Fervor y celebración por la Copa de la Reina

La afición rojilla arropó en todo momento a si equipo y les impulsó hacia semifinales
photo_camera Los Inchas Lleons con toda la Marea Roja animaron sin cesar al Casademont. Foto: FEB.

Zaragoza tenía señalado el día 30 de marzo en el calendario. La fiesta del baloncesto llegaba a la capital del Ebro entre un ambiente de ilusión y emoción, sobre todo, para las anfitrionas del torneo. El resto de los siete equipos llegaban también con la maleta llena de deseos para disfrutar a lo grande de la Copa. La ciudad empezó a teñirse de colores a principio de la tarde. El naranja y el negro serían los primeros en resaltar por los aledaños del Príncipe Felipe, rodeados en un entorno de alegría y felicidad con dos aficiones que tenían el único objetivo de pasárselo bien y animar a las suyas para que lograran alzarse con el título. 

En la distancia, los tonos rojos empezaron a aparecer. La llamada Marea Roja se citó dos horas antes del comienzo del partido. Bufandas, pancartas y banderas ondeando, iban ocupando puestos para recibir lo más cerca posible a sus jugadoras. Adentrándose en territorio rival, un pasillo de aficionados vestidos de verde caminaban para arropar también a su equipo. La hermandad y el respeto entre maños y vascos fue total, y ambos esperaron entre risas y cánticos la llegada de los autobuses. El Casademont y el Araski notaron el cariño y el entusiasmo de los suyos mientras se dirigían a la entrada del pabellón, con la responsabilidad de devolvérselo con un gran espectáculo en la pista.

Apenas una hora para que se iniciará el segundo partido de la tarde, y las cuatro aficiones que inauguraron la competición copera, se reunieron en el bullicio. Unos seguidores ya con la tarea realizada, otros con los nervios a flor de piel, pero dentro de una amistad que les unió para vivirlo de forma especial. Valencianos, madrileños, aragoneses y vascos compartieron su pasión por el baloncesto en los minutos entre la conclusión de un encuentro y el comienzo del siguiente. 

A pesar de los cientos de desplazados de Vitoria, el Príncipe Felipe estaba pintado de rojo. El jugar en casa puede generar más nervios y presión, pero las leonas no se arrugaron. El resto es historia. La afición maña no paró de animar e impulsó a sus jugadoras a exhibirse. Aplausos y cánticos constantes fueron el motor para el Casademont femenino, devolviéndole al público su apoyo con un gran triunfo, que valdría el pase a semifinales de la Copa de la Reina.

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