Opinión

El show del mayordomo

No se trata de una película, no. Ojalá fuera un mal sueño, pero no le es. Si alguien pensaba que, en nuestro país, con la acreditada mediocridad del escenario político ya había visto toda la maldad, toda la perversidad y toda la falsedad, y que por tal motivo no habría miseria alguna que pudiera hundir todavía más el barco en el que con penuria navegamos, rotundamente se equivocaba

No se trata de una película, no. Ojalá fuera un mal sueño, pero no le es. Si alguien pensaba que, en nuestro país, con la acreditada mediocridad del escenario político ya había visto toda la maldad, toda la perversidad y toda la falsedad, y que por tal motivo no habría miseria alguna que pudiera hundir todavía más el barco en el que con penuria navegamos, rotundamente se equivocaba. Los depredadores de la argucia política han “okupado” el poder a costa de pagar un precio pérfido y alevoso muy alto, ultrajando la dignidad de sus entrañas hasta cotas muy bajas, insondables.   

A estas alturas del siglo, la deriva de la libertad de ciertos individuos con peso específico institucional ha recalado en terrenos arenosos, fangosos, de tal forma que su falta de responsabilidad personal provoca estragos colaterales en la ciudadanía.  Tal es así que, la ausencia de ética y de moral en sus actos unido al eclipse espiritual de sus conciencias, han traspasado los límites de los principios democráticos convirtiendo a nuestra nación en una tiranía solapada pero asimismo tangible y latente.

El primus inter pares del actual gobierno español, cuyo nombre de pila es Pedro, no Picapiedra sino Sánchez, al que institucionalmente se le denomina presidente pero que en la práctica es el mayordomo de las facciones políticas más aviesas y siniestras, se ha convertido en un innoble y abyecto servil de estas arcanas formaciones en nombre del utilitarismo político y del interés personal más egocéntrico.  

Los siniestros del panorama actual (la siniestra según el diccionario de la Real Academia de la lengua española es la izquierda) son los más radicales e intolerantes de este show político y alucinógeno en el que está inmersa nuestra querida España, que a tantos nos duele ver cómo unos la pisotean mientras otros, por la comisura de los labios, la defienden con una pausada cobardía. Es indeseable y ruin que el pueblo español sirva de experimento a la temeridad y a la extravagancia de cualquier sujeto que quiera perturbar la libertad, emponzoñarla y socavarla con absoluta falta de autoridad y sin un orden establecido, sin rumbo, rindiendo su egolatría a los enemigos de la Patria.

Los principios rectores que hacen ir en vanguardia al ser humano tales como la educación, el civismo, la honradez, la entrega desinteresada, la austeridad, el trabajo bien realizado y acabado, la lealtad, la justicia, la ayuda mutua, la cooperación, la veracidad, la reciedumbre, la honestidad, y un sinfín de virtudes heroicas de difícil cumplimiento entre la casta política del momento, han sido remplazadas por el materialismo más acerado en detrimento de las políticas de igualdad y de progreso social y económico que el tercer milenio pretendía recolectar.

Los “apóstoles” del proletariado del más bruñido y sarcástico PSOE, han fondeado en un brutal capitalismo individualista cuyas políticas envenenan, desunen y sacrifican al pueblo español con falsedades programáticas, con miras a satisfacer su interés personal en aras de quebrar los derechos fundamentales y las libertades públicas de los ciudadanos. Así las cosas, el “ser” ha sido sustituido por el “tener”, siendo la sociedad-masa en donde la manipulación hunde sus raíces y controla sus pasiones, actitudes y opiniones. Ésta debe ser declinada para conquistar la sociedad-comunidad, donde las personas formulen sus juicios críticos porque son diáfanos los fines esenciales en los que aquella se mantiene.

Con todo, debemos luchar contra el error, la mentira, la ignorancia, seremos intransigentes contra la mala fe, debemos ser coactivos frente a la sinrazón de una política degradante, excluyente y selectiva.  Urge fomentar la lealtad a las nobles causas que ensalzan la libertad como la expresión máxima de la realización personal. No perdamos nunca la paz, porque sabemos caminar por la senda de la verdad. Hoy más que nunca España nos necesita fieles a su historia, despiertos para su mañana.