Opinión

Aragón surrealista, verano de 2024

Se recortan todo tipo de partidas e inversiones porque hay que pagar la reforma de La Romareda para uso de un club privado. 
Luis Iribarren
photo_camera Luis Iribarren

Se recortan todo tipo de partidas e inversiones porque hay que pagar la reforma de La Romareda para uso de un club privado. 

La izquierda cultural solamente zaragozana, en todos los partidos aragoneses mandan los concejales de los pueblos porque así se ha querido premiar la participación ciudadana, se moviliza ante los recortes en festivales y en la programación técnica a medio plazo que perseguía crear público, calar y formar. Hacer pensar no está de moda, todo es demasiado inmediato con doscientos canales en cada televisión.

Pero la cultura sí es civilización y estimula el diálogo, aunque para su reivindicación nos obliguen a aceptar el pack Palestina-Canal Roya.

La realidad la administran por otros callizos. La apuesta neocón es otra, inmediata. Se parte de que los usuarios que somos avatares creados por la inteligencia artificial, visitaremos todos los destinos turísticos de relumbrón aragoneses. Siempre que se trate de eventos o destinos marcados, adjetivados, recomendados. 

En las calles de Zaragoza, al festival de las flores le precedieron el de las culturas del mundo y la Feria del Libro para que las familias se paseen con motivo otro domingo más. Pasan por el paseo del Parque Grande seguidores a ver el último tedioso recital de aburrimiento del Real Zaragoza… Ni miran a los puestos de los libros, el resultado les da igual…

No son ellos los responsables, es el que decidió que claveles y libros estuvieran relacionados en un sentido distinto al que describe Lobo Antunes, al de la revolución portuguesa del 74 que obtuvo que todo cambiara menos el sistema bancario y los derechos limitados de la clase obrera.

Aragón no necesita impulso ni ánimo para ser surreal y estrafalario. Como se decía en un bar jacetano en fechas recientes, suerte tiene la Alcaldesa de Sabiñánigo que se apuntó voluntaria, sociolista la llamaron, para albergar africanos en su municipio sin que ella los tenga por vecinos, de lo muerto y parado que está el Pirineo y lo cerca para los acogidos que está Francia. Con lo que la selección natural la hará la no frontera y poco durarán. Así la miseria en actividad económica quedará convertida sin intervención política alguna, dejando morir a los pueblos, en virtud para que no se queden.

El surrealismo aragonés sobrepasa toda la obra completa de Dalí y no es obra muerta como la de su museo de Figueras. Los caprichos y disparates de Goya –su punto de partida según los expertos- se reproducen de forma cotidiana y solo se asiste a lo que se sabe que va a estar lleno, es el concepto aragonés de ir de marcha: contar cuánta gente hubo para fardar de haber estado allí. Eso favorece la cultura de los acontecimientos que se suceden y la derecha sabe cuál es el paisanaje.

No hace falta que resucite la revista Noreste, que escriban poemas Gil Bel o González Bernal, no todo es así de formalista y serio cuando se traslada al personal a toque de Zaragoza Latino como a zombis y se habla de retornos.

El paisaje y sus circunstancias dan ese gen. Permiten que Zaragoza releve a Barcelona y París como ciudad surreal, dándole la batalla a la informe Los Ángeles.

En nuestro país vivimos alucinaciones en las planicies infinitas del desierto de Calanda, hay barrios al suroeste de Zaragoza en que son los bloques de viviendas los que presentan la primera resistencia al cierzo, pantanos llenos de agua en el llano oscense que permiten beber a los pájaros emigrantes suecos.

En las ciudades del nuevo regadío, aljibes en los bajos de las casas invocan la sed. En septiembre tras el verano, tantos lugares se preservan únicamente con las conversaciones de sus muertos. Cielos abundan con nubes desintegradas de puntos blancos, se dice que para que no le caiga piedra a la fruta.
Los restaurantes más premiados se refugian en la otrora fabril Sabiñánigo, se recupera la población de fardachos en Monegros y pintamos en mostaza y azafrán los templos y masías de Ribagorza.

Nos han acercado un cielo surreal para que lo toquemos con la mirada en Javalambre, yace la biblioteca sumergida de Félix Romeo en Lechago, se rematará la geología de Aliaga con el festival molinos al vent en el Maestrazgo…

No necesitamos resucitar a los panfletistas anarquistas Acín y Samblancat, no hará falta que algún sucesor de Buñuel nos ponga en el candelero parisino reconstituyendo la Oficina de Propaganda y Turismo de la República aragonesa.

Los veranos en Sallent del año 34 de Comps y González Bernal, hoy tendrían como eje qué se nos podría ocurrir para llenar cada fin de semana la plaza del Pilar, otro maratón, una triatlón, vivir como los avatares, viajar por Aragón Zoom Tendencias. Y después exportarlo a cada pueblo aragonés, inundarlos de cultura de ciudad impuesta y abandonarlos a su suerte. Que tiren los dados o les vaya algún visionario a vivir. 

El surrealismo está dentro del ser y del avatar aragonés, está en la calle. Antonio Saura hoy pintaría mecanismos de molinos eólicos.

Aprovechad las cosicas que nos preparan para pasear gratis en junio que luego nos quedaremos con las llaves de las tardes a cuarenta grados cuatro hasta que volváis a saturar a los críos con extraescolares. Cada 25 de agosto sufro alucinaciones, en Zaragoza se vuelve a gritar.