Opinión

Elogio del perroflauta

No, no estoy elogiando a lo que algunos de ustedes, malpensados, entienden por perroflauta: ese individuo/individua con rastas y perro pulgoso que toca la flauta mientras un compañero pasa un gorro de lana mugriento entre los viandantes. Ese espécimen es tan arquetípico, tan minoritario, como el de señorito ultrafacha con el jersey de color malva anudado sobre los hombros y la camisa con las iniciales bordadas. Haberlos, haylos, pero es como decir que todos los que votan a Rajoy son pijos que cecean: una generalización estúpida.

No, no estoy elogiando a lo que algunos de ustedes, malpensados, entienden por perroflauta: ese individuo/individua con rastas y perro pulgoso que toca la flauta mientras un compañero pasa un gorro de lana mugriento entre los viandantes. Ese espécimen es tan arquetípico, tan minoritario, como el de señorito ultrafacha con el jersey de color malva anudado sobre los hombros y la camisa con las iniciales bordadas. Haberlos, haylos, pero es como decir que todos los que votan a Rajoy son pijos que cecean: una generalización estúpida.

El caso es que esta semana los representantes del movimiento 15-M, aprovechando que se cumple un año desde su nacimiento como fuerza social, anuncian diversas acciones en las tres capitales aragonesas. En Zaragoza planean utilizar la plaza del Pilar como lugar de encuentro, y no se descartan nuevas acampadas. Aquí tengo mis dudas, porque me temo que el actual delegado de Gobierno no es tan complaciente como Javier Fernández, su antecesor. Pero a lo que íbamos. Aprovechando el aniversario, es hora de hacer balance del movimiento, de sus luces y de sus sombras. De hacer, si se tercia, un elogio al “perroflauta”.

A su favor, y como dijo uno de los convocantes a celebrar el aniversario en Zaragoza, está “el haber devuelto la política a las personas”. Es verdad. De política se ha hablado siempre, pero en petit comité. Ahora, se debate en la calle, por gente como usted y como yo, sobre la necesidad de transparencia en la vida pública; vuelven los movimientos vecinales que tanta fuerza tuvieron en los setenta y los ochenta; cada día nacen cooperativas de todo tipo. La plataforma Stop Desahucios se pone de parte de los que pierden la casa; será utópico, pero el Parlamento ha admitido a trámite la Iniciativa Legislativa Popular a favor de la dación en pago. Las cosas parece que se mueven.

En la parte negativa, está el problema de que ese “aquí cabemos todos” ha hecho pensar a ciertos colectivos extremistas que ellos también cabían, y se ha acabado amparando a ciertos gropúsculos  fascistoides y violentos. Es lo malo del buenismo que arrastrábamos de la época Zapatero, que decir que no parecía mal. Bueno, y también han entrado los perroflautas, esos que tanta risa le dan a la gente de bien, supongo que atraídos por el calor y el color de las movilizaciones.

Pero quien piense que quienes montan cooperativas, debaten sobre soluciones reales para problemas reales, llevan iniciativas al Parlamento de la Nación, son hippies con perros pulgosos, se equivoca o no quiere saber. En www.tomalaplaza.net están recogidas todas las iniciativas, y las tres capitales aragonesas tienen sus correspondientes pestañas. Quien quiera enterarse y alejarse del tópico, que visite la página. A lo mejor descubre que de lo que habla con sus amigos en el bar, o ese problema que a usted le quita el sueño, lo están debatiendo otros con los que ¡oh, sorpresa! puede que incluso coincida. Problemas de la gente de a pie discutidos por la gente de a pie. Para mí, ese es el gran mérito de este movimiento. No veo yo al perroflauta típico programando una cosa así, la verdad.