Desde Isaba a Sant Maurici por el GR-11
22 de mayo de 2002 (21:37 h.)
GR-11 son las siglas con las que se denomina el Sendero de Gran Recorrido que desde el cabo de Higer, en el Cantábrico, llega hasta el cabo de Creus, en el Mediterráneo. Magnífico itinerario que enlaza la vertiente pirenaica de cuatro comunidades autónomas: País Vasco, Navarra, Aragón y Cataluña, y del estado de Andorra. Un camino que une dos mares, que fortalece la unión entre pueblos, lenguas y culturas diferentes y que nos permite contemplar, paso a paso, la majestuosidad e historia de estas tierras de alta montaña. Para apreciar su diversidad y belleza, nada mejor que aprovechar unas vacaciones de verano y recorrer toda la parte central del GR-11, en 16 etapas, desde Isaba en Navarra hasta el lago de Sant Maurici, en el Pirineo Catalán.
Vea aquí el mapa de esta travesía
Vea aquí el mapa de esta travesía
PRIMERA PARTE:
ISABA-BALNEARIO DE PANTICOSA (5 ETAPAS)
Con la ilusión de los muchos días por delante y lugares por descubrir, salimos una mañana temprano de la villa navarra de Isaba (814 metros), que nos ofrece en sus robustos edificios de piedra una clara impronta de estilo tradicional vasco-pirenaico. Esta parte navarra del GR-11 adolece de una señalización –las marcas de pintura blanca y roja- bastante deficiente, por lo que hay que prestar atención y hacer uso de la cartografía para no despistarse en el bosque y en los diferentes cruces de pistas y caminos.
Cuando alcanzamos la zona de pastizal alpino, teniendo abajo a nuestra izquierda la selva de Berroeta, estamos en un amplio rellano a los pies de la Peña Ezcaurri (2.045 metros), primer dosmil del Pirineo y frontera entre Navarra y Aragón. Subimos hasta la cumbre por una amplia canal en su vertiente sur, con una vista espléndida en todas las direcciones. El descenso hasta el camping de Zuriza (1.227 metros), en Aragón, lo realizamos por la vertiente norte, siguiendo un sendero que atraviesa un denso hayedo.
La red de refugios a lo largo de la travesía que estamos haciendo no está completada, por lo que deberemos hacer uso de tiendas de campaña para pernoctar en algunos campings, como esta primera noche en Zuriza. Por eso hemos tenido especial cuidado en programar con mucha antelación las vacaciones, y contamos con un oportuno vehículo de apoyo, que nos traslada tiendas y víveres de punto a punto. Al fin y al cabo hemos venido a disfrutar, y situados una buena parte del grupo por encima de los 40 años cumplidos, con 16 largas etapas, de hasta ocho horas de tiempo efectivo caminando algunas de ellas, nos hemos planteado no llevar una carga mortificante. Suficiente dureza aportan algunas zonas específicas, amén de las condiciones climatológicas que nos esperan. Pensemos que en otros grandes macizos de montaña del mundo, los grandes `trekkings´ clásicos se hacen con porteadores para facilitar la accesibilidad a territorios inhóspitos y difíciles.
Desde
Zuriza hasta Oza atravesamos las cabeceras de los valles de Ansó y Echo, a
través del collado de Petraficha (1.961 metros). Esta parte del Pirineo
aragonés, de clara influencia atlántica, atesora algunos de los mejores bosques
de hayas y abetos, que han dado lugar a explotaciones forestales que, junto con
la ganadería extensiva, son todavía la base de la economía familiar de estas
gentes, que conservan uno de los tesoros culturales más preciados: la fabla
aragonesa tradicional, el ansotano y el cheso. Podemos admirar cumbres muy
bellas, los Dientes de Alano, la Peña Forca, Acherito y hermosos lirios de
montaña que tapizan de azul algunos de los extensos prados que
encontramos.
Este sector pirenaico es de una rica y variada biodiversidad, sobreviviendo los últimos osos autóctonos, auténticas reliquias a preservar, objeto de una interminable polémica entre los defensores de su reintroducción y los habitantes del área, que temen por sus rebaños. En el marco del programa LIFE de la Unión Europea se han liberado algunos ejemplares traídos de Eslovenia, en la parte central del Pirineo francés. Algunas de las nuevas parejas ya se han reproducido y se han avistado incluso en la vertiente española, en el valle de Arán.
Por ahora la polémica no sube de intensidad, entre otras cosas, gracias al programa europeo de ayudas agroambientales que prima cada cabeza de ganado ante hipotéticos riesgos de ataque por oso, aunque éstos no se hayan producido hasta la fecha. Hay que contemplar con esperanza el futuro de la especie, que dependerá no sólo de medidas de carácter económico, sino de programas de sensibilización y educación ambiental prolongados en el tiempo y que en otros territorios, como Picos de Europa, han traído tiempos de esperanza para el porvenir del oso.
EL RETO DE COMBINAR TURISMO Y TRADICIÓN
Ansó y Echo junto a otros municipios de la comarca han trabajado, con seriedad y altas cotas de participación, en la elaboración durante los últimos años de un Plan de Ordenación de los Recursos Naturales para esta parte occidental del Pirineo Aragonés. Ejemplarmente, se han limado diferencias y se ha entendido que hay que conjugar esfuerzos para proseguir con las actividades agropecuarias tradicionales, encauzar el turismo creciente y preservar el medio natural. Han sido las propias corporaciones locales las que, en una actitud constructiva que puede servir de ejemplo en otros lugares, han propuesto la creación del Parque Natural de los Valles Occidentales, que llegaría desde La Mesa de los Tres Reyes, en la frontera con Navarra, hasta el collado de la Magdalena y picos de Lecherín, en la parte alta del valle de Aísa.
Habiendo acampado en el llamado Plano de la Mina (1.250 metros), en Oza, debemos muy temprano abandonar el lugar por requerimiento de la Guardia Civil que pretende sancionarnos por acampar sin una, al parecer, autorización preceptiva. Recorremos la extensa llanura conocida como Aguas Tuertas, donde el río se retuerce en decenas de meandros, muy hermosos con esta luz matutina.
Sin encontrar el dolmen del que hablan las guías correspondientes, llegamos al ibón de Estanés, siempre a nuestra derecha las esbeltas cumbres de la Sierra Benera. Para llegar hasta Candanchú (1.550 metros) donde pernoctaremos, debemos excepcionalmente penetrar en territorio francés, por debajo de los farallones calizos del Bozo, retornando a España por el llamado bosque de las hayas, hasta la citada estación de esquí. Aún tenemos tiempo, antes de dormir, de mantener una animada tertulia con el inolvidable Pepe Garcés, guarda en ese momento del refugio de Santa Cristina, que nos habla con ilusión de sus proyectos inminentes.
Desde Candanchú nos adentramos por la Canal Roya, que recorremos en toda su longitud. Un valle acogedor y recóndito por el que remontamos hasta los ibones de Anayet, al este de los picos del mismo nombre. Algunos le echamos ganas y subimos hasta el Vértice (2.555 metros), característica cima de esquistos rojizos, con una excelente vista del Midi d’Ossau y del vecino Valle de Izas. El descenso hasta Sallent de Gállego (1.305 metros), en cuyo camping haremos noche, se hace por el barranco de Culibillas y la estación de esquí de Formigal.
UN RECORRIDO POR TERRITORIO OLÍMPICO
Esta etapa
nos ha llevado, en el día de hoy, a través del llamado territorio olímpico, ya
que hasta tres estaciones de esquí alpino se asientan en el entorno: Candanchú,
Astún y Formigal. Desde que Jaca aspirara a ser sede de los Juegos de Invierno
de 1998, la apuesta por la candidatura se ha venido manteniendo con el apoyo de
los sucesivos gobiernos de Aragón.
La candidatura para el evento de 2010 es la que ha llevado a plantear a los promotores de la iniciativa la unión física de las estaciones de esquí mencionadas. Se aduce además la necesidad de conformar una gran oferta turística, un dominio esquiable capaz de competir con otras estaciones del Pirineo –se cita expresamente Baqueira Beret- o incluso de los Alpes. Hay iniciativas contrapuestas para que esta unión se haga o por Canalroya o por Izas. Estos dos valles, de claro origen glaciar, discurren paralelamente al eje de la cadena pirenaica y son de los más hermosos del Pirineo, con una flora excepcional y en los que es posible contemplar yacimientos megalíticos de importancia.
Hay iniciativas que piden la declaración de un Parque Natural en Anayet, incluyendo estos dos valles. Temo que la conjunción de varios intereses económicos, cuando no especulativos, va a abocar a la ocupación de estas joyas paisajísticas por cables, pilonas, remontes y pistas de acceso.
Pienso que la candidatura olímpica puede ser una buena idea si sirve para hacer avanzar infraestructuras largamente reclamadas en Aragón y que servirían para poner en valor nuestra renta de situación geoestratégica. Me refiero al eje carretero transpirenaico, especialmente en su tramo Yebra de Basa-Fiscal, y a la reapertura del túnel ferroviario de Canfranc, así como el impulso al nuevo túnel de baja cota para la travesía del Pirineo Central, que facilitaría la intermodalidad del transporte. Pero no creo que sea una condición sine qua non la unión de las estaciones.
El propio
Comité Olímpico Internacional prima los proyectos de candidaturas en las que se
apueste por el desarrollo sostenible. Formigal, por ejemplo, tiene suficientes
posibilidades de ampliación hacia la frontera con Francia, sin necesidad de
invadir Canal Roya o Izas. Quizás el proyecto Jaca Olímpica tuviera más
facilidades y fuera una oportunidad de desarrollo real si junto a las
infraestructuras citadas, modernizara y ampliara las actuales estaciones hasta
donde sea posible, y ofertara simultáneamente el Parque Natural de Anayet. Y no
quiero entrar a valorar otros interrogantes de difícil respuesta. Cada vez son
más recurrentes los inviernos con escasas precipitaciones de nieve. El cambio
climático y la suavización de temperaturas, dificultando hasta la innivación
artificial, crea dudas razonables respecto a la garantía del “elemento blanco”
en el año 2010 o en sucesivas citas olímpicas.
Nos espera una próxima etapa dura. Con dificultades añadidas inesperadas. Somos bastantes los que hacemos la marcha con una molesta diarrea, fruto seguramente del agua en malas condiciones que bebimos en un barranco, por Oza, un par de días antes.
Pasando por el embalse de la Sarra, un cómodo camino entre bosque, remonta el río Aguaslimpias y tras fuerte subida nos deja al pie del gran muro de hormigón de la presa de Respomuso. La cruzamos, dejando a nuestra izquierda el camino que lleva al nuevo refugio de Respomuso. Mientras ganamos altura, el macizo de Balaitús y sus crestas graníticas emergen con fuerza en el horizonte, así como la Fache y demás cumbres del circo de Piedrafita. Un repecho muy empinado, por glera inestable, nos permite acceder al collado de Tebarray y desde aquí, en una media hora, nos plantamos en la cima del Pico de Tebarray, a 2.917 metros. Debajo, el idílico y circular ibón, también llamado de Tebarray, a los pies de los picos del Infierno.
El
descenso por neveros y canchales -pasa cerca del pequeño glaciar central de los
Infiernos- nos permite contemplar la evolución a unos 50 metros de una pareja de
sarrios, y tras un recorrido por los lagos Azules e ibones de Bachimaña, termina
en el Balneario de Panticosa (1.640 metros).
En el refugio Casa de Piedra pasaremos un día completo de descanso, nos recuperaremos de nuestra indisposición, recobraremos fuerzas y disfrutaremos de unos relajantes baños termales en este complejo turístico, hoy en decadencia, pero al que aguarda un futuro prometedor si las inversiones previstas se materializan.
SEGUNDA PARTE:
BALNEARIO DE PANTICOSA-BENASQUE (6 ETAPAS)
Amanece cuando dejamos el Balneario por la Fuente de la Salud, tomando un sendero que, en dirección sureste con numerosos zigzags, nos deja en el embalse de Brazato (2.360 metros), con los consabidos y antiestéticos restos de todas las obras hidráulicas de los años 50, que hemos encontrado y encontraremos por doquier y que nadie se ha molestado nunca en retirar. La salida del sol nos sorprende aquí gratamente, iluminando con fuerza, frente a nosotros, las cumbres del Garmonegro y Argualas, encima del Balneario. Continuamos la subida por los ibones altos de Brazato, hasta el collado. El descenso hacia el valle del Ara nos depara una gran vista de la intrincada vertiente occidental del macizo de Vignemale.
Cruzamos con cuidado el río Ara que nace por estos pagos, y que desembocará muchos kilómetros aguas abajo en el río Cinca, manteniendo su configuración natural y virgen, pues es aquél uno de los escasos ríos de importancia en el Pirineo central que no presenta obra alguna de regulación. Desechada la construcción del embalse de Jánovas, tras una evaluación negativa de impacto ambiental, es previsible que el Ara siga siendo siempre el río que ahora conocemos.
El
camino, que ahora tomamos por la margen izquierda del cauce, desemboca en una
pista por la que se llega al caserío de San Nicolás de Bujaruelo (1.338 metros)
tras cruzar un puente medieval. Pasaremos la noche en unos dormitorios
colectivos que nos ofrece el mesón. Una buena comida y la música de la Ronda de
Boltaña pone el broche a una bonita etapa. Una intensa lluvia cae durante la
tarde y gran parte de la noche, lo que nos hace alegrarnos de no haber montado
las tiendas de campaña, optando por la solución bajo techo.
Estos días he hablado con gentes de la zona que me han trasladado su preocupación por lo que consideran una expropiación de su territorio. Los grandes embalses previstos en la margen izquierda del Ebro, el recrecimiento de Yesa en el río Aragón, el embalse de Biscarrués en el río Gállego y el de Santaliestra en el río Ésera, despiertan por estas comarcas altoaragonesas muchos temores y desconfianzas. No es fácil creer en promesas de restituciones y compensaciones cuando, como ya he comentado antes, las afecciones de las obras de hace 30 años siguen abiertas en carne viva.
El planteamiento del trasvase del Ebro, recogido en la ley del Plan Hidrológico Nacional, ha reforzado los argumentos de quienes defienden la ahora llamada “nueva cultura del agua”. En el siglo XXI no son las razones económicas las que pueden guiar la política hidráulica. La propia Unión Europea con sus Directivas en materia de aguas, hábitats y aves, ha colocado en el centro del problema las razones ambientales y de sostenibilidad.
Si descabellado es detraer más de 1.000 hectómetros cúbicos del Ebro para ahondar en los desequilibrios entre la España interior y la periferia, donde se encuentra el desarrollo y un modelo de crecimiento caduco, con la amenaza de regresión salvaje de un espacio de alto valor ecológico como el Delta del Ebro, tan descabellado es fiar el porvenir de Aragón a las servidumbres e hipotecas de grandes embalses que afectan de lleno al desarrollo de los valles del Pirineo. Este tipo de obras se van a enfrentar a considerables problemas jurídicos desde el punto de vista de la legislación ambiental, y debemos analizarlo con las mismas consideraciones que informan la oposición razonada al trasvase.
El Pacto
del Agua de Aragón fue un documento suscrito en 1992, cuya realización hasta el
presente apenas ha alcanzado a un 10 % de los objetivos planteados y que se
concibió en un contexto que no es el del presente. No es obviamente, un dogma de
fe inamovible. Consolidar el regadío actual y terminar los planes ya declarados
de interés general puede hacerse, sin duda alguna, optimizando el actual sistema
hidráulico, modernizando a fondo la red de distribución y aplicando las
tecnologías de vanguardia en materia de riegos, que aúnan ahorro y eficiencia.
Una redefinición de prioridades, sobre la base de un nuevo consenso político,
nos llevaría a actuar preferentemente en la margen derecha del Ebro, ejecutando
obras de regulación que tienen alto grado de apoyo social, y que podrían
implementar un regadío bienvenido en comarcas con alto índice de regresión
demográfica.
LOS SECRETOS DE ORDESA Y MONTE PERDIDO
Empiezan a abrirse claros en el cielo cuando, al día siguiente, llegamos al Puente de los Navarros, tras recorrer la pista a lo largo del valle de Bujaruelo. Entramos en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, remontando el llamado camino de Turieto por un magnífico y umbrío bosque de hayas y abetos que termina en la llamada pradera de Ordesa, al pie del Tozal del Mallo.
Una pista ancha, repleta de turistas, seguramente es el lugar más masificado del Pirineo, a pesar de la regulación de accesos que opera en verano, recorre la margen derecha del río Arazas y nos deleita con un festín de rincones y paisajes cautivadores hasta dejarnos en la cascada “Cola de Caballo” en el circo de Soaso. Aquí dejamos atrás a la mayor parte de la gente, que hacen de esta excursión de ida y vuelta la joya de la corona del Parque Nacional. Una trepada, por una clavijas fijas en la roca, nos permite superar los escalones calcáreos del circo. El sendero en suaves lazadas nos deja en el refugio de Góriz (2.160 metros) a media tarde. Tenemos tiempo suficiente para el descanso en la terraza del refugio y, con el cielo ya completamente despejado, para disfrutar de una bella puesta de sol sobre el Taillon y el Casco, en la cadena fronteriza al norte de Góriz.
Dejamos el refugio muy temprano, en dirección este, entre un caos de tiendas de campaña que demanda una regulación a gritos por los problemas de gestión ambiental que generan, y llegamos al encuentro del sol en el collado de Arrablo, desde donde subimos a la vecina cumbre de Punta Custodia (2.504 metros) para contemplar toda la grandiosidad de la “cicatriz” de Ordesa y de la vertiente sur del macizo de Monte Perdido.
Descendemos con precaución a la Fuen
Blanca, en el valle de Añisclo. Tomamos a la izquierda una senda que remonta la
margen izquierda del río Bellós, hasta el collado de Añisclo (2.440 metros),
impresionante tajo que nos separa del valle de Pineta, entre la Punta de las
Olas y la Suca. Sorprende pensar que desde aquí un camino pueda bajar por la
otra vertiente, pero es así. Por empinadas pedreras y tasca perdemos altura
vertiginosamente, encontrando en la parte superior la mayor concentración de
flores de nieve que nunca antes haya visto en mi vida. Decenas y decenas de
enormes edelweiss deleitan nuestra vista.
Tras algunos destrepes fáciles en las zonas más complicadas, llegamos a la zona de acampada de Pineta (1.290 metros), no lejos del Parador Nacional y de la ermita de Nuestra Señora de Pineta. Exhaustos tras una etapa larga y bastante dura, nos quedan fuerzas para un baño en las aguas gélidas del río Cinca y para enfrentarnos a un suculento chuletón de la mejor cocina del parador.
Una etapa cómoda y muy agradable nos llevará hasta Parzán. El camino, a través de un tupido hayedo, nos deja en los llanos de La Larri y continúa en dirección sureste por un encantador valle colgado en la vertiente sur de la sierra de Espierba, un excelente mirador de todo el valle de Pineta, de los glaciares de la cara norte de Monte Perdido –refulgentes bajo el intenso sol del que hoy disfrutamos-, y del collado de Añisclo que atravesamos en la jornada anterior.
Tras superar el collado de Pietramula (2.150 metros), perdemos altura suavemente, hasta alcanzar la cabecera del valle del río Real. Una deteriorada pista recorre su margen izquierda, pasa al pie de lo que pretende ser una futura estación de esquí, llamada Ruego, en esta comarca del Sobrarbe, y termina en la aldea de Chisagüés.
Un par de kilómetros por carretera asfaltada y estamos en el núcleo de Parzán. No encontramos aquí ninguna zona disponible para instalar nuestras tiendas, por lo que decidimos remontar por la carretera que va a Francia durante 1,5 kilómetros. A la entrada del barranco de Urdiceto (1.200 metros) un restaurante nos autoriza a acampar esa noche, en un prado anexo de su propiedad, y nos prepara unos excelentes garbanzos para una confortable y reparadora cena.
Una larga y pesada pista nos hace ganar altura por el barranco de Urdiceto hasta el llamado Paso de los Caballos (2.326 metros), muy cerca del ibón que se encuentra al pie de la Punta Suelza, destacada cumbre de casi 3.000 metros de altura, en cuya vertiente norte existe un proyecto de una nueva estación de esquí alpino. El descenso nos introduce en el característico paisaje del valle de Chistau, uno de los lugares del Pirineo aragonés en el que mejor se conserva la fabla local, pero que sufre de graves problemas de regresión demográfica y de envejecimiento, favorecidos por el secular aislamiento que unas deficientes infraestructuras de comunicación han generado.
EXPECTATIVAS DE FUTURO DEL VALLE DE CHISTAU
Algunas
expectativas de futuro para esta zona se abren a partir de la existencia
combinada de dos factores: por un lado, la vecindad del Parque Natural
Posets-Maladeta, auténtica joya de los espacios naturales protegidos de Aragón,
y por otro, el ya citado proyecto de estación de esquí en Punta Suelza. Ambos
factores podrían generar un desarrollo turístico a lo largo de todo el año que
invierta el actual estado de cosas en los tres pueblos más significativos del
valle: Gistaín, Plan y San Juan de Plan. Pero en el caso del esquí se requieren
muy fuertes inversiones en accesos y habría que analizar con rigor el impacto
ambiental de las nuevas infraestructuras y su compatibilidad socioeconómica con
la análoga iniciativa de Ruego, en el vecino valle de Bielsa.
Estos valles son excelentes para la ganadería extensiva, en clara disminución los últimos años, y se ven salpicados de bordas, como las de Licierte, que hallamos en la bajada, configurando un bucólico paisaje.
En estas bordas nace una pista que desemboca en otra que, proveniente de San Juan de Plan, remonta todo el río Cinqueta. Enseguida alcanzamos un camping para pasar la noche, a 1.700 metros, muy cerca del refugio de Viadós. La puesta de sol sobre la gran mole del macizo del Posets es extraordinaria.
Un drástico cambio de tiempo, nada anormal, por otra parte, en estas áreas de la alta montaña, nos sorprende de madrugada. Una típica entrada de aire frío del norte trae nubes, viento helado y lluvia. Desapacible jornada que sigue una parte de la clásica vuelta al Posets.
En medio de la niebla seguimos la ascensión por el barranco de Añes Cruces y posteriormente por el de Gistaín, para en fuerte pendiente, con una ventisca de nieve que nos hace muy dura esta parte de la travesía, atravesar el collado de Gistaín (2.592 metros) y sin descansar, ateridos por el frío, iniciar el descenso hasta el refugio de Estós, donde el guarda y buen amigo Turmé, siempre con su tradicional afabilidad, nos prepara un delicioso caldo que nos repone rápidamente de los sinsabores climatológicos, que nos ha dejado ayunos del panorama de tresmiles que brindaba el collado que hemos dejado atrás.
Aún nos quedan fuerzas suficientes para recorrer en descenso el valle de Estós, agradecer el abrigo que nos proporcionan sus bosques y montar las tiendas de campaña en uno de los campings que se encuentran junto al Puente de San Jaime (1.250 metros), a unos 4 kilómetros de Benasque, en la carretera que termina en los Llanos del Hospital. El cansancio acumulado en los últimos días nos aconseja un día de descanso en este querido valle. Un tímido sol nos permitirá además secar tiendas y demás enseres, lavar ropa y aprovisionarnos para la última parte de la travesía.
TERCERA PARTE:
BENASQUE-SANT MAURICI (5 ETAPAS)
Benasque es uno de los municipios que ha
tenido un crecimiento más sólido y continuado en Aragón. Ejemplo de
transformación de una economía de raíz primaria en otra, en la que los servicios
ligados al turismo son el motor de desarrollo. Todo se ha concitado aquí para
que el valle de Benasque haya invertido la tendencia socioeconómica inherente a
muchas zonas de montaña. En primer lugar, paisaje de una riqueza indescriptible.
Las grandes cumbres del Pirineo están en esta zona, con una biodiversidad
asociada extraordinaria. En segundo lugar, sinergias generadas por las
actividades de verano e invierno, el reclamo del Parque Natural y sus montañas
por un lado, y de la estación de esquí de Cerler, por otro. En tercer lugar, la
iniciativa de personas y dirigentes sociales e institucionales que han sabido
dinamizar toda la economía del valle. Sirva de ejemplo el papel jugado por una
persona como Sebastián Esteban, director de la Estación de Cerler, que ha
contribuido con una gestión eficaz a conformar uno de los mejores complejos de
esquí alpino de España, y con unas posibilidades de crecimiento inmensas. Y
sirva también de ejemplo el papel que pueden desempeñar las administraciones
públicas, pues Cerler ha sido posible por la voluntad del Gobierno de Aragón,
que en tiempos de recesión y ausencia de inversiones privadas, se hizo con la
mayoría del capital de la sociedad que gestionaba el centro invernal, trazó un
plan de consolidación y desarrollo y ha sido un ejemplo de iniciativa pública de
gran rentabilidad social para la comarca entera.
Todo ello no excusa para decir que el fulgurante desarrollo urbanístico de Benasque debe hacerse respetando el entorno y arquitectura tradicional y no cometiendo los errores que, en otros lugares, han supuesto atrocidades para la tipología urbana tradicional. Cerler es un mal ejemplo de actuaciones exentas de rigor y que son comunes a todas las que se hicieron en las estaciones de esquí hace 25 años: grandes edificios, con fachadas pintadas de colores chillones y construidos con materiales que nada tienen que ver con el urbanismo del valle.
Iniciamos la última etapa por tierras aragonesas. En el mismo puente de San Jaime, un camino remonta la margen izquierda del río Ésera y al llegar a la confluencia del barranco de Vallibierna se abandona, tomando la pista forestal que se interna por este último valle. Dos horas de agradable subida, inicialmente por un cerrado bosque de abetos, con abundancia de fresas silvestres, más tarde por bosque de pino negro, terminando con la zona de pastizales típica de la alta montaña benasquesa.
El sol
luce hoy en todo su esplendor, y la tormenta de los últimos días ha dejado un
ligero manto de nieve, por encima de 2.900 metros. Aparecen como espolvoreadas
de harina las cumbres que asoman por encima de la cabecera del valle, destacando
la Tuca de Culebras.
Tras pasar por el refugio de Coronas, en realidad una cabaña de pescadores, la pista se convierte pronto en sendero, y a la entrada de la pleta de Llosás, tras cruzar el torrente, prosigue hasta el ibón inferior de Vallibierna, de limpias aguas verde-azuladas. Contemplamos, hermosa y desafiante a nuestra izquierda, la cresta granítica que va desde el Aneto hasta el pico de Russell, pasando por el Tempestades y Margalida. Dejamos a un lado el ibón superior, en medio de un paisaje caótico y adusto, para alcanzar por neveros y entre bloques de granito el collado de Vallibierna (2.710 metros).
Tras un largo descanso, en el que damos cuenta de una buena longaniza, iniciamos un descenso hasta la cola del embalse de Llauset, tras haber rodeado por la margen izquierda el pequeño ibón de Botornás. Bordeamos el embalse por el norte, atravesamos dos túneles excavados cuando se hizo la presa, cruzamos ésta por la barandilla y pronto estaremos en el refugio de Llauset (1.940 metros). Ha sido una de las etapas más largas y de mayor desnivel de las que se pueden encontrar a lo largo del GR-11, pero también de las más bonitas y variadas.
EL PARQUE NATURAL DE LOS PIRINEOS
En los últimos años se ha debatido en varias ocasiones acerca de la conveniencia de crear un Parque Natural de los Pirineos Aragoneses, que abarcara desde Balaitús y cabecera del valle de Aguaslimpias, encima de Sallent de Gállego, hasta el límite con Cataluña, donde hoy nos encontramos.
El propio Gobierno de la Diputación General de Aragón ha propuesto un estudio sobre este asunto en el Proyecto de Ley de Ordenación, Protección y Desarrollo del Pirineo que ha remitido al Parlamento regional. Esta iniciativa tiene grandes defensores, mi buen amigo y uno de los ecologistas más serios y competentes que conozco, Gonzalo Albasini, está entre ellos. Creo que la propuesta tardaría mucho tiempo en materializarse, quizás demasiado, ya que requeriría preceptivamente elaborar y aprobar previamente un Plan de Ordenación de los Recursos Naturales de todo el Pirineo aragonés y, posteriormente, tramitar la ley de declaración correspondiente.
Además
habría que trabar un difícil consenso con un alto número de administraciones
locales implicadas, cuando es conocido el grado de resistencia que la población
de estos valles plantea. Y sobre todo, habría que garantizar un plan de
financiación en consonancia, ya que sin recursos presupuestarios adecuados año
tras año, la frustración se instala y el fracaso está garantizado. Sólo con la
complicidad de la población local se pueden dar pasos en la dirección
pretendida. Habría un último problema: cómo integrar el Parque Nacional de
Ordesa y Monte Perdido, cuya gestión depende sustancialmente de la
Administración Central, en la nueva figura de protección.
Por todo esto, y tras haber hecho la travesía integral de esta parte del Pirineo, me pregunto, ¿hay un grado de conservación adecuado hasta el momento de nuestro gran macizo de montaña? Creo que comparado con la situación de hace diez o quince años hemos dado pasos de gigante, que hay que consolidar.
Tenemos, de derecha a izquierda, el Parque Natural de Posets-Maladeta, el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido y, pronto, el Parque Natural de los Valles Occidentales. En la vertiente francesa, contamos con un gran Parque Nacional de los Pirineos. En conjunto, y aunque el anhelo de un gran Parque Natural de los Pirineos Aragoneses sea perfectamente legítimo, lo que hay es un buen punto de partida en el reto apasionante de legar a las siguientes generaciones un ecosistema bien conservado y que permita vivir dignamente a sus moradores. El Pirineo es una gran cadena, y en conjunto, desde el punto de vista ambiental y de desarrollo sostenible, de las más equilibradas del mundo, aunque precisamente por eso, no hay que bajar la guardia.
Camino de Cataluña, retomamos los pasos de la jornada anterior hasta el embalse de Llauset. A la salida de un pequeño túnel, tomamos la bifurcación del GR-11 hacia la derecha, en dirección noreste, ganando altura en amplias lazadas por laderas herbosas y, más tarde, por un campo de bloques fragmentados. Desde el collado de Anglios (2.429 metros) se contempla al fondo el macizo de los Besiberris y abajo, a nuestros pies, la cuenca lacustre en la que reposan los ibones de Anglios. Un lugar solitario, poco visitado, de indudable belleza y que permanece inalterado. Desde el ibón Gran de Anglios podemos disfrutar de la sobria grandeza del circo glacial y de las cumbres que lo cierran.
El descenso por el valle del Río Bueno y la parte baja del de Salenques es de lo mejor que puede ofrecer el Parque Natural de Posets-Maladeta. Estamos en el sector oriental del Parque, el perteneciente al municipio de Montanuy, muy poco conocido, posiblemente por su carácter periférico. Salenques es un valle virgen absolutamente delicioso. Un bosque tupido de hayas y abetos, salpicado de avellanos, tapizado de enormes manchas de denso musgo, en el que apenas penetra la luz solar en algunos tramos, y en el que el murmullo del vecino cauce del río es una dulce música de fondo. Aislados del exterior, nos invade una gran sensación de paz bajando por este bosque de magníficas proporciones, de lo mejor que hemos encontrado en todo el Pirineo.
Repentinamente
salimos a la carretera N-230, de Lérida a Viella, en el llamado puente de
Salenques, que marca el límite de la Comunidad Autónoma de Aragón. Desde aquí, y
tras cruzar el río Noguera Ribagorzana, cogemos una pista a la izquierda, en
regular estado, que remonta el curso fluvial y que nos permite llegar fácilmente
al refugio del Hospital de Viella (1.630 metros), muy cerca de la boca sur del
túnel de Viella, con margen de tiempo suficiente para librarnos de una
espectacular tormenta de agua y granizo que ilumina con sus descargas eléctricas
el sombrío atardecer.
Las etapas que nos quedan para concluir la travesía propuesta nos van a permitir conocer la parte alta del Parque Nacional de Sant Maurici y Aigüestortes, el mejor espacio natural protegido del Pirineo catalán. Un parque de cientos de lagos, de numerosas montañas de más de 2.500 metros, de pastizales y bosques, de singulares agujas graníticas, dotado de una completísima red de refugios guardados, que se han asociado y ofrecen un bono conjunto para recorrerlos todos ellos, en una especie de travesía circular que te da una completa visión del Parque Nacional.
El primer día visitamos los inmensos lagos de Estany Tort de Rius y Estany de Mar, de grandes proporciones, a los pies del pico Besiberri Nord. Para ello, desde el Port de Rius, a donde se llega cómodamente desde el refugio donde pernoctamos, abandonamos excepcionalmente el tramo balizado del GR-11 y, por sendero debidamente amojonado, bordeamos los dos lagos citados, el primero, por el norte, y el segundo, por el sur.
El camino se nos hace bastante pesado por las continuas subidas y bajadas que hay que efectuar, pero la grandiosidad de estos ibones lo compensa todo. El refugio de la Restanca (2.010 metros), junto a una pequeña presa, nos servirá de descanso este día y nos permitirá apreciar la mayor afición al senderismo y a la montaña por estos pagos, dada la gran concentración de personas que aquí hacemos noche y otras muchas que vemos pasar en ambas direcciones durante toda la tarde.
Hoy vamos a aprovechar la circunstancia de tratarse de una etapa corta y muy cómoda, junto con la presencia de un tiempo espléndido, para hacer la ascensión a la cumbre del Montarto, una montaña emblemática en el vecino valle de Arán. Recordaba la vista en invierno de esta montaña desde la localidad de Artíes, con una silueta poderosa y muy hermosa, emergiendo por encima del fondo del Valtartíes. No podíamos perder la ocasión de ascenderla teniéndola a tiro de piedra. Por eso, apenas ha amanecido dejamos atrás la Restanca y en fuerte subida, pasando por el embalse de Estany del Cap del Port alcanzamos el collado de Güellicrestada (2.475 metros), deslumbrándonos los primeros rayos de sol que hacen brillar intensamente los vecinos lagos de Monges y Mangades.
LA SINGULARIDAD DEL VALLE DE ARÁN
Apenas hemos iniciado el descenso, cuando arranca un sendero a nuestra izquierda que nos lleva hasta la cima del Montarto (2.830 metros) en poco más de media hora. Extensa panorámica, desde los vecinos Besiberris, hasta los más alejados Aneto, Tempestades y Maladetas, con su refulgente glaciar de la vertiente norte. Hacia el norte y a nuestros pies, el valle de Arán con las montañas en las que se emplaza la estación de esquí de Baqueira Beret.
El valle de Arán es
una singularidad en el conjunto del Pirineo español. Orográfica y
climatológicamente hablando es un valle típicamente francés. El río Garona nace
aquí. Recibe la influencia de los vientos atlánticos, lo que incluso en estos
tiempos de cambio climático, significa abundantes precipitaciones y humedad.
Baqueira tiene menos problemas de nieve y tras sucesivas ampliaciones –no exentas de polémicas ambientales algunas de ellas- es hoy uno de los principales centros de turismo invernal de toda la cadena pirenaica. Como motor económico del valle de Arán ha transformado esta comarca en treinta años. Hablamos de un territorio cuya comunicación y salida natural es hacia Francia y que, hasta la construcción del túnel de Viella, prácticamente estaba varios meses al año aislado de la península ibérica, ya que el puerto de la Bonaigua, único paso natural con una pésima carretera, estaba cerrado por nieve. La sociedad aranesa quedó así como aislada y eso le permitió mantener una peculiar idiosincrasia y un idioma propio occitano, aquí llamado aranés.
El turismo ha transformado la estructura socioeconómica, pero los araneses han sabido trabajar con eficacia para preservar su legado cultural y para dar una lección de cómo se deben o deberían haber hecho las cosas en otras partes del Pirineo. El desarrollo urbanístico de todos sus núcleos se ha hecho sin sacrificar la tipología tradicional –granito y pizarra- y el valle se ha dotado, por acuerdo del Parlamento de Cataluña, de un régimen especial de autonomía dentro de la Comunidad catalana, con su propio órgano de gobierno y sus competencias, con la cooficialidad de tres lenguas –caso excepcional- castellano, catalán y aranés. El valle de Arán ha sabido mantener su personalidad y mantiene un crecimiento demográfico sostenido que es desconocido en el Pirineo.
Cuando bajamos del Montarto, de nuevo en el GR-11, enfilamos hacia el Port de Caldes (2.550 metros), antes de descender por la vertiente aranesa hasta el refugio de Colomers (2.115 metros). A las nueve de la tarde, aún de día, estamos ya en el saco de dormir, pues el cansancio de tantos días se acumula, y aunque la belleza de los lugares recorridos es una bendición para el espíritu, la debilidad del cuerpo nos hace desear con ganas la próxima y última etapa de nuestro proyecto.
Muchas de las grandes sinfonías musicales alcanzan su clímax en el último movimiento. Parece como si la última jornada nos fuera a deparar un grandioso culmen sinfónico de lo mejor que puede ofrecer la alta montaña. Atravesar el circo de Colomers, el más grande y espectacular del valle de Arán, es recorrer una pléyade interminable de lagos, -hay más de 45- entre los que destacan el Estany Long y el Obago, al pie, este último, del Port de Ratera d’Espot (2.534 metros), al que llegamos en dos horas escasas desde el refugio.
Sacamos
fuerzas de flaqueza y para poner la guinda de nuestro particular pastel, subimos
al vecino pico de Ratera (2.858 metros), en cincuenta minutos de fácil
ascensión. Excelente visión general del corazón del Parque. Decenas de cumbres,
desconocidas muchas de ellas para nosotros, los aragoneses, e innumerables lagos
en todas las direcciones a nuestro alrededor.
No deja de ser curioso, por ser suave en el calificativo, que este Parque Nacional de Sant Maurici sea íntegramente gestionado por la Generalitat de Catalunya, aún formando parte de la red general del Estado. Mientras, en Aragón avanza con dificultad la incipiente cogestión del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Me pregunto qué sentido puede tener someter a diferentes criterios de gestión espacios naturales protegidos de idéntica o muy semejante calidad ambiental, y que forman parte, además, de una misma unidad biogeográfica como sucede con el Pirineo. Las administraciones autonómicas tienen excelentes técnicos con competencia profesional contrastada para dirigir homogéneamente, sin rebajar los objetivos de conservación, Posets-Maladeta u Ordesa, por citar dos ejemplos de parques, uno de responsabilidad autonómica y otro de responsabilidad fundamentalmente de la administración central.
Desde la cumbre del Ratera nos acercamos, en descenso, al refugio de Amitges, para internarnos posteriormente en el pinar siguiendo el cauce del río Ratera y descubriendo, como colofón final, el paradisíaco lago de Sant Maurici y las esbeltas siluetas de los Encantats (2725 m). Estas dos bellísimas agujas de granito componen con el lago uno de los rincones más hermosos del Pirineo, mil veces fotografiado, pintado y filmado.
Sentados a su orilla, mientras esperamos la llegada de los vehículos que nos devuelvan a la llamada civilización, compartimos en silencio la satisfacción de haber recorrido un mundo singular, único y simplemente bello, que siempre hemos añorado y amado, incluso cuando el destino nos ha llevado a los grandes macizos y montañas del planeta.
ISABA-BALNEARIO DE PANTICOSA (5 ETAPAS)
Con la ilusión de los muchos días por delante y lugares por descubrir, salimos una mañana temprano de la villa navarra de Isaba (814 metros), que nos ofrece en sus robustos edificios de piedra una clara impronta de estilo tradicional vasco-pirenaico. Esta parte navarra del GR-11 adolece de una señalización –las marcas de pintura blanca y roja- bastante deficiente, por lo que hay que prestar atención y hacer uso de la cartografía para no despistarse en el bosque y en los diferentes cruces de pistas y caminos.
Cuando alcanzamos la zona de pastizal alpino, teniendo abajo a nuestra izquierda la selva de Berroeta, estamos en un amplio rellano a los pies de la Peña Ezcaurri (2.045 metros), primer dosmil del Pirineo y frontera entre Navarra y Aragón. Subimos hasta la cumbre por una amplia canal en su vertiente sur, con una vista espléndida en todas las direcciones. El descenso hasta el camping de Zuriza (1.227 metros), en Aragón, lo realizamos por la vertiente norte, siguiendo un sendero que atraviesa un denso hayedo.
La red de refugios a lo largo de la travesía que estamos haciendo no está completada, por lo que deberemos hacer uso de tiendas de campaña para pernoctar en algunos campings, como esta primera noche en Zuriza. Por eso hemos tenido especial cuidado en programar con mucha antelación las vacaciones, y contamos con un oportuno vehículo de apoyo, que nos traslada tiendas y víveres de punto a punto. Al fin y al cabo hemos venido a disfrutar, y situados una buena parte del grupo por encima de los 40 años cumplidos, con 16 largas etapas, de hasta ocho horas de tiempo efectivo caminando algunas de ellas, nos hemos planteado no llevar una carga mortificante. Suficiente dureza aportan algunas zonas específicas, amén de las condiciones climatológicas que nos esperan. Pensemos que en otros grandes macizos de montaña del mundo, los grandes `trekkings´ clásicos se hacen con porteadores para facilitar la accesibilidad a territorios inhóspitos y difíciles.
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Llegando a Candanchú |
Este sector pirenaico es de una rica y variada biodiversidad, sobreviviendo los últimos osos autóctonos, auténticas reliquias a preservar, objeto de una interminable polémica entre los defensores de su reintroducción y los habitantes del área, que temen por sus rebaños. En el marco del programa LIFE de la Unión Europea se han liberado algunos ejemplares traídos de Eslovenia, en la parte central del Pirineo francés. Algunas de las nuevas parejas ya se han reproducido y se han avistado incluso en la vertiente española, en el valle de Arán.
Por ahora la polémica no sube de intensidad, entre otras cosas, gracias al programa europeo de ayudas agroambientales que prima cada cabeza de ganado ante hipotéticos riesgos de ataque por oso, aunque éstos no se hayan producido hasta la fecha. Hay que contemplar con esperanza el futuro de la especie, que dependerá no sólo de medidas de carácter económico, sino de programas de sensibilización y educación ambiental prolongados en el tiempo y que en otros territorios, como Picos de Europa, han traído tiempos de esperanza para el porvenir del oso.
EL RETO DE COMBINAR TURISMO Y TRADICIÓN
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Midi d´Ossau y Anayet |
Ansó y Echo junto a otros municipios de la comarca han trabajado, con seriedad y altas cotas de participación, en la elaboración durante los últimos años de un Plan de Ordenación de los Recursos Naturales para esta parte occidental del Pirineo Aragonés. Ejemplarmente, se han limado diferencias y se ha entendido que hay que conjugar esfuerzos para proseguir con las actividades agropecuarias tradicionales, encauzar el turismo creciente y preservar el medio natural. Han sido las propias corporaciones locales las que, en una actitud constructiva que puede servir de ejemplo en otros lugares, han propuesto la creación del Parque Natural de los Valles Occidentales, que llegaría desde La Mesa de los Tres Reyes, en la frontera con Navarra, hasta el collado de la Magdalena y picos de Lecherín, en la parte alta del valle de Aísa.
Habiendo acampado en el llamado Plano de la Mina (1.250 metros), en Oza, debemos muy temprano abandonar el lugar por requerimiento de la Guardia Civil que pretende sancionarnos por acampar sin una, al parecer, autorización preceptiva. Recorremos la extensa llanura conocida como Aguas Tuertas, donde el río se retuerce en decenas de meandros, muy hermosos con esta luz matutina.
Sin encontrar el dolmen del que hablan las guías correspondientes, llegamos al ibón de Estanés, siempre a nuestra derecha las esbeltas cumbres de la Sierra Benera. Para llegar hasta Candanchú (1.550 metros) donde pernoctaremos, debemos excepcionalmente penetrar en territorio francés, por debajo de los farallones calizos del Bozo, retornando a España por el llamado bosque de las hayas, hasta la citada estación de esquí. Aún tenemos tiempo, antes de dormir, de mantener una animada tertulia con el inolvidable Pepe Garcés, guarda en ese momento del refugio de Santa Cristina, que nos habla con ilusión de sus proyectos inminentes.
Desde Candanchú nos adentramos por la Canal Roya, que recorremos en toda su longitud. Un valle acogedor y recóndito por el que remontamos hasta los ibones de Anayet, al este de los picos del mismo nombre. Algunos le echamos ganas y subimos hasta el Vértice (2.555 metros), característica cima de esquistos rojizos, con una excelente vista del Midi d’Ossau y del vecino Valle de Izas. El descenso hasta Sallent de Gállego (1.305 metros), en cuyo camping haremos noche, se hace por el barranco de Culibillas y la estación de esquí de Formigal.
UN RECORRIDO POR TERRITORIO OLÍMPICO
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Macizo de Balaitous |
La candidatura para el evento de 2010 es la que ha llevado a plantear a los promotores de la iniciativa la unión física de las estaciones de esquí mencionadas. Se aduce además la necesidad de conformar una gran oferta turística, un dominio esquiable capaz de competir con otras estaciones del Pirineo –se cita expresamente Baqueira Beret- o incluso de los Alpes. Hay iniciativas contrapuestas para que esta unión se haga o por Canalroya o por Izas. Estos dos valles, de claro origen glaciar, discurren paralelamente al eje de la cadena pirenaica y son de los más hermosos del Pirineo, con una flora excepcional y en los que es posible contemplar yacimientos megalíticos de importancia.
Hay iniciativas que piden la declaración de un Parque Natural en Anayet, incluyendo estos dos valles. Temo que la conjunción de varios intereses económicos, cuando no especulativos, va a abocar a la ocupación de estas joyas paisajísticas por cables, pilonas, remontes y pistas de acceso.
Pienso que la candidatura olímpica puede ser una buena idea si sirve para hacer avanzar infraestructuras largamente reclamadas en Aragón y que servirían para poner en valor nuestra renta de situación geoestratégica. Me refiero al eje carretero transpirenaico, especialmente en su tramo Yebra de Basa-Fiscal, y a la reapertura del túnel ferroviario de Canfranc, así como el impulso al nuevo túnel de baja cota para la travesía del Pirineo Central, que facilitaría la intermodalidad del transporte. Pero no creo que sea una condición sine qua non la unión de las estaciones.
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Ibón de Campoplano |
Nos espera una próxima etapa dura. Con dificultades añadidas inesperadas. Somos bastantes los que hacemos la marcha con una molesta diarrea, fruto seguramente del agua en malas condiciones que bebimos en un barranco, por Oza, un par de días antes.
Pasando por el embalse de la Sarra, un cómodo camino entre bosque, remonta el río Aguaslimpias y tras fuerte subida nos deja al pie del gran muro de hormigón de la presa de Respomuso. La cruzamos, dejando a nuestra izquierda el camino que lleva al nuevo refugio de Respomuso. Mientras ganamos altura, el macizo de Balaitús y sus crestas graníticas emergen con fuerza en el horizonte, así como la Fache y demás cumbres del circo de Piedrafita. Un repecho muy empinado, por glera inestable, nos permite acceder al collado de Tebarray y desde aquí, en una media hora, nos plantamos en la cima del Pico de Tebarray, a 2.917 metros. Debajo, el idílico y circular ibón, también llamado de Tebarray, a los pies de los picos del Infierno.
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Glaciar de los Infiernos |
En el refugio Casa de Piedra pasaremos un día completo de descanso, nos recuperaremos de nuestra indisposición, recobraremos fuerzas y disfrutaremos de unos relajantes baños termales en este complejo turístico, hoy en decadencia, pero al que aguarda un futuro prometedor si las inversiones previstas se materializan.
SEGUNDA PARTE:
BALNEARIO DE PANTICOSA-BENASQUE (6 ETAPAS)
Amanece cuando dejamos el Balneario por la Fuente de la Salud, tomando un sendero que, en dirección sureste con numerosos zigzags, nos deja en el embalse de Brazato (2.360 metros), con los consabidos y antiestéticos restos de todas las obras hidráulicas de los años 50, que hemos encontrado y encontraremos por doquier y que nadie se ha molestado nunca en retirar. La salida del sol nos sorprende aquí gratamente, iluminando con fuerza, frente a nosotros, las cumbres del Garmonegro y Argualas, encima del Balneario. Continuamos la subida por los ibones altos de Brazato, hasta el collado. El descenso hacia el valle del Ara nos depara una gran vista de la intrincada vertiente occidental del macizo de Vignemale.
Cruzamos con cuidado el río Ara que nace por estos pagos, y que desembocará muchos kilómetros aguas abajo en el río Cinca, manteniendo su configuración natural y virgen, pues es aquél uno de los escasos ríos de importancia en el Pirineo central que no presenta obra alguna de regulación. Desechada la construcción del embalse de Jánovas, tras una evaluación negativa de impacto ambiental, es previsible que el Ara siga siendo siempre el río que ahora conocemos.
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Balneario de Panticosa |
Estos días he hablado con gentes de la zona que me han trasladado su preocupación por lo que consideran una expropiación de su territorio. Los grandes embalses previstos en la margen izquierda del Ebro, el recrecimiento de Yesa en el río Aragón, el embalse de Biscarrués en el río Gállego y el de Santaliestra en el río Ésera, despiertan por estas comarcas altoaragonesas muchos temores y desconfianzas. No es fácil creer en promesas de restituciones y compensaciones cuando, como ya he comentado antes, las afecciones de las obras de hace 30 años siguen abiertas en carne viva.
El planteamiento del trasvase del Ebro, recogido en la ley del Plan Hidrológico Nacional, ha reforzado los argumentos de quienes defienden la ahora llamada “nueva cultura del agua”. En el siglo XXI no son las razones económicas las que pueden guiar la política hidráulica. La propia Unión Europea con sus Directivas en materia de aguas, hábitats y aves, ha colocado en el centro del problema las razones ambientales y de sostenibilidad.
Si descabellado es detraer más de 1.000 hectómetros cúbicos del Ebro para ahondar en los desequilibrios entre la España interior y la periferia, donde se encuentra el desarrollo y un modelo de crecimiento caduco, con la amenaza de regresión salvaje de un espacio de alto valor ecológico como el Delta del Ebro, tan descabellado es fiar el porvenir de Aragón a las servidumbres e hipotecas de grandes embalses que afectan de lleno al desarrollo de los valles del Pirineo. Este tipo de obras se van a enfrentar a considerables problemas jurídicos desde el punto de vista de la legislación ambiental, y debemos analizarlo con las mismas consideraciones que informan la oposición razonada al trasvase.
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Garmonegro y Argnalas |
LOS SECRETOS DE ORDESA Y MONTE PERDIDO
Empiezan a abrirse claros en el cielo cuando, al día siguiente, llegamos al Puente de los Navarros, tras recorrer la pista a lo largo del valle de Bujaruelo. Entramos en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, remontando el llamado camino de Turieto por un magnífico y umbrío bosque de hayas y abetos que termina en la llamada pradera de Ordesa, al pie del Tozal del Mallo.
Una pista ancha, repleta de turistas, seguramente es el lugar más masificado del Pirineo, a pesar de la regulación de accesos que opera en verano, recorre la margen derecha del río Arazas y nos deleita con un festín de rincones y paisajes cautivadores hasta dejarnos en la cascada “Cola de Caballo” en el circo de Soaso. Aquí dejamos atrás a la mayor parte de la gente, que hacen de esta excursión de ida y vuelta la joya de la corona del Parque Nacional. Una trepada, por una clavijas fijas en la roca, nos permite superar los escalones calcáreos del circo. El sendero en suaves lazadas nos deja en el refugio de Góriz (2.160 metros) a media tarde. Tenemos tiempo suficiente para el descanso en la terraza del refugio y, con el cielo ya completamente despejado, para disfrutar de una bella puesta de sol sobre el Taillon y el Casco, en la cadena fronteriza al norte de Góriz.
Dejamos el refugio muy temprano, en dirección este, entre un caos de tiendas de campaña que demanda una regulación a gritos por los problemas de gestión ambiental que generan, y llegamos al encuentro del sol en el collado de Arrablo, desde donde subimos a la vecina cumbre de Punta Custodia (2.504 metros) para contemplar toda la grandiosidad de la “cicatriz” de Ordesa y de la vertiente sur del macizo de Monte Perdido.
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Vignemale desde Batanes |
Tras algunos destrepes fáciles en las zonas más complicadas, llegamos a la zona de acampada de Pineta (1.290 metros), no lejos del Parador Nacional y de la ermita de Nuestra Señora de Pineta. Exhaustos tras una etapa larga y bastante dura, nos quedan fuerzas para un baño en las aguas gélidas del río Cinca y para enfrentarnos a un suculento chuletón de la mejor cocina del parador.
Una etapa cómoda y muy agradable nos llevará hasta Parzán. El camino, a través de un tupido hayedo, nos deja en los llanos de La Larri y continúa en dirección sureste por un encantador valle colgado en la vertiente sur de la sierra de Espierba, un excelente mirador de todo el valle de Pineta, de los glaciares de la cara norte de Monte Perdido –refulgentes bajo el intenso sol del que hoy disfrutamos-, y del collado de Añisclo que atravesamos en la jornada anterior.
Tras superar el collado de Pietramula (2.150 metros), perdemos altura suavemente, hasta alcanzar la cabecera del valle del río Real. Una deteriorada pista recorre su margen izquierda, pasa al pie de lo que pretende ser una futura estación de esquí, llamada Ruego, en esta comarca del Sobrarbe, y termina en la aldea de Chisagüés.
Un par de kilómetros por carretera asfaltada y estamos en el núcleo de Parzán. No encontramos aquí ninguna zona disponible para instalar nuestras tiendas, por lo que decidimos remontar por la carretera que va a Francia durante 1,5 kilómetros. A la entrada del barranco de Urdiceto (1.200 metros) un restaurante nos autoriza a acampar esa noche, en un prado anexo de su propiedad, y nos prepara unos excelentes garbanzos para una confortable y reparadora cena.
Una larga y pesada pista nos hace ganar altura por el barranco de Urdiceto hasta el llamado Paso de los Caballos (2.326 metros), muy cerca del ibón que se encuentra al pie de la Punta Suelza, destacada cumbre de casi 3.000 metros de altura, en cuya vertiente norte existe un proyecto de una nueva estación de esquí alpino. El descenso nos introduce en el característico paisaje del valle de Chistau, uno de los lugares del Pirineo aragonés en el que mejor se conserva la fabla local, pero que sufre de graves problemas de regresión demográfica y de envejecimiento, favorecidos por el secular aislamiento que unas deficientes infraestructuras de comunicación han generado.
EXPECTATIVAS DE FUTURO DEL VALLE DE CHISTAU
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Valle de Ordesa |
Estos valles son excelentes para la ganadería extensiva, en clara disminución los últimos años, y se ven salpicados de bordas, como las de Licierte, que hallamos en la bajada, configurando un bucólico paisaje.
En estas bordas nace una pista que desemboca en otra que, proveniente de San Juan de Plan, remonta todo el río Cinqueta. Enseguida alcanzamos un camping para pasar la noche, a 1.700 metros, muy cerca del refugio de Viadós. La puesta de sol sobre la gran mole del macizo del Posets es extraordinaria.
Un drástico cambio de tiempo, nada anormal, por otra parte, en estas áreas de la alta montaña, nos sorprende de madrugada. Una típica entrada de aire frío del norte trae nubes, viento helado y lluvia. Desapacible jornada que sigue una parte de la clásica vuelta al Posets.
En medio de la niebla seguimos la ascensión por el barranco de Añes Cruces y posteriormente por el de Gistaín, para en fuerte pendiente, con una ventisca de nieve que nos hace muy dura esta parte de la travesía, atravesar el collado de Gistaín (2.592 metros) y sin descansar, ateridos por el frío, iniciar el descenso hasta el refugio de Estós, donde el guarda y buen amigo Turmé, siempre con su tradicional afabilidad, nos prepara un delicioso caldo que nos repone rápidamente de los sinsabores climatológicos, que nos ha dejado ayunos del panorama de tresmiles que brindaba el collado que hemos dejado atrás.
Aún nos quedan fuerzas suficientes para recorrer en descenso el valle de Estós, agradecer el abrigo que nos proporcionan sus bosques y montar las tiendas de campaña en uno de los campings que se encuentran junto al Puente de San Jaime (1.250 metros), a unos 4 kilómetros de Benasque, en la carretera que termina en los Llanos del Hospital. El cansancio acumulado en los últimos días nos aconseja un día de descanso en este querido valle. Un tímido sol nos permitirá además secar tiendas y demás enseres, lavar ropa y aprovisionarnos para la última parte de la travesía.
TERCERA PARTE:
BENASQUE-SANT MAURICI (5 ETAPAS)
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Glaciar de Monte Perdido |
Todo ello no excusa para decir que el fulgurante desarrollo urbanístico de Benasque debe hacerse respetando el entorno y arquitectura tradicional y no cometiendo los errores que, en otros lugares, han supuesto atrocidades para la tipología urbana tradicional. Cerler es un mal ejemplo de actuaciones exentas de rigor y que son comunes a todas las que se hicieron en las estaciones de esquí hace 25 años: grandes edificios, con fachadas pintadas de colores chillones y construidos con materiales que nada tienen que ver con el urbanismo del valle.
Iniciamos la última etapa por tierras aragonesas. En el mismo puente de San Jaime, un camino remonta la margen izquierda del río Ésera y al llegar a la confluencia del barranco de Vallibierna se abandona, tomando la pista forestal que se interna por este último valle. Dos horas de agradable subida, inicialmente por un cerrado bosque de abetos, con abundancia de fresas silvestres, más tarde por bosque de pino negro, terminando con la zona de pastizales típica de la alta montaña benasquesa.
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Agujas de Llosás y Aneto |
Tras pasar por el refugio de Coronas, en realidad una cabaña de pescadores, la pista se convierte pronto en sendero, y a la entrada de la pleta de Llosás, tras cruzar el torrente, prosigue hasta el ibón inferior de Vallibierna, de limpias aguas verde-azuladas. Contemplamos, hermosa y desafiante a nuestra izquierda, la cresta granítica que va desde el Aneto hasta el pico de Russell, pasando por el Tempestades y Margalida. Dejamos a un lado el ibón superior, en medio de un paisaje caótico y adusto, para alcanzar por neveros y entre bloques de granito el collado de Vallibierna (2.710 metros).
Tras un largo descanso, en el que damos cuenta de una buena longaniza, iniciamos un descenso hasta la cola del embalse de Llauset, tras haber rodeado por la margen izquierda el pequeño ibón de Botornás. Bordeamos el embalse por el norte, atravesamos dos túneles excavados cuando se hizo la presa, cruzamos ésta por la barandilla y pronto estaremos en el refugio de Llauset (1.940 metros). Ha sido una de las etapas más largas y de mayor desnivel de las que se pueden encontrar a lo largo del GR-11, pero también de las más bonitas y variadas.
EL PARQUE NATURAL DE LOS PIRINEOS
En los últimos años se ha debatido en varias ocasiones acerca de la conveniencia de crear un Parque Natural de los Pirineos Aragoneses, que abarcara desde Balaitús y cabecera del valle de Aguaslimpias, encima de Sallent de Gállego, hasta el límite con Cataluña, donde hoy nos encontramos.
El propio Gobierno de la Diputación General de Aragón ha propuesto un estudio sobre este asunto en el Proyecto de Ley de Ordenación, Protección y Desarrollo del Pirineo que ha remitido al Parlamento regional. Esta iniciativa tiene grandes defensores, mi buen amigo y uno de los ecologistas más serios y competentes que conozco, Gonzalo Albasini, está entre ellos. Creo que la propuesta tardaría mucho tiempo en materializarse, quizás demasiado, ya que requeriría preceptivamente elaborar y aprobar previamente un Plan de Ordenación de los Recursos Naturales de todo el Pirineo aragonés y, posteriormente, tramitar la ley de declaración correspondiente.
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Pico de Vallibierna |
Por todo esto, y tras haber hecho la travesía integral de esta parte del Pirineo, me pregunto, ¿hay un grado de conservación adecuado hasta el momento de nuestro gran macizo de montaña? Creo que comparado con la situación de hace diez o quince años hemos dado pasos de gigante, que hay que consolidar.
Tenemos, de derecha a izquierda, el Parque Natural de Posets-Maladeta, el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido y, pronto, el Parque Natural de los Valles Occidentales. En la vertiente francesa, contamos con un gran Parque Nacional de los Pirineos. En conjunto, y aunque el anhelo de un gran Parque Natural de los Pirineos Aragoneses sea perfectamente legítimo, lo que hay es un buen punto de partida en el reto apasionante de legar a las siguientes generaciones un ecosistema bien conservado y que permita vivir dignamente a sus moradores. El Pirineo es una gran cadena, y en conjunto, desde el punto de vista ambiental y de desarrollo sostenible, de las más equilibradas del mundo, aunque precisamente por eso, no hay que bajar la guardia.
Camino de Cataluña, retomamos los pasos de la jornada anterior hasta el embalse de Llauset. A la salida de un pequeño túnel, tomamos la bifurcación del GR-11 hacia la derecha, en dirección noreste, ganando altura en amplias lazadas por laderas herbosas y, más tarde, por un campo de bloques fragmentados. Desde el collado de Anglios (2.429 metros) se contempla al fondo el macizo de los Besiberris y abajo, a nuestros pies, la cuenca lacustre en la que reposan los ibones de Anglios. Un lugar solitario, poco visitado, de indudable belleza y que permanece inalterado. Desde el ibón Gran de Anglios podemos disfrutar de la sobria grandeza del circo glacial y de las cumbres que lo cierran.
El descenso por el valle del Río Bueno y la parte baja del de Salenques es de lo mejor que puede ofrecer el Parque Natural de Posets-Maladeta. Estamos en el sector oriental del Parque, el perteneciente al municipio de Montanuy, muy poco conocido, posiblemente por su carácter periférico. Salenques es un valle virgen absolutamente delicioso. Un bosque tupido de hayas y abetos, salpicado de avellanos, tapizado de enormes manchas de denso musgo, en el que apenas penetra la luz solar en algunos tramos, y en el que el murmullo del vecino cauce del río es una dulce música de fondo. Aislados del exterior, nos invade una gran sensación de paz bajando por este bosque de magníficas proporciones, de lo mejor que hemos encontrado en todo el Pirineo.
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Valle Salenques |
Las etapas que nos quedan para concluir la travesía propuesta nos van a permitir conocer la parte alta del Parque Nacional de Sant Maurici y Aigüestortes, el mejor espacio natural protegido del Pirineo catalán. Un parque de cientos de lagos, de numerosas montañas de más de 2.500 metros, de pastizales y bosques, de singulares agujas graníticas, dotado de una completísima red de refugios guardados, que se han asociado y ofrecen un bono conjunto para recorrerlos todos ellos, en una especie de travesía circular que te da una completa visión del Parque Nacional.
El primer día visitamos los inmensos lagos de Estany Tort de Rius y Estany de Mar, de grandes proporciones, a los pies del pico Besiberri Nord. Para ello, desde el Port de Rius, a donde se llega cómodamente desde el refugio donde pernoctamos, abandonamos excepcionalmente el tramo balizado del GR-11 y, por sendero debidamente amojonado, bordeamos los dos lagos citados, el primero, por el norte, y el segundo, por el sur.
El camino se nos hace bastante pesado por las continuas subidas y bajadas que hay que efectuar, pero la grandiosidad de estos ibones lo compensa todo. El refugio de la Restanca (2.010 metros), junto a una pequeña presa, nos servirá de descanso este día y nos permitirá apreciar la mayor afición al senderismo y a la montaña por estos pagos, dada la gran concentración de personas que aquí hacemos noche y otras muchas que vemos pasar en ambas direcciones durante toda la tarde.
Hoy vamos a aprovechar la circunstancia de tratarse de una etapa corta y muy cómoda, junto con la presencia de un tiempo espléndido, para hacer la ascensión a la cumbre del Montarto, una montaña emblemática en el vecino valle de Arán. Recordaba la vista en invierno de esta montaña desde la localidad de Artíes, con una silueta poderosa y muy hermosa, emergiendo por encima del fondo del Valtartíes. No podíamos perder la ocasión de ascenderla teniéndola a tiro de piedra. Por eso, apenas ha amanecido dejamos atrás la Restanca y en fuerte subida, pasando por el embalse de Estany del Cap del Port alcanzamos el collado de Güellicrestada (2.475 metros), deslumbrándonos los primeros rayos de sol que hacen brillar intensamente los vecinos lagos de Monges y Mangades.
LA SINGULARIDAD DEL VALLE DE ARÁN
Apenas hemos iniciado el descenso, cuando arranca un sendero a nuestra izquierda que nos lleva hasta la cima del Montarto (2.830 metros) en poco más de media hora. Extensa panorámica, desde los vecinos Besiberris, hasta los más alejados Aneto, Tempestades y Maladetas, con su refulgente glaciar de la vertiente norte. Hacia el norte y a nuestros pies, el valle de Arán con las montañas en las que se emplaza la estación de esquí de Baqueira Beret.
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Montarto |
Baqueira tiene menos problemas de nieve y tras sucesivas ampliaciones –no exentas de polémicas ambientales algunas de ellas- es hoy uno de los principales centros de turismo invernal de toda la cadena pirenaica. Como motor económico del valle de Arán ha transformado esta comarca en treinta años. Hablamos de un territorio cuya comunicación y salida natural es hacia Francia y que, hasta la construcción del túnel de Viella, prácticamente estaba varios meses al año aislado de la península ibérica, ya que el puerto de la Bonaigua, único paso natural con una pésima carretera, estaba cerrado por nieve. La sociedad aranesa quedó así como aislada y eso le permitió mantener una peculiar idiosincrasia y un idioma propio occitano, aquí llamado aranés.
El turismo ha transformado la estructura socioeconómica, pero los araneses han sabido trabajar con eficacia para preservar su legado cultural y para dar una lección de cómo se deben o deberían haber hecho las cosas en otras partes del Pirineo. El desarrollo urbanístico de todos sus núcleos se ha hecho sin sacrificar la tipología tradicional –granito y pizarra- y el valle se ha dotado, por acuerdo del Parlamento de Cataluña, de un régimen especial de autonomía dentro de la Comunidad catalana, con su propio órgano de gobierno y sus competencias, con la cooficialidad de tres lenguas –caso excepcional- castellano, catalán y aranés. El valle de Arán ha sabido mantener su personalidad y mantiene un crecimiento demográfico sostenido que es desconocido en el Pirineo.
Cuando bajamos del Montarto, de nuevo en el GR-11, enfilamos hacia el Port de Caldes (2.550 metros), antes de descender por la vertiente aranesa hasta el refugio de Colomers (2.115 metros). A las nueve de la tarde, aún de día, estamos ya en el saco de dormir, pues el cansancio de tantos días se acumula, y aunque la belleza de los lugares recorridos es una bendición para el espíritu, la debilidad del cuerpo nos hace desear con ganas la próxima y última etapa de nuestro proyecto.
Muchas de las grandes sinfonías musicales alcanzan su clímax en el último movimiento. Parece como si la última jornada nos fuera a deparar un grandioso culmen sinfónico de lo mejor que puede ofrecer la alta montaña. Atravesar el circo de Colomers, el más grande y espectacular del valle de Arán, es recorrer una pléyade interminable de lagos, -hay más de 45- entre los que destacan el Estany Long y el Obago, al pie, este último, del Port de Ratera d’Espot (2.534 metros), al que llegamos en dos horas escasas desde el refugio.
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Llegando a Sant Maurici |
No deja de ser curioso, por ser suave en el calificativo, que este Parque Nacional de Sant Maurici sea íntegramente gestionado por la Generalitat de Catalunya, aún formando parte de la red general del Estado. Mientras, en Aragón avanza con dificultad la incipiente cogestión del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Me pregunto qué sentido puede tener someter a diferentes criterios de gestión espacios naturales protegidos de idéntica o muy semejante calidad ambiental, y que forman parte, además, de una misma unidad biogeográfica como sucede con el Pirineo. Las administraciones autonómicas tienen excelentes técnicos con competencia profesional contrastada para dirigir homogéneamente, sin rebajar los objetivos de conservación, Posets-Maladeta u Ordesa, por citar dos ejemplos de parques, uno de responsabilidad autonómica y otro de responsabilidad fundamentalmente de la administración central.
Desde la cumbre del Ratera nos acercamos, en descenso, al refugio de Amitges, para internarnos posteriormente en el pinar siguiendo el cauce del río Ratera y descubriendo, como colofón final, el paradisíaco lago de Sant Maurici y las esbeltas siluetas de los Encantats (2725 m). Estas dos bellísimas agujas de granito componen con el lago uno de los rincones más hermosos del Pirineo, mil veces fotografiado, pintado y filmado.
Sentados a su orilla, mientras esperamos la llegada de los vehículos que nos devuelvan a la llamada civilización, compartimos en silencio la satisfacción de haber recorrido un mundo singular, único y simplemente bello, que siempre hemos añorado y amado, incluso cuando el destino nos ha llevado a los grandes macizos y montañas del planeta.