El ruido en San Lorenzo y la necesidad de rotar las fiestas

¡Bah! Que exagerados, son solo unos días al año.

Tal y como diría Ixo Rai, “Como todos los meses de agosto al llegar la fiesta mayor”…, la gente que vivimos en el centro de Huesca sufrimos año tras año las consecuencias que derivan de las fiestas de San Lorenzo.

La gran mayoría dirá, que exagerados, son solo unos días al año… o ¡Es el precioque se tiene que pagar por vivir en el centro! Pero esa frase solo la dice quien duerme tranquilo.

No hablo solo de más basura, malos olores e incluso gente orinando en cualquierlugar, hablo de la privación casi total del descanso durante una semana entera: días y noches con ruido constante, que nos obligan a ir a trabajar habiendo dormido dos o tres horas. Este año, con la ola de calor, la situación ha sidoinsoportable: cerrar ventanas es morir de calor, abrirlas es no dormir hasta las4:30 o 5:00 de la madrugada.

Vivo junto a la Plaza Zaragoza, con música hasta las 3 o 4 de la mañana, a veces más tarde, ya que cuando acaban los conciertos, siguen la gente, los gritos y los altavoces portátiles a todo volumen.

Tenemos la gran ventaja de ser una ciudad muy cómoda para poder ir de un lado a otro andando, por lo que mi propuesta para el Ayuntamiento es sencilla: rotar cada año los escenarios principales entre distintos barrios de Huesca. Así se fomentaría el comercio y restauración de otros barrios y se repartiría el impacto del ruido y la aglomeración.

Lugares como Torremendoza, los Olivos, Ramón y Cajal, el Parque de la Universidad, las diferentes áreas del Parque Miguel Servet, la explanada del barrio de la Encarnación, el parquin donde ponen el mercadillo, Pirineos… podrían acoger parte de las actuaciones.

Hoy pensaba estas frases mientras no podía dormir entre ruidos del concierto y una casa a 32 grados y al levantarme para darme una ducha para tratar de sofocar el calor y abrir las ventanas (ya que era la música o el calor), me di cuenta mirando al patio interior de mi vivienda, de que no era la única, ya que eran más de las tres y media de la mañana y la gran mayoría de mis vecinos estaban en la misma situación, sin poder descansar. La mayoría, como yo, no tendrá la suerte de mi vecina, que hoy me dijo que se marchaba tres días, sin importar a dónde, con tal de huir de esto.

No pido acabar con las fiestas, que son de interés cultural y que muchos amamos, sino organizarlas de forma que permitan a todos los vecinos disfrutar… o al menos descansar.

El derecho al ocio no debería anular el derecho al descanso. El Ayuntamiento tiene en su mano buscar un equilibrio.

Blanca Costa Landeira