Opinión

El quinto Beatle

Se expresa esta expresión en singular pero fueron varios los titulares del apodo. Todos ellos remeros en galeras, a quienes tocó aguantar la inicial buena relación por solidaridad obrera pero poca química personal de los cuatro principales, mediando en las discusiones que se dieron por tomar diferentes caminos sus posiciones ideológicas o vidas privadas. Pasa hasta en los mejores grupos de wass de padres de alumnos.
Luis Iribarren

Se expresa esta expresión en singular pero fueron varios los titulares del apodo.
Todos ellos remeros en galeras, a quienes tocó aguantar la inicial buena relación por solidaridad obrera pero poca química personal de los cuatro principales, mediando en las discusiones que se dieron por tomar diferentes caminos sus posiciones ideológicas o vidas privadas. Pasa hasta en los mejores grupos de wass de padres de alumnos.

Denominador común, sin dinero no hay salud ni felicidad, estiraron el chicle a costa de Lennon y su huida de la minifalda a favor del kimono porque Abbey Road era una factoría en que cuatro cardenales de la música opositaban a Papa ante la descreída mirada de Presley, Cash o Sinatra desde América. Sin lado menos malo de la foto, como sí que tuvieron los quiénes (los Who), en Aragón y en Sabi, sus devotos fieles los llamábamos los cúalos.

Así que los quintos Beatle representan una suerte concreta y anarquista de espíritu santo, pero dentro del mercado como la FNAC y el Mayo del 68 y la hija de Verstringe. Milagritos del niño Jesús, aguas de Lourdes, facturan hasta la música que sale del canto del vinilo. Allí tenemos a Lennon admitido en “La Voz” teniéndola mucho peor que Mike Kennedy, el de los Bravos…

Black is blaaaaaaack… Porque black is beltza… este hombre era alemán nacido en la Berlín nazi y su nombre sin alias, su quinto nombre, fue el de Michael Volker Kogel.

En los Beatles, la condición de quinto hombre se le aplica a su productor emblemático, George Martin, el introductor de esos violines en sus composiciones que dan vuelo de alma, que luego tanto aparecen en la música de Oasis o The Verbe, yo creo que todas obras inspiradas en la de los de Kensington Road para mí más querida: el “Eleanor Rigby” del disco “Revolver”. Porque me siento cuando la elijo en Youtube un dandy de secano y la oigo en la Canal de Berdún a cierzo, luz y paisajes abiertos.

Aunque me siento más afín a la música compuesta por Harrison, porque cuando trabajo y estoy afinado siento que “my guitar (cerebral) gently weeps”, la excepción que confirma mi regla de huir del macartismo es esta composición de pop barroco que me hace pasar a Roxy Music y me mece hasta las de Ashcroft o Crowded House. Las llamo a todas ellas mis excepciones de pop barroco, yo que prefiero Santander a Andalucía.

Otro quinto man fue su productor no musical Brian Epstein, el de su salto a la fama. Quien encumbró a tímidos pero refinados en las formas hijos del proletariado de Liverpool a luchar contra su incomodidad como gentlemen, a saberse vender y generar su imagen de marca “escarabaja”. El que les pulió el anarquismo de Ken Loach para que fueran para algo más que para una inmensa minoría.

El también feliz causante del contraataque de la alta sociedad pija londinense de los “Rolling Stone”, depredadores de estilos y colaboradores. Gente viajada y con mejor relación, véase hoy, con la fama.

Los Beatles fueron demasiado un equipo como para no suponer que a Pedro Sánchez se le ocurre mentir, traicionar o gestionar los intereses de Naturgy o Caixabank para que vuelvan a Barcelona a él solo; que al futuro lehendakari de Bildu no se le haya preparado para provocar que todo cambie para que nadie lo haga o que, si pensamos en Aragón, la galería de quintos Beatles se reduce a uno solo y entonces trino: el patrón con unos y con otros de las energías renovables.

El quinto es el que nos da glam y saber estar en las ferias y nos vende el producto en Picadilly, los salones de la moda de París o nos abre las puertas de los medios de comunicación madrileños. Al mismo tiempo, el que mantiene su vida privada y casi anonimato a cambio de joderle a Maradona la intimidad, su camello de fama. Esto es lo que te va a costar…

Ante cualquier crisis de identidad españolista o de la otra, recomiendo releer la galería de tipos humanos políticos y de las élites esculpida desde una profunda estupefacción, pues sus ademanes e hipocresía iban más allá de donde él suponía, por Josep Pla en “Madrid. El advenimiento de la República”. De quintos Azaña o Lerroux o Largo Caballero, hoy él solo tan maaaaaaalo, y Besteiro tan lo otro.

No es baladí que comenzara el maestro Josep el título de su recopilatorio por el nombre de la capital, no invocada como ciudad sino como corte de conseguidores y meninas.
Si recuerdas mucho que vienes de La Zaida es que reconoces que te viene grande, Pilar Alegría.

No será tan apasionada la vida real cuando el cuarteto de Liverpool se tuvo que quitar el pelo de la dehesa en la húmeda, desagradecida con los banqueros del Reich judíos, esclavista, ciudad germana de los trapicheos y madre de la hamburguesa.
¿Maktoub? ¿Estaba escrito?

En busca permanente de los quintos Beatles, esos que cuando ya creías que nadie te iba a visitar en el hospital por haberle hablado al personal demasiado claro… espero que todos tengamos. A ver quién nos descubre, para qué y cómo encajamos, sabessssss?