El Moncayo: Una travesía circular
20 de diciembre de 2002 (13:44 h.)
El Moncayo es el punto culminante de la cordillera Ibérica, el otro gran ecosistema de montaña de la región aragonesa junto con los Pirineos. Su elevada altura, por encima de los 2000 metros, le confiere el aspecto de un poderosos escarpe natural que se asoma a los llanos de la ribera del Ebro y que sirve de frontera natural entre Aragón y Castilla-León. Su altura le permite verse favorecido por vientos húmedos, lo que ha dado lugar a la existencia de una rica biodiversidad y un paisaje muy atractivo. Aunque una carretera de montaña lleva hasta la inmediaciones del Santuario del Moncayo, preferimos realizar una agradable travesía circular para captar la esencia de esta poderosa montaña –visible desde Zaragoza en los días claros de invierno- partiendo del lugar recreativo conocido como la fuente del Sacristán (1200 m), perfectamente señalizado en la mencionada carretera que inicia su recorrido en Agramonte. Hasta allí se accede, bien desde San Martín del Moncayo, o bien desde Vera y el monasterio de Veruela.
Vea aquí el mapa de esta travesía
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Hay algo en el Moncayo que le convierte en una cumbre peculiar. A pesar de tratarse de una subida carente de cualquier grado de dificultad técnica, por un sendero cómodo y de pendiente media, es frecuente encontrar aquí adversas condiciones climatológicas que convierten, a menudo, la subida en una excursión dura y trabajosa. Cuando hoy hemos salido de Zaragoza, el cierzo dominante nos ha hecho temer lo peor, y las nubes agarradas a la montaña que ya en Borja nos velaban la vista de la parte superior del Moncayo, no hacen sino confirmar nuestros temores.
El sendero se interna en el bosque y gana altura progresivamente, abrigándonos del viento, y haciéndonos disfrutar de la gran variedad de árboles, plantas y flores. El intenso gradiente topoclimático del Moncayo implica la aparición secuencial de bosques de carácter mediterráneo en la base, y de transición al bosque boreal propio de la región eurosiberiana en las zonas altas expuestas a los frentes húmedos del Atlántico. Aquí se encuentran robledales, hermosos hayedos y pinos silvestres y gran variedad de plantas como las hepáticas, brezos y helechos. Es un sendero muy bello que pasa por la fuente de los Frailes y que cruza la carretera en cuatro ocasiones. La parte final es de pendiente algo más acentuada y el pinar se vuelve más escaso, dejando ver resaltes de pizarra paleozoica. Pronto llegamos al Santuario (1620 m), donde encontramos un refugio y un restaurante.
En este lugar, desde la explanada hormigonada, tenemos una amplia panorámica de todo el Somontano del Moncayo y sus pequeños pueblos diseminados por el mismo. Observándolos, no puedo dejar de rememorar el largo proceso que tuvo lugar hasta conseguir la declaración del actual Parque Natural del Moncayo, para garantizar legalmente la conservación de este espléndido y singular ecosistema. El Moncayo contaba, desde finales de la pasada década de los 70, con una protección previa en una pequeña extensión de 1000 hectáreas. Un Real Decreto de octubre de 1978 creó el Parque Natural de la Dehesa del Moncayo. Una superficie ciertamente insignificante, que dejaba fuera otros enclaves de gran valor medioambiental y que suponía romper la unidad biogeográfica del territorio.
A principios de los años 90 la construcción de una urbanización de viviendas unifamiliares en Alcalá de Moncayo desató una fuerte oposición entre el movimiento ecologista, con frecuentes manifestaciones de todo tipo que tuvieron un gran eco mediático, y que alcanzaron gran resonancia cuando unos militantes de un grupo llamado Ecofontaneros se enterraron hasta el cuello en la misma obra.
Estas acciones tuvieron pronto su eco correspondiente en el debate político en las Cortes de Aragón. El eje de las reivindicaciones no era tanto paralizar las obras en curso –de hecho, hoy la urbanización está concluida y habitada- cuanto alertar acerca del peligro de un desarrollo urbanístico incontrolado y de la necesidad, en consecuencia, de ampliar sustancialmente la superficie protegida del Parque Natural. Y analizado ahora todo el proceso en perspectiva, creo que es posible afirmar, sin ambages, que las cosas se han hecho bien. No tan deprisa como a muchos les hubiera gustado, pero sí con prudencia y eficacia para conseguir vencer las resistencias de la población local.
La experiencia demuestra que tradicionalmente los montañeses ven con gran recelo, y plantean una oposición manifiesta, cualquier propuesta de declaración de un nuevo espacio natural protegido. Piensan en las limitaciones de sus actividades tradicionales y con grandes dosis de desconfianza, no acaban de entender qué es eso del desarrollo sostenible. El caso del Moncayo se ha constituido, a mi juicio, en un excelente laboratorio de cómo el diálogo y el razonamiento permiten avanzar en el reto solidario de la conservación del medio natural.
PRESERVAR LA DIVERSIDAD DEL ECOSISTEMA
El punto de arranque fue una ley del año 1992, que las Cortes de Aragón aprobaron por unanimidad, en la que se articulaban una serie de medidas para la ordenación integral del Somontano del Moncayo. La ley partía de una realidad incuestionable: en el conjunto de pueblos asentados en el Somontano se había producido una pérdida de población continuada, el 60% desde 1950, hasta llegar a los 11.000 habitantes entre todos ellos. Se reconocía que cualquier programa de desarrollo debía de hacer posible el mantenimiento de la alta cualificación de los recursos naturales de la comarca, teniendo como principios básicos la ordenada utilización de los mismos, su aprovechamiento sostenido y la preservación de la diversidad genética, singularidad y belleza de los ecosistemas y del paisaje.
Se constataba, asimismo, que las características geomorfológicas del Somontano del Moncayo constituían un marco adecuado para el desarrollo de otras actividades, diferentes de la tradicional agraria, tales como el turismo, y las relacionadas con el ocio, el descanso, el deporte de aventura y la segunda residencia. Para elevar el nivel de vida de la población y fomentar la implantación de actividades productivas, sobre todo en el sector servicios, se requería mejorar la red de comunicaciones y los equipamientos colectivos.
Se constituyó un Consejo de Coordinación, con participación de todos los Ayuntamientos y de la Diputación General de Aragón, para evaluar la aplicación del Programa de ordenación integral del Somontano del Moncayo. En los cuatro años de vigencia se invirtieron 1200 millones de pesetas (7.200.000 euros) que mejoraron las infraestructuras de la zona y permitieron avanzar en la consecución de objetivos como el fomento de actividades turísticas, la utilización racional del suelo, la recuperación de la vegetación autóctona y la protección de la vivienda y la arquitectura rural.
Con estos antecedentes, se inició en 1994 el complejo proceso de elaboración del Plan de Ordenación de los Recursos Naturales (PORN) de la Comarca del Moncayo. De acuerdo con la legislación vigente en materia de conservación de espacios naturales, el PORN es el instrumento de planificación de tales recursos, constituyendo sus disposiciones reglamentarias un límite para cualesquiera otros instrumentos de ordenación territorial o física, incluyendo la delimitación de posibles zonas en las que proceda la aplicación de alguna de las figuras de protección previstas para los espacios naturales. El proceso aludido fue muy duro y difícil, con una tensión fuerte entre los sectores maximalistas del ecologismo militante, y la oposición no menos visceral de algunos municipios a cualquier cosa que pudiera suponer ampliar el Parque Natural.
Una tarea paciente de búsqueda de consensos en torno a planteamientos racionales para hacer ver a la población local que el Parque sería en sí mismo una infraestructura que traería progreso y riqueza, alumbró cuatro años más tarde, en 1998, la aprobación del PORN y simultáneamente la declaración del nuevo Parque Natural del Moncayo, que multiplicaba por diez su superficie, hasta alcanzar las actuales 9.848 hectáreas. Dentro del nuevo perímetro del Parque se han incluido parajes y ecosistemas representativos desde el punto de vista científico, cultural, educativo, paisajístico y recreativo. Tal es el caso de los robledales y rebollares del monte de la Mata, los pastizales y matorrales de alta montaña (muelas de Horcajuelo y Morrón, y collados Bellido y del Muerto). También se ha incluido la vertiente meridional de la Sierra del Moncayo (Peñas de Herrera, Planas de Valdeascones y Barranco de Valdeplata), representativa del paisaje kárstico ibérico.
LA BELLEZA SORPRENDENTE DE UN PARQUE NATURAL
La ampliación del Parque Natural del Moncayo ha marcado un hito en la historia aragonesa de la conservación de nuestro rico patrimonio natural. La clave ha sido lograr la complicidad de aquellos sectores que aquí veían amenazas para su futuro. Resulta paradigmático de lo dicho, lo sucedido tres años después cuando se celebró, el 24 de mayo de 2001, el día europeo de los parques naturales, en el Moncayo.
El alcalde de Añón que en su día fue uno de los más duros opositores a la ampliación del Parque, es hoy el presidente del Patronato del mismo y sus declaraciones en la prensa ese día no dejaban lugar a dudas: “Al principio los pueblos teníamos muchos miedo, pero hemos visto que el parque no tiene limitaciones para los usos tradicionales y sí que está viniendo cada vez más gente”.
Con la satisfacción de estar pues en el corazón de este magnífico Parque Natural, iniciamos la subida al punto culminante de la Sierra, siguiendo el sendero que nace en la fuente de San Gaudioso, junto al Santuario. Nos situamos encima de los escarpes rocosos que protegen las edificaciones del mismo. El camino sube en lazadas por el bosque de pino silvestre y negro, donde crecen matorrales de piornos y enebros. Cuando el bosque termina, nos encontramos en un paisaje desnudo, de alta montaña.
Ante nosotros, parcialmente oculto por la niebla, uno de los tres circos que muestran la pasada impronta glaciar del Moncayo. Éste de San Miguel, también conocido como del Cucharón, ha sido excavado por los hielos cuaternarios, y son aún perceptibles las correspondientes morrenas. El sendero prosigue por la pedriza, remontando, a nuestra izquierda, un contrafuerte del circo. El viento y el frío son cada vez más intensos y el ambiente polar, que nos obliga a ponernos toda nuestra ropa de abrigo, no delata que esto sea el Moncayo. Observamos en la subida el también vecino circo glaciar de San Gaudioso. Una pareja de personas que ya desciende de la cima nos previene del viento que hoy barre las partes altas, e irónicamente nos dicen que habría que meterse piedras en los bolsillos para no ser arrastrados por el vendaval.
Una vez en el lomo de la sierra, enseguida alcanzamos en dirección norte la cumbre del Moncayo, o pico de San Miguel (2316 m), donde se ha emplazado una imagen de la Virgen del Pilar y un vértice geodésico. Allí estamos cuando se obra el “milagro”. La niebla levanta y aparece el sol, descubriendo la magnífica vista de las tierras sorianas, la ribera de Navarra, las sierras riojanas, el valle del Ebro y la barrera de los Pirineos al norte. Una vista dilatada que compensa la dureza de la jornada y que entre otras cosas, nos permite darnos cuenta de la presencia de varios parques eólicos en la vertiente castellana del Moncayo. Un impacto visual poco deseable que pone al desnudo la falta de protección de esta sierra en la vecina comunidad autónoma, como si los ecosistemas pudieran ajustar su dinámica y evolución a las caprichosas divisiones administrativas.
Caminamos de regreso por todo el lomo de la cordillera en dirección sureste, recorriendo todas las cimas hasta el pico de Lobera (2226 m) que ofrece una buena vista de la vertiente sur del macizo y del cerro Morrón. El descenso hasta el collado Bellido (1807 m), en dirección este, no plantea problemas. Aquí encontramos un bonito sendero que nos lleva de nuevo al Santuario recorriendo toda la vertiente nordeste del Moncayo, pasando bajo el tercero de los circos glaciares, el de Morca, y reencontrando el acogedor bosque que nos devolverá a nuestro punto de partida. Dejamos atrás el Moncayo, satisfechos de haber vivido una magnífica jornada de montaña, a sólo 100 kilómetros de Zaragoza, y convencidos de que este Parque Natural es una pequeña joya, que ha sido difícil de pulir, pero que felizmente brilla con luz propia para nuestro deleite personal, y para ser disfrutado por las generaciones venideras.
El sendero se interna en el bosque y gana altura progresivamente, abrigándonos del viento, y haciéndonos disfrutar de la gran variedad de árboles, plantas y flores. El intenso gradiente topoclimático del Moncayo implica la aparición secuencial de bosques de carácter mediterráneo en la base, y de transición al bosque boreal propio de la región eurosiberiana en las zonas altas expuestas a los frentes húmedos del Atlántico. Aquí se encuentran robledales, hermosos hayedos y pinos silvestres y gran variedad de plantas como las hepáticas, brezos y helechos. Es un sendero muy bello que pasa por la fuente de los Frailes y que cruza la carretera en cuatro ocasiones. La parte final es de pendiente algo más acentuada y el pinar se vuelve más escaso, dejando ver resaltes de pizarra paleozoica. Pronto llegamos al Santuario (1620 m), donde encontramos un refugio y un restaurante.
Santuario del Moncayo |
Cumbres del Moncayo |
Estas acciones tuvieron pronto su eco correspondiente en el debate político en las Cortes de Aragón. El eje de las reivindicaciones no era tanto paralizar las obras en curso –de hecho, hoy la urbanización está concluida y habitada- cuanto alertar acerca del peligro de un desarrollo urbanístico incontrolado y de la necesidad, en consecuencia, de ampliar sustancialmente la superficie protegida del Parque Natural. Y analizado ahora todo el proceso en perspectiva, creo que es posible afirmar, sin ambages, que las cosas se han hecho bien. No tan deprisa como a muchos les hubiera gustado, pero sí con prudencia y eficacia para conseguir vencer las resistencias de la población local.
La experiencia demuestra que tradicionalmente los montañeses ven con gran recelo, y plantean una oposición manifiesta, cualquier propuesta de declaración de un nuevo espacio natural protegido. Piensan en las limitaciones de sus actividades tradicionales y con grandes dosis de desconfianza, no acaban de entender qué es eso del desarrollo sostenible. El caso del Moncayo se ha constituido, a mi juicio, en un excelente laboratorio de cómo el diálogo y el razonamiento permiten avanzar en el reto solidario de la conservación del medio natural.
PRESERVAR LA DIVERSIDAD DEL ECOSISTEMA
Por las crestas del Moncayo |
Se constataba, asimismo, que las características geomorfológicas del Somontano del Moncayo constituían un marco adecuado para el desarrollo de otras actividades, diferentes de la tradicional agraria, tales como el turismo, y las relacionadas con el ocio, el descanso, el deporte de aventura y la segunda residencia. Para elevar el nivel de vida de la población y fomentar la implantación de actividades productivas, sobre todo en el sector servicios, se requería mejorar la red de comunicaciones y los equipamientos colectivos.
Inmediaciones del collado Bellido |
Con estos antecedentes, se inició en 1994 el complejo proceso de elaboración del Plan de Ordenación de los Recursos Naturales (PORN) de la Comarca del Moncayo. De acuerdo con la legislación vigente en materia de conservación de espacios naturales, el PORN es el instrumento de planificación de tales recursos, constituyendo sus disposiciones reglamentarias un límite para cualesquiera otros instrumentos de ordenación territorial o física, incluyendo la delimitación de posibles zonas en las que proceda la aplicación de alguna de las figuras de protección previstas para los espacios naturales. El proceso aludido fue muy duro y difícil, con una tensión fuerte entre los sectores maximalistas del ecologismo militante, y la oposición no menos visceral de algunos municipios a cualquier cosa que pudiera suponer ampliar el Parque Natural.
Circo de Morca |
LA BELLEZA SORPRENDENTE DE UN PARQUE NATURAL
La ampliación del Parque Natural del Moncayo ha marcado un hito en la historia aragonesa de la conservación de nuestro rico patrimonio natural. La clave ha sido lograr la complicidad de aquellos sectores que aquí veían amenazas para su futuro. Resulta paradigmático de lo dicho, lo sucedido tres años después cuando se celebró, el 24 de mayo de 2001, el día europeo de los parques naturales, en el Moncayo.
El alcalde de Añón que en su día fue uno de los más duros opositores a la ampliación del Parque, es hoy el presidente del Patronato del mismo y sus declaraciones en la prensa ese día no dejaban lugar a dudas: “Al principio los pueblos teníamos muchos miedo, pero hemos visto que el parque no tiene limitaciones para los usos tradicionales y sí que está viniendo cada vez más gente”.
Con la satisfacción de estar pues en el corazón de este magnífico Parque Natural, iniciamos la subida al punto culminante de la Sierra, siguiendo el sendero que nace en la fuente de San Gaudioso, junto al Santuario. Nos situamos encima de los escarpes rocosos que protegen las edificaciones del mismo. El camino sube en lazadas por el bosque de pino silvestre y negro, donde crecen matorrales de piornos y enebros. Cuando el bosque termina, nos encontramos en un paisaje desnudo, de alta montaña.
Acebo del Moncayo |
Una vez en el lomo de la sierra, enseguida alcanzamos en dirección norte la cumbre del Moncayo, o pico de San Miguel (2316 m), donde se ha emplazado una imagen de la Virgen del Pilar y un vértice geodésico. Allí estamos cuando se obra el “milagro”. La niebla levanta y aparece el sol, descubriendo la magnífica vista de las tierras sorianas, la ribera de Navarra, las sierras riojanas, el valle del Ebro y la barrera de los Pirineos al norte. Una vista dilatada que compensa la dureza de la jornada y que entre otras cosas, nos permite darnos cuenta de la presencia de varios parques eólicos en la vertiente castellana del Moncayo. Un impacto visual poco deseable que pone al desnudo la falta de protección de esta sierra en la vecina comunidad autónoma, como si los ecosistemas pudieran ajustar su dinámica y evolución a las caprichosas divisiones administrativas.
Caminamos de regreso por todo el lomo de la cordillera en dirección sureste, recorriendo todas las cimas hasta el pico de Lobera (2226 m) que ofrece una buena vista de la vertiente sur del macizo y del cerro Morrón. El descenso hasta el collado Bellido (1807 m), en dirección este, no plantea problemas. Aquí encontramos un bonito sendero que nos lleva de nuevo al Santuario recorriendo toda la vertiente nordeste del Moncayo, pasando bajo el tercero de los circos glaciares, el de Morca, y reencontrando el acogedor bosque que nos devolverá a nuestro punto de partida. Dejamos atrás el Moncayo, satisfechos de haber vivido una magnífica jornada de montaña, a sólo 100 kilómetros de Zaragoza, y convencidos de que este Parque Natural es una pequeña joya, que ha sido difícil de pulir, pero que felizmente brilla con luz propia para nuestro deleite personal, y para ser disfrutado por las generaciones venideras.