapampa (2.980 metros), una aldea emplazada a la entrada de la Quebrada de Santa Cruz, donde se encuentra el acceso al Parque Nacional. Una rústica oficina cobra las tasas establecidas que deberían servir no sólo para mantener la guardería del Parque sino para mejorar las infraestructuras y equipamientos de la población del entorno. Pero, por lo visto, no está claro si los recursos allegados se destinan a estos objetivos o si la burocracia administrativa les da otro fin.
Juan procede a la contratación de las mulas que portearán nuestra carga, acompañadas por su arriero correspondiente. Hasta allí hemos seguido la carretera que, paralela al río Santa, recorre longitudinalmente el Callejón del Huaylas. Es un trayecto muy espectacular, que permite contemplar toda la vertiente occidental de estas montañas tan blancas, que refulgen bajo el sol, y que parecen cubiertas de una espesa capa de merengue que adopta las formas tan caprichosas de estos picos.
Cuando pasamos por Yungay, un estremecimiento nos recorre el cuerpo y nos hace recordar que toda esta región es de alta sismicidad. Un monumento junto a la carretera ha sido erigido en memoria de las 18.000 personas que vivían en el antiguo Yungay y que fueron sepultadas en 1970 por una terrible avalancha de nieve, hielo, lodo y barro, que se originó cuando se desprendió una parte de la zona más elevada de la cara sur del Huascarán Norte. Se aprecia perfectamente en éste el mordisco dejado al desgajarse el gigantesco bloque. La avalancha fue de tal magnitud que recorrió durante 10 kilómetros toda la Quebrada de Llanganuco hasta destruir por completo el pueblo entero. El nuevo Yungay se ha ubicado en una zona próxima protegida de posibles nuevos aludes.
El primer día instalamos nuestro campamento en Llamacorral, a 3.700 metros, tras remontar la Quebrada que nos depara buenas vistas de los nevados Caraz y Santa Cruz. Aquí la glaciación cubre las montañas formando grandes paredes y aristas de nieve y hielo, a modo de grandes placas que recubren sus vertientes, especialmente aquéllas orientadas al sur, como corresponde al hemisferio austral. Apenas se encuentran lenguas glaciares tal como las conocemos en Alpes o Himalaya. No obstante, la recesión de los hielos es también muy acusada en este macizo tropical. Avanza a pasos gigantescos y nuestro guía nos pone ejemplos de lo que supuso el ultimo fenómeno conocido como “el Niño” dos años antes, que combinado con el cambio climático acelerado, ha traído una contracción notable de los glaciares, la aparición de nuevas lagunas originadas por esa recesión y grandes aludes por desprendimientos en las alturas.
Toda la región andina acusa terriblemente el cambio climático. Como ejemplo baste citar el glaciar Quelcaya de cuya agua dulce de fusión viven alrededor de 10 millones de habitantes en Lima. Este glaciar está en un proceso acelerado de fusión. En el último decenio su espesor se ha reducido más de la mitad, lo que constituye un peligro para garantizar el suministro de agua potable a esos millones de personas, y representa una tragedia en ciernes de alcance incalculable.
LAGUNAS, VALLES Y CASCADAS
La etapa siguiente asciende suavemente –siempre siguiendo un excelente sendero-, pasa por las lagunas Ichiccocha y Jatuncocha, donde reposan numerosas anátidas en sus azuladas aguas, y termina en unos prados de alta montaña al pie del circo que cierra el valle, en un lugar conocido como Taullipampa (4.200 metros). El día de hoy se ha cubierto rápidamente de nubes que pronto dan lugar a una ligera lluvia, que nos impide ver las cumbres que nos rodean. Al final de la tarde las condiciones climatológicas mejoran y nos descubre de repente que estamos instalados en un lugar incomparable y magnífico.
La gran cara suroeste del Taulliraju (5.830 metros) cae cortada a pico por encima de nuestras cabezas. Presenta un aspecto sombrío que me lleva a pensar en la dificultad técnica para escalarla. También es muy hermosa la gran cascada de seracs que baja de la cima del Artesonraju (6.025 metros). Pero entre todos los nevados que nos rodean destaca, como el Sol entre sus planetas, el Alpamayo (5.947 metros); una pirámide perfecta, de líneas puras y muy esbelta. Es la montaña que dibujaría instintivamente un niño que, viviendo a orillas del mar, nunca hubiera visto ninguna.
Hace años se realizó una encuesta pública entre más de un centenar de los más prestigiosos alpinistas del mundo para que cada uno de ellos manifestara cuál era, desde su punto de vista, la montaña más bella del mundo. Fue elegida el Alpamayo. Y aunque la subjetividad de cada cual puede introducir matices, el consenso suscitado creo que está bien merecido. Cuando a la mañana siguiente los primeros rayos de sol iluminan al Alpamayo, una secreta satisfacción nos invade por la fortuna de admirar esta bellísima cumbre.
Este tercer día es para mí el más duro de la travesía. Una subida continuada nos permite alcanzar el paso de Punta Unión (4.750 metros) junto al Taulliraju. Este collado, en realidad una brecha en la arista sur que desciende del citado pico, nos da acceso a la cabecera de la Quebrada Huaripampa. Cuando alcancemos una zona de acampada a 3.800 metros, junto al río, instalaremos nuestras tiendas para pasar la noche, al pie del nevado Pirámide (5.885 metros).
He sufrido, como hacía tiempo que no me sucedía, en la larga subida a Punta Unión. Una deficiente adaptación a la altura –ya mencioné la corta estancia en Huaraz- me ha ido generando un persistente dolor de cabeza y una dificultad creciente para respirar, que se ha ido agudizando por encima de los cuatro mil metros. El trayecto se me hace interminable, cada metro ganado es un sufrimiento indescriptible. Hasta barajo la posibilidad de darme la vuelta y regresar. ¿Por qué sigo? Porque la belleza que me rodea es tal que puede hasta con las penurias. Soy aún capaz de apreciar la armonía que la naturaleza despliega ante mi vista. Y por eso sigo hacia arriba. Porque en la vida –como en las cumbres- no todo es fácil y una capacidad de aguante y resistencia es necesaria siempre para llegar a lo más alto. Por eso he pensado siempre que la montaña es mucho más que una actividad deportiva, que es una escuela para la vida y un paradigma de la existencia. Y en cualquier caso, ¿quién puede negar la magia y la atracción que un paisaje de montaña, una flor, un quebrantahuesos o un sarrio ejercen sobre nosotros?
Una vez le preguntaron a Mallory, el malogrado alpinista que en los años 20 del pasado siglo XX intentó escalar el Everest falleciendo fatalmente muy cerca de la cumbre, por qué ese empeño en subir a ese mundo inhóspito y frío, por qué iba a esa montaña entonces invencible. Mallory simplemente respondió : “porque está ahí”. Porque están ahí, las montañas, vamos. Para nuestro enriquecimiento personal y porque creemos que hay empeños que merecen generosidad a cambio de ese enriquecimiento.
EL TRISTE RETROCESO DE LOS BOSQUES
Tras la fría y desapacible etapa pasada, el nuevo día amanece soleado y cálido para permitirnos disfrutar de una bonita excursión por este valle en el que se encuentra uno de los últimos bosques de quenuales en buen estado de conservación. El quenual, un árbol de tamaño medio, es característico de los Andes peruanos y su corteza rojiza se utiliza como combustible y en el tratamiento de enfermedades intestinales. Se asienta por encima de los tres mil metros y es el árbol que crece a mayor altitud en el mundo, pues llega a cerca de 5.000 metros. Lamentablemente, en nuestros días, queda sólo cerca del dos por ciento de la superficie que una vez estuvo cubierta por estos árboles.
Esta desaparición de bosques es una maldición en las zonas montañosas del tercer mundo, acelerando el cambio climático, ya que los bosques son sumideros de CO2, uno de los gases causantes del llamado efecto invernadero. La deforestación incrementa, además, la erosión de las laderas, lo que pone en peligro la biodiversidad de estos hábitats, rompiendo el equilibrio de los procesos naturales de los ecosistemas de los bosques, y aumentando la probabilidad de peligros naturales, como avalanchas, desprendimientos e inundaciones.
Llegamos a la aldea de Huaripampa, donde, como ya es habitual en estos lugares, un grupo de niños viene corriendo a recibirnos y a pedirnos caramelos. Este lugar, alejado de todo signo de la moderna civilización, carece de infraestructuras de ninguna clase, la actividad agropecuaria es ancestral y encontramos un grupo de mujeres, ataviadas con los vestidos tradicionales de estos lugares andinos, que trabajan la lana en antiquísimos telares de madera. No podemos aquí hacernos entender. Sólo se habla quechua. No hay escuela local y el analfabetismo es casi general.
Conocemos, excepcionalmente, a Samuel, una persona que vive en una aldea próxima, de comportamiento refinado, bastante culto y que se expresa en un buen español. Es un hombre de unos 50 años de edad, una especie de cacique local, que intuyo tiene propiedades y que monta un buen caballo. Ha venido hasta aquí para hacer de intermediario entre un vecino suyo que quiere vender un mulo y el posible comprador que reside en Huaripampa. Él se encarga de ponerlos de acuerdo y de cerrar el trato. A pesar de ser aquí un hombre de “autoridad”, es también afable con nosotros, a quienes llama “gringos”. Como voy muy cansado tras las penalidades del día anterior, me presta su caballo y me permite ahorrar, montado en el mismo, una hora de dura subida.
UNA PLÉYADE DE CUMBRES HERMOSAS
Acampamos en Vaquería (3.700 metros). Una espléndida noche estrellada, la mejor de todas, permite a Juan mostrarnos las principales estrellas y constelaciones, que aquí en el hemisferio sur son diferentes a las de nuestras latitudes, destacando la llamada Cruz del Sur. Es el preludio de lo que nos va a deparar la última jornada, la de mejores vistas panorámicas. Remontamos todo el valle, hasta el Portachuelo de Llanganuco y desde el que una pléyade de bellísimas cumbres se contemplan. Es este punto uno de los que ofrece mayor espectacularidad de toda la Cordillera Blanca: los Huandoy, la impresionante cara sur del Chacraraju (6.112 metros), el Chopicalqui (6.345 metros), el Pisco (5.752 metros) y la cara norte de los picos de Huascarán, con uno de los poquísimos glaciares de lengua que aún es posible observar en estas montañas.
El rápido descenso termina en las lagunas Orcococha y Chinancocha, a 3.850 metros, donde se ubica otro de los accesos al Parque Nacional y desde donde regresamos a Huaraz en nuestra furgoneta. Desde nuestro hotel contemplamos por última vez este escenario grandioso que conforman el macizo del Huascarán y sus satélites. Su recuerdo y el de sus gentes nos acompañarán por mucho tiempo, esas gentes para las que querríamos un futuro de esperanza y de justicia, para que tengan la oportunidad de vivir dignamente en un lugar tan hermoso que debería ser para ellos una tierra de promisión y felicidad.
Las elevadas alturas permiten la existencia de importantes glaciares por encima de 4.500 metros, en cuyo retroceso han dejado un elevado número de lagunas. El nevado Huascarán (6.768 metros), que da nombre al Parque Nacional, es el de mayor altura del planeta en la franja comprendida entre los trópicos. Otros 32 picos tienen más de seis mil metros de altura.
Campesinos en Cashapampa |
En esta zona se encuentran también importantes yacimientos arqueológicos, entre los que destaca el Castillo de Chavín. La altura Chavín prosperó en forma de teocracia alrededor del año 1000 a.C. En la actualidad todo el Departamento, administrativamente hablando, recibe el nombre de Región Chavín. La capital es Huaraz, que concentra toda la actividad administrativa y comercial, y es conocida como la capital del andinismo. Aunque el idioma castellano es el más extendido, aún encontraremos nativos en remotas aldeas que sólo conocen el quechua, la lengua autóctona que es cooficial en toda la República del Perú.
Un largo viaje en autobús, de unas 10 horas, nos lleva desde Lima hasta Huaraz. Recorre un territorio tremendamente árido a lo largo del Pacífico, en dirección norte, antes de adentrarse en la montaña. Durante muchos kilómetros observamos el enorme cinturón de chabolas y miseria que rodea la capital. La gente vaga ociosa entre estas casuchas de ínfima calidad constructiva, sin ningún tipo de infraestructuras, sin redes de abastecimiento de agua potable ni de saneamiento. Muchos niños por doquier, testigos del problema de crecimiento demográfico incontrolado que es común al mundo subdesarrollado.
Quitarajn y Alpamayo |
Cuando vemos la situación de tantos países de América Latina, ricos en recursos y materias primas, y hundidos en la bancarrota y a merced de las políticas impuestas por el Fondo Monetario Internacional, nos damos cuenta de la trayectoria sucesiva de gobiernos corruptos que han esquilmado las arcas estatales, y que sólo se han preocupado de impulsar salvajes privatizaciones de las empresas nacionales para su medro personal. Es imposible contener las ansias de estas personas por salir de ese infierno y creer que su “Eldorado” particular está en Europa y particularmente, por razones de idioma, en España.
O entendemos que hay que contribuir a llevar allí el desarrollo para impedir estas migraciones masivas y que hay que terminar con las barreras comerciales frente a los productos de esos países, o nada podrá evitar las convulsiones que se avecinan. He hablado allí con profesionales brillantes, médicos, profesores, asentados en sus trabajos, pero profundamente desmoralizados, que también tenían su esperanza en la mínima oportunidad para venir a este lado del Atlántico.
UNA COMBINACIÓN PELIGROSA
Este cóctel peligroso de explosión demográfica, desindustrialización, gobernantes sin credibilidad, cambio climático con su secuela de sequías y catástrofes naturales está en la raíz del problema. Las preguntas en los albores de este siglo son, cómo garantizar la alimentación a las masas humanas que se sumarán a las ya existentes, cómo crear puestos de trabajo, cómo hacer frente a la destrucción continuada del medio natural o cómo reducir la tasa de natalidad.
Alpamayo |
Si a esto se suma el desempleo juvenil masivo y el aumento de la delincuencia, podremos entender las reacciones de tinte nacionalista y ultraconservador por parte de algunos sectores de la población nativa. La Unión Europea ha decidido coherentemente, en la Cumbre de Sevilla de junio de 2002, abordar una política común de inmigración para tratar de encauzar el problema y no vernos abocados a una desestabilización moral y política de la población. Es significativo cómo en Aragón, donde la densidad de inmigrantes está muy por debajo de la de países como Alemania, Holanda o Bélgica, en los barómetros de opinión que periódicamente realiza el Gobierno de Aragón, la inmigración sea ya citada como el tercer problema que más preocupa a la sociedad.
Digámoslo claramente. Son muchos los que no están dispuestos a aceptar una sociedad multicultural. Y esto es así, no tanto en relación con los inmigrantes procedentes de nuestro ámbito cultural o geográfico –América Latina y Europa del este- cuanto con aquellos de procedencia islámica. Giovanni Sartori, uno de los más destacados representantes de la ciencia política del campo de la izquierda liberal europea lo ha dejado recientemente escrito con total lucidez: “la inmigración sin límites es una amenaza”. Y se ha atrevido a decir lo que tantos piensan y no se atreven a formular públicamente por miedo a ser tachados de desviacionistas, reaccionarios o incluso racistas, por miedo a decir lo que se supone es “políticamente incorrecto”.
Glaciar de Taulliraju |
Añade Sartori, “Hay tres criterios para establecer la supervivencia en diversidad. El primero es la negación del dogmatismo, es decir, precisamente todo lo contrario que predica el islam. Cualquier cosa que uno haga tiene que ser explicada por argumentos racionales. No vale eso de que Dios lo dice, o de que es así. El segundo es que ninguna sociedad puede dejar de imponer el principio de impedir el daño y esto supone que todas nuestras libertades siempre acaban donde supondrían un daño o peligro de daño al prójimo. Y el tercero, y quizás más importante, es el de la reciprocidad. La reciprocidad dentro de la doctrina de la tolerancia supone que no podemos ser tolerantes con la intolerancia. Yo soy tolerante como anfitrión, pero tú tienes que serlo asimismo desde tu papel de huésped. La religión católica ha sido durante mucho tiempo muy intolerante; hoy no se lo puede permitir. Pero el islam sigue pensando en el poder de la espada. Y la obligación en estas religiones es distinta. A la Iglesia católica no le gusta que se vayan sus creyentes, pero se tiene que aguantar. La islámica no te lo permite”.
Finalmente Sartori abre una clave de esperanza respecto a una posible integración y aceptación de las reglas básicas de convivencia por parte de los inmigrantes musulmanes. Esa clave sería la escuela. En el ámbito educativo se completaría la integración de las segundas generaciones, porque la primera sería imposible por procedencia y nivel cultural.
CERTEZAS DIFÍCILES DE REBATIR
Terminaré esta reflexión acerca de la inmigración –que uno juzga inevitable cuando recorre el tercer mundo- con unas palabras muy lúcidas, a mi juicio, de Hermann Tertsch, publicadas en el diario El País, en febrero de 2002: “Existen certezas difíciles de rebatir. La primera es que la sociedad democrática es el modelo de convivencia que genera más bienestar, más dignidad y más libertad que cualquier otro. La segunda es que permitir que en su seno se generen células de culturas extrañas que no actúan según los mismos principios y se rigen por códigos étnicos, religiosos o tribales, supone una amenaza para el propio sistema. Sea el secuestro del voto por parte de clérigos en una comunidad musulmana o el ejercicio de la violencia, intimidación o desprecio de los derechos humanos en otros colectivos culturales cerrados, son infinidad los argumentos en contra de la aceptación y aún más del fomento de guetos culturales. Ni todas las culturas, ni todas las ideas, ni todas las costumbres son igualmente aceptables. Muchas son enemigas de la dignidad y la libertad. Las democracias occidentales han creado mecanismos de autocorrección de los que carecen otras culturas”.
Taulliraju |
Como en unas horas hemos pasado del nivel del mar, en la ciudad de Lima, a más de tres mil metros en Huaraz, una cierta sensación de falta de confort se experimenta al llegar, por lo que es aconsejable una estancia de un día en este lugar, antes de iniciar cualquier trekking, para aclimatarnos bien. Nosotros no lo hicimos y yo personalmente tuve problemas durante la travesía.
Nos encontramos con nuestro guía, Juan Morales, un hombre de estas tierras, muy afable, alpinista competente y extraordinario conocedor de la Cordillera, que ha subido en múltiples ocasiones a las dos cumbres del Huascarán. Enamorado de estas montañas, posee una amplia cultura relacionada con el medio natural de estos ecosistemas, y con su historia y tradiciones. Es un entusiasta de la medicina natural y nos ilustrará ampliamente con las aplicaciones curativas de un amplio elenco de flores y plantas que encontraremos durante los próximos cinco días de nuestra travesía.
LA LLEGADA AL PARQUE
Una furgoneta nos traslada hasta Cashapampa (2.980 metros), una aldea emplazada a la entrada de la Quebrada de Santa Cruz, donde se encuentra el acceso al Parque Nacional. Una rústica oficina cobra las tasas establecidas que deberían servir no sólo para mantener la guardería del Parque sino para mejorar las infraestructuras y equipamientos de la población del entorno. Pero, por lo visto, no está claro si los recursos allegados se destinan a estos objetivos o si la burocracia administrativa les da otro fin.
Juan procede a la contratación de las mulas que portearán nuestra carga, acompañadas por su arriero correspondiente. Hasta allí hemos seguido la carretera que, paralela al río Santa, recorre longitudinalmente el Callejón del Huaylas. Es un trayecto muy espectacular, que permite contemplar toda la vertiente occidental de estas montañas tan blancas, que refulgen bajo el sol, y que parecen cubiertas de una espesa capa de merengue que adopta las formas tan caprichosas de estos picos.
Cuando pasamos por Yungay, un estremecimiento nos recorre el cuerpo y nos hace recordar que toda esta región es de alta sismicidad. Un monumento junto a la carretera ha sido erigido en memoria de las 18.000 personas que vivían en el antiguo Yungay y que fueron sepultadas en 1970 por una terrible avalancha de nieve, hielo, lodo y barro, que se originó cuando se desprendió una parte de la zona más elevada de la cara sur del Huascarán Norte. Se aprecia perfectamente en éste el mordisco dejado al desgajarse el gigantesco bloque. La avalancha fue de tal magnitud que recorrió durante 10 kilómetros toda la Quebrada de Llanganuco hasta destruir por completo el pueblo entero. El nuevo Yungay se ha ubicado en una zona próxima protegida de posibles nuevos aludes.
Niños en Huaripampa |
Toda la región andina acusa terriblemente el cambio climático. Como ejemplo baste citar el glaciar Quelcaya de cuya agua dulce de fusión viven alrededor de 10 millones de habitantes en Lima. Este glaciar está en un proceso acelerado de fusión. En el último decenio su espesor se ha reducido más de la mitad, lo que constituye un peligro para garantizar el suministro de agua potable a esos millones de personas, y representa una tragedia en ciernes de alcance incalculable.
LAGUNAS, VALLES Y CASCADAS
La etapa siguiente asciende suavemente –siempre siguiendo un excelente sendero-, pasa por las lagunas Ichiccocha y Jatuncocha, donde reposan numerosas anátidas en sus azuladas aguas, y termina en unos prados de alta montaña al pie del circo que cierra el valle, en un lugar conocido como Taullipampa (4.200 metros). El día de hoy se ha cubierto rápidamente de nubes que pronto dan lugar a una ligera lluvia, que nos impide ver las cumbres que nos rodean. Al final de la tarde las condiciones climatológicas mejoran y nos descubre de repente que estamos instalados en un lugar incomparable y magnífico.
Hilanderas en Huaripampa |
Hace años se realizó una encuesta pública entre más de un centenar de los más prestigiosos alpinistas del mundo para que cada uno de ellos manifestara cuál era, desde su punto de vista, la montaña más bella del mundo. Fue elegida el Alpamayo. Y aunque la subjetividad de cada cual puede introducir matices, el consenso suscitado creo que está bien merecido. Cuando a la mañana siguiente los primeros rayos de sol iluminan al Alpamayo, una secreta satisfacción nos invade por la fortuna de admirar esta bellísima cumbre.
Este tercer día es para mí el más duro de la travesía. Una subida continuada nos permite alcanzar el paso de Punta Unión (4.750 metros) junto al Taulliraju. Este collado, en realidad una brecha en la arista sur que desciende del citado pico, nos da acceso a la cabecera de la Quebrada Huaripampa. Cuando alcancemos una zona de acampada a 3.800 metros, junto al río, instalaremos nuestras tiendas para pasar la noche, al pie del nevado Pirámide (5.885 metros).
He sufrido, como hacía tiempo que no me sucedía, en la larga subida a Punta Unión. Una deficiente adaptación a la altura –ya mencioné la corta estancia en Huaraz- me ha ido generando un persistente dolor de cabeza y una dificultad creciente para respirar, que se ha ido agudizando por encima de los cuatro mil metros. El trayecto se me hace interminable, cada metro ganado es un sufrimiento indescriptible. Hasta barajo la posibilidad de darme la vuelta y regresar. ¿Por qué sigo? Porque la belleza que me rodea es tal que puede hasta con las penurias. Soy aún capaz de apreciar la armonía que la naturaleza despliega ante mi vista. Y por eso sigo hacia arriba. Porque en la vida –como en las cumbres- no todo es fácil y una capacidad de aguante y resistencia es necesaria siempre para llegar a lo más alto. Por eso he pensado siempre que la montaña es mucho más que una actividad deportiva, que es una escuela para la vida y un paradigma de la existencia. Y en cualquier caso, ¿quién puede negar la magia y la atracción que un paisaje de montaña, una flor, un quebrantahuesos o un sarrio ejercen sobre nosotros?
El Chacraraju |
EL TRISTE RETROCESO DE LOS BOSQUES
Tras la fría y desapacible etapa pasada, el nuevo día amanece soleado y cálido para permitirnos disfrutar de una bonita excursión por este valle en el que se encuentra uno de los últimos bosques de quenuales en buen estado de conservación. El quenual, un árbol de tamaño medio, es característico de los Andes peruanos y su corteza rojiza se utiliza como combustible y en el tratamiento de enfermedades intestinales. Se asienta por encima de los tres mil metros y es el árbol que crece a mayor altitud en el mundo, pues llega a cerca de 5.000 metros. Lamentablemente, en nuestros días, queda sólo cerca del dos por ciento de la superficie que una vez estuvo cubierta por estos árboles.
Esta desaparición de bosques es una maldición en las zonas montañosas del tercer mundo, acelerando el cambio climático, ya que los bosques son sumideros de CO2, uno de los gases causantes del llamado efecto invernadero. La deforestación incrementa, además, la erosión de las laderas, lo que pone en peligro la biodiversidad de estos hábitats, rompiendo el equilibrio de los procesos naturales de los ecosistemas de los bosques, y aumentando la probabilidad de peligros naturales, como avalanchas, desprendimientos e inundaciones.
Llegamos a la aldea de Huaripampa, donde, como ya es habitual en estos lugares, un grupo de niños viene corriendo a recibirnos y a pedirnos caramelos. Este lugar, alejado de todo signo de la moderna civilización, carece de infraestructuras de ninguna clase, la actividad agropecuaria es ancestral y encontramos un grupo de mujeres, ataviadas con los vestidos tradicionales de estos lugares andinos, que trabajan la lana en antiquísimos telares de madera. No podemos aquí hacernos entender. Sólo se habla quechua. No hay escuela local y el analfabetismo es casi general.
Huascarán desde Portachuelo de Llanganuco |
UNA PLÉYADE DE CUMBRES HERMOSAS
Acampamos en Vaquería (3.700 metros). Una espléndida noche estrellada, la mejor de todas, permite a Juan mostrarnos las principales estrellas y constelaciones, que aquí en el hemisferio sur son diferentes a las de nuestras latitudes, destacando la llamada Cruz del Sur. Es el preludio de lo que nos va a deparar la última jornada, la de mejores vistas panorámicas. Remontamos todo el valle, hasta el Portachuelo de Llanganuco y desde el que una pléyade de bellísimas cumbres se contemplan. Es este punto uno de los que ofrece mayor espectacularidad de toda la Cordillera Blanca: los Huandoy, la impresionante cara sur del Chacraraju (6.112 metros), el Chopicalqui (6.345 metros), el Pisco (5.752 metros) y la cara norte de los picos de Huascarán, con uno de los poquísimos glaciares de lengua que aún es posible observar en estas montañas.
El rápido descenso termina en las lagunas Orcococha y Chinancocha, a 3.850 metros, donde se ubica otro de los accesos al Parque Nacional y desde donde regresamos a Huaraz en nuestra furgoneta. Desde nuestro hotel contemplamos por última vez este escenario grandioso que conforman el macizo del Huascarán y sus satélites. Su recuerdo y el de sus gentes nos acompañarán por mucho tiempo, esas gentes para las que querríamos un futuro de esperanza y de justicia, para que tengan la oportunidad de vivir dignamente en un lugar tan hermoso que debería ser para ellos una tierra de promisión y felicidad.