La vuelta al Posets
11 de abril de 2002 (18:58 h.)
El Posets, con sus 3.369 metros de altura, es la segunda cumbre más alta de los Pirineos. Es una montaña poderosa, un gran centinela pétreo que infunde una sensación de aislamiento, de vigilante, en medio de un laberinto de ibones, glaciares y picos de más de 3.000 metros. Está situado en un emplazamiento estratégico en el interior del Parque Natural Posets-Maladeta. El itinerario que recorremos, lleva camino de convertirse en uno de los itinerarios más clásicos de la vertiente española del Pirineo, apoyándose en la existencia de tres excelentes refugios de montaña que permiten realizar esta travesía en cuatro etapas si partimos del municipio de Benasque.
Vea aquí el mapa de esta travesía
Vea aquí el mapa de esta travesía
La caminata comienza en la entrada del valle de Estós, tras haber dejado nuestro vehículo en una explanada que sirve de aparcamiento, al final de una pista de tierra que nace en el puente de San Jaime, tres kilómetros al norte por la carretera de Benasque a los Llanos del Hospital. Estós es uno de los valles más deliciosos de esta parte del Pirineo, de ésos que no se cansa uno nunca de visitar, por el que discurre una agradable senda que entre bosques de pinos, avellanos, abetos, abedules y bojes, atravesando pastizales de alta montaña y con el telón de fondo del macizo del Perdiguero, nos permite acceder en cómoda subida hasta el refugio de Estós (1.890 metros), donde pernoctamos al final de la primera etapa. En la subida habremos dejado a la izquierda la senda que sube a los lagos de Batisielles.
El segundo día bajamos desde el refugio para cruzar el río Estós, ascendiendo luego en dirección sureste, suavemente, por el bosque de la vertiente opuesta, con hermosas vistas de los tresmiles que forman la cadena fronteriza, Portillón d’Oô, Gourgs Blancs y Perdiguero, entre otros. La senda se introduce por el barranco de Batisielles, sobresaliendo, por encima del bosque, las esbeltas Tucas de Ixeia. Tras pasar por el solitario y acogedor ibón de la Escarpinosa, ascendemos por terreno caótico a través de un canchal situado al norte de las escarpadas Agujas de Perramó, auténtico paraíso para los escaladores del granito.
El itinerario, menos evidente pero suficientemente señalizado con hitos de piedra para no extraviarse, se empina progresivamente y se hace más duro bajo el sol de mediodía que nos toca sufrir hoy, hasta alcanzar el collado de la Plana (2.702 metros), encontrándonos de frente con la mole del Posets, que visto desde aquí ofrece un perfil en forma de trapecio isósceles. Descendemos por la pedrera al pequeño ibón que se encuentra junto al collado, continuando hasta alcanzar el lago de las Alforjas. Desde aquí, una senda en dirección sur recorre la margen derecha del barranco que nace en el citado ibón, alcanzando sin mayores dificultades el refugio Ángel Orús, situado a 2.100 metros de altura, en la cabecera del valle conocido como Aigüeta de Eriste.
PLAN DE INFRAESTRUCTURAS DE MONTAÑA
Este refugio y el de Estós forman parte del plan de construcción de nuevas infraestructuras montañeras que se ha llevado a cabo durante los últimos años, al amparo de los convenios suscritos por el Gobierno de Aragón, Consejo Superior de Deportes y Federación Aragonesa de Montaña. Los refugios han sido construidos por la empresa Prames, bajo la eficiente dirección de Modesto Pascau. No es fácil edificar en estas alturas, conjugando el respeto debido al entorno natural en el que se asientan, con los necesarios estándares de calidad que son exigibles en los tiempos actuales a este tipo de instalaciones. Los refugios no son obviamente, hoteles de montaña, pero sí deben de suministrar servicios adecuados de restauración y alojamiento con objeto de facilitar el acceso a la montaña al mayor número posible de ciudadanos.
La montaña no debe ser un reducto cerrado y disuasorio sino que, por el contrario, hay que promover una tarea de concienciación y sensibilización ambiental haciendo más sencilla la accesibilidad a las personas amantes de la naturaleza. El refugio Ángel Orús recientemente concluido es, al mismo tiempo, un alojamiento digno para montañeros, un albergue para pastores y una base equipada para rescates en caso de accidentes en montaña. El buen hacer de Modesto Pascau ha sido clave para llevar a buen puerto el Plan de Refugios en Aragón.
Modesto es todo un personaje en el mundo del montañismo aragonés, con una peripecia vital extraordinaria, con un dinamismo incansable que encarna como nadie la simbiosis del respeto a la montaña y al montañés. Sólo así se comprende que, en dos ocasiones, el Gobierno de Aragón haya concedido las medallas al mérito profesional y al deportivo al propio Modesto y a la empresa que representa.
EL IBÓN DE LLARDANETA
La tercera etapa sigue inicialmente el itinerario que, en dirección noroeste, lleva a la cumbre del Posets a través del barranco, de la Canal Fonda. En un pequeño llano herboso al pie de dicho barranco, abandonamos lo que sería la subida al Posets para dirigirnos hacia el oeste al recóndito ibón de Llardaneta, en medio de un hermoso circo de montañas que forman las crestas del Forcau, la Forqueta y el Tucón Royo. Entre estas dos últimas cumbres se abre el collado de Eriste (2.860 metros), al que se llega por una empinada y descompuesta ladera de piedras y tasca.
Desde aquí, aprovechando el buen horario que llevamos, ascendemos a la vecina cima del pico de la Forqueta (3.010 metros), fácilmente alcanzable, en apenas veinte minutos, con una trepada sencilla por la cresta norte. Espléndidas vistas sobre el Posets, los picos de Eriste, el valle de Chistau y en la lejanía, el macizo de la Maladeta. De nuevo en el collado, bajamos atravesando pequeños neveros e inestables canchales hasta las proximidades del lago inferior de Millares.
El descenso, en fuerte pendiente, sigue por la margen derecha del barranco de la Ribereta, se interna en el bosque y por buena senda llega hasta la zona conocida como las granjas de Viadós, cruzando el río Cinqueta de Añes Cruces, teniendo ya a la vista el refugio de Viadós, a 1.760 metros de altura, de propiedad particular y que con tan buen saber hacer gestiona Joaquín Cazcarra.
BIODIVERSIDAD EXTRAORDINARIA
El paisaje en el entorno de este refugio resume, como ningún otro, el devenir geológico y cultural de los Pirineos. Un mundo de extraordinaria biodiversidad, bosques, flores y fauna; un macizo de una fuerza extraordinaria como el Posets, 1.600 metros por encima de nuestras cabezas, y un valle que en su actual conformación es fruto de la acción responsable del hombre, que durante siglos ha traído aquí sus ganados para pastar y ha construido las bordas que, diseminadas por los alrededores, confieren un encanto especial al conjunto, integrándose de forma armoniosa en la gran obra de la naturaleza.
La última etapa recorre íntegramente el tramo balizado del GR-11 a su paso por esta zona. En suave ascenso alcanzamos el Plan de Añes Cruces siguiendo la margen orográfica derecha del barranco. Desde aquí el sendero zigzaguea con mayor pendiente hasta alcanzar el Puerto de Chistau (2.592 m.) desde donde tenemos una buena vista del pico de Bachimala y del macizo de los Clarabides. El descenso hasta Estós no presenta problemas, atravesando extensos praderíos en los que es frecuente encontrar pastando rebaños de vacas.
Cerramos de esta manera nuestra travesía circular cuando llegamos nuevamente al refugio de Estós del que salimos una mañana temprano, hace apenas tres días. Desde aquí sólo nos resta recorrer en sentido inverso el camino que hicimos a lo largo del valle de Estós, para reencontrarnos de nuevo con el punto de partida.
PARAÍSO NATURAL
La travesía nos ha permitido conocer un área de belleza incomparable. Bosques, valles recónditos, flores multicolores, ibones, macizos graníticos y calcáreos que componen una sinfonía armoniosa de aristas afiladas, corredores enhiestos, paredes desafiantes para el alpinista, glaciares que aún cubren los altos circos entre las cumbres, todo un mundo modelado a lo largo de los siglos, una muestra espléndida del ecosistema pirenaico.
Si algún lugar era merecedor de la declaración de Parque Natural, éste de Posets-Maladeta lo era de forma indiscutible, y esta vuelta al Posets que hemos hecho permite comprenderlo mejor. Tuve siempre un empeño personal en la protección de esta parte del Pirineo aragonés. Subí por primera vez al Aneto y al Posets en el año 1972, siendo un adolescente, y comprendí entonces que estaba en un territorio de belleza incomparable.
Desde entonces he ido decenas de veces a esos valles y montañas y empezaba a percibir un cierto desasosiego en la medida en que el desarrollo tecnológico empezaba a hacer concebir a algunos intereses económicos muy particulares, proyectos de intervención en la zona que podían suponer un deterioro irreversible del paisaje y del entorno. A finales de la década de los setenta empezaron a aparecer noticias en algunos medios de comunicación que hablaban de una estación de esquí sobre el mismísimo glaciar de la Maladeta, con remontes que superarían la cota de los tres mil metros, y las consiguientes urbanizaciones en el Plan de Están.
Esto sucedía a la vez que en otras partes del Pirineo se consolidaban las áreas protegidas legalmente: Parque Nacional de los Pirineos en la vertiente francesa y ampliación del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido en la vertiente española. Tenía claro, en consecuencia, que esta parte oriental del macizo pirenaico requería urgentemente la creación de un espacio natural protegido.
UNA LEY PARA CREAR UN PARQUE
Fue así como, años más tarde, desde mi responsabilidad pública como diputado de las Cortes de Aragón decidí dedicar todos mis esfuerzos para proteger legalmente este territorio. Coincidí una mañana de primavera con mi buen amigo Gonzalo Albasini, excelente conocedor del Pirineo y compañero de muchas aventuras montañeras, en la panadería del núcleo de Lanave, y le propuse participar en la redacción de una norma de carácter legislativo. De esta forma, tuve el honor de elaborar, presentar e impulsar la Proposición de Ley de Creación del Parque Posets-Maladeta, que defendí ante el pleno del Parlamento aragonés en 1993. La acogida favorable –no exenta de reticencias- de los alcaldes que presidían los ayuntamientos en cuyos términos municipales se asienta el Parque –Montanuy, Benasque, Sahún, San Juan del Plan y Gistaín-, y el apoyo de los diferentes grupos parlamentarios de aquel tiempo, permitió que la ley se aprobara por unanimidad y se promulgara el 23 de junio de 1994. Un sencillo acto protocolario en el Plan de Están, en agosto de ese mismo año, simbolizaba la puesta de largo de este nuevo parque natural.
Ninguna otra acción de las que he llevado a cabo en mis largos años de dedicación política e institucional me ha proporcionado tanta satisfacción íntima como la de haber sido el promotor de este Parque. Creo que sus 30.000 hectáreas configuran un extraordinario ecosistema de alta montaña y un legado para las generaciones que nos sucedan. El Parque debe ser un auténtico motor de desarrollo que multiplique las expectativas de los aragoneses que allí viven.
Posets-Maladeta comprende además de los macizos del mismo nombre, los valles glaciares de Cinqueta de la Pez, Añes Cruces, Eriste, Estós, Ésera, Vallibierna y Salenques, y tiene como finalidad salvaguardar sus valores de todo tipo, conservando y garantizando el uso racional de sus recursos naturales.
La administración del Parque depende del Gobierno de Aragón, quien nombra un director para llevar a cabo la gestión ordinaria. Como órgano clave de colaboración y participación en la gestión, se ha configurado un Patronato en el que participan instituciones y entidades que pueden contribuir a la mejor ordenación y protección del espacio natural. En particular, se da en él una importancia relevante a los ayuntamientos, participando también las entidades ecologistas y, entre otros, la Federación Aragonesa de Montaña.
El Gobierno de Aragón me designó en el año 2000 presidente del Patronato, reconociendo mi papel en la creación del Parque Natural. Desde él trabajamos para aprobar un Plan de Ordenación de los Recursos Naturales y para conseguir que Posets-Maladeta sea un ejemplo vivo de lo que debe ser un modelo de desarrollo sostenible. El futuro de los Parques depende de su consideración como infraestructuras que crean progreso y bienestar, y del apoyo presupuestario de la administración pública correspondiente. Estoy seguro de que el Parque Natural Posets-Maladeta será cada vez más valorado y apreciado por todos y, en consecuencia, reconocido como una seña de identidad de los aragoneses.
Para comprender todo lo dicho, no hay como sentarse un día de cielo despejado, al atardecer, delante del refugio de Viadós. Contemplar la mole del Posets, inconfundible, enorme, vestida de rojo intenso mientras los bosques del valle se hunden en la penumbra, y disfrutar una sensación íntima de quietud, de paz, de gozosa dicha, y desear que más personas vengan para amar estos parajes, protegerlos y sumarse al combate interminable de la conservación de la naturaleza.
El segundo día bajamos desde el refugio para cruzar el río Estós, ascendiendo luego en dirección sureste, suavemente, por el bosque de la vertiente opuesta, con hermosas vistas de los tresmiles que forman la cadena fronteriza, Portillón d’Oô, Gourgs Blancs y Perdiguero, entre otros. La senda se introduce por el barranco de Batisielles, sobresaliendo, por encima del bosque, las esbeltas Tucas de Ixeia. Tras pasar por el solitario y acogedor ibón de la Escarpinosa, ascendemos por terreno caótico a través de un canchal situado al norte de las escarpadas Agujas de Perramó, auténtico paraíso para los escaladores del granito.
El itinerario, menos evidente pero suficientemente señalizado con hitos de piedra para no extraviarse, se empina progresivamente y se hace más duro bajo el sol de mediodía que nos toca sufrir hoy, hasta alcanzar el collado de la Plana (2.702 metros), encontrándonos de frente con la mole del Posets, que visto desde aquí ofrece un perfil en forma de trapecio isósceles. Descendemos por la pedrera al pequeño ibón que se encuentra junto al collado, continuando hasta alcanzar el lago de las Alforjas. Desde aquí, una senda en dirección sur recorre la margen derecha del barranco que nace en el citado ibón, alcanzando sin mayores dificultades el refugio Ángel Orús, situado a 2.100 metros de altura, en la cabecera del valle conocido como Aigüeta de Eriste.
PLAN DE INFRAESTRUCTURAS DE MONTAÑA
Valle de Estós |
La montaña no debe ser un reducto cerrado y disuasorio sino que, por el contrario, hay que promover una tarea de concienciación y sensibilización ambiental haciendo más sencilla la accesibilidad a las personas amantes de la naturaleza. El refugio Ángel Orús recientemente concluido es, al mismo tiempo, un alojamiento digno para montañeros, un albergue para pastores y una base equipada para rescates en caso de accidentes en montaña. El buen hacer de Modesto Pascau ha sido clave para llevar a buen puerto el Plan de Refugios en Aragón.
Modesto es todo un personaje en el mundo del montañismo aragonés, con una peripecia vital extraordinaria, con un dinamismo incansable que encarna como nadie la simbiosis del respeto a la montaña y al montañés. Sólo así se comprende que, en dos ocasiones, el Gobierno de Aragón haya concedido las medallas al mérito profesional y al deportivo al propio Modesto y a la empresa que representa.
EL IBÓN DE LLARDANETA
Circo de la Forqueta |
Desde aquí, aprovechando el buen horario que llevamos, ascendemos a la vecina cima del pico de la Forqueta (3.010 metros), fácilmente alcanzable, en apenas veinte minutos, con una trepada sencilla por la cresta norte. Espléndidas vistas sobre el Posets, los picos de Eriste, el valle de Chistau y en la lejanía, el macizo de la Maladeta. De nuevo en el collado, bajamos atravesando pequeños neveros e inestables canchales hasta las proximidades del lago inferior de Millares.
El descenso, en fuerte pendiente, sigue por la margen derecha del barranco de la Ribereta, se interna en el bosque y por buena senda llega hasta la zona conocida como las granjas de Viadós, cruzando el río Cinqueta de Añes Cruces, teniendo ya a la vista el refugio de Viadós, a 1.760 metros de altura, de propiedad particular y que con tan buen saber hacer gestiona Joaquín Cazcarra.
BIODIVERSIDAD EXTRAORDINARIA
Macizo de Eriste |
La última etapa recorre íntegramente el tramo balizado del GR-11 a su paso por esta zona. En suave ascenso alcanzamos el Plan de Añes Cruces siguiendo la margen orográfica derecha del barranco. Desde aquí el sendero zigzaguea con mayor pendiente hasta alcanzar el Puerto de Chistau (2.592 m.) desde donde tenemos una buena vista del pico de Bachimala y del macizo de los Clarabides. El descenso hasta Estós no presenta problemas, atravesando extensos praderíos en los que es frecuente encontrar pastando rebaños de vacas.
Cerramos de esta manera nuestra travesía circular cuando llegamos nuevamente al refugio de Estós del que salimos una mañana temprano, hace apenas tres días. Desde aquí sólo nos resta recorrer en sentido inverso el camino que hicimos a lo largo del valle de Estós, para reencontrarnos de nuevo con el punto de partida.
PARAÍSO NATURAL
La travesía nos ha permitido conocer un área de belleza incomparable. Bosques, valles recónditos, flores multicolores, ibones, macizos graníticos y calcáreos que componen una sinfonía armoniosa de aristas afiladas, corredores enhiestos, paredes desafiantes para el alpinista, glaciares que aún cubren los altos circos entre las cumbres, todo un mundo modelado a lo largo de los siglos, una muestra espléndida del ecosistema pirenaico.
Tucas de Ixeia |
Desde entonces he ido decenas de veces a esos valles y montañas y empezaba a percibir un cierto desasosiego en la medida en que el desarrollo tecnológico empezaba a hacer concebir a algunos intereses económicos muy particulares, proyectos de intervención en la zona que podían suponer un deterioro irreversible del paisaje y del entorno. A finales de la década de los setenta empezaron a aparecer noticias en algunos medios de comunicación que hablaban de una estación de esquí sobre el mismísimo glaciar de la Maladeta, con remontes que superarían la cota de los tres mil metros, y las consiguientes urbanizaciones en el Plan de Están.
Esto sucedía a la vez que en otras partes del Pirineo se consolidaban las áreas protegidas legalmente: Parque Nacional de los Pirineos en la vertiente francesa y ampliación del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido en la vertiente española. Tenía claro, en consecuencia, que esta parte oriental del macizo pirenaico requería urgentemente la creación de un espacio natural protegido.
UNA LEY PARA CREAR UN PARQUE
Fue así como, años más tarde, desde mi responsabilidad pública como diputado de las Cortes de Aragón decidí dedicar todos mis esfuerzos para proteger legalmente este territorio. Coincidí una mañana de primavera con mi buen amigo Gonzalo Albasini, excelente conocedor del Pirineo y compañero de muchas aventuras montañeras, en la panadería del núcleo de Lanave, y le propuse participar en la redacción de una norma de carácter legislativo. De esta forma, tuve el honor de elaborar, presentar e impulsar la Proposición de Ley de Creación del Parque Posets-Maladeta, que defendí ante el pleno del Parlamento aragonés en 1993. La acogida favorable –no exenta de reticencias- de los alcaldes que presidían los ayuntamientos en cuyos términos municipales se asienta el Parque –Montanuy, Benasque, Sahún, San Juan del Plan y Gistaín-, y el apoyo de los diferentes grupos parlamentarios de aquel tiempo, permitió que la ley se aprobara por unanimidad y se promulgara el 23 de junio de 1994. Un sencillo acto protocolario en el Plan de Están, en agosto de ese mismo año, simbolizaba la puesta de largo de este nuevo parque natural.
Ninguna otra acción de las que he llevado a cabo en mis largos años de dedicación política e institucional me ha proporcionado tanta satisfacción íntima como la de haber sido el promotor de este Parque. Creo que sus 30.000 hectáreas configuran un extraordinario ecosistema de alta montaña y un legado para las generaciones que nos sucedan. El Parque debe ser un auténtico motor de desarrollo que multiplique las expectativas de los aragoneses que allí viven.
Amanecer sobre la Maladeta |
La administración del Parque depende del Gobierno de Aragón, quien nombra un director para llevar a cabo la gestión ordinaria. Como órgano clave de colaboración y participación en la gestión, se ha configurado un Patronato en el que participan instituciones y entidades que pueden contribuir a la mejor ordenación y protección del espacio natural. En particular, se da en él una importancia relevante a los ayuntamientos, participando también las entidades ecologistas y, entre otros, la Federación Aragonesa de Montaña.
El Gobierno de Aragón me designó en el año 2000 presidente del Patronato, reconociendo mi papel en la creación del Parque Natural. Desde él trabajamos para aprobar un Plan de Ordenación de los Recursos Naturales y para conseguir que Posets-Maladeta sea un ejemplo vivo de lo que debe ser un modelo de desarrollo sostenible. El futuro de los Parques depende de su consideración como infraestructuras que crean progreso y bienestar, y del apoyo presupuestario de la administración pública correspondiente. Estoy seguro de que el Parque Natural Posets-Maladeta será cada vez más valorado y apreciado por todos y, en consecuencia, reconocido como una seña de identidad de los aragoneses.
Para comprender todo lo dicho, no hay como sentarse un día de cielo despejado, al atardecer, delante del refugio de Viadós. Contemplar la mole del Posets, inconfundible, enorme, vestida de rojo intenso mientras los bosques del valle se hunden en la penumbra, y disfrutar una sensación íntima de quietud, de paz, de gozosa dicha, y desear que más personas vengan para amar estos parajes, protegerlos y sumarse al combate interminable de la conservación de la naturaleza.