Opinión

Grandes momentos de la humanidad

Excelente anecdotario de situaciones descritas por Stefan Zweig que ha influido tanto en quienes han seguido su estela, la de novelar la historia. Escritores de los que disfruto como Del Molino, Vuillard, Echenoz y tantos otros surcan las rutas de los mares cartografiados por los episodios de Galdós y las novelas anti colonialismo de Conrad.
Luis Iribarren

Excelente anecdotario de situaciones descritas por Stefan Zweig que ha influido tanto en quienes han seguido su estela, la de novelar la historia. Escritores de los que disfruto como Del Molino, Vuillard, Echenoz y tantos otros surcan las rutas de los mares cartografiados por los episodios de Galdós y las novelas anti colonialismo de Conrad.

Sobre qué o quiénes escribirían hoy los maestros en las relaciones entre literatura e historia. Quiénes son los perdedores y los miembros a capolar, las muertes que valen para Occidente pero tienen otra contabilidad si son terceros, de las actuales guerras paridas por los financieros de Putin, entonces los JP Morgan que al menos vivían en el temor de dios de que algún anarquista se los llevara por delante. Como sucedió.

No sé si en los romances paridos hoy por los maestros podría aparecer como personaje central un agricultor o ganadero rellenando la quinta hoja de la PAC o renovando su firma electrónica en su gestoría de Boltaña, quizá no.

Ese mismo manifestante que recibe cada tarde, como únicas llamadas de voz, cinco para cambiar de compañía eléctrica. Y al que ya no  le escribe el tío abuelo de San Francisco sino, como a los urbanitas que detesta y ve cada verano en la piscina de Tierrantona, solo las de la Caja Rural.

Este agricultor full time, el último eslabón de la cadena, a caballo en su pick-up y con su fiscalidad especial, es una víctima de las importaciones. Debe trabajar todas las horas del reloj para intentar amortizar su maquinaria, cosecha en tierra plana, pisa nieve en Piau tres meses, el resto del tiempo da de comer a un celemín de perros con el busca de los buitres y mira trufas… Y habla en fracciones de millares de euros como otras personas eligen comprar solo marcas blancas, esas que les echan de los mercados.

A sus padres los tiene en la residencia de la cabecera comarcal. Cuando va a visitarlos no llevan sus ropas sino las de otros, siendo como son de levantarse tarde, los duchan a cronómetro y los dejan en butacas viendo, eso sí, la Peña Montañesa. El poco personal tiene que doblar como ayudante de cocina. Eso que están en una residencia concertada pública y, por lo menos, el derecho al rebote lo pueden derivar a concejales o alcaldes que sienten la presión de que están puestos por él.

Conoce casos de compañeros labradores de otros pueblos a los que el sedentarismo con almuerzos de tantas horas de maquinaria y el estrés de haber sembrado a destiempo les ha hecho víctimas de un subidón de tensión, de un ictus. Pusieron los huevos en la misma cesta, ¿o eso se dice de otra forma? Ya no se sabe.

Trasladado a la medicina privada de Pamplona, a su conocido de sindicato y del valle de al lado le trataron de usted y de maravilla. Los mismos cabrones que en la pública, si vas a San Jorge o a Barbastro, no te dicen ni hola al pasar por las habitaciones. Como el tratamiento era tan caro, y tenía un cáncer sin diagnosticar, para eso no había tratamiento y al final le derivaron porque lo que suba de los 200.000 euros que te lo trate el seguro en Huesca. Ya no nos interesa porque no damos beneficios.

No se dice así, que son bien amables. La familia oye que nosotros no podemos hacer nada más, eso sí, te vas con tus diez revisiones a tanto el escáner. Ni para tu parto si viene cruzada no tenemos fórceps.

Es posible, como en el resto de sectores, que el honrado y abnegado agricultor sea alcohólico, ludópata de la caza, un déspota heredero universal o esté más calentado que un Panda de primera generación subiendo Monrepós por su ídolo mediático de Orihuela del Tremedal.

Pero al final es un habitante de su tiempo, el que le toca a su pesar, a los mandos de una nave espacial y que si hace trashumancia es para pasear a forasteros entre sus ovejas, que parará su piquete para ir a la Fima y dejarse en Zaragoza 400 euros cuando hace diez años eran 80. Que también hay que vivir…

Zweig no intuyó y se suicidó por ello el arraigo nazi por cobardía que anidó en las clases medias austríacas, en los que eran sus vecinos de rellano.

Un agricultor como el funcionario de Huesca que les revisa la PAC o el de la funeraria de Jaca por la que todos pasaremos, es mucho más que un outsider. Es un personaje de Sergio del Molino, sin él saberlo. Como se le pare el tractor en la protesta, veremos al mecánico informático del concesionario de Huesca en su furgoneta metiendo el programa y a ver si no le engaña el sistema del tractor con la avería. Pase lo que pase, no bajará de 800 la reparación ni la rueda trasera de 2000 ni la residencia, los duchen cuando los duchen de lo mismo.

El que mejore el protocolo por humanidad es porque de serie viene así de casa.

Trata de arrancarlo, Stefan…