Opinión

La humildad frente a la ambición (II)

Existe un proverbio oriundo de la cultura sarda que dice: "Mejor es que falte el pan y no la justicia". Probablemente, nuestras sociedades pueden soportar el hambre material e incluso superarlo en el tiempo; bien al contrario, no pueden subsistir cuando la justicia y la verdad son proscritas.

Existe un proverbio oriundo de la cultura sarda que dice: "Mejor es que falte el pan y no la justicia". Probablemente, nuestras sociedades pueden soportar el hambre material e incluso superarlo en el tiempo; bien al contrario, no pueden subsistir cuando la justicia y la verdad son proscritas. Tras más de dos meses de las elecciones municipales y autonómicas, Aragón tiene la necesidad perentoria de ser gobernada a tenor de los resultados obtenidos en virtud de la votación ciudadana.

El peligro de la arrogancia intelectual, y por ende institucional, puede originar polémicas hirientes y destructivas que incidan en el ámbito de nuestra libertad. En el caso que nos ocupa, le toca al Partico Popular (PP) llegar a los acuerdos oportunos para alcanzar la investidura. La demora en el proceso para conseguir alianzas es realmente sorprendente pues, a pesar de encontrase en plazo legal, con la suma de PP y VOX la gobernabilidad en nuestra Comunidad Autónoma estaría más que asegurada. Como botón de muestra, en otras regiones dicho binomio se encuentra ya establecido y ejerciendo las funciones que el propio derecho le otorga.

Cabe sospechar, y creo que la duda es razonable, que pueda haber presiones del propio partido a nivel nacional, o que el acomplejamiento social que el PP ha ido granando en los últimos años intente camuflar un ajuste bilateral entre los partidos referenciados. En cualquier caso, los ciudadanos votamos para ser gobernados por medio de unos programas electorales en orden a esa mayoría soberana que hace posible dicha gobernabilidad.

Mientras dura el proceso democrático de la constitución gubernamental de una Comunidad Autónoma (en realidad de cualquier esfera electoral), surge una angustia como consecuencia del futuro de la ciudadanía. Los partidos políticos tristemente se han erigido como centros de poder donde el interés general ha sido frecuentemente desplazado por el interés personal y partidista. Cuando no se alcanzan mayorías absolutas es clave y vital llegar a acuerdos con aquellas facciones que alberguen, en lo esencial, una similitud de los fines ideológicos, para dar soluciones al arduo devenir social, económico y cultural que nos envuelve.

Si no existe una palmaria voluntad de entendimiento, si se pedalea sin saber muy bien a donde ir, si los circunloquios desplazan al sentido común de las cosas, entonces la razón se doblega ante la presión de los intereses y ante el atractivo utilitarista, forzando a aquella a reconocerlos como criterios sublimes. Pretextar un logro del mayor consenso posible para gobernar, a pesar de ser una fórmula seductora, puede ser también un hechizo para quienes pretenden desviar el rumbo del mensaje electoral acaecido.

En puridad de criterio, no creo que convenga a Aragón una dilatación temporal que se sustenta en el limbo del reparto del poder. Por otro lado, la pretensión de querer contentar al conjunto del arco político puede conllevar la existencia de sutiles dictaduras, tales como un conformismo acomodaticio que degenera en una obligación, tenues agresiones a ciertos colectivos, pensar y actuar como la mayoría piensa y actúa…Como ya dijimos, la humildad y la búsqueda de la verdad evita males innecesarios y enaltece la libertad humana.

El Santo Padre Benedicto XVI, en el viaje apostólico a Alemania del 22 al 25 de septiembre de 2011, en su discurso pronunciado en la visita al parlamento federal, hizo estas reflexiones: “(…) tomando la Sagrada Escritura, se dice que Dios concedió al joven Salomón, con ocasión de su entronización, formular una petición. ¿Qué pedirá el joven soberano en este momento tan importante? ¿Éxito, riqueza, una larga vida, la eliminación de los enemigos? No pide nada de todo eso. En cambio, suplica “concede a tu siervo un corazón dócil, para que sepa juzgar a tu pueblo y distinguir entre al bien y el mal” (…) Servir al derecho y combatir el dominio de la injusticia es y sigue siendo el deber fundamental del político. (…) ¿Cómo podemos distinguir entre el bien y el mal, entre el derecho verdadero y el derecho solo aparente? La petición salomónica sigue siendo la cuestión decisiva ante la que se encuentra también hoy el político y la política misma. (…) Las cuestiones fundamentales del derecho, en las cuales está en juego la dignidad del hombre y de la humanidad, el principio de la mayoría no basta: en el proceso de la formación del derecho, una persona responsable debe buscar los criterios de su orientación.

Con todo, gobernar en aras del bien común precisa de una conciencia convenientemente formada, de un desasimiento personal que de paso al espíritu de servicio y de una sensibilidad social acorde con la dignidad humana. Por tanto, Sr. Azcón, dé el paso y no busque entre la ambigüedad y lo anacrónico, seguramente la formación del Gobierno en Aragón sea menos alambicada de lo que los políticos en demasiadas ocasiones la convierten, pues a veces, por obstinación o debilidad se enturbian las mentes, y por consiguiente no la consiguen ver.