Un paseo por el tubo de Zaragoza en busca del buen comer en el restaurante Candolías
El tubo zaragozano renace poco a poco de sus cenizas con nuevos edificios, bares y restaurantes. Sólo hace falta darse una vuelta al atardecer o los fines de semana y le será difícil encontrar sitio para degustar su variada oferta gastronómica. En esta zona destaca por su interés la calle Estébanes. Es una zona de tapas de toda la vida y no es casualidad que en esta calle se sitúe una de las catedrales de las tapas tradicionales y uno de los más antiguos de Zaragoza como son las Bodegas Dalmau.
Allí mismo, junto a unos pequeños solares, se han montado unas terrazas sugerentes donde tomar algo con los amigos o con la familia. Incluso una tiene calefacción para luchar contra el frío. Es un lugar agradable y lleno de vida para saciar el apetito en un variado desfile de tapas y montados regados con una buena caña o un vino de calidad. Es altamente recomendable para la vista pasear por él.
En este paisaje acaba de nacer hace pocos meses una apuesta nueva y atrevida como es el Candolías del Tubo. Este lugar es regentado por un matrimonio joven, con experiencia, ideas e imaginación que busca lo mejor para sus clientes. Y la verdad que lo consigue tanto en la barra, llena de tapas de excelente calidad y presentación, como en su restaurante que cuenta con una bodega del siglo XVI. El trato de su propietaria, siempre con una sonrisa en la boca, es excelente, y sus camareros muy profesionales y con cierto aire latino. Uno de los camareros, Santiago Fumero, que es canario, vino a Zaragoza por 7 días y lleva ya 7 años. Tambien hay una guapa cubana que lleva 7 meses en España y destaca por saber dar a cada cliente una bella sonrisa.
Déjese seducir por las tortitas de camarones, una brocheta aragonesa, queso con mermelada de flores, una pincho de vieiras o una excelente brocheta de carne, entre otras propuestas. De postre un excelente y secreto helado casero hecho en Zaragoza, que es único y que me recuerda uno de los mejores que he comido y que fue en la Habana en la heladería Copelia. Tambien destaca su café, que es, a mi gusto, perfecto, ya que a veces no es fácil encontrar buen café. Porque, ¿qué sería de una buena cena si no tiene un buen final con un buen café? Pues casi nada.
Aunque lo mejor de una cena siempre es la compañía, ya que como dijo un amigo mío lo importante en la vida “es vivir en la compañía de una mujer y después que sea lo que Dios quiera…”.
javier.bona@gmail.com