Este verano ha llovido lo suficiente para que las tierras al pie del Moncayo estén lo suficientemente bellas como para acercase. Merece la pena. Más verdes que otros años, están especialmente llenas de color y olores muy atractivos. Llenas de vida, el hombre, los pájaros y las plantas, marcan el paisaje sonoro.
Pasear por el camino de Bécquer hacia Trasmoz es una cita obligada para los que quieran descubrir la arqueología celtibérica de la comarca. Allí se encuentra probablemente la antigua Tarazona celtibérica, hoy bajo la tierra de las laderas de Oruña. Excavaciones arqueológicas están descubriendo restos importantes de hornos que, por aquel tiempo, cocían bellas piezas de cerámica celtibérica. Pronto, Vera de Moncayo y su alcaldesa podrán presumir de tener un centro de interpretación sobre este yacimiento arqueológico tan desconocido.
Luego una visita relajada y tranquila por el Monasterio de Veruela, siguiendo los pasos de los Bécquer. Buscar el laberinto en la Iglesia y los cuatro capiteles más curiosos que se conservan en su interior. ¿Dónde estarán? Otro juego divertido será buscar por la Sala Capitular la piedra de mesura del Monasterio, y algo tan misterioso y curioso como es que allí se encuentra también la cruz del los Cataros.
Si las piedras hablaran, cuánto nos contarían. Para finalizar la mañana, y antes de ir a comer, les recomiendo dar una vuelta completa al recinto del Monasterio, pero por el exterior de la muralla. Y ahora buscaremos otras energías más mundanas como son comida y vino.
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El restaurante El Molino de Berola está situado a unos 150 metros del Monasterio de Santa María de Veruela, en la carretera de Agramonte (subida al Moncayo por Vera de Moncayo). El restaurante está localizado en plena naturaleza y con una terraza deliciosa que les recomiendo especialmente. Siéntese en ese lugar, mire a su alrededor y luego cierre los ojos y déjese llevar por unos minutos. Otras buenas notas del lugar son su arquitectura singular, el cálido ambiente de la chimenea, su rica gastronomía local, la gran variedad de vinos, el buen hacer de su chef o la esmerada atención al cliente. Además, tiene wifi gratis. Qué más se puede pedir. El Molino de Berola se ha convertido en poco tiempo en un referente culinario en la comarca de Tarazona y el Moncayo.
Le recomiendo, entre otros platos, una ensalada de escabechados de caza, pochas con boletus y almejas, judías con fritada o borrajas, migas del molino con uvas y huevo frito, borrajas de la huerta del Queiles con piñones y almejas, habitas con foie, ternasco al horno o caracoles con fritada de boletus.
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