Para los más lamineros un gran templo del dulce: Horno San Sebastián donde se “carda la lana”
Unos llevan la fama y otros cardan la lana. De eso se queja con razón María José Fonz, dueña de uno de los hornos más interesantes de Zaragoza. El otro día paseando por motivos de trabajo por el Casco Viejo cesaraugustano iba desde “Viajes las Murallas”, pasando por “Calzados Primor” o desde las Posada las Almas hasta los ya legendarios “Almacenes Moncayo” del barrio del Gancho. Pasando por la plaza San Felipe me di de morros con un escaparate que llamó mi atención.
Allí, brillando al sol, vi unas increíbles yemas de huevo glaseadas que fueron mi bendición. Bueno... algo inexplicable, sublime; el camino más directo que conozco que lleva al cielo. Dulce sin excesos, magnífico hojaldre, se deshace en la boca. Sin duda, algo casi divino. Allí me enteré de que el Horno San Sebastián lleva 29 años abierto al público y los últimos 7 con tienda en la plaza de San Felipe.
Mi afición a las pastas y pasteles es inagotable; en mi lista personal están las deliciosas pastas cubiertas de azúcar blanca de Ambel y Borja, las tortas de nuez de Tarazona, los farinosos de las Cinco Villas, las tortas de manteca y huevo de Sádaba o la maravillosa torta de Balsa de Caspe.
Pero eso era hasta ahora, porque tanto las yemas de huevo como los “encanelados” con azúcar con pasas, nueces y piñones han entrado con valor propio en esa lista. Pero hay mucho más: bizcocho de chocolate artesanal, tarta de manzana, susos caseros con crema, deliciosas palmeras glaseadas, una inexplicable y sorprendente trenza al estilo aragonés, tejas de almendra, torta de chicharrones y un largo etcétera, pero en calidad y finura deliciosa y sorprendente.
Recuerda este horno y visítalo si quieres, no te arrepentirás. No tengo más palabras para este para mi gran descubrimiento. Conozco muchos hornos y pastelería y éste me ha ganado por el estómago y por el corazón. Simplemente genial. Daremos a conocer este lugar este nuestros conocidos para que alguna vez la fama se la lleve quien de verdad carda la lana.
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