En ciertas situaciones, ser hombre es muy complicado, e intentar implicarse de forma positiva en este país. Hace escasos meses, iba caminando por la calle y conocí a una mujer que siempre se cruzaba por la acera conmigo. Y siempre veía su mirada que me recordaba a alguien conocido. Pero realmente no sé a quién. Y como siempre iba por esa calle, cada día, al encontrarla de nuevo, su mirada volvía a mi memoria perdida. Y un día, me saludó. Me puse colorado. La saludé. Y entonces descubrí que su mirada, su profundidad y su brillo eran como los míos. Incluso su forma de pensar y hasta en gustos coincidíamos. Estuve escasos minutos hablando con ella. Días posteriores, seguíamos hablando unos minutos. Es una persona bien divertida. Pero yo seguía intrigado con la similitud de su mirada a la mía. Así que quise profundizar más.
Y entonces descubrí que ella había sufrido maltrato infantil muchos años, igual que yo. En mi caso, demasiados años, hasta que cambiaron la cerradura de la casa mis padres, sin avisarme con 27 años, habiendo dado dinero y ayudando en casa al trabajar. Y me vi, sin esperarlo y sin querer en esa extraña situación, en la calle con 130 euros en el bolsillo, sin trabajo y con una dura lesión de rodilla en 1998.
Días posteriores seguí profundizando, me dijo que su primera pareja la había maltratado durante años hasta reventarla a palos. Y la actual la controlaba, se sentía agobiada. Ella se sentía una mierda, gorda, fea y otras afecciones negativas. Tras escuchar todo eso, y al llegar a mi casa, me quedé en shock y muy pensativo. No sabía qué hacer, si intento convencerla de lo contrario, igual me denuncia por falso acoso, y los hombres gracias a algunos políticos bocazas que tenemos en este singular país, por nacer con pene. Se trata a todos los hombres como asesinos y maltratadores. En un principio decidí cambiar de dirección al ir por el centro caminando. No quería problemas. Pero por desgracia estaba mi cerebro ronroneando y ronroneando que eso no era lo correcto.
Los que hemos sufrido maltrato infantil hasta edades avanzadas es muy complicado sobrevivir cuando te ves en la calle. Con diez años, recuerdo -tengo 53 años ahora- escuchar en la radio cuando echaban la película de Superman en el cine que habían muerto niños porque querían volar como este conocido Superhéroe. Yo vivía en un sexto piso, nunca salía de mi dormitorio, era mi protección; y me preguntaba cómo conseguían saltar. Porque daba mucho miedo a tanta altura. A esa edad comencé a vomitar la comida y me sirvió durante años para controlar los picos de ansiedad. Años posteriores, vienen depresiones, complejos, tristeza, miedo, terror, orinarse con quince años en la cama, era frustrante tener que hacer estar siempre encerrado en la habitación para pasar desapercibido; ser invisible. Si se podía. Y si entraba el diablo en mi cuarto, te hacías el dormido, y escuchabas todo tipo de barbaridades. Luego, al educarte en violencia a todas horas y todos los días, tú mismo tienes que reeducarte para no ser una mala persona con tu entorno en el futuro. No olvidemos que, a todo esto, debes sumar los típicos problemas económicos y personales de cualquier ciudadano. Lo que te lo complica más. Durante años, y sin saber cómo hacerlo, debes crear tu personalidad, hablar con espejos para aceptarte físicamente y saber cómo eres. Hasta los 26 años, no sabía cómo era mi cara. Y eso que tenía muchos amigos Y era y soy feliz. A pesar de todo.
Y con catorce años, miraba corvado el suelo al caminar además de ser tímido. Así que, al final, debía tomar una decisión de qué hacer. Y decidí hacer una locura, intentar meterme en su vida y dentro de su cabeza, por lo que me acerqué y le dije con la excusa de poder romper el hielo: te puedo enviar videos de ejercicios y textos motivacionales para sentirte mejor contigo misma. Me dio el teléfono. Me sorprendió que siempre sonreía y habla de una forma tan dulce, era extraño para alguien que había sufrido durante años diferentes maltratos físicos y mentales. Y lo mal que se describía como persona.
Le envié los videos de ejercicios y experiencias personales mías que a nadie le había contado hasta la fecha, y menos a desconocidos. Y con qué tácticas de supervivencia emocional debía usar en un mundo tan cambiante y duro como el nuestro. Aquella cosecha propia que me forjó mi personalidad especial y considerarme una persona inteligente. Pero que no hay manera de hacerme fotos y menos vídeos personales en la actualidad.
Al no responderme ese fin de semana, el lunes le pregunté si lo había recibido en su WhatsApp. Me dijo que su pareja le controla, le leía y borraba los mensajes. Me enfadé y le dije que él no tenía derecho de meterse en su privacidad. Me dijo que lo quería y la protegía. Me dijo que no podía tener amigos, ni amigas, que al terminar de trabajar tenía que ir a casa. Y nunca salían ni a pasear ni a bailar. Pero él quedaba con amigos.
Esta mujer, además, tenía patologías físicas, visuales y mentales. Aunque no lo parece. Le dije que fuera a algún sitio de asesoramiento contra la violencia de género. Yo considero que hay violencia contra mujer y contra el hombre. Pero, desgraciadamente, la violencia física combinada con la mental que realiza el hombre por su constitución física es brutal. Pero el maltrato psicológico de la mujer puede ser dañino también. Ella decía que era así. Al final, decidí irme para casa y pasar de todo. Tener cerebro es lo peor con lo que uno puede tener por momentos, ya que volvió el maldito ronroneo. Y estuve durante días y días enviándole textos de motivación, dietas a sus patologías, pensamientos y experiencias positivas y negativas para comprender que era bueno o malo para una persona, y vídeos estoicos motivacionales. A mí me encanta la filosofía ancestral estoica de la antigua Grecia. Y seguí visitándola unos minutos a diario para hablar con ella. Seguía en sus trece. Pero empecé a ver tímidos cambios, era un poco más positiva y conseguía leer algún texto y le gustaba.
También le decía sus derechos y sus gustos a su pareja, a pesar de tener que discutir por ello, algunas veces. El tipo no entendía su repentino cambio. Al mes, me quiso invitar agradecida, de lo pesado que era al querer ayudarla, a dar un paseo. Quedamos un día, pero no apareció. Sólo recibí un extraño y dañino mensaje contra ella misma, diciéndome que había hecho una barbaridad. Tenía fiebre y que no me preocupará. Ya no supe nada más. Durante dos semanas me preocupé por su frágil salud y siempre me colgaban el teléfono, recibí alguna amenaza o me bloqueaban el WhatsApp y Telegram. Estaba desesperado. Si lo denunciaba, al ser hombre, y ella decía que era un acosador, me arruina la vida. Durante dos semanas, me compré tres pines de teléfono de diez euros, porque al final, alguien me bloqueaba al escribir en el móvil. Y al final opté por llamar al 016 y les conté lo que pasaba, Me dijo que podía poner una denuncia. Pero al ser hombre y no estar seguro de lo que pasaba, podía ser mi ruina. Debido a ese cambio de actitud repentino tras un mes de buena relación a desaparecer con ese dañino mensaje. No sabía qué hacer. Finalmente conseguí hablar un día con ella, unos segundos. Me dijo que estaba muy medicada y su voz casi inexistente. No sabía qué hacer. Inicialmente me me enfade con la persona que me atendió del 016. Porque quería que alguien fuese a su casa a saber si estaba bien. Yo fui, y su pareja me amenazó fuerte. Por no decir algo peor. Así que estaba cabreado y estaba arrinconado. Al final me quedó un sólo sim de tarjeta.
Y cobrando subsidio y con una grave lesión de rodilla a la espera de una complicada operación para poder trabajar.. No podía comprar más. Una vez más, asustado, conseguí hablar con ella. Me comentó que había sufrido una fuerte discusión y amenazas, se mareo y acabó enfermando más. Desde ese momento, ella a escondidas del diablo, fue leyendo lo que escribía. Y empezó a razonar. Muchas veces la bloqueaba y desbloqueaba de rabia, porque no entendía que cualquier tipo de agresión física o verbal contra una persona o un objeto, no es normal. Por desgracia, no supe medir la presión que estaba metiendo a mi cerebro, durante un mes y medio, y estalló una fuerte depresión que me cogió por sorpresa. Había sacado al diablo que tenía encadenado al final de mi mente durante años. Eso me asustó. Nunca he tenido ningún tipo de trauma infantil o de adulto. Me eduque a los diez años, si no me querían mis padres, no se les podía obligar. Y de adolescente, mientras estuviera en casa de mis padres era de su propiedad. De este modo, podría aliviar presión cerebral e ir disfrutando un poco de la vida. Pensar el por qué ocurren las cosas, es perder tiempo y torturarse más.
Al final de ese mes y medio de choques de tensiones entre ambos. Conseguí quedar con ella. Y me dio las gracias. Comenzó a entender que llevaba como le decía yo, un patrón de malos tratos que le parecía normal. Y que sentía, porque escuchaba mis audios que mi voz, estaba sumida en una depresión al revivir el diablo que había contenido tantos años. Al estar en la calle, le dije vamos a un callejón para controlar su ansiedad y quiero que hables con el 016, y que entiendas por fin que estás viviendo un maltrato. Hablamos con una profesional desde mi móvil. Y mientras ella hablaba, sus manos temblaban. Me cogió por sorpresa, en mes y medio no lo había hecho. Había aparecido el diablo en escena. Yo detesto cualquier tipo de agresión física o verbal hacia el hombre o hacia la mujer. El diablo es el hombre o la mujer que manipula, tortura físicamente, psicológicamente o viola a personas débiles emocionalmente, o de pequeña edad o por tener una débil salud. como niños o niñas, mujeres o hombres enfermos. Y dan una imagen hacia fuera de ser una gran persona. Yo he visto la cara del diablo durante años en mi casa. Mis manos temblaban y mi cuerpo también desde pequeño. Mientras yo observaba a mi amiga, la profesional le explicó lo que tenía que hacer.
Ella en cambio decía que era la forma de ser y tratarle la pareja. Le gritaba e insultaba por su forma de ser. Y que yo le decía que no estaba bien. Repentinamente le llamó su pareja y salió corriendo del callejón asustada. Y yo me quedé hablando con la profesional del 016. Le di las gracias. Ella me dio las gracias y que estaba haciendo las cosas bien. Pero el coste emocional es muy fuerte. Y le recordaba constantemente como le temblaban las manos cuando le explicó mí amiga su relación. Y que yo había visto al diablo. No sé cuántas veces le repetí que había visto el diablo. Igual pensó que yo estaba loco. Al diablo no le tengo miedo. Es un ser repugnante, cuyo poder se basa en aprovecharse de personas débiles. Cuando la persona es fuerte pierde su poder. Es un ser desgraciado, repugnante, una escoria.
Desde mi adolescencia no había visto al diablo. Pero al ver temblar las manos de mi amiga. Volvió el pasado. No tenía miedo. Tenía asco a ese ser que manipula, controla y amenaza constantemente a una persona enferma es deleznable. Recuerdo volver a casa con el corazón muy acelerado como cuando era pequeño y adolescente. Y le repetí a la persona con la que convivo, no sé cuántas veces. he visto al diablo, he visto al diablo
Entre el mes y medio mío y la atención del 016, conseguimos romper casi su barrera que seguía viendo normal la actitud de su pareja. Seguí presionando por WhatsApp con videos estoicos y recordándole todo lo que le habían hecho de maltratos en su vida desde su nacimiento hasta la actualidad. Después de bloquear y desbloquearle el teléfono, un montón de veces, por la rabia de que no abría los ojos del todo.
Y un día me dijo, le tenía pavor. Pero al final lo he echado de casa con sus cosas, al principio se puso cariñoso, no se lo creía, le metí todas sus cosas en bolsas grandes. Y al ver que era verdad, empezó a gritarme e insultarme, me levantó la mano continuamente. Y le dije, cállate y largo de mi casa. Me pones la mano encima y te denunció. Y los vecinos te oirán tus gritos. Cambie la cerradura de la puerta, como lo que quiero y dormí como un bebe en la cama. Y soy feliz. Me dio las gracias.
Yo también dormí muy bien esa noche. Me lo había ganado.
Quedamos de nuevo y le pregunté, cómo cambiaste de opinión, si le tenías miedo.
Me dijo: "De todo lo que me escribiste, los vídeos estoicos, me encantan; y de lo pesado que eres. Se me abrieron los ojos. Y pensé, he estado tantos años maltratada de pequeña, cuando me casé, otros tantos años y ahora con este otros años más. Qué me queda de vida tranquila. Muy pocos años."
Perdió dos kilos y está contenta. Dice que ya no se siente una mierda. Y ahora, los chequeos médicos salieron muy bien y habla como un loro y a mí me interrumpe todo el rato. Creo que sea vuelto una mandona. Risas.
Yo lo solo puedo decir una cosa, además de ser una persona increíble, estoy muy orgullosa de ella. Y se lo repetí casi dos meses, porque consiguió romper su patrón repetido de maltratos de años.
Y le dije, te has dado cuenta que has derrotado al diablo. Cuando él mismo te enfermaba. Y ahora que eres fuerte, él ha perdido. Y se ha ido con el rabo entre las piernas.
Ella me dijo, ¿Sabes por qué te hablé? Aunque veo mal, tú mirada me era familiar. Y un día, te acercaste a mí, y observé que la profundidad de tus ojos y los brillos ocultaban tristeza como los míos. Y nos conectamos inmediatamente. Es el destino. Casi me hizo llorar. Ahora se nos ha vuelto filósofa estoica.
Lo que hizo para enfrentarse al diablo, honra su valentía.
Jorge Juan Bautista Solano