Opinión

Aragonesxs: Shane McGowan

Inglés de nacimiento, irlandés por los ocho costados por donde se metió lanzas de Cristo, se va el mismo día que un bienquedas como Kissinger, para nada aragonés y sí cortesano, el maestro de vida Shane McGowan, y aquí nos quedamos sus apenadas viudas y la familia política, los de la cofradía de The Pogues.
Luis Iribarren

Inglés de nacimiento, irlandés por los ocho costados por donde se metió lanzas de Cristo, se va el mismo día que un bienquedas como Kissinger, para nada aragonés y sí cortesano, el maestro de vida Shane McGowan, y aquí nos quedamos sus apenadas viudas y la familia política, los de la cofradía de The Pogues.

Oye, otros serán de la Resurrección Improbable o de la Gota que Mana, la mía es y será ésta, no la de que si hablo con China y me conviene en Chile Pinochet a costa de Jara o de Neruda, el que fletó el barco para que tantos judíos alemanes como Heinrich von Kissinger salvaran su vida.

Pero es que después sus familiares la cagaron con su apoyo a Allende, allende los mares y cordilleras, qué cosas. No sé qué llegaría a pensar este hombre al final de su vida de la oficina de cazadores de judíos de Viena, ni la que quizá pueda hacerse de cazadores de palestinos o de kibutzim hoy en día, con sedes en Teherán y Los Ángeles.

Utrillas, Sabiñánigo, Monzón, Calamocha y, cómo no, Zaragoza no eran de colores cuando Shane nos dejó sus mejores letras, inspiradas por Samuel Beckett. Se me ha contado que quienes venían de lugares más amables a matricularse por primera vez en la Universidad de la última: tales como Logroño, Huesca, Euskadi en Veterinaria, Navarra en Derecho no ideologizado aunque con enorme presencia de catedráticos confesionales en algunas materias… alucinaban si salían de las cuatro calles que frecuentaban.

Entonces la mayor parte del Casco Viejo, todos los barrios obreros, el tráfico a tres carriles en el Puente de Piedra, la Quinta Julieta, los bares que se llamaban rincón con cucarachas, especialmente el Ebro vertedero sin peces y la niebla con grisú que dejaba, ya eran antes, las fachadas de los edificios gris rata Bucarest, les espantaba.

Las cicatrices de descampados abandonados con jeringuillas, los atracos a punta de navaja, las noches yendo a buscar costo o caballo en pasos de horas fijas, los conciertos donde no se sabía a qué hora ni cómo se iba a salir, eran letras de los Pogues.

Aunque hayamos ido a mejor, dicen, en rebeldía post punk hemos ido a menos desde el “Otan de entrada, no” pero que luego que sí, propio de Kissinger. Como se me ha escrito hoy, cuántos secretos se habrá llevado.

El aragonés McGowan ninguno, un tipo tan claro como cerveza negra de manantial.

I met my love by the gas works wall; Dreamed a dream by the old canal
Kissed a girl by the factory wall; Dirty old town

Como casi todos, maño. No despistaban ni entonces la ropa de marca ni hoy que les bombardeen de extraescolares a sus hijos. Siempre tendrán ese aire de gatos desprotegidos, merodeando a su ritmo.

Clouds a drifting across the moon, Cats a prowling on their beat

Una pinta esta tarde a tu salud.