El Sobrarbe: la sierra de Espierba
07 de marzo de 2002 (14:57 h.)
La comarca del Sobrarbe es una de las de mayor raigambre y tradición histórica en Aragón. También es una de las zonas más despobladas de Europa, con una densidad de población inferior a los 2,5 hab/km2. Su pasado como condado se remonta al siglo X. Se conjugan armónicamente el patrimonio cultural –iglesias, ermitas, monasterios, arquitectura civil- y riquezas naturales tales como el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Pero además de este último que polariza el mayor número de visitas con problemas de masificación, hay otros lugares menos conocidos e igualmente hermosos, en los que todavía es posible saborear el gusto de la soledad, y el descubrimiento de parajes cuyo único pecado es su ausencia en un buen número de guías de montaña. La sierra de Espierba es un ejemplo de excursión que en un solo día nos permite descubrir el hermoso paisaje del Alto Sobrarbe.
Vea aquí el mapa de esta travesía
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Desde el municipio altoaragonés de Bielsa, la sierra de Espierba es una especie de telón de fondo que, en sentido transversal de oeste a este, separa el valle de Pineta y el del Río Real, culminando en el pico del Cuezo, una magnífica atalaya para contemplar el mar de montañas que lo rodean. Nuestra caminata empieza en el núcleo de Espierba, al que se accede por una estrecha carretera que serpentea por la ladera de la sierra de su mismo nombre. Ubicado a 1.400 metros y perteneciente al municipio de Bielsa, su caserío está disperso en varios barrios, con numerosas bordas en los alrededores.
En las últimas edificaciones del pueblo tomamos una pista en dirección este que suavemente nos introduce en el bosque que en esta época del año -otoño- es una ensalada multicolor de contrastes y policromados. Pronto llegamos a los Llanos de Diera, un amplio claro con algunas típicas bordas; un lugar encantador y solitario, relajante, uno de esos rincones que hemos dado en llamar de postal, desde donde disfrutamos de las vertiginosas canales y contrafuertes que se descuelgan de Puntas Verdes, en la vertiente sur del valle de Pineta. La niebla ha empezado a levantar y a descubrir, entre los jirones que deja, estas cumbres espolvoreadas con las primeras nieves que preludian el invierno y que nos hacen imaginar las estruendosas caídas de aludes y avalanchas por sus vertiginosas laderas.
Abandonamos la pista forestal antes de que se interne de nuevo en el bosque y nos dirigimos monte a través, ganando altura por una fuerte pendiente de terreno irregular e inestable, sin sendero definido, en dirección al punto más elevado a nuestra izquierda, conocido como pico del Cuezo. La ascensión se realiza entre restos de vegetación quemada por un pequeño y antiguo incendio forestal, entre nuevas matas de boj y arizones que han ganado terreno rápidamente. El esfuerzo es continuado y exigente, y por una especie de ancho pasillo entre pinos, superamos rápidamente cerca de 400 metros de desnivel hasta encaramarnos en el lomo de la misma sierra de Espierba. Por terreno más cómodo, en dirección este y dejando el bosque por debajo, llegamos a la misma cumbre, a 2.049 metros de altura.
El Cuezo es una especie de proa de toda esta sierra, un estratégico emplazamiento sobre la cabecera del valle de Bielsa y las montañas adyacentes. Al fondo, hacia el este se abre el valle de Urdiceto con la Punta Suelza como cumbre más destacada. Hacia el oeste, refulgientes por la nieve recién caída, el Monte Perdido, el collado de Añisclo, la Punta de las Olas, y el Soum de Ramond. Hacia el sur, la característica silueta de esas montañas que conocemos como las Tres Marías.
Muy cerca de nosotros, conformando la parte norte del valle del río Real se encuentran la llamada montaña de Ruego y el pico de La Mota, encima del pueblo de Chisagüés. Esta zona está siendo objeto en los últimos años de una iniciativa del Ayuntamiento de Bielsa para emplazar en ella una nueva estación de esquí alpino. El Sobrarbe es la única de las cuatro comarcas del Pirineo aragonés que no cuenta con un centro de estas características. No es ésta la única propuesta comarcal en este sentido.
EL ALTO SOBRARBE Y EL ESQUÍ
El vecino valle de Gistaín ha elegido la ya citada Punta Suelza como emplazamiento de una iniciativa similar. Los habitantes del Alto Sobrarbe consideran que las estaciones de esquí pueden ser una especie de piedra filosofal que traiga turismo de calidad, inversiones, recursos económicos y bienestar. No está claro, no obstante, que en el área descrita sea razonable desarrollar simultáneamente dos centros de esquí tan próximos.
Las inversiones requeridas son muy altas, especialmente en el caso de Punta Suelza que necesita un esfuerzo ímprobo para construir accesos, antes de pensar en la instalación de los remontes mecánicos. Y no entro en consideraciones respecto al futuro en sí mismo de una actividad que a pesar de la existencia de la innivación artificial precisa de precipitaciones de nieve natural, lo que la experiencia estadística nos demuestra que está en entredicho como consecuencia del cambio climático. Cada vez los inviernos son más suaves, las nevadas más escasas y el desarrollo de las temporadas invernales más incierto.
La apuesta de la estación de esquí en la zona de Ruego, con cumbres que llegan hasta los 2.500 metros de altura, sería la más lógica desde el punto de vista financiero y medioambiental. No requeriría una carretera de acceso nueva sino el asfaltado de una pista forestal ya preexistente; además, el Ayuntamiento de Bielsa se decanta por construir la necesaria infraestructura hotelera en los actuales núcleos urbanos para que la montaña elegida para el esquí preserve mejor sus características naturales. Lejos de fundamentalismos ecologistas que tratan de anatemizar todo lo que tiene que ver con el esquí alpino, y aún con el interrogante que suscita el ya mencionado cambio climático, la iniciativa belsetana, bien ejecutada y gestionada puede ser un ejemplo válido de desarrollo sostenible: la combinación en la misma área geográfica de un extraordinario espacio natural protegido –el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido-, y una estación de esquí, supone un factor indudable de progreso para las gentes de la comarca, al desestacionalizar la actividad turística y distribuirla durante la mayor parte del año. La clave del éxito estará siempre en la implicación de la población local, que debería defender con el mismo interés la existencia del Parque Nacional y el apoyo al nuevo centro invernal.
El regreso al punto de partida, completando así un bello itinerario circular lo hacemos descendiendo por la larga cresta en dirección oeste que conforma toda la sierra de Espierba. Avanzamos por un sendero hasta el collado de Sarratillón, con vistas del pico de Robiñera, uno de los tresmiles más desconocidos de esta parte del Pirineo.
Encontramos aquí una nueva pista forestal que proseguimos hasta el collado de La Sierra, donde se inicia un prolongado descenso por el bosque hasta regresar de nuevo a Espierba, no sin antes contemplar, en los claros que la vegetación nos permite, el contraste de la vegetación caducifolia que se metamorfosea en mil colores contra el fondo del macizo de Monte Perdido que sobresale imponente en la cabecera del valle de Pineta.
En las últimas edificaciones del pueblo tomamos una pista en dirección este que suavemente nos introduce en el bosque que en esta época del año -otoño- es una ensalada multicolor de contrastes y policromados. Pronto llegamos a los Llanos de Diera, un amplio claro con algunas típicas bordas; un lugar encantador y solitario, relajante, uno de esos rincones que hemos dado en llamar de postal, desde donde disfrutamos de las vertiginosas canales y contrafuertes que se descuelgan de Puntas Verdes, en la vertiente sur del valle de Pineta. La niebla ha empezado a levantar y a descubrir, entre los jirones que deja, estas cumbres espolvoreadas con las primeras nieves que preludian el invierno y que nos hacen imaginar las estruendosas caídas de aludes y avalanchas por sus vertiginosas laderas.
Abandonamos la pista forestal antes de que se interne de nuevo en el bosque y nos dirigimos monte a través, ganando altura por una fuerte pendiente de terreno irregular e inestable, sin sendero definido, en dirección al punto más elevado a nuestra izquierda, conocido como pico del Cuezo. La ascensión se realiza entre restos de vegetación quemada por un pequeño y antiguo incendio forestal, entre nuevas matas de boj y arizones que han ganado terreno rápidamente. El esfuerzo es continuado y exigente, y por una especie de ancho pasillo entre pinos, superamos rápidamente cerca de 400 metros de desnivel hasta encaramarnos en el lomo de la misma sierra de Espierba. Por terreno más cómodo, en dirección este y dejando el bosque por debajo, llegamos a la misma cumbre, a 2.049 metros de altura.
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Puntas Verdes |
Muy cerca de nosotros, conformando la parte norte del valle del río Real se encuentran la llamada montaña de Ruego y el pico de La Mota, encima del pueblo de Chisagüés. Esta zona está siendo objeto en los últimos años de una iniciativa del Ayuntamiento de Bielsa para emplazar en ella una nueva estación de esquí alpino. El Sobrarbe es la única de las cuatro comarcas del Pirineo aragonés que no cuenta con un centro de estas características. No es ésta la única propuesta comarcal en este sentido.
EL ALTO SOBRARBE Y EL ESQUÍ
El vecino valle de Gistaín ha elegido la ya citada Punta Suelza como emplazamiento de una iniciativa similar. Los habitantes del Alto Sobrarbe consideran que las estaciones de esquí pueden ser una especie de piedra filosofal que traiga turismo de calidad, inversiones, recursos económicos y bienestar. No está claro, no obstante, que en el área descrita sea razonable desarrollar simultáneamente dos centros de esquí tan próximos.
Las inversiones requeridas son muy altas, especialmente en el caso de Punta Suelza que necesita un esfuerzo ímprobo para construir accesos, antes de pensar en la instalación de los remontes mecánicos. Y no entro en consideraciones respecto al futuro en sí mismo de una actividad que a pesar de la existencia de la innivación artificial precisa de precipitaciones de nieve natural, lo que la experiencia estadística nos demuestra que está en entredicho como consecuencia del cambio climático. Cada vez los inviernos son más suaves, las nevadas más escasas y el desarrollo de las temporadas invernales más incierto.
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Las Tres Marías |
El regreso al punto de partida, completando así un bello itinerario circular lo hacemos descendiendo por la larga cresta en dirección oeste que conforma toda la sierra de Espierba. Avanzamos por un sendero hasta el collado de Sarratillón, con vistas del pico de Robiñera, uno de los tresmiles más desconocidos de esta parte del Pirineo.
Encontramos aquí una nueva pista forestal que proseguimos hasta el collado de La Sierra, donde se inicia un prolongado descenso por el bosque hasta regresar de nuevo a Espierba, no sin antes contemplar, en los claros que la vegetación nos permite, el contraste de la vegetación caducifolia que se metamorfosea en mil colores contra el fondo del macizo de Monte Perdido que sobresale imponente en la cabecera del valle de Pineta.