Opinión

Grietas en el paraíso

El estado de conservación de ciertos inmuebles sitos en el Balneario de Panticosa, como varias de sus fuentes que ya no manan desde la rehabilitación de Nozar, rezuma impotencia. 
Luis Iribarren
photo_camera Luis Iribarren Betés

El estado de conservación de ciertos inmuebles sitos en el Balneario de Panticosa, como varias de sus fuentes que ya no manan desde la rehabilitación de Nozar, rezuma impotencia. 

Parte de su conjunto de edificios: las casetas de baños y fuentes, sus primeras tiendas, la otrora sólida Casa Balio o el refugio de la casa de piedra al que llegar en acceso independiente a su bola, parece que molestan. 

Con esa crisis inmobiliaria en el mercado de alquileres que hay en el mercado del Pirineo, y todas esas joyas patrimoniales con canetes y remates salientes en madera horadada ornamental, no se podrían conceder ni en precario a quien en ellas quisieran vivir. En cambio, suelo y puente de plata para que se instalen industrias en suelo virgen.

Son grietas en el paraíso, si denominamos como tal al Ibón de Baños y a su escenario de remate rehabilitado, dentro del cual beber un vino sube dos euros. En el que, en vez de restaurarte comiendo, como vas sobrado de manteca, tienes experiencias. 

Si el paisaje humanizado más emblemático y bello de Aragón, anunciado en los años 20 mediante exuberante cartel modernista que bebe del ukiyoe japonés, no tiene o no se ejecuta su plan director; si se han rehabilitado excepciones de su conjunto con ñapas de alta arquitectura y el dinero no ha llegado para todo como en la ría de Bilbao, en que el museo de la lata de espárragos fue el origen, es porque no somos nada. 

Qué vamos a poder conservar entonces en el Prepirineo oscense o Maestrazgo turolense si la carretera aragonesa para subir a Formigal desde Biescas es la misma que cuando yo pasaba los veranos como camarero en los 80. Qué sucederá cuando los curas brasas, que recuerdan que una joya románica se está espaldando, tengan que hacerlo respecto de treinta y se aburran de gestionar, lo que de ningún modo les corresponde.

No es novedosa la presente política del Gobierno de Aragón, donde haya constructora que lo sugiera urbanizamos travesía en Zaragoza y la convertimos en avenida. La impotencia es de décadas, y son Panticosa y los cascos históricos de Calatayud y Tarazona, los que la corroboran. Por no mencionar el estado de la calle principal de Calamocha y sus edificaciones devenidas en museo kitch en que te puedes encontrar y fotografiar fantasmagorías que superan el cine de Buñuel.

No se termina nada, conviven edificios de diseño con ruinas, y que no nos pongan como excusa la titularidad de los primeros cuando, para lo que decidan, unen estaciones a precios astronómicos o recalifican terrenos, y… ¿no hay presupuesto para, a falta de vivienda en la montaña, insuflar vida en los valles, cuando todo El Pueyo de Jaca está con las ventanas cerradas un jueves y pagamos comunidades astronómicas por cada propiedad?

Debe ser que no. O debe ser que a la propiedad se le permite la ruina según quien la detente, lo que de liberal no tiene miaja. No sé, causas habrá y serán múltiples y complejas, pero en ciclo de cuarenta años de esperar soluciones a mí personalmente no me sirven.

Ese entorno romántico del Balneario, incluso no nevado en invierno, merece algo más que el personal se meta en un tubo sin mirar a su alrededor hasta que llega a su hotel. En todo caso semejante al de esas manzanas urbanas en que convive la clase media en nuevos bloques con piscina junto a barrios tradicionales donde solo quedan abuelos.

Aragón en ocasiones recuerda a Brasil o a India, con dominios de lujo con su propia solución en mitad de pueblos del Pirineo en que los escasos ganaderos pueden vivir todavía en casas que fueron fuertes de tejados de fibrocemento, o próximos, como en Miralbueno, a promociones de protección oficial de los años 40 que recuerdan a los bloques del Bronx con una mano de pintura de subvención socialista.

Es el cine de Kaurismäki y mi empatía no nace ni va dirigida hacia nuestros señores clientes que nos compran el usufructo del enorme espacio aragonés, cada vez menos a conceder porque, como en el Balneario, llegará un día en que solo podremos aparcar fuera y no tendremos ganas de subir con condiciones.

En ocasiones he alabado el programa de la Universidad online de Laponia, diseñado por aquel país potencia informática que dedica aún hoy un 20% a educación y fue padre de Nokia, que cuida a su población en el medio rural. Qué horizonte no abriría en Aragón o las regiones celtibéricas una revisión impositiva o de políticas universitarias para llenar como política troncal, para acompañar a quienes velan a la Santa Compaña de difuntos en progresión de cada pueblo. Esa mirada de piedad y orgullo en que se rebelen y se queden que la ciudad no es que deba, es que debe tener, como a los residentes en sus polígonos y barrios rurales.

El cine de Aki pone en la palestra la cara B de Finlandia, en ocasiones sus personajes huyen del paraíso en barcos soviéticos tras acumular despidos o vivir en las orillas del mejor sistema educativo del mundo.

Por aquí no hemos llegado a esos paraísos socialistas, querida Isabel de Madrid te lo tuvo que recordar la izquierda caviar que tampoco nunca lo ha querido y, más que grietas, sentimos foces. Que disfrutes del forfait y te arreglen, y de paso a todos, el cuello de botella de Hospital de Ipiés. Terminada la autovía, su proyecto de restitución inexistente no incluirá que los argentinos que fabrican chocolate tengan que marchar ni su gasolinera cerrar, y de paso el bar punto de reunión de varios valles. 

Tampoco quedarán clientes, así que el liberalismo adoptará las soluciones perfectas, como siempre, a medio plazo. La planificación será espontánea pero incluso en los decorados a los que acuden los esquiadores tenemos telones apolillados, cómo no en los tubos sin vida ni ganado que atraviesan en que controlar que los jabalís no crucen las autovías será el único programa público concebible.

Blade Runner, 2049, Balneario de Panticosa.

Pero que si la política lingüística, el agua a Cataluña y que el Barça amaña resultados y tal… Llegados los nuestros, haremos la avenida porque 10.000 euros más por piso se podrán pedir. Presentamos quiebra cuando iban a 10.000 el metro cuadrau terminau, no devolvimos los activos porque eran tóxicos, volvimos a emprender los mismos y así tú tendrás piso. Que si es por las cooperativas de los que votas y que no los terminaban…